El desempleo crece en los
países desarrollados y aumentó
el impacto social de la crisis
por Durval de Noroña Goyos

Las estadísticas del mes de junio, anunciadas en la primera semana de julio de 2009, indicaron una expresiva caída en los puestos de trabajo en los EE.UU. (Estados Unidos) y en la UE (Unión Europea), con un índice de desempleo del 9,5% en ambos territorios. En los EE.UU., 476 mil trabajadores perdieron el empleo en el mes de junio, mientras en la UE el número fue de 273 mil personas, elevando el número de desempleados en Europa a la espantosa cifra de 15 millones.

 

En cuanto se anunciaron dichos números, las bolsas de valores de la UE y de los EE.UU. cayeron más del 2%, sólo en las sesiones del jueves 2 de julio de 2009. Simultáneamente, el BCE (Banco Central Europeo) mantuvo la tasa de intereses básica del 1%, el nivel más bajo registrado en la historia, con miras a la baja en caso de que la situación económica empeore, según lo anunciado por su presidente, Jean-Claude Trichet.

 

Por su parte, en los EE.UU., el presidente Barack Oama declaró al comentar los números divulgados que “todavía serán necesarios meses para salir de la crisis”. De hecho, las cifras indicando una caída del 35% en el número de las fusiones y adquisiciones mundiales verificadas en el primer semestre de 2009, corroboran plenamente la mencionada evaluación del presidente de los EE.UU.

 

Por primera vez en la historia, los índices de desempleo, tanto en Europa como en los EE.UU., se plantean ligeramente peores que los de Brasil, del orden del 8,8%, según los datos oficiales del mes de mayo, publicados por la revista Economist, editada en el Reino Unido. A título de referencia, el índice de desempleo en China es del 9% y en India del 6.8%.

 

Se destaca que la red de asistencia social oficial en los EE.UU. es reconocida como bastante deficiente, siendo que gran parte del seguro de desempleo es pagado por los estados federados, la mayor parte de los cuales, como California, Florida y Texas, tienen problemas presupuestarios graves y dependen de las dotaciones especiales por valor de u$s 135 mil millones del paquete de estímulo del gobierno federal.

 

Dicha ayuda, todavía, se muestra insuficiente de cara a la magnitud del problema. El aumento del desempleo y la caída de la actividad económica reducen la recaudación de los estados federados, lo que aumenta el déficit público estatal y la respectiva dependencia de ayuda de la federación, ya de por sí con una deuda pública reconocidamente insostenible.

 

De la misma forma, en el ámbito de la UE, la asistencia social se presenta asimétrica y bastante deficiente en países como el Reino Unido. En otros, donde la protección legislativa se muestra más eficaz, como en España o Italia, o la tasa de desempleo está cercana al 19%, como en el caso del país ibérico, o el déficit público ya sobrepasó el valor del PBI (Producto Bruto Interno), como en la situación italiana hoy y la de Reino Unido en el futuro próximo.

 

Se investiga, entonces, si no estaríamos ante la inminencia de un movimiento migratorio de sectores desfavorecidos de los pueblos desesperanzados originarios de los países desarrollados hacia los países en desarrollo más viables, como es el caso de Brasil, de Argentina y de Uruguay, en nuestra región, a semejanza de lo que ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.

 

Es todavía relativamente pronto para decirlo, pero no para formular planes estratégicos. Finalmente, ¿será, o no de nuestro interés, acoger nuevamente a los miserables de los Estados zombies, los países quebrados política, moral, financiera y económicamente? ¿Y en qué condiciones? ¿Vamos a respetar nuestra tradición humanitaria? ¿A qué costo?

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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