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Influencia de la familia sobre
el consumo de drogas en los jóvenes

por Mireya Sanz, Ana Martínez, Ioseba Iraurgi,
Edurne Galíndez, Ana Muñoz y Leire Cosgaya

Conceptos surgidos luego de una investigación realizada de diversas variables familiares sobre el consumo juvenil de drogas mediante un estudio realizado en centros escolares de Vizcaya - España. Según dicho trabajo, ciertas conductas juveniles de abuso de drogas pueden ser producto de un modelado paterno. Además, los conflictos familiares suponen un riesgo añadido de caer en la drogodependencia.

Diferentes investigaciones, realizadas en España para conocer los hábitos de la población juvenil en relación con las drogas, señalan que un elevado porcentaje de los adolescentes y jóvenes ha tenido contacto con estas sustancias, especialmente con el tabaco, alcohol y cannabis. Estos consumos son mayoritariamente ocasionales, se concentran en el fin de semana, son realizados en grupo y en espacios públicos. En cualquier caso, este tipo de prácticas por parte de los adolescentes se vinculan cada vez con mayor intensidad con problemas personales, familiares y sociales. 

Por otra parte, un aspecto importante en relación con los consumos de drogas lo constituye el hecho de que cada vez participan de estas prácticas personas más jóvenes. Los resultados de diferentes encuestas ponen de manifiesto la existencia de dos fenómenos preocupantes, como son la progresiva reducción de las edades de inicio en el consumo y la generalización del contacto con las drogas. 

Entre los posibles “factores de riesgo” o de “protección” que determinan el fenómeno del abuso de drogas, la familia juega un importante papel, ya que es un pilar fundamental en los adolescentes, no sólo porque conforma el espacio de socialización por excelencia, sino porque es aquí donde los adolescentes buscan las pautas fundamentales para orientarse en la vida. Desde el nacimiento hasta la adolescencia la familia es un ámbito privilegiado de formación de actitudes, habilidades y valores que permitirán que posteriormente el sujeto afronte una etapa vital decisiva, como es la adolescencia. La influencia de la familia puede ser contemplada desde las siguientes vertientes: 

-Por una parte, el consumo de drogas en los padres puede propiciar el consumo de las mismas en los hijos, ya que los padres actúan como modelo de conducta para sus hijos. Además de esto, dicho consumo influye también de manera indirecta, incidiendo en las propias pautas de crianza y en las relaciones intrafamiliares, todo lo cual contribuye a crear entornos de mayor riesgo para el consumo por parte de los hijos. 

-Por otra parte, otro factor de riesgo se refiere al “manejo familiar”, que consiste en las distintas habilidades de los padres para controlar la conducta de los hijos, tales como la supervisión, el establecimiento de normas y límites, las habilidades para negociar con los hijos, etc. En este sentido, los estilos educativos juegan un papel importante (sobreprotección, autoritarismo, permisividad). 

-Por último, señalamos la existencia de problemas de relación en la familia y sus consecuencias en el clima familiar. La frecuencia de disputas y tensiones entre los padres, la frialdad en la relación y la falta de comunicación entre ellos, contribuyen a crear entornos de riesgo para los hijos. Por el contrario, los vínculos afectivos, el apego y la buena comunicación, son importantes factores de protección. 

De acuerdo a la teoría, los objetivos del estudio son los siguientes:

 

  1. Analizar la situación de consumo de drogas entre los adolescentes de 3º y  4º de Educación Secundaria Obligatoria de la provincia de Vizcaya. 

  2. Analizar la influencia del consumo de drogas legales por parte de los padres, en los hijos. 

  3. Analizar la relación entre conflicto marital y consumo de drogas en los hijos.
    Este estudio se ha realizado en 19 Centros de ESO de la provincia de Vizcaya. Han participado un total de 130 díadas (familias) de hijos/as y sus madres.
    De los 130 alumnos/as participantes, un 55,4% (n= 72) eran chicas y un 43,8% (n= 57) chicos. La edad media ha resultado de 14,6 (D.T.= 0,7) años, dentro de un recorrido de edades de entre 13 y 17 años, siendo los grupos más representativos los de 14 y 15 años (se ha observado un caso de trece años, 4 de 16 años y 6 de 17).
    La información ha sido recogida a través de cuestionarios anónimos. Los cuestionarios son los siguientes:

• Cuestionario Demográfico (elaboración propia)

• Escala de Percepción de los hijos/as del conflicto interparental (CPIC,  Grych,  Seid y Fincham, 1992)

• Índice de Satisfacción matrimonial (Hudson, 1992)

• Inventario de Inestabilidad matrimonial (Fredman y Sherman, 1987)

• Inventario para hijos/as del comportamiento parental (Shaefer, 1965)

• Escala de Evaluación de Adaptabilidad y Cohesión familiar (FACES, versión española)

• Cuestionario sobre usos y consumos de drogas en la población adolescente (Ayuntamiento de Eibar, 2001; Elzo, 1996).

