Contáctenos

El maltrato y los niños

por la psicóloga Daniela Izzo de Márquez

En primer término detengámonos brevemente en la frase que titula este trabajo. ¿Por qué esa combinación de maltrato con niño? Porque no hay duda alguna que son ellos quienes están más expuestos a ser maltratados, y de hecho, a través de investigaciones y denuncias, esto se constata.

No desconocemos, por cierto, el elevado índice de maltrato que se realiza dentro del grupo familiar entre los mismos adultos, tanto mujeres como hombres, de diferentes edades, y también en vínculos extra familiares (vecinos, compañeros de trabajo, desconocidos que se cruzan por ejemplo en la calle o quienes presencian un espectáculo público, etc). . Ahora bien: ¿a qué nos referimos cuando decimos "maltratar"?. El mismo vocablo nos responde: maltratar es "tratar mal". Todos sabemos que no existe una única forma de hacerlo, sino que se puede tratar mal a través de acciones, de actitudes, de palabras. Tomando este concepto como base, estamos en condiciones de realizar la siguiente clasificación:

Ø Maltrato Físico: es aquél que se lleva a cabo utilizando tanto sea partes del cuerpo del agresor (manos, pies, dientes, etc) como algún objeto (correas, palos, elementos punzantes, etc). Nos encontramos pues con patadas, golpes, pellizcones, quemaduras, pinchazos,etc.

Ø Maltrato Psicológico: se refiere a la agresión a través de actitudes o palabras. Por ejemplo amenazas, humillaciones, desvalorizaciones, insultos, gritos, ignorancia, desapego, falta de cuidados y atenciones que dejan al niño en situación de riesgo (actitudes negligentes), privaciones afectivas (falta de amor, de cariño, etc).

Ø Maltrato Social: comprende situaciones de niños que viven en condiciones de extrema privación y pobreza, o sea, sin recibir alimentos, sin poder asistir a centros educativos (escuelas, jardines, etc), sin medidas de higiene y salud, etc. ¿Qué puede resultar de situaciones como éstas? Seguramente niños desnutridos, analfabetos, portadores de enfermedades infecto-contagiosas, con dificultades para relacionarse, tendencia al aislamiento, etc

Ø Maltrato Sexual: (también llamado Abuso Sexual). Es aquél que se realiza cuando se cometen acciones sexuales con niños de ambos sexos.

Consideramos que este grupo de maltrato bien podría estar incluido tanto dentro del maltrato físico como social y psicológico puesto que se ejerce por medio de acciones que van dirigidas al cuerpo, a la vida afectiva y de relación de la persona.

Entendemos que el agrupar en estas categorías los distintos tipos de maltrato sirve como recurso teórico a los efectos de comprender el tema y encontrar medidas para prevenirlo.

Pero al mismo tiempo sabemos que existe una interrelación entre ellos. Para ser más claros: al agredir físicamente a un niño, dándole una palmada en la cola (algo tan común y hasta parecería "aconsejable" según muchas personas en ciertas ocasiones), se le está produciendo un dolor físico en esa zona, pero también un malestar emocional, en tanto seguramente sentirá angustia, tristeza, rabia, deseos de ser él quien pegue, etc.

¿Y el abuso sexual de que son víctimas tantos niños y niñas? Repercute claramente en sus respectivos organismos pero además deja huellas muy negativas en su desarrollo psico-afectivo y social.

¿Quiénes pueden potencialmente maltratar?.

Indudablemente todos los seres humanos estamos en condiciones de hacerlo, desde los mismos niños hasta los adultos

Pensemos sino quién no sería capaz de tener una actitud airada y agresiva para con alguien que lo ofendió verdaderamente, o qué pequeño no está en condiciones de dar un manotazo a otro cuando se traban en pelea porque ambos quieren un mismo juguete.

Queda claro aquí que no hay edad para poder tratar mal a otro. Y este otro puede ser tanto una persona, como un objeto (por ejemplo un libro), un animal, una planta, etc.

Ahora bien: entendemos que el niño es sumamente vulnerable a las influencias tanto positivas como negativas que recibe del medio que lo circunda, y no tiene las posibilidades de defenderse y cuidarse a sí mismo que por el contrario puede tener una persona de más edad.

Es real que el desarrollo corporal de un adulto le permite tener una fuerza física y una destreza motriz superiores a las del niño.

Entonces pensemos: ¿no se esboza cierto abuso de poder y de fuerza en el acto de tratar mal a un menor? Entendemos que la respuesta es afirmativa.

Pues bien, tratando de aproximarnos a comprender qué propósito sigue la persona que maltrata a un niño, hallamos que por lo general (no siempre) trata de infligirle o imponerle un castigo. En otros casos esto aparece solapado tras la justificada razón de corregir al niño ante un error.

