Revista
LA ONDA
Digital
Primera revista electrónica
de reflexión y análisis


Nº 15
Del 18/9/00  al  30/9/00
Montevideo Uruguay


La Ley y el Orden
El orden de los actores no altera el producto

Gabriel Varela

La Ley y el Orden(*) , la serie con la que Teledoce resuelve sus trasnoches desde hace varios años, se ha convertido en uno de los clásicos de la televisión abierta. Si bien casi nunca ha contado con promociones durante la programación del canal y normalmente ha cargado con los retrasos acumulados durante la jornada, no sería justo en absoluto considerarla una propuesta de relleno. Dadas las circunstancias, y gracias (en este caso) a la constancia repetidora del 12 La Ley y Orden fue lentamente siendo descubierta por una franja de espectadores noctámbulos y curiosos y consolidándose como uno de los picos de calidad de la oferta televisiva.

Ya con nueve temporadas realizadas, la serie rodada en New York tiene asegurada su pervivencia hasta el 2005, lo que, de no registrarse imponderables, la convertiría en uno de los dramas televisivos de mayor longevidad de la industria norteamericana. Pero lejos de lo que podría suponerse un lógico desgaste, el correr de los capítulos y de los ciclos (en Uruguay no necesariamente emitidos en su orden original) muestra la afinación y afirmación de una fórmula que reúne calidad y entretenimiento.

A contrapelo de la renovada frescura formal más a la moda presentada por departamentos de policías y salas de urgencias, en este caso se apuesta al clasicismo. Cámara fija, actuaciones austeras, placas gráficas de ubicación espacio temporal y un riguroso orden narrativo: planteo del caso, investigación policíaca, proceso legal. Planteo, nudo y desenlace. Esta sobriedad, ya presente en un título que se limita a enunciar en su orden (y en su ley) los tópicos de la propuesta, es una marca creativa presente en todos los aspectos. Expresada en pautas de realización definidas y constantes. La trama se circunscribe al caso policial-legal, las referencias a la vida personal de los personajes principales son mínimas y solo aparecen si son funcionales al eje argumental. Se apunta exclusivamente a la evolución intelectual del conflicto. Con está intención cada capítulo propone dos secciones claramente independientes con eventuales espacios de interacción: la primera parte dedicada a la investigación policial y la segunda a la exposición de la peripecia judicial. En ningún caso se apela a la "acción" (raramente los detectives de La Ley y el Orden muestran sus armas, o acometen alguna persecución). Y si bien ambas secciones están resueltas con solvencia, es la segunda parte la que generalmente contiene el mayor interés. Allí aparecen frecuentemente los dilemas morales y complejidades éticas que, por sobre la anécdota, sean tal vez el mayor aporte de la serie. Aparecen los matices, las dudas. Los grises que descarnadamente se resolverán en blanco o en negro en las escenas de tribunal y en ese mercado de regateo que parece ser la trastienda judicial.

Si bien el cambiante elenco que ha desfilado por la tira está siempre integrado por actores calificadísimos, desde Sam Waterston a Jerry Orbach (ambos nominados en los premios Emmy para mejor actor dramático por su trabajo en la última temporada), la serie apuesta definitivamente a la calidad de los guiones. En este pilar descansa la estabilidad (palabra tal vez más adecuada que éxito en este caso) de la fórmula. Una vez definida la sicología de sus personajes, los actores son el correctísimo soporte de historias casi siempre matemáticamente bien construidas. Desde el retrato de corte realista los matices psicológicos y afectivos de los caracteres, si bien contundentes, surgen con gestos mínimos. La subjetividad de policías y abogados aparece, pero más en los intersticios que en el plano manifiesto. Desde esa austeridad surge frecuentemente un sesgo crítico al que se arriba por el sencillo expediente de mostrar la realidad. El sistema no es perfecto, pero es lo que hay. Esa parece ser la premisa ética tras los casos de la oficina fiscal de La Ley y el Orden.

Claro que la solidez que esta fórmula poco dependiente del sistema de estrellas que Dick Wolf, productor ejecutivo de la serie, parece haber encontrado tiene, para los actores sobre todo, su contraparte negativa. El encasillamiento en roles que raramente significan desafíos histriónicos, más allá de la creación inicial del personaje, no es un horizonte artístico deseable. Este es uno de los datos que explica las constantes variaciones de un elenco en el que el Fiscal de Distrito Adam Schiff es el único personaje que se ha mantenido desde el comienzo de la serie. Aunque, a sus 78 años el actor Steven Hill, encargado del papel, ha confirmado que la pasada ha sido su última temporada a cargo de un rol que en el futuro será interpretado por la prestigiosa actriz Diane Wiest.

La frecuencia diaria, en régimen circular (es decir cuando se termina con los capítulos de un ciclo se sigue con los del siguiente) si bien defrauda a los seguidores de la primera hora, tiene la virtud de ofrecer a eventuales nuevas audiencias la posibilidad de disfrutar con este entretenimiento de calidad. Claro que los saltos intertemporadas de Teledoce siempre son posibles, y si el caso de hoy es investigado por los detectives Ceretta y Logan mañana podrían ser Briscoe y Curtis los encargados de desentrañar el entuerto. Más allá de eso el carácter unitario de cada entrega garantiza la eficacia de esta opción más que recomendable.

*La Ley y el Orden: Canal 12, lunes 23.30, martes, miércoles, jueves y domingo 24.30 LA ONDA® DIGITAL


Inicio       Portada

© Copyright  Revista LA ONDA digital
Setiembre 2000

laonda@adinet.com.uy