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El papel político del Mercosur, su
participación y la de América del Sur en la
evolución del sistema mundial, político,
económico, multipolar y conflictivo

por Samuel Pinheiro Guimarães
Vicecanciller de Brasil

Una visión integral del papel del MERCOSUR y su inserción mundial por Samuel Pinheiro Guimarães Vicecanciller de Brasil y un rigurosa estudioso de los fenómenos sociales contemporáneos más destacados integrante del gobierno del presidente Lula. La ONDA digital publica esta versión traducida al español, por nuestra revista en exclusividad.

El escenario mundial

1.    El MERCOSUR ha sido presentado en artículos académicos y en discursos diplomáticos como un instrumento político de Brasil y de Argentina (y de Uruguay y Paraguay) para defender sus intereses y promover sus objetivos en un nuevo (hostil, peligroso o benigno, como se prefiera) orden mundial. En estos artículos y discursos, no se presenta ninguna explicación detallada de cómo sucede o puede suceder esto en un escenario internacional complejo.  La importancia del papel político del MERCOSUR, especialmente si éste incluyera otros países de la región, parece ser considerado como una consecuencia natural del tamaño de su producto, territorio y población y de otros factores que, de acuerdo con los entusiastas del MERCOSUR, aún cuando son inferiores, como es el caso del PBI, podrían ser comparados con los datos correspondientes a la Unión Europea y al NAFTA. 

2.   El análisis de las condiciones, estrategia y táctica de la acción política del MERCOSUR debe ser precedido de una visión del sistema mundial en el cual esta acción política del MERCOSUR debe verificarse.  Esta visión del mundo y de la sociedad brasileña no es, por cierto, la única imaginable y, por lo tanto, está abierta a discusión y contradicción y puede ser sustituida por otras visiones plausibles.  Aún debe presentarse alguna visión comprensiva y abarcativa del mundo antes de que se discuta el papel político del MERCOSUR.  Muy por el contrario de estas visiones panglosianas sobre solidaridad bolivariana, relaciones fraternales de amistad, ausencia de conflictos, naturaleza democrática de los pueblos, o ambiente doméstico y externo sobre el cual el MERCOSUR debe construir su base de acción política con relación al resto de América del Sur y más allá de ella, no es ni estable ni próspero.  El ambiente inmediato regional en el cual el MERCOSUR debe ejercer su papel político está caracterizado por una creciente inestabilidad económica y política y tensiones militares, a pesar del “pensamiento positivo” (wishful thinking) y de los sinceros deseos de los promotores de las políticas económicas neoliberales y de las “estrategias” de alineamiento político con las Grandes Potencias como panacea de todos los males del subdesarrollo y de la periferia. 

3.   Además de la descripción de las características y de la dinámica del sistema internacional, de la situación de América del Sur y de las relaciones entre Brasil y Argentina presentados en capítulos anteriores, sería interesante examinar las principales características de la política exterior de algunos de los principales actores y sus consecuencias para sus relaciones con el MERCOSUR, lo que aclara dificultades y define desafíos y metas. 

La política exterior de los Estados Unidos 

4.   La política exterior de los Estados Unidos es, por naturaleza y necesidad, global y su política para Am{erica del Sur es apenas una parte de su abordaje estratégico general.  Los fuertes lazos comerciales, financieros, militares y políticos entre cada país del MERCOSUR y los Estados Unidos, hacen necesaria una presentación general de la política exterior, de las estrategias y de las tácticas de los Estados Unidos antes de pensar el papel político del MERCOSUR. 

5.   El factor más importante a considerar cuando se intenta discernir los objetivos de la política externa de los Estados Unidos y comprender sus tácticas, es que los Estados Unidos se consideran como la más perfecta, avanzada y exitosa sociedad y Estado en la historia moderna de la humanidad.  Esta es una genuina convicción de la elite americana y de la población en general y tiene un efecto profundo sobre la política exterior de los Estados Unidos, su conducta y su actitud con relación a otras naciones.

6.   Los estrategas americanos y la elite de la política exterior tienden a ver el mundo como un todo como arcaico e inestable y a considerar, incluso a los más avanzados países europeos, como maniatados por la tradición, sociedades desiguales y poco democráticas y, en cierta medida, envidiosas en relación a la “historia de éxito” americana, ingratas frente a sus políticas benevolentes y clarividentes y hostiles a los intereses vitales americanos. 

7.    La inestabilidad inherente del mundo y la creencia de que el mundo debe ser reformado a la imagen de las instituciones americanas como la única forma de tornarse progresista, pacífico y próspero, está en la raíz de la idea que los Estados Unidos son el país responsable por la paz mundial y por el progreso y que, por lo tanto, tiene obligaciones y “derechos” especiales. 

8.   Un segundo factor es que el bienestar de la sociedad americana es altamente dependiente de mercados extranjeros para sus bienes y capitales tanto con relación a las exportaciones como a las importaciones.  El acceso a insumos estratégicos esenciales tales como el petróleo y minerales raros, la necesidad de atraer capital extranjero, de controlar mercados y de tener acceso a importaciones baratas, son apenas algunos de los aspectos de las estrechas interconexiones entre la economía americana y la economía mundial.

9.   En consecuencia, la profunda interdependencia y dependencia de la economía americana con relación a la economía mundial y la idea de que el éxito económico americano se debe al capitalismo “libre” son la base de la permanente y consistente estrategia económica externa americana.  Esta estrategia tiene como objetivo abrir y mantener abiertos mercados para productos exportados por los Estados Unidos y para las exportaciones e importaciones de capital (inversiones directas; préstamos; compra de bonos del Tesoro por extranjeros) y proteger la economía americana contra lo que llaman competencia y comercio “desleal”.  Esta estrategia es ejecutada bilateralmente, a través de presiones económicas y políticas; unilateralmente, por la negación de acceso al mercado americano doméstico; regionalmente, a través de negociaciones comerciales tales como el ALCA y multilateralmente a través de las negociaciones en la OECD y en la OMC para reducir barreras económicas y para regular las políticas domésticas. 

10. La creación y la “perpetuación” de una organización internacional con las características de las Naciones Unidas, que torna ilegal el uso de la fuerza por países sin poder y no representados en carácter permanente en su Consejo de Seguridad y que establece el Consejo como un condominio de “utilizadores legítimos de la fuerza”, ha sido un objetivo central de la política americana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.  Los principios adoptados en la Carta de las Naciones Unidas congelaron las fronteras territoriales, prohibieron la intervención externa en cuestiones domésticas, garantizaron la autodeterminación y la libertad de elección de regímenes sociales y políticos.  Todos estos principios y el sistema de seguridad colectiva global están ahora en estado de fluidez, debido a la desintegración de la Unión Soviética y a la fragilización de Rusia.  La autodeterminación fue en la práctica abolida y la democracia, bajo el nuevo velo de “democracia de mercado”, para los Estados Unidos (y para las Naciones Unidas, a pesar de no ser mencionada en la Carta) pasó a ser considerada la única forma legítima de organización social.  Todavía, y paradojalmente, la estrategia política americana promueve y apoya regímenes sin tener en cuenta su naturaleza democrática o autoritaria, considerando sólo su “amistad” con relación a los intereses americanos, y combate activamente y socava regímenes que considera hostiles o “rebeldes”, sin considerar si su naturaleza es democrática o dictatorial.  Obviamente, las operaciones de desestabilización siempre que se denuncian, son enfáticamente negadas.  Sus detalles, inclusive, se hacen públicos veinte años después, con la publicación parcial de documentos oficiales americanos y después que se manifestaron sus consecuencias, tal como el derrumbe de los Gobiernos democráticos en América Latina en la década del 60 y esta publicación es aún valorada como prueba de transparencia. 

11. La elite de la política exterior americana es consciente de que se está dando un proceso de concentración de poder en todo el mundo y de que sería imposible generalizar para todos los países los padrones actuales de consumo y de polución (en el caso americano) hoy “gozados” por los países desarrollados.  En consecuencia, las tensiones políticas entre Estados y dentro de las sociedades son inevitables y se dan situaciones en la periferia que “tendrán” que lidiarse con persuasión ideológica, “cooperación” política local y, en último caso, siempre que sea necesario, por la fuerza. 

12. Como una consecuencia, el objetivo central de la política militar externa americana es desarrollar armas de destrucción masiva y armas convencionales altamente sofisticadas y prohibir, a través de acuerdos internacionales, que otros Estados, especialmente en la periferia, desarrollen capacidades similares. Como un complemento de esta política, una red de acuerdos militares y bases en el exterior son mantenidas como indispensables para una acción rápida y de abastecimiento sin necesidad de solicitar permiso local para ajustarse en cada caso en operaciones de emergencia. Esta red tiene también un efecto “persuasivo” sobre los gobiernos locales y les recuerdan el riesgo que corren en caso de que vengan a desarrollar políticas hostiles a los intereses americanos. 