Y decimos solapado pues entendemos que a nivel inconsciente, todo maltrato dirigido a un menor está motivado por un afán de castigarlo, sea por una razón u otra.

Sin embargo, a pesar de decir que se maltrata para corregir, para educar correctamente, para poner límites que señalen qué es lo que se permite y qué no, sus efectos podrán o no ser los esperados.

Pero lo que sí es seguro, es que producirá un daño, será perjudicial para el normal desarrollo de la criatura en cuestión. Porque aunque después de agredirlo el niño adopte esa norma que se le está marcando (por ej. haga los deberes, o deje de subirse a una mesa alta para jugar), lo hace por imposición a través de la violencia, y no por un proceso de comprensión.

Compartimos que es adecuado darle al niño las razones del "NO" que se le está diciendo (en términos que él pueda entender), pero sabiendo que: 

1. El niño necesitará de un tiempo para integrar ese NO y dejar de transgredirlo. Difícilmente a la primera vez que se le explique por qué no debe hacer o decir tal o cual cosa lo comprenda y desista de ponerla en práctica otra vez.

2. Es muy común que el pequeño ensaye otras veces esa conducta que se le censuró como forma de "probar" hasta dónde eso hay que tomarlo a consideración, o si no será una negativa del padre (o quien fuere que se lo marcó) de ese momento y más adelante se lo avale.

3. El grado de comprensión y entendimiento de cada niño va a depender de la edad que tenga y del nivel de desarrollo en el que esté.

No será lo mismo un niño que tiene tres años a otro que tiene nueve, como tampoco uno que tiene un retraso intelectual a pesar de tener diez años de edad cronológica.

No hay que perder de vista que las exigencias que se le imponen a una criatura deben ir paralelas con su etapa evolutiva, puesto que a veces se le requieren actitudes o acciones que ni su cuerpo, ni su desarrollo afectivo e intelectual se lo permiten. Y a veces es justamente ese momento del crecimiento quien determina intereses que pueden llevar a cometer actos que puedan ser riesgosas y censurables según se considere.

Por ejemplo, es normal y esperable que el niño de 2 ó 3 años sea curioso y guste de tocar objetos, tirarlos, treparse, saltar, correr, moverse libremente en espacios abiertos, etc, pues lo atrae el reconocimiento del mundo que lo rodea, disfruta y se siente importante al ir descubriendo nuevas sensaciones. Pero es claro que al mismo tiempo desconoce el peligro y puede tener conductas arriesgadas, siendo el adulto quien se lo debe ir mostrando. Y así sucede en cada etapa de la evolución del niño.

Sabemos que no son pocas las veces que un adulto maltratando a un niño no se da cuenta, o no puede admitir el alcance y la severidad que puede llegar a tener para ese niño el trato recibido. Es como si no pensara ni reconociera luego las consecuencias que él mismo pudo desencadenar.

Hay ocasiones en que se actúa casi "cegado" por un impulso, con ira, sin pensar y después..., tal vez después, al menos se reconozca lo que se causó o lo que pudo haberse causado.

Dejamos excluido el caso de personas que padecen patologías mentales. Es que no podemos negar que también padres, madres, cuidadoras, maestras, etc, son seres humanos, y ello implica tener sentimientos, estados anímicos variables, y cambios, por cierto, en el umbral de tolerancia.

Y es real entonces que en algunas ocasiones uno esté más permisivo que en otras, o más cansado, o más dispuesto a contemplar, etc, lo cual influirá en el trato que demos al niño en esa circunstancia.

Sin embargo, esta puntualización dista mucho de avalar que cuando uno está "mal" o "tiene un mal día" por variadas razones, tenga derecho a maltratar a un niño.

Si así fuera, el niño recibiría un castigo por una situación del padre (u otro) de la cual seguramente él no sea responsable. Y aunque lo fuese, tal vez hayan otras maneras menos negativas de mostrárselo.

Además, tratemos de que los parámetros con que nos conducimos y dentro de los cuales enmarcamos a los más chicos sean estables, para que ellos crezcan con seguridad y estabilidad. Pues pensemos: ¿qué va a entender el chico si hoy se le permite hacer tal cosa y mañana se lo agrede por haberla hecho?

¿Finalmente podrá saber si eso está bien o no? Entendemos que no y lo muestra la amplia gama de casos de niños inestables y dubitativos, que no tienen claramente delimitados algunos comportamientos, actitudes, o verbalizaciones.