Resultados y conclusiones
En relación al primer objetivo
, analizar el consumo de drogas por parte de los adolescentes, observamos, por una parte, un alto porcentaje de no fumadores, un pequeño grupo de fumadores moderados que en ningún caso llega a fumar más de 6 cigarrillos al día, y un moderado grupo de adolescentes que realiza un consumo superior a los 6 cigarrillos al día bien entre semana o en fin de semana. En definitiva, la proporción de fumadores entre los adolescentes se halla acorde con la reflejada en estudios de prevalencia para ese grupo de edad, con un consumo moderado entre semana que se ve incrementado en cantidad los fines de semana.
 

Indicar en relación al consumo de tabaco , que en nuestro estudio el consumo de esta sustancia es más prevalente entre las chicas que entre los chicos y además fuman con mayor intensidad. Desde hace varios años las investigaciones confirman que las mujeres se han incorporado con fuerza al hábito de fumar, llegando a superar a los hombres. 

En cuanto al consumo de alcohol casi uno de cada tres adolescentes refiere no haber bebido nunca alcohol y uno de cada cuatro haberlo hecho sólo en ocasiones especiales como navidades, fiestas, etc. Uno de cada diez dice beber de vez en cuando, dos de cada diez lo hace los fines de semana y sólo en un caso refiere beber todos los días. La edad de iniciación en el consumo de alcohol oscila entre los 11 y los 16 años, situándose la edad media en los 13,3 años. Este dato se ve reforzado por los aportados por las encuestas de Drogas dirigidas a población escolar realizadas en años anteriores, las cuales obtienen edades medias de inicio de consumo de 13,4 y 13,7. 

Respecto al tipo de bebidas consumidas, resulta curioso apreciar que las más utilizadas son los licores y los combinados y no el kalimotxo o la cerveza como esperábamos. 

En nuestro estudio la frecuencia de consumo de cannabis y otras drogas es mínima para la mayoría de los casos. La edad de iniciación en el consumo de cannabis oscila entre los 11 y los 16 años. Otras investigaciones realizadas en el País Vasco centran la edad de inicio en el consumo de esta droga hacia los 14-15 años. 

Por último, en lo relacionado con el consumo de otras drogas, sobresale de forma alarmante la proporción de casos que han probado la cocaína, el speed y los hongos. En este sentido, en los últimos años, es posible hablar de un incremento significativo del consumo de todas las sustancias analizadas, especialmente en el caso de los alucinógenos y los derivados anfetamínicos. 

Respecto al segundo objetivo, los datos apuntan en la dirección del modelado de las conductas de consumo. Si bien ha sorprendido el hecho de que el número de asociaciones significativas ha sido inferior al esperado, cabe resaltar que el consumo de tabaco por parte de la madre se asocia a una mayor frecuencia de consumo entre los adolescentes, dato confirmado en otras investigaciones. Por otra parte, se constata la influencia en el consumo de sustancias por parte de los hermanos. Algunos autores, de hecho, han observado que los hermanos mayores pueden influir en el consumo de drogas; cuando los hermanos mayores consumen drogas, los hermanos más pequeños perciben que estas sustancias y su consumo no están desaprobados. 

Por último, en relación al tercer objetivo, cabe confirmar la hipótesis de nuestro estudio según la cual la presencia de conflicto entre los padres se asociaría a una mayor presencia de consumo de sustancias entre los hijos. Si bien cabe comentar que no es tanto el conflicto existente en sentido objetivo, como la percepción del hijo de las dinámicas familiares, lo que condiciona este consumo. 

Otro factor de riesgo del consumo se hallaría en el tipo de relación que los hijos perciben de sus padres. En nuestra investigación, cuando los hijos perciben amor por parte del padre, y control por parte de la madre, el riesgo de ser consumidor de drogas es menor. Precisamente, parece que esta relación es la que ofrece un mayor efecto protector respecto al riesgo de ser consumidor. 

Finalmente, la cohesión y adaptabilidad se muestran como factores protectores sobre la probabilidad de consumir sustancias. La cohesión ha sido definida como el vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí, y la adaptabilidad sería la habilidad de dicho sistema para cambiar.

Sanz, M., Martínez, A., Iraurgi, I., Galíndez, E., Muñoz, A. y Cosgaya, L. (2005). 

*Influencia de la familia sobre el consumo de drogas en los jóvenes.
Publicado inicialmente en http://www.psicoteca.com

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