13. En esta altamente compleja política exterior (debido a la extrema diversidad de intereses americanos en todos los países en los cuales, por su parte, tienen intereses regionales y locales divergentes y conflictivos), los Estados Unidos se esfuerzan para crear una gobernabilidad informal global, política, económica y militar a través de estructuras hegemónicas de poder, las cuales son controladas por los países desarrollados.  Esta “gobernabilidad global” es ejercida preferentemente a través de organizaciones internacionales de diferentes tipos, tales como el Consejo de Seguridad de la ONU, el FMI, la OTAN, la OEA, la OCDE, el TNP, el MTCR, la AIEA, el Banco Mundial, etc., en una red (al estilo anglosajón) de acuerdos y convenios multilaterales “impuestos” (a través de la persuasión, presión y coerción) a Estados nominalmente independientes pero que se transforman en sí mismos en Estados “renegados” siempre que desafían la supremacía y la voluntad americana. 

14. La política exterior americana en relación a América Latina es radicalmente diferente de acuerdo con las áreas geográficas a las que se aplica: América Central y el Caribe; América del Sur, donde se encuentra el MERCOSUR. 

15. La región centroamericana (y el Caribe) son absolutamente vitales para la defensa del territorio americano y de las rutas marítimas entre la Costa Este y la Costa Oeste y entre el Golfo y la región norte de América del Sur.  Venezuela es el mayor proveedor individual de petróleo a los Estados Unidos, en volúmenes superiores a las exportaciones de todos los países del Golfo Pérsico juntos, y de Colombia proviene el terrorífico flujo de drogas ilícitas, generado por la demanda no erradicada de los consumidores americanos. 

16. América del Sur, en especial el área al sur de Colombia y Venezuela, tiene un grado diferente y menor de prioridad en el contexto de la política externa americana y de su estrategia como un todo, lo que puede ser un hecho positivo para las aspiraciones políticas del MERCOSUR. Los mismos principios generales de estrategia americana, todavía, también se aplican a esta región con el agravante de que los Estados Unidos están intentando legalmente incorporar toda la región a la economía americana a través de las negociaciones del ALCA, de tratados bilaterales de libre comercio y del estímulo a la adopción de políticas de dolarización, mantener desmilitarizados los Estados de la región, mientras al mismo tiempo, instalan tropas y material americano en algunas áreas de la región. 

17. En otras regiones del mundo, más allá del Hemisferio Occidental, las iniciativas de la política exterior americana deben confrontarse con los intereses de la Unión Europea, de China y de Rusia, y los Estados Unidos no pueden creíblemente afirmar que los Estados Unidos son genuinamente un país europeo y, mucho menos aún, “asiático” o “africano”.  En el caso de América del Sur, la situación es justamente opuesta. Todos los otros grandes actores estratégicos estás más distantes geográficamente de la región que los Estados Unidos y tienden a considerar y a aceptar a América del Sur como una zona natural de influencia de los Estados Unidos.  América del Sur está también en la “zona psicológica de influencia” de los Estados Unidos en la medida en que sus elites tradicionales, en una actitud que revela una mezcla de oportunismo, miedo, sumisión y admiración, aceptan el “derecho” americano a la hegemonía mundial y regional. 

La Política Exterior de la Unión Europea 

18. Aunque nunca fue expuesta explícitamente, la prioridad suprema de la política exterior de la Unión Europea es recuperar el papel preeminente gozado por los países de  Europa Occidental en la política mundial, volcado hacia los Estados Unidos y Rusia como resultado de dos Guerras Mundiales. Y para alcanzar este objetivo es esencial recuperar el control militar sobre todo el territorio europeo.  Este objetivo requiere maniobras extremadamente complejas y delicadas debido a la presencia y creciente reafirmación del poder de la OTAN, a la influencia de círculos atlanticistas (pro-americanos) que existen en cada país europeo, especialmente en el Reino Unido, y a los intereses de los países europeos orientales en la presencia americana para contrarrestar en la región la disputa tradicional por influencia entre Alemania y Rusia. L.O.d. 

19. La orientación estratégica y la política de la alta burocracia de la Unión Europea y de los Estados miembros es gradualmente incorporar todos los países europeos en el sistema de la Unión Europea que hoy incluye la moneda común, vasta reglamentación social y económica, estructuras políticas comunes y política exterior y de defensa comunes.  El proceso de elaboración de una constitución federal para un eventual Estados Unidos de Europa prosigue, a pesar de todas las dificultades para equilibrar visiones e intereses nacionales distintos, entre sociedades cada vez más diversas. 

20. En la política exterior de la Unión Europea, se pueden observar diferentes niveles de prioridad.  Las áreas geográficas de interés para la Unión Europea, además de los Estados Unidos, pueden ser clasificadas de acuerdo con círculos concéntricos y decrecientes en importancia: Europa Oriental y Rusia; países mediterráneos; antiguas colonias africanas; el Medio Oriente y, sólo después, Asia y América del Sur.  Esta situación y la aceptación por parte de Europa de la “natural” influencia de los Estados Unidos sobre América del Sur, confiere un bajo grado de prioridad al MERCOSUR en el contexto de la estrategia política europea, real y no retórica. 

21. Durante el largo período de la Segunda Guerra Mundial al Tratado de Maastricht y a la caída del Muro de Berlín, Europa continental concentró esfuerzos en su recuperación económica, aceptando cada vez menos el liderazgo político americano.  Durante este largo período, Europa aceptó a América del Sur como una zona natural de influencia política de los Estados Unidos.  Con el tiempo, Europa comenzó a reconstruir los lazos estrechos que existieron en el pasado con América del Sur, especialmente aquellos de naturaleza económica, a través de inversiones, pero evitando cuidadosamente contestar las iniciativas políticas americanas en el Continente. Todavía, desde el inicio del embargo a Cuba y al agravamiento de los conflictos centroamericanos, Europa comenzó a discordar discretamente con las políticas, hegemonía y título la exclusividad americana en la región, anunciados además unilateralmente por la Doctrina Monroe. 

22. Es verdad que los intereses económicos europeos y americanos son similares en general y, especialmente, cuando se trata de las relaciones entre el centro y la periferia del sistema mundial. Ambos desean mantener las economías sudamericanas abiertas al comercio exterior y a las inversiones, pero al mismo tiempo, Europa, en su creciente afirmación de una política exterior autónoma, intenta explotar los resentimientos latinoamericanos y su aspiración por una mayor autonomía.  El ingreso de Portugal y de España en la Unión Europea creó una interesante oportunidad y un instrumento para una mayor actividad política europea, la cual viene siendo cuidadosamente disfrazada bajo las negociaciones económicas entre el MERCOSUR y la Unión Europea y en los periódicos encuentros de cúpula iberoamericanos que llevaron a la creación de la Comunidad y de su secretaría permanente. 

23. Portugal y España, como países en desarrollo semi-periféricos en Europa, tienen un gran interés en fortalecer su posición negociadora en la Unión Europea. Por lo tanto, procuran valorar su participación y así se presentan a sus socios europeos como un “puente” entre Europa y América Latina, mientras que para sus ex colonias en América Latina se esfuerzan por aparecer como una “puerta” para las inversiones latinoamericanas en Europa y como los defensores de las reivindicaciones latinoamericanas de apertura de los mercados agrícolas europeos. 

24. Europa tiene como uno de sus objetivos necesarios promover la multipolaridad del sistema internacional, lo que significa en verdad, alcanzar un status equivalente para Europa con relación a los Estados Unidos en la escena mundial y en la “administración” del sistema global.  Este objetivo, que requiere aflojar las garras de la hegemonía americana, inclusive en las Américas, y el objetivo económico de mantener los mercados latinoamericanos (en extremo lucrativos), abiertos y “simpáticos” a sus productos e inversiones y aplacar la oposición con relación a la Política Agrícola Común, están por detrás de la aceptación de la Unión Europea, aunque de forma resistente, de ajustarse a las negociaciones de un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR que debería, originalmente y en principio, incluir la remoción de los subsidios a la producción y exportación de productos agrícolas y de los obstáculos de acceso a sus mercados. 

25. Todavía, como todos los grandes actores de la OMC, la Unión Europea sabe muy bien que un acuerdo de libre comercio de esta naturaleza es una “imposibilidad” legal y política y, por esta razón, no le confiere una exagerada importancia a este deliberadamente lento y miserable ejercicio de negociación. La Unión Europea no puede abrir de hecho sus mercados agrícolas a través de un verdadero acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR sin negociar los temas agrícolas con los Estados Unidos y no puede celebrar un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR sin incluir los productos agrícolas, debido a los requisitos de “cobertura” de productos establecidos por la OMC, el llamado “sustancial de comercio” que tendría que incluir el libre comercio en productos agrícolas, el mayor objetivo comercial del MERCOSUR, y un porcentaje muy elevado de sus exportaciones para Europa. 

26. En consecuencia, la insistencia del MERCOSUR en la negociación de un verdadero acuerdo de libre comercio con la inclusión total de productos agrícolas tiende a perjudicar el clima político entre las dos grandes áreas económicas y, en consecuencia, las posibilidades de cooperación política y tecnológica entre el MERCOSUR y la Unión Europea, que tiene una importancia de largo plazo para la creación de un sistema mundial multipolar, que es un objetivo de mucho mayor relevancia para el MERCOSUR y Brasil que una eventual y altamente improbable total liberalización del comercio mundial de productos agrícolas. L.O.d. 

La política exterior de China y de Japón 

27. La estrategia de la política exterior china ha tenido como principal objetivo de largo plazo consolidar su posición como Gran Potencia en un sistema mundial multipolar del cual Europa y los Estados Unidos necesariamente participarían, pero en el que no son hegemónicos, en especial en Asia.  La reincorporación de Taiwan al territorio chino es el más importante objetivo de corto plazo de China y al cual todos los otros objetivos están subordinados y a la luz del cual todas sus maniobras políticas (y económicas) deben ser analizadas. 

28. Por otro lado, todos los movimientos estratégicos americanos tienen como  objetivo impedir la emergencia de actores altamente competitivos, independientes, potencialmente hostiles en Asia (China y Japón), en Europa (Unión Europea + Rusia) y en las Américas (Argentina + Brasil).  Las maniobras divisorias de la política exterior americana latu sensu son permanentes y tienen su apoyo en cada uno de estos continentes en elites captadas y fascinadas por la idealización de una confrontación mundial entre el liberalismo y el autoritarismo: o aterrorizadas por la perspectiva de una derrota en un “choque” entre las civilizaciones oriental y occidental; o vinculados por una miríade de intereses económicos a empresas americanas. 

29. China reconoce la extraordinaria sensibilidad del objetivo estratégico global americano y actúa cuidadosamente para alcanzar paso a paso sus objetivos: reunificar el territorio continental (Hong Kong, Macao y Taiwan); resolver las cuestiones de frontera al Norte con Rusia; estimular la retirada de tropas americanas del territorio asiático; y gradualmente aproximarse a Japón.  Simultáneamente, China desarrolló una política económica diversificada para consolidar su progreso material, ampliar lazos económicos y prestigio con la diáspora china en el Sudeste Asiático y establecer vínculos con empresas americanas y europeas de modo de dificultar la articulación de alianzas hostiles de intereses occidentales contra sus objetivos de largo plazo. L.O.d. 

30. Por su lado, el principal objetivo de Japón es recuperar su autonomía y el status de Gran Potencia política de que gozó en el pasado.  Este status fue perdido con la derrota y la humillación al final de la Segunda Guerra Mundial, simbolizada por la Constitución redactada por los Ejércitos americanos de ocupación, la castración de poder militar, la pérdida de identidad divina del Emperador y el establecimiento de bases militares americanas permanentes en el territorio japonés. 

31. Las bases militares americanas son la más visible prueba de una soberanía limitada de Japón. El esfuerzo paciente de cerrar la presencia militar americana en el Japón y la resistente aceptación del papel de aliado de Occidente en Asia con el objetivo de recuperar la independencia militar y ganar un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas son objetivos de largo plazo cuidadosamente perseguidos por la elite japonesa.  Además, alcanzar capacidad nuclear es esencial para los objetivos políticos japoneses y para el ejercicio de influencia regional.  El Japón detenta la tecnología, el plutonio y los recursos financieros necesarios para construir armas nucleares y los misiles capaces de transportarlas. 

32. El problema estructural de la sociedad japonesa es la escasez de recursos naturales, que fueron, son y serán esenciales para las actividades industriales (y militares).  Los índices japoneses de consumo de insumos estratégicos importados contribuyen a explicar la dirección de la expansión histórica japonesa en el sentido de conseguir el acceso a recursos naturales y a mercados en el territorio continental asiático.  Así, una relación económica de largo plazo con China es un objetivo natural más acá de la conquista militar y de la ocupación, que serían imposibles e impensables hoy.  La alianza política entre China y Japón tendrá que superar las rivalidades y los resentimientos del pasado, pero no debe ser considerada totalmente imposible.  Los extraordinarios niveles bilaterales de comercio y de inversión ya alcanzados contribuyen para la aproximación y para alcanzar este fin.  La articulación de un bloque sino-japonés, aunque informal, para enfrentar a Occidente en los juegos estratégicos del futuro mundo multipolar, es una posibilidad de largo plazo que asusta a las especulaciones de los estrategas en Washington. L.O.d. 

33. Debido a estas razones políticas, geográficas y culturales, China y Japón tienden a ver a América del Sur y al MERCOSUR como distantes y exóticas regiones, muy sometidas a la influencia de los Estados Unidos (y de Europa). Aún, a pesar de esto y debido a su permanente interés en la multipolaridad y su reconocimiento de la importancia del desarrollo industrial y tecnológico del MERCOSUR (especialmente de Brasil), ellos estarán interesados (como lo estuvieron en el pasado) en programas de cooperación científica y tecnológica consistentes, concretos y permanentes, especialmente en aquellos campos más restringidos y más celosamente guardados.  Pero recientemente, la aceleración del desarrollo chino y su relativa escasez de tierras arables y de agua, hicieron surgir una posibilidad importante de complementación a través de inversiones en logística para expandir la producción y la exportación de productos agrícolas y minerales del MERCOSUR para China. 

Un apunte sobre la India 

34. La posición de India es extremadamente delicada en el escenario geopolítico y en el juego de poder en Asia, enfrentando a China al norte y la inamovible rivalidad con Paquistán al occidente, la que apenas llegó a una nueva etapa con el status nuclear alcanzado por los dos países.  La serena consideración de las potencialidades de su vasto territorio y población, la aspiración por una posición autónoma en el sistema mundial y los lazos históricos harán que la India se mueva políticamente hacia una alianza más próxima con Rusia y para la construcción de lazos con Africa del Sur.  A pesar de las dificultades, puede haber una interesante oportunidad estratégica de largo plazo para Brasil en el sentido de trabajar en dirección a la articulación de programas concretos de cooperación de naturaleza tecnológica y política entre el MERCOSUR/África del Sur/India.  Esta es una iniciativa que puede complementar de forma útil los movimientos políticos del MERCOSUR en relación al Norte de América del Sur, lo que será una articulación política mucho más ardua de lo que podría parecer a primera vista porque ella tendrá que enfrentar, si se desarrollara con seriedad y éxito más allá del nivel de la retórica, la fuerte resistencia de los Estados Unidos y de los círculos bajo su tradicional influencia en aquella sub-región. 

Un apunte sobre la política externa de Rusia

35. La política externa rusa tendrá que concentrar su atención y preocupaciones en las próximas décadas en su “exterior próximo”, debiendo además tratar los extremadamente complejos movimientos separatistas dentro de la Federación Rusa y en sus relaciones con Europa y  Asia. La estrategia de recuperación de la catástrofe de desarticulación económica doméstica después del fin de la URSS tornará difícil imaginar una política exterior rusa más activa en otras regiones del mundo, inclusive en América del Sur, en especial luego de la pérdida del prestigio y de la imagen de Rusia durante los años 90. Incluso, la tendencia a la centralización política interna, la reafirmación gradual de la autoestima nacional y un gobierno más fuerte (autocrático?) en Rusia, que es una hipótesis que no debería ser fácilmente descartada, tendría profundas consecuencias para la escena política mundial y seguramente contribuiría a la multipolaridad y a abrir un espacio más amplio de maniobra para los grandes Estados de la periferia y para organizaciones como el MERCOSUR. 

Un apunte sobre el mundo árabe 

36. Fue la permanente confrontación árabe-israelí-americana en el Oriente Medio la que ocasionó la extraordinaria multiplicación de precios del petróleo en 1973 y 1979 y que tuvo la consecuencia imprevista de implotar la articulación económica y política de los países periféricos (en el G77, en las Naciones Unidas, y el Movimiento No-Alineado) que tenía como objetivo una organización más democrática del sistema político y económico mundial. 

37. Las crisis del petróleo dividieron al Tercer Mundo en países exportadores (y súbitamente ricos) y países importadores (y súbitamente arruinados) de petróleo y tuvieron un profundo impacto sobre el Movimiento No-Alineado al provocar el súbito y radical desequilibrio de los sectores externos de los países importadores de petróleo. La transferencia del enorme e inesperado lucro financiero de los Estados árabes para mega-aplicaciones en los megabancos occidentales tornó “necesario” el esfuerzo de reciclaje de los petrodólares y llevó al temerario endeudamiento, inducido por los megabancos, de muchos países pobres y empobrecidos, a la adopción de tasas de interés fluctuantes en los contratos de préstamo y a las consecuentes crisis de la deuda externa que resultaron de la política americana de súbitamente elevar las tasas de interés hasta niveles estratosféricos. 

38. La naturaleza fundamentalmente reaccionaria de las monarquías del petróleo, sus lazos con los Estados Unidos y Europa, la naturaleza insoluble de la situación de Israel, los movimientos fundamentalistas árabes creados o por lo menos cuidadosamente nutridos por los Estados Unidos como parte de su estrategia anti-rusa en Afganistán, el apoyo financiero americano a las sectas ortodoxas judaicas y su alianza en la ONU con Israel, el conflicto entre el Islam fundamentalista y el Islam moderno, y el papel central de los Estados Unidos en la región, agravado por aspiraciones utópicas de reformar las sociedades y los Estados árabes luego de la invasión de Irak, torna extremadamente difícil para el mundo árabe articular una estrategia consistente y común en el sistema político mundial, excepto en ocasionales manifestaciones de la “política del precio del combustible”. El mundo árabe y el fundamentalismo juegan un rol importante como “ogros” en el esfuerzo ideológico de la Administración americana en justificar el enorme presupuesto militar de los Estados Unidos, en especial después de los mega-atentados del 11/9, que cometieron el sacrilegio de violar el territorio continental americano. L.O.d. 

Un apunte sobre África del Sur 

39. La política exterior sudafricana aún sufre las consecuencias de la herencia psicológica del régimen blanco del apartheid y la supuesta necesidad de presentarse un nuevo régimen negro africano como “confiable” y la “nueva” África del Sur como un país “normal”, bien educado y progresista, “amigo” en relación a las Grandes Potencias económicas y políticas. Esta actitud psicológica, la escasez de personal y las complejidades de la situación política en África sub-sahariana en general y en algunos de los países africanos vecinos, hacen difícil para la política exterior sudafricana articular una estrategia firme y persistente más allá de sus relaciones con las Grandes Potencias y construir programas concretos de cooperación política y económica en dirección a Estados y organizaciones de la periferia no-africana, como Brasil y el MERCOSUR. La inestabilidad interna inherente, agravada por la audaz aplicación de políticas económicas conservadoras en un país con características étnicas de concentración de renta y fragmentación social y creciente frustración política, como es el caso de África del Sur, puede reservar algunas sorpresas para la futura orientación de la política interna y externa sudafricana. 

Un apunte sobre la política exterior mexicana 

40. La política exterior de Méjico tiene especial importancia para la acción política del MERCOSUR en América del Sur, en América Latina y en el mundo y, por lo tanto, merece por lo menos un corto comentario. 

41. El cambio radical de la política exterior mejicana contribuyó a la desarticulación política de los países del Tercer Mundo en las negociaciones económicas multilaterales y regionales. Además, este cambio radical tuvo importantes consecuencias políticas y afectó fuertemente las actitudes de América Latina con relación a los Estados Unidos en el continente. 

42. La demanda mejicana por participar de las negociaciones de libre comercio con los Estados Unidos y Canadá, sin solicitar tratamiento preferencial, su aceptación de la posición americana con relación a derechos de propiedad intelectual, y de las propuestas americanas en las negociaciones de la Ronda Uruguay del GATT, vino a reforzar extraordinariamente las presiones internas neoliberales en los países de América Latina, que ya venían, estimuladas por el estancamiento y por las nuevas “teorías” económicas, solicitando un cambio en las tradicionales políticas económicas exteriores y la renuncia de las demandas por tratamiento preferencial y no-recíproco en las negociaciones con los países desarrollados. L.O.d. 

43. Después de su admisión en el NAFTA, Méjico inició una agresiva campaña para convencer a los gobiernos latinoamericanos de que su naturaleza latinoamericana no se modificaría y de su situación especial como la “puerta para las inversiones y exportaciones latinoamericanas” para el mercado de los Estados Unidos.  Las negociaciones mejicanas sobre libre comercio o acuerdos preferenciales bilaterales con determinados países latinoamericanos – como Colombia y Venezuela, para formar el entonces G-3 – y el amplio acuerdo Méjico-Uruguay, sin resultados comerciales pero que crea serias dificultades para el MERCOSUR, fueron parte de una estrategia para preservar las preferencias comerciales que Méjico usufructúa en la ALADI, para amortiguar las reacciones al cambio radical en la política externa mejicana y hasta para abrir camino para las futuras negociaciones del ALCA. 

44. El ejemplo de México fue importante para la toma de decisión de otros Gobiernos latinoamericanos de aceptar la propuesta de los Estados Unidos de negociaciones para la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Sin embargo, la posición geográfica especial de México y el acceso (legal o ilegal) de su población al mercado de trabajo de los Estados Unidos, con las consecuentes remesas de dinero de los inmigrantes, no son válidas para otros países latinoamericanos. Éstos, por lo tanto, se ilusionan cuando imaginan que si aceptasen participar de un eventual ALCA o de acuerdos de libre comercio bilaterales (TLC) obtendrían los mismos “beneficios” que México supuestamente usufructuaría, y que hoy cada vez más son criticados en el propio México, debido a los efectos del NAFTA (o de los no-efectos del NAFTA). 

MERCOSUR: consideraciones generales 

45. Para América del Sur, región que posee el doble del territorio y una población mayor que la de los Estados Unidos, es indispensable, para poder defender de forma efectiva sus intereses a largo plazo en un mundo inestable, violento y arbitrario, trabajar con firmeza cotidiana para el surgimiento de un sistema multipolar, en el cual debe aspirar a ser uno de los polos de este sistema, y no solamente una sub-región de otro polo político o económico. 

46. El centro de esta estrategia debe ser la construcción paciente, persistente y gradual de la unión política de América del Sur y una negativa firme y serena a políticas que sometan la región a los intereses estratégicos de los Estados Unidos.  El MERCOSUR es un instrumento esencial para alcanzar este objetivo, en la medida en que Brasil y Argentina, se ejerciesen políticas externas aisladas y, lo que es peor, contradictorias, no podrán desempeñar un papel internacional efectivo, y tenderán a competir por influencia, de modo poco proficuo.  Y obviamente, sin una cooperación próxima entre Brasil y Argentina, la acción política coordinada del MERCOSUR y, aún más, una acción política común en América del Sur serían totalmente imposibles.  Esta acción requiere una actitud decidida y cuidadosa de no-hegemonía y una relación de socios iguales entre Argentina y Brasil, y un conjunto efectivo, real y concreto de mecanismos para reducir las asimetrías entre los dos principales socios y Paraguay y Uruguay y con relación a los demás países de América del Sur. 

47. El MERCOSUR significa Brasil y Argentina, de la misma forma que la Unión Europea significa Alemania y Francia y el NAFTA significa Estados Unidos y Canadá.  Una coordinación efectiva de las políticas externas de Brasil y Argentina seguramente obtendría el apoyo, aunque resistente, de Uruguay y Paraguay, teniendo en cuenta la naturaleza de sus relaciones con los dos socios principales del MERCOSUR, y este apoyo sería posible, en caso de que se de un verdadero tratamiento asimétrico a su favor, y necesario, por causa de su posición frágil frente a las concesiones “tentadoras” (aunque diminutas) de las Grandes Potencias (especialmente los Estados Unidos), hechas directamente o por medio de terceros países y aptas a fracturar eventuales posiciones comunes del MERCOSUR.  Por esta razón, las políticas externas de Uruguay y Paraguay no serán aquí discutidas.  Cuando pensamos en el MERCOSUR, tenemos que entender que Argentina y Brasil precisan construir, de forma activa, una identidad de visión de un mundo razonable, una percepción común de las posibilidades de acción, una fuerte cooperación y un sistema que promueva la “percepción” del equilibrio de costos y beneficios entre los dos países, lo que es esencial para la articulación de un papel político internacional afirmativo y positivo para el MERCOSUR (y para ellos mismos). 

48. Si estos esfuerzos no fuesen desarrollados cotidianamente, el MERCOSUR podría convertirse, en la mejor de las hipótesis, en un instrumento político para la “adaptación” y la sumisión de las políticas externas de sus países miembros a los intereses hegemónicos de los Estados Unidos en el mundo, pero nunca en un instrumento para la construcción de la unión política sudamericana y de un sistema multipolar en los planos económico, político y militar, objetivos que deberían ser reconocidos como legítimos para las sociedades sudamericanas, inclusive por sus elites. 

49. El Foro de consulta y Concertación Política del MERCOSUR (FCCP) dio un gran énfasis a la implementación de la llamada “cláusula democrática”, lo que llevó a la adopción del Protocolo de Ushuaia por los países del MERCOSUR y Bolivia y Chile.  Un segundo foco de atención para el FCCP fue el esfuerzo para desarmar (las ya desarmadas) Fuerzas Armadas de la región en los campos nuclear, biológico y químico y también en el área de las minas terrestres y armas convencionales.  La Declaración de Ushuaia, que menciona en su preámbulo el Tratado de Tlatelolco y la Declaración de Mendoza sobre Armas Químicas y Biológicas, transformó al MERCOSUR, a Bolivia y Chile en una Zona de Paz, libre de armas de destrucción masiva (sin, no obstante, mencionar el pasaje o la presencia de estas armas en navíos de guerra de terceros países). No hay mecanismos de coordinación permanente, más allá de la realización de encuentros políticos de alto nivel durante reuniones del MERCOSUR. 

50. Es posible concluir que los esfuerzos de coordinación política de los países del MERCOSUR han sido más exitosos con relación a dos tópicos de especial interés para los objetivos de la política de los Estados Unidos en la región: el desarme de los países de la región y el mantenimiento de regímenes formalmente democráticos, transparentes y abiertos a la influencia externa, en los planos político y económico.  El compromiso democrático, o “cláusula democrática”, es un desvío del tradicional principio sudamericano de no-intervención en asuntos internos y puede generar, en el futuro, situaciones delicadas en el momento de su implementación, con una aplicación selectiva y manipulada por presiones externas.  La coordinación política entre países del MERCOSUR fue bastante menos efectiva en lo que se refiere a iniciativas generales de las políticas externas de los dos principales miembros y a actividades de negociación en los foros políticos internacionales del sistema de las Naciones Unidas, del sistema de la OEA y del Grupo de Río. 

51. A pesar de los esfuerzos para coordinar las iniciativas políticas de los miembros del MERCOSUR (el llamado “MERCOSUR Político”) y en parte por causa de la falta de instituciones comunes permanentes para coordinar este papel militar/político, lo que efectivamente sucedió en el período Menem/Collor/Cardoso no fue una acción política del MERCOSUR planeada conjuntamente, sino por encima de todo una serie de iniciativas conducidas sobretodo por Argentina de una forma osada y mediática, muchas veces recibido por Brasil de manera levemente crítica.  Algunas de estas iniciativas, sin embargo, fueron toleradas o más tarde aceptadas y hasta seguidas de manera discreta, tradicional y “responsable”.  Este proceso podría dar a un observador externo la ilusión de la existencia, desde 1990, de una actuación política coordinada y planificada del MERCOSUR. 

MERCOSUR: La visión brasileña/argentina de la globalización 

52. El período de 1990 a 1999 fue un período histórico excepcional, por causa de una interpretación similar del mundo, de la aceptación por un socio de algunas de las iniciativas políticas del otro y de la percepción de intereses de largo plazo y un equilibrio en las relaciones económicas Brasil-Argentina.  Esto no significa que el énfasis, el entusiasmo y las tácticas de política externa fuesen iguales en los dos países y que no hubiese momentos de desavenencias, insatisfacción e irritación. 

53. La visión política que predominó en Brasil y Argentina, en el período de 1989 a 1999, fue una consecuencia de la victoria repentina y sin derramamiento de sangre de los Estados Unidos sobre la Unión Soviética, lo que inauguraría un Nuevo Orden Mundial, según lo anunciado por el Presidente Bush.  Este Nuevo Orden sería pacífico, con el fin de todos los conflictos, globales (Este vs. Oeste, Norte vs. Sur) o regionales (América Central, Angola), ya que en el origen de todo conflicto había estado la influencia comunista.  Había, sin embargo, en la visión de las Grandes Potencias, un resquicio de conflicto y la posibilidad de que ciertos países o grupos internos en determinados países no aceptasen el Nuevo Orden y lo perjudicasen.  Como resultado, todos los esfuerzos deberían ser desarrollados, en los niveles multilateral, regional y nacional, para desarmar el mundo, especialmente los países en desarrollo “menos responsables” y para evitar la proliferación de armas de destrucción masiva.  Las confrontaciones entre países deberían ser sustituidas por cooperación y por la práctica diplomática que algunos analistas denominaron “nueva geometría del poder”.  Conceptos e ideas, como ex colonias versus ex metrópolis, desarrollados versus en desarrollo, izquierda versus derecha, Norte versus Sur, deberían ser barridos de los discursos en las arenas política e ideológica. En esta “nueva geometría” diplomática, los países deberían buscar alianzas más allá de y sin preocuparse con sus identidades comunes, con países desarrollados o en desarrollo, ricos o pobres, pertenecientes a la misma región o no.  En la esfera política interna, la democracia liberal occidental habría probado ser más eficiente como sistema político y social que el socialismo y el autoritarismo.  Por consiguiente, todos los Estados, por una cuestión de comportamiento lógico, deberían adoptar el modelo occidental de regímenes democráticos, con elecciones periódicas libres, sistemas legales occidentales, separación de Poderes, líderes civiles democráticos y políticas y legislación eficientes de protección de los derechos humanos. 

54. La visión económica del mundo era bastante similar en Argentina y Brasil.  El capitalismo neoliberal, con el fin de la Unión Soviética y su conversión al capitalismo, probaría ser más eficiente, en términos tecnológicos y económicos, que el socialismo o cualquier otra forma de capitalismo.  Para que el capitalismo neoliberal, sin embargo, pudiese dar todos los frutos, tendría que ser cultivado y florecer en un ambiente amistoso en cada país y entre todos los países.  Los Gobiernos deberían adoptar políticas económicas clásicas, cuya aplicación exitosa fuese interrumpida por los “accidentes” del Comunismo, del Nazismo, del colonialismo y por la extensa intervención estatal basada en el keynesianismo.  Tendría que existir una creencia verdadera en la libre competencia en mercados libres y, por lo tanto, la reducción del tamaño y de la presencia del Estado debería ser un proceso rápido, irreversible y total.  La desregulación de todos los mercados – trabajo, capital y tecnología – tendría que ser completa y ningún área podría permanecer “reservada” o fuera de los límites para las compañías privadas.  No se podría aceptar discriminación  entre compañías basada en tamaño o en nacionalidad y, por lo tanto, no podrían permanecer vigentes los límites para su acción o legislaciones antitrust.  Deberían ser removidas las barreras a la libre circulación de bienes o capital entre todos los países, para mayor eficiencia y bienestar de la economía mundial globalizada, lo que beneficiaría a todos los países por igual. 

55. De acuerdo con esta visión, los regímenes militares habían sido estrictamente militares (no civiles) y responsables por el estancamiento económico, por la inflación, por la corrupción, por la reglamentación y burocracia, por el antagonismo a las empresas privadas, por programas voluntaristas de desarrollo, por la fuga de capitales,  por el autoritarismo, por las violaciones de derechos humanos, por la confrontación con las Grandes Potencias.  Por lo tanto, por razones políticas, económicas y estratégicas, las Fuerzas Armadas deberían reducir su tamaño y ser colocadas bajo control civil, desmitificadas a los ojos de la opinión pública y restringidas a actividades de seguridad interna, como policía y control armamentista regional y competición (Brasil vs. Argentina), aventuras militares (Malvinas), el riesgo de conflictos (Argentina vs. Chile vs. Peru), y también promoverían la democracia, reducirían el antagonismo y la sospecha de las Grandes Potencias y, por lo tanto, atraerían con promesa su respeto y su cooperación amistosa.  Políticas externas basadas en “realismo periférico” y en la teoría idéntica de la “escasez de poder” evitarían confrontaciones con países poderosos e inevitables y terribles daños.

56. Argentina 

57. Las elites argentinas por varias razones históricas, aceptaban la interpretación del mundo resumida anteriormente y creían en el potencial de su propia sociedad.  Consideraban que el status de país desarrollado usufructuado por la Argentina, en los años 10 y 20, había sido perdido en función de las políticas equivocadas de una serie de Gobiernos que habían intentado abandonar las tradicionales ventajas naturales agro-exportadoras del país e industrializarlo artificialmente.  El antagonismo con relación a los Estados Unidos fue identificado por estas elites como un elemento permanente y autodestructivo de la política externa argentina, por lo menos desde la negativa en aceptar la propuesta norteamericana, presentada en 1899, de un área de libre comercio de las Américas.  Posteriormente, esta actitud confrontacionista se habría vuelto hacia Gran Bretaña, con consecuencias desastrosas.  Los regímenes militares argentinos habían sido “cerrados” y violentos en la represión, lo que resultaría en alrededor de 30.000 muertos y desaparecidos.  Finalmente, las elites argentinas veían en su vecino Brasil un ejemplo de éxito en la cooperación con los Estados Unidos, lo que le habría posibilitado superar a la Argentina económicamente y en influencia política en la región, como en Paraguay, en Uruguay y en Bolivia. 

58. La política externa durante la presidencia de Carlos Menem, por lo tanto, fue en gran medida el resultado de seis experiencias traumáticas:

·        La derrota en la Guerra de las Malvinas y sus consecuencias económicas

·        La brutalidad y la ineficiencia de los regímenes militares anteriores;

·        La casi hiperinflación

·        El fracaso de los planes heterodoxos de estabilización económica

·        La percepción de decadencia en términos de prosperidad

·        La relativa pérdida de prestigio y poder históricos, inclusive en el ámbito de América Latina. L.O.d. 

59. La estrategia del Gobierno Menen, que correspondió a una fuerte alteración ideológica del cuadro partidario, fue cambiar radical y abruptamente la política externa y la política económica de Argentina y alinear al país, sin vacilaciones, con los Estados Unidos y las Potencias europeas, para demostrar:

·        La credibilidad y la confianza de las nuevas políticas del Gobierno;

·        La  naturaleza pacífica, inofensiva y previsible de la política externa argentina;

·        La aceptación irrevocable por parte de Argentina de políticas económicas ortodoxas, simbolizadas por la adopción legal de la paridad peso-dólar. 

60. Por medio de este radical realineamiento de sus políticas internas y externas, el Gobierno argentino procuraba alcanzar los siguientes objetivos de corto y mediano plazo:

·        El restablecimiento de relaciones diplomáticas con los países de la Unión Europea y, especialmente, con el Reino Unido;

·        La suspensión del embargo económico de la Unión Europea;

·        Reconocimiento diplomático y pacífico de la soberanía argentina sobre las Malvinas;

·        La participación como miembro pleno en instituciones exclusivamente occidentales, como la OTAN y la OCDE;

·        Status de principal socio de los Estados Unidos en la ejecución de su política para América Latina;

·        Recuperar su “posición legítima” pero “perdida” en el mundo civilizado, desarrollado. 

61. Los dos objetivos centrales y simultáneos de la política externa de Carlos Menem parecían ser el reconocimiento pacífico de la soberanía sobre las Malvinas, o al menos alguna forma de soberanía conjunta británico-argentina sobre las Islas y obtener apoyo económico y financiero para el programa de modernización y normalización, o sea, de “transformación con dirección al pasado” y de reinserción “moderna” de la economía argentina en el mundo.  Para la obtención de estos objetivos, parecía necesario primero transformar la Argentina en un país “normal” (subdesarrollado, post-colonial): pacífico, desarmado, amistoso para con los extranjeros, cooperativo en términos militares, sumiso y respetuoso de la superioridad y ascendencia natural de las Grandes Potencias. 

62. Para alcanzar estos objetivos principales, Argentina juzgó que tendría que desarmarse.  Para esto, era necesario convencer al Gobierno brasileño y a sus Fuerzas Armadas de la sinceridad de esta nueva estrategia y política externa. La cuestión militar con Brasil y Chile era central.  El nuevo Gobierno civil argentino tenía que garantizar a los militares del país que no había amenaza de parte de Brasil (y de Chile) y, por consiguiente, que la política de reducción en el efectivo de las Fuerzas Armadas no presentaba riesgos. El desarme voluntario era visto como una condición para persuadir a los Estados Unidos y al Reino Unido de que el riesgo de revanchismo y autoritarismo por parte de los militares argentinos había desaparecido y que era lucrativo y políticamente factible apoyar el programa económico del Gobierno argentino. El desarme era presentado como una política “razonable” también para Brasil, porque después del desarme argentino (convencional y no convencional) y de la política de “confianza mutua” nuclear, que llevaría a la ABACC, a la implementación de Tlatelolco y a la adhesión al TNP, no habría amenaza en la región.  La Argentina no tendría armas, otros países de la región eran pequeños y pacíficos y Estados Unidos era un país distante y no agresivo y, además de esto, militarmente invencible. 

63. La normalización de las relaciones políticas con Chile fue obtenida con el éxito de la negociación, de 1990 a 1999, de 24 disputas fronterizas, el arbitraje sobre el Canal de Beagle, la firma del Tratado de Paz y Amistad y la celebración de acuerdos para la explotación de recursos naturales en la región de frontera en los Andes.  Con relación a Brasil, fuera de la cuestión específicamente militar, la situación era más compleja.  La cuestión era como alinear la política externa (y militar) argentina radicalmente con los Estados Unidos, sin despertar sospechas en Brasil y, al mismo tiempo, mantener el mercado brasileño abierto a los productos argentinos, situación que había sido alcanzada con la firma del Tratado de Asunción.  Estos objetivos aparentemente contradictorios pudieron ser alcanzados gracias a la similitud fundamental de visiones del mundo mantenidas por las clases dirigentes de los dos países, a pesar de desavenencias ocasionales sobre temas específicos, y gracias al fuerte deseo de Brasil de preservar el MERCOSUR y la sociedad comercial con Argentina. 

Brasil 

64. Por razones históricas específicas, Brasil era más resistente a adoptar una “nueva” política externa que variase radicalmente sus posiciones tradicionales.  El desarrollo económico de Brasil había sido, por largo tiempo, una historia de éxito, habiendo transformado la economía brasileña en una de las mayores economías industriales del mundo.  Las relaciones políticas de Brasil con las Grandes Potencias habían sido, desde por lo menos 1930, una mezcla de cooperación/demanda/confrontación/adaptación, que llevó a resultados importantes, como la negociación para la entrada de Brasil en la Segunda Guerra Mundial y la atracción de inversiones extranjeras durante el período Kubitschek.  Los regímenes militares en Brasil habían sido menos corruptos, más eficientes y mucho menos violentos que en Argentina, y en la experiencia histórica brasileña no habría nada similar al episodio de las Malvinas. Al final de cuentas, el número de países vecinos, la extensión de las fronteras, la tradicional campaña para internacionalizar la Amazonia, la rivalidad histórica y el recuerdo de resentimientos entre los regímenes republicanos en la América hispana y el Imperio brasileño fueron factores que impidieron el impacto pleno de las políticas de “seguridad cooperativa” defendidas por Argentina, con fuerte apoyo de los Estados Unidos, sobre el papel de las Fuerzas Armadas en Brasil. 

65. La política externa brasileña, durante los años 90, compartió la estrategia argentina, y tuvo el objetivo de presentar a Brasil como un país que seguía la “corriente principal”, un país normal, no más en desarrollo y confrontacionista, sino apenas un país “injusto”. Brasil era una nación dispuesta a reconocer sus “pecados” y culpas y dispuesto a manifestar arrepentimiento por su comportamiento económico anterior y por algunos desvíos de conducta política, ninguno, sin embargo, remotamente similar a “la falta de respeto” demostrada por Argentina en el episodio de las Malvinas.  La política externa brasileña se alineó con las supuestas necesidades del plan de estabilización económica, procurando ayudar por todos los medios posibles a su implementación y, de esta manera, tomando ciertas iniciativas políticas con la esperanza de obtener el apoyo y el aprecio de las Grandes Potencias económicas (y políticas). La “nueva” política externa brasileña le otorgó un especial énfasis a los llamados nuevos temas globales, a los cuales los Estados Unidos le conferían una gran importancia, como los derechos humanos, medio ambiente, terrorismo y drogas y la promoción de la democracia, independientemente de los tradicionales principios de no intervención y autodeterminación, que históricamente habían sido pilares de la política externa brasileña.  La “nueva” política externa brasileña se presentó como una política basada en principios de “elevado nivel moral”, desprendida, generosa y pacífica, pronta a otorgar concesiones (económicas y políticas) sin reciprocidad, en función de los “intereses superiores de la humanidad”. 

66. Más allá del descontento en Brasil con repentinas y “mediáticas” iniciativas de política externa de Argentina, las delegaciones argentinas se alinearon activamente con posiciones de los Estados Unidos o de otros países desarrollados en diferentes foros.  Un caso especial de divergencia de puntos de vista fue la candidatura brasileña al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, rechazada públicamente por el Gobierno Menem.  Esta orientación de la política externa argentina creó un malestar creciente en los más diversos sectores del Gobierno brasileño y, junto con el tratamiento burocrático de la actividad diplomática y de las fricciones comerciales, limitó la cooperación e hizo que resurgieran viejos estereotipos y resentimientos. 

67. La articulación de un papel político no-alineado efectivo para el MERCOSUR será muy facilitada por las expectativas frustradas con relación a la evolución económica, política y militar, en los planos regional y global, desde 1989.  La implementación de políticas económicas neoliberales en los países periféricos en desarrollo fue afectada por una secuencia de crisis en los llamados “mercados emergentes”, resultando en algunos casos en serio retroceso económico o, al menos, estancamiento, agravamiento de la pobreza, desnacionalización económica, aumento de la corrupción y mayor vulnerabilidad externa.  Las promesas económicas y sociales de los apologistas de la globalización y de políticas neoliberales fracasaron y, hoy en día, son comunes, en todas partes, en Argentina y en Brasil, las críticas a las asimetrías de la globalización, a la falla y fractura tecnológicos, a la volatilidad extrema de flujos de capitales, al continuo proteccionismo y subsidios internos de los países desarrollados, inclusive en relatorios públicos de instituciones financieras internacionales conservadoras y en el discurso de líderes políticos, incluso de aquellos líderes que, por una razón u otra, continúan apoyando e implementando políticas neoliberales. 

68. Estas crisis y sus consecuencias afectaron – directa o indirectamente – a Brasil y Argentina.  A pesar de todos los esfuerzos hechos para implementar las políticas recomendadas, impuestas o apoyadas por el FMI y los Estados Unidos, la situación económica y social en los dos países se tornó extremadamente seria y los efectos de la crisis doméstica en cada uno generó un impacto en el desempeño y en la imagen del MERCOSUR.  El MERCOSUR pasó a ser fuertemente criticado en Brasil y en Argentina y visto por algunos analistas y políticos como habiendo llegado a una situación sin salida y de ser un esquema insuficiente o con fallas, que precisaba reformas urgentes.  De su status como proyecto exitoso y por encima de las críticas, el MERCOSUR se tornó en una especie de obstáculo para la ejecución de algunas políticas económicas nacionales, especialmente frente a la crisis eterna latente y a la eventual necesidad de controlar las importaciones. 

69. Por otro lado, el alineamiento político y militar y la cuidadosa no-confrontación con las Grandes Potencias no trajo los beneficios económicos esperados, ni redujo el ejercicio arbitrario del Poder, los conflictos y la acumulación de armas de destrucción masiva y convencionales por parte de los países poderosos, ni concedió a los países periféricos “cooperativos” una mayor influencia en los asuntos mundiales.  La concentración de poder y el uso arbitrario de la fuerza son hoy dos características principales del escenario internacional y el desarme de los países del Cono Sur no redujo el riesgo de conflicto en América del Sur y, por el contrario, facilitó y fue seguido de una creciente presencia militar norteamericana en la región. 

Sugerencias 

70. Por lo tanto, hay razones suficientes, a partir de 2003, para reevaluar las políticas externas de Brasil y de Argentina y elaborar estrategias para la construcción de mecanismos a favor de una política externa común en el MERCOSUR. Una condición sine qua non para tornar efectiva esta política y redefinir una visión conjunta del mundo y del papel de América del Sur en este mundo. 

71. Brasil, Argentina y el MERCOSUR necesitan enfrentar el hecho de que  el sistema real es más un sistema de naturaleza conflictiva, altamente competitiva y violenta, con una fuerte y creciente concentración y cristalización de poder, de lo que en un sistema pacífico, cooperativo y benigno moviéndose en dirección a una pax perpetua ideal.  No hay evidencia real para mitos ampliamente creíbles y alardeados, tales como “naciones comerciantes”, “fin de las fronteras”, “la ciencia y la tecnología traen paz”.  La reconstrucción de los viejos Imperios está prosiguiendo con énfasis y energía y sus estrategas e ideólogos definieron el papel de “colonia moderna” que desean para los países de América del Sur: desarmados, dependientes, sin moneda propia, administrados por procónsules tecnócratas nativos. 

72. Brasil, Argentina y el MERCOSUR, mientras tanto, tienen una naturaleza específica, en términos históricos, culturales y económicos, diferente de los países que participan de megabloques en proceso de formación como el NAFTA, la Unión Europea y (tal vez) un “área de cooperación” china.  América del Sur, el MERCOSUR e inclusive Brasil por sí mismo, poseen una dimensión económica, territorial y demográfica tales que no pueden ser incorporados en ninguno de estos megabloques, inclusive en un futuro ALCA, con derechos y ventajas razonablemente iguales. 

73. Así, uno de los primeros temas que deben ser abordados es la naturaleza de la participación del MERCOSUR y de América del Sur en la evolución del sistema mundial, político y económico, en dirección a una configuración multipolar y conflictiva. Obviamente, si insistimos en no reconocer este proceso de multipolaridad evolutiva o insistimos en considerar la hegemonía norteamericana como una característica permanente del sistema mundial (lo que es una hipótesis diferente de reconocer el status preeminente de los Estados Unidos por un largo período de tiempo en cualquier sistema) o que no existe un ejercicio de la “hegemonía conjunta” por los países centrales, la cuestión de la estrategia política del MERCOSUR no debería ser considerada.  En esta visión idealizada del mundo, Brasil, Argentina y el MERCOSUR apenas podrían seguir los movimientos “naturales” y “benéficos” de un sistema político y adaptarse a ellos, supuestamente sin asimetrías severas, o podrían resignarse al papel inevitable de simples seguidores del hegemon o inclusive ser “absorbidos” por él. 

74. Un mundo multipolar, sin embargo, no es un pensamiento utópico sino un proceso real, en curso, y es, en sí mismo, una configuración política mejor para Brasil, el MERCOSUR y América del Sur de lo que un sistema unipolar.  Países subdesarrollados, que necesitan de capital, que son relativamente débiles en términos económicos, políticos y militares y, al mismo tiempo, precisan superar disparidades sociales extremas, fuertes tensiones sociales y vulnerabilidad externa, se beneficiarán de un mayor equilibrio de Poder y dispersión por causa de un número mayor de posibilidades de alianzas múltiples para defenderse de la violencia arbitraria, de las presiones políticas y económicas, y para atraer capital en mejores condiciones y desarrollar programas científicos y tecnológicos.  Y para un país con las dimensiones de Brasil, participar en un sistema multipolar como parte subordinada de un bloque es una situación política y económica incluso peor  que ser un país solitario (lo que no significa ser un país autárquico, aislado o “renegado”) en un sistema unipolar. 

75. Una segunda cuestión, pero simultánea, es desarrollar una estrategia gradual para transformar el MERCOSUR, de un esquema neoliberal del tipo “integración abierta”,  en un esquema de desarrollo económico regional.  Este esquema de desarrollo debería tener, antes que nada, mecanismos de compensación y políticas compensatorias para anticipar y reducir fricciones que surgen, a lo largo del tiempo, entre los Estados miembros y permitir la recuperación del espíritu de cooperación indispensable para el éxito de un proceso efectivo de integración.  Sin la reducción de las tensiones comerciales (y las consecuentes fricciones políticas) será difícil, si no imposible, avanzar en la elaboración de políticas comerciales, industriales, científicas y tecnológicas comunes y, más aún, de una política externa común. 

76. Al abordar la cuestión de la reconstrucción del MERCOSUR y trabajar políticamente para la emergencia de un sistema multipolar, existe la necesidad urgente de desarrollar un “nuevo pensamiento” en el campo de la producción y del comercio agrícolas.  Brasil, Argentina y el MERCOSUR han insistido en que su primera prioridad de política comercial internacional es la reducción y aún la eliminación del proteccionismo agrícola de la Unión Europea (y de los Estados Unidos).  Esta posición ha sido reiterada en las negociaciones de la OMC, en las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR, y en el ALCA. 

Argentina y Brasil participan activamente del Grupo de Cairns articulado por Australia, Canadá y Nueva Zelandia, el cual es visto por Europa como un instrumento auxiliar de la estrategia diplomática de los Estados Unidos contra la Política Agrícola Común de Europa.  Por otro lado, el G-20 se articuló como un bloque más representativo y competente para la participación en la Ronda de Doha. 

77. Sin embargo, a pesar de todo el “buen sentido” y de los esfuerzos diplomáticos ya desarrollados respecto a este tema, es necesario considerar los siguientes aspectos de la cuestión del comercio agrícola:

a)     la estrategia de largo plazo de la Unión Europea no es organizar un grupo económico neoliberal en un mundo neoliberal, pacífico y cosmopolita sino, esto sí, una Unión política, con instituciones estatales supranacionales, con Fuerzas Armadas comunes, y una moneda común, en un mundo multipolar (que será muchas veces violento).  No puede, por lo tanto, la Unión Europea, desorganizar o fragilizar el sector agrícola de la economía europea y pasar a ser totalmente dependiente del comercio mundial y del suministro de alimentos por parte de países como los Estados Unidos, Canadá, Australia, etc...:

b)     la inclusión de países del Este europeo en la Unión Europea necesariamente reforzará la Política Agrícola Común, siendo estos países exportadores tradicionales o potenciales exportadores agrícolas para los países de Europa Occidental;

c)      si la Unión Europea “liberalizase” su sector agrícola, los mayores beneficiarios serían probablemente los Estados Unidos y Canadá, que son proveedores más “eficientes”, y no sólo Argentina y Brasil.;

d)     el “déficit alimentario” estructural, crónico es tan elevado en Brasil que cualquier política agrícola razonable y urgente para reducir este déficit tornaría al MERCOSUR en un mercado suficiente para toda la posible producción agrícola, presente y futura, de Brasil y Argentina.;

e)     la insistencia en la liberalización del comercio agrícola es una fuente permanente de desavenencias entre el MERCOSUR y la Unión Europea, y perjudica la articulación de programas concretos de cooperación con la Unión Europea en campos estratégicos y puede llevar a un exceso de concesiones del MERCOSUR y a la propia consolidación de la Política Agrícola Común. 

78. Desarrollar capacidades científicas y tecnológicas autónomas es una condición esencial inclusive para convertirse en un participante menor del sistema mundial, ya sea unipolar o multipolar.  Los mercados más lucrativos son los mercados construidos de una forma monopolista, por medio de la explotación temporaria de innovaciones, que es permitida por la legislación y acuerdos sobre la propiedad intelectual.  La alta rentabilidad de estos mercados permite recuperar con rapidez el capital invertido en investigación, desarrollo y unidades de producción e invertir extensamente en esfuerzos de propaganda y ventas.  Por otro lado, en el campo de las tecnologías de producción conocidas el esfuerzo de  investigación y desarrollo es esencial para reorganizar la producción y reducir costos. 

79. Países que no son capaces de desarrollar una capacidad tecnológica y científica para por lo menos seguir e imitar (no liderar) este proceso acelerado, no pueden ser competitivos industrialmente en el mercado mundial e, inclusive en el campo de producción y exportación agrícola, enfrentarán una competencia creciente.  Además de esto, los efectos militares (y, por lo tanto, políticos) de la ciencia y de la tecnología son esenciales para construir no una capacidad militar agresiva sino una capacidad militar disuasiva (que es indispensable).  El MERCOSUR y América del Sur reúnen todas las condiciones necesarias para desarrollar programas comunes importantes de ciencia y tecnología, en todos los campos.  En el nivel actual de evolución económica, todas las actividades económicas están siendo reorganizadas por la micro-electrónica, la tecnología de información y comunicaciones y por la biotecnología y la ingeniería genética en las áreas básicas de agricultura y salud y estas tendrían que ser las áreas en las cuales los esfuerzos conjuntos deberían concentrarse (y donde los gastos deberían ser efectuados). 

80. El MERCOSUR (y Argentina y Brasil) enfrentan tres desafíos de corto plazo en el proceso de articulación de un papel político autónomo en el sistema mundial multipolar en gestación:

a)      resistir a una absorción en la economía y en el bloque político norteamericanos, que está avanzando rápidamente, de manera disfrazada, por medio de las negociaciones del ALCA y de los TLCs y de la dolarización gradual;

b)      enfrentar una posible intervención militar externa en Colombia y eventualmente en toda la región amazónica;

c)       recuperar el control sobre sus políticas económicas, doméstica y externa, en el momento bajo control del FMI (y de la OMC). 

81. Esta redefinición de una visión global y la elaboración cuidadosa de un conjunto de iniciativas concretas y articuladas, por parte del MERCOSUR, requeriría mecanismos de coordinación permanentes entre las organizaciones responsables, en Brasil y Argentina, por la formulación y la ejecución de la política eterna y militar.  Para construir una visión del mundo idéntica y políticas comunes, Brasil y Argentina tendrían que desarrollar mecanismos pragmáticos y efectivos de coordinación para:

a)        promover la renegociación inmediata de los mecanismos del MERCOSUR, de forma de aumentar la flexibilidad y proveer fondos de compensación y reorganización industrial con recursos adecuados y permanentes, proporcionales al incremento del comercio intrazona;

b)        organizar programas comunes de investigación y desarrollo en campos seleccionados, adecuadamente financiados con recursos seguros y permanentes;

c)         organizar reuniones informales, frecuentes y reservadas de autoridades de las Cancillerías, de los Ministerios de Defensa y de los Ministerios de Hacienda, en diferentes niveles de responsabilidad;

d)        organizar programas conjuntos para el entrenamiento de funcionarios diplomáticos y militares, en diferentes niveles de carrera;

e)        desarrollar estudios conjuntos sobre temas internacionales específicos;

f)           evitar la dispersión de esfuerzos diplomáticos y definir países prioritarios (no regiones o continentes), para concentrar recursos diplomáticos escasos y establecer alianzas estratégicas operativas;

g)        desarrollar un esfuerzo de política comercial conjunta para remover obstáculos a las exportaciones industriales del MERCOSUR en terceros países;

h)         coordinar iniciativas en foros políticos existentes, tales como OEA, Grupo de Río, Cúpula Iberoamericana, Conferencias de Ministros de Defensa, de forma de garantizar un frente negociador común. 

82. Es necesario integrar a la totalidad de los Gobiernos en la ejecución de la política de integración e informar, de hecho, a la sociedad sobre sus objetivos, sus desequilibrios eventuales y su importancia decisiva para los dos países y para América del Sur. Esta política, para ser exitosa, torna indispensables programas vigorosos en las áreas de educación y cultura, de libre tránsito, de empleo libre de nacionales del MERCOSUR en los cuatro países y, finalmente, una participación efectiva de los partidos y de los parlamentos en el proceso de toma de decisión del bloque, cuestión ardua debido a las asimetrías radicales de población, territorio y producto.  Las reuniones periódicas de Presidentes, por más importantes que sean, no pueden y no deben sustituir la difícil tarea de analizar, de manera permanente y detallada, los escenarios globales y regionales, para desarrollar percepciones estratégicas comunes y organizar iniciativas en las cuatro áreas estratégicas para el papel político del MERCOSUR. 

83. Hay cuatro cuestiones estratégicas de largo plazo vitales para el papel internacional del MERCOSUR, y estas pueden ser clasificadas como políticas, militares, tecnológicas y económicas. 

84. En el plano económico, las cuestiones centrales son la reducción de la vulnerabilidad externa y de las  disparidades sociales internas y la recuperación de una capacidad de formular y ejecutar políticas de forma autónoma.  Sin la reducción de la vulnerabilidad en el campo financiero y en el campo de la “economía real” (por ejemplo, en la cuestión de la energía), será extremadamente difícil desarrollar un papel activo e importante para el MERCOSUR.  Las disparidades sociales no pueden ser reducidas por programas asistenciales paliativos, aunque generosos, y precisan ser enfrentados por medio de programas que creen empleos y aumenten la productividad y por medio de grandes inversiones en saneamiento básico y salud pública.  La sumisión de políticas económicas internas a la visión económica del desarrollo del FMI (y a sus intereses) y a sus controles rígidos, crea una situación de soberanía nacional reducida que transborda y se desparrama sobre el terreno político propiamente dicho. 

85. En el campo tecnológico, existe la necesidad urgente de juntar recursos y esfuerzos en los dos terrenos estratégicos de la tecnología de información (y comunicaciones) y biotecnología (e ingeniería genética), incluso para mantener la capacidad de competir en la economía y en el sistema político/militar mundiales. La remoción de “embudos económicos” debería ser el foco de los programas conjuntos de ciencia y tecnología del MERCOSUR. 

86. En el terreno militar, las dos cuestiones básicas son el desarrollo de una capacidad autónoma de defensa, tanto en el campo convencional como en el campo de tecnologías altamente desarrolladas, y la negativa serena de cualquier tentativa de establecer bases militares extranjeras en territorio sudamericano. El éxito en lidiar con estos dos temas será esencial para la defensa de los intereses del MERCOSUR en el exterior y para el pleno ejercicio de la soberanía, en un mundo de creciente inestabilidad, arbitrariedad e intervensionismo. 

87. En el terreno político stricto sensu, las cuestiones vitales son la condición de miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la competencia del Consejo.  Se puede esperar, de forma razonable, que el sistema de la ONU no será descartado o radicalmente remodelado en líneas democráticas, por causa de la participación privilegiada en el Consejo de las Grandes Potencias, que no tienen la más remota intención de desistir de este privilegio.  Habrá un espacio abierto para adecuar a la segunda y tercera potencias económicas, que están hoy fuera del consejo, o sea, Alemania y Japón, y ya hay consenso global sobre la conveniencia de su admisión como miembros plenos y permanentes del Consejo, con derecho a veto.  La mecánica del proceso de reforma del Consejo, sin embargo, hace posible y necesario que sean incluidos la India, segundo país más populoso del mundo y potencia atómica, y países que representen a África, el mundo árabe y América Latina. 

88. La competencia del Consejo de Seguridad será expandida, de manera gradual e informal, para incluir tópicos de gran interés para Brasil y para el MERCOSUR, como el medio ambiente, drogas, terrorismo, regímenes políticos, pobreza.  El Consejo se tornará el centro de la gobernabilidad global, cualquiera sea el nombre a dar a esta estructura de poder informal.  La reforma del Consejo sería una oportunidad única de consolidar el papel político del MERCOSUR y de permitir una defensa efectiva de sus intereses.  Brasil y Argentina deberían coordinar activamente sus políticas para este fin.  La capacidad, el poder y la influencia de Argentina, de Brasil y del MERCOSUR para actuar en todas las futuras cuestiones internacionales dependerá de la obtención, o no, del status de miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.  Este status conferirá, inmediatamente, la posibilidad de tornarse miembro del G-8 y otros mecanismos internacionales importantes de coordinación del sistema mundial; pero no viceversa, o sea, tornarse miembro del G-8 no tendrá, como consecuencia, obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Traducido para Revista LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte ®
No corregida por el autor

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