Tengamos en cuenta que es frecuente tratar a alguien de la misma manera que otros lo hicieron con uno, y allí es donde tal vez sin darnos cuenta apliquemos ese modelo inadecuado y dañino.

Otras veces se produce lo contrario (in extremo) en el afán de que ese niño (hijo, alumno o quien sea) no tenga que pasar por situaciones como las que a uno le tocaron vivir. Hay que ser cuidadoso al respecto.

Pensemos ahora: ¿qué puede sentir y pensar el niño que es víctima de maltratos? Paulatinamente va sufriendo alteraciones en su desarrollo afectivo, intelectual, social y corporal.

El "sencillo" golpe en las manos o dedos, por ejemplo, puede traer consecuencias en su desarrollo motriz y neurológico, dado que es zona de convergencia de terminaciones nerviosas. Seguramente distará de sentirse valorado ni merecedor de amor y cariño, pues si lo que recibe es eso tan negativo de alguien significativo para él (sus padres, educadores, etc), seguramente es porque no merece nada mejor. Obviamente pensará que nada bueno podrá llegar a nacer de él, pues en tanto los maltratos continúen, se agigantará la imagen desfavorable que tiene de sí mismo. Y esa herida en su autoestima no será fácil de sanar. Al mismo tiempo, irá reconociendo que la manera de resolver o enfrentar un conflicto, así como para corregir un error y enseñar será necesario hacer uso de violencia. Posiblemente él mismo repita más adelante esta enseñanza. Y si aún recibe de boca de otros, cosas como: "cuando te peguen, pegá" o "no seas bobo y pegá tú también", evidentemente está siendo estimulado a agredir, lo cual pueda traer consecuencias negativas para él y/o para los otros.

¿Podrá entonces respetar a los adultos, por amor, por admiración? Consideramos que si lo hace (pues muchas veces se tornan niños irrespetuosos, difíciles), será por temor, sabiendo que si no respeta es posible que lo maltraten (aunque a veces piense esto de alguien que diste mucho de pretender agredirlo).

Llegamos así a comprender que la educación que el niño recibe es de capital importancia en lo que tiene que ver con el maltrato y su Prevención. Sin embargo, no sólo los más chicos deben ser educados respecto a este tema, sino que también todos nosotros, adultos de mayor o menor edad debemos serlo. Los ejemplos, la información y las sugerencias que brindan padres, familiares, amigos, educadores, medios de comunicación, grupos comunitaros, ofician como modelos y herramientas de que el niño (y el adulto, claro está) dispondrá a lo largo de su vida. El grupo de más influencia no deja de ser (en la mayor parte de los casos) la Familia.

El respeto y el amor por el otro que se vive en el núcleo familiar es el más eficaz método para prevenir y defenderse del maltrato.

Será necesario educar a un niño señalándole que tiene que proteger su vida, su cuerpo, que no tiene que callar cuando es golpeado, insultado, (víctima de algún tipo de maltrato) a pesar de las amenazas que pueda recibir. Y no descuidar el respeto y trato cordial que nos merece toda otra persona.

Pero: ¿a quién contarle eso que duele y se guarda como secreto, esa experiencia de haber sido víctima o haber presenciado el maltrato hacia otra persona?

Será a un adulto responsable a quien le contará lo sucedido para que éste pueda tomar un rol activo ante la situación. Podrá ser a sus padres, a su maestra, a sus abuelos, etc. Y por qué no considerar cuántos chicos hay que se avergüenzan y/o atemorizan de hablar de esto con un adulto, tal vez por alguna amenaza o advertencia, y lo hacen confidencialmente con un amigo o compañero de clase.

Ahora bien, sería saludable que éste que recibe la "confesión de tal secreto" tuviera la suficiente confianza con alguna persona mayor (padres, tíos, abuelos, etc.) como para acercarse y transmitirle la situación que le confiaron y entonces sí ese adulto actuar de la forma adecuada, con el fin de proteger a la víctima, por sobre todas las cosas.

Y se hará todo lo posible para acercarse a profesionales capacitados para intervenir en tales situaciones y/o a los distintos organismos de protección y de orientación a los niños (y familiares) víctimas de maltrato, en caso de que las actitudes y acciones agresivas no desaparezcan.

Existen en nuestro país instituciones que ponen a disposición de la población líneas telefónicas que facilitan la denuncia de situaciones de maltrato, pudiendo a veces hasta ser los mismos chicos quienes se animan y lo hacen.

Seamos conscientes de que maltratar no está permitido a ningún individuo. Tal vez así podamos dar un paso para erradicar el maltrato infantil.

Por consultas con la Psicóloga, comuníquese a tau@adinet.com.uy - 2113439

LA ONDA® DIGITAL

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital