Primera revista electrónica de reflexión y análisis 


Nº 17

Del 16/10/00  al  29/10/00
Montevideo Uruguay


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Sobre crisis y política económica
¡Todo un ejemplo de soberanía!

por Carlos Santiago

Varios procesos paralelos - es evidente - que se están verificando en nuestra economía son los impulsores de la desesperanza en que está cayendo el ciudadano que, especialmente cuando se trata de jóvenes, creen que afirmándose en el presente, pueden recomponer esa esperanza perdida sobre un futuro adecuado a las mínimas necesidades de la vida: por ello se van del país.

Para entrar en el análisis de esta situación debemos recordar un trabajo de investigación realizado por el que escribe en el curso de Planificación Económica, que realiza el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), organismo dependiente de CEPAL. En el mismo -luego de una serie de mediciones de parámetros de distintos procesos económicos que culminaban en cíclicas crisis, afectando a esta parte del continente - pudimos detectar que las industrias exportadoras, dedicadas enteramente a la producción de bienes basados en insumos importados, son las más endebles, siempre perjudicadas por hechos que ocurren en el exterior. Allí poníamos como ejemplo los vaivenes de la industria metal mecánica de la Provincia de Córdoba (Argentina), que durante distintas crisis ha caído, en algunas ramas, casi hasta desaparecer, para en los momentos de prosperidad levantar y luego caer en la crisis siguiente. Se imagina el lector la situación de los trabajadores de esas empresas, pasando de momentos de relativa prosperidad a, en la cíclica crisis siguiente, a la desocupación. Una situación, obviamente, que multiplica los conflictos sociales.

Por supuesto que es distinto lo que ocurre con las empresas que en lugar de utilizar insumos importados y dedicarse exclusivamente a la exportación, tienen una vinculación vertical con la producción nacional y que - sin descuidar la exportación de sus productos - tienen también el objetivo fundamental de vender en el marcado interno.

Luego de este paréntesis informativo como, entonces, no sorprendernos por las políticas de nuestros gobiernos que siempre han apostado al apuntalamiento de la industria exportadora, sin vinculación vertical con la producción nacional. También y paralelamente a lo anterior, a "ajustar el cinturón" de la población, hecho que determina un achicamiento del mercado interno y, por consiguiente, de la actividad de las industrias que trabajan para él.

Pero hay más: nuestros gobiernos han concretado, vía "consejos" del FMI, la apertura de nuestras fronteras a la importación masiva, de cualquier cosa y de cualquier lugar, logrando con ello también resentir a nuestra industria. En los supermercados aparecen desde las mostazas de Dijón, hasta jamones serranos de las mejores procedencias, hecho que se multiplica por miles de veces y de artículos de otras calidades que compiten, en mala forma, con los nacionales. Pero paralelamente, luego de abrirse las fronteras para, supuestamente "favorecer a los consumidores", se achica la capacidad de compra estos con medidas -como las incluidas en la Ley de Presupuesto - que determinarán otra pérdida del poder adquisitivo por vía de una nueva caída del salario real. Es bueno para ejemplificar lo que ocurre dar a conocer algunas cifras de la realidad uruguaya (son referidas a 1998):

· ? Producción: 22.466 millones de dólares · ? Importación: 3.810 millones de dólares · ? Total de oferta de bienes: 26.266 millones de dólares · ? Mercado interno: 23.497 millones de dólares · ? Mercado externo: 2.769 millones de dólares (Fuente: Instituto Cuesta-Duarte)

Por supuesto que estas cifras son aleccionadoras. El mercado externo absorbe el 10.5% de la oferta de bienes y servicios y el interno, el 89.5%. O sea, que las cifras muestran una realidad incontrastable. En el mercado interno está la mayor parte de la venta que hacen las empresas nacionales y deteriorarlo (se ha hecho con la aplicación de políticas como la de apertura de fronteras, crediticias, impositivas, salariales, etc.) significa poner en riesgo la viabilidad un gran número de ellas y, por lo tanto, también de fuentes de trabajo. Por que no decir que muchos los que se han enancado en la política de fronteras abiertas, como los importadores, también se ven perjudicados con estas continuas agresiones contra el nivel del salario.

Hay ejemplos anteriores de recuperación salarial, como el ocurrido al regreso de la democracia. En los años 1985 y 1986 se logró una mejora sustancial de los salarios que provocó una rápida reactivación del crecimiento económico y, por supuesto, de la industria. En 1991 y 1992 se modificó el sistema de jubilaciones permitiendo un importante aumento de las prestaciones reales, lo que posibilitó, otra vez, una parte importante del crecimiento económico ocurrido por esos años.

Entonces, ¿porque se siguen aplicando políticas que son contrarias al interés nacional?. Por un lado está el descomunal peso del Estado, que está en el entorno de los 4.625 mil millones de dólares. Si comparamos esa cifra con la de las exportaciones del país, de 2.769 millones de dólares, vemos un desfasaje insólito. ¿Es viable un país con ese gasto estatal y con un ingreso de divisas que un poco más de la mitad? Ello explica las políticas impositivas, verdaderamente draconianas, con empresarios nacionales, productores agropecuarios y trabajadores. Recordemos que el impuesto a los sueldos sigue vigente e incluso se lo quiere extender a los profesionales universitarios.

Los platos rotos de una asignación presupuestal deficiente, con gastos faraónicos que se han hecho para mantener estructuras que necesariamente se deben modificar y ajustar a la realidad, siempre tienen un destinatario que los paga: la gente.

¿Es posible que en un país como el nuestro siga expulsando a los jóvenes y que más de una cuarta parte de la población viva por debajo de la línea de la pobreza, que crezca la desocupación en un proceso infernal que implantó entre todos a la desesperanza?

En estas condiciones del país, pese a la crisis externa que lo afectó en los últimos tiempos, se puede intentar nuevamente un camino de progreso aplicando como primera medida una política destinada a desarrollar el mercado interno, para lo cual se hace necesaria una reactivación salarial. No hacerlo es hipotecar más al país en su conjunto y, por lo tanto, castigar a la población de una forma insoportable que tiene un previsible e indeseable final: el estallido social.

Por supuesto, el gobierno -aconsejado por los capitostes del FMI - está haciendo todo lo contrario. ¡Todo un ejemplo soberanía!. LA ONDA® DIGITAL


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Octubre 2000

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