Las raíces sociales de
la política de Lula
por Luiz Carlos Bresser-Pereira

En el primer mandato, Lula logró el apoyo de la masa popular que, desde Collor, votaba al candidato de la derecha.

 

Recientemente argumenté desde esta columna, que el aumento del índice medio de crecimiento de la economía brasileña del 3% al 5% del PBI a partir del tercer año del gobierno Lula se debió, en un primer momento, al fortalecimiento de la demanda externa impulsada por un tipo de cambio competitivo y por el aumento del precio de las commodities y, en un segundo momento, por el crecimiento de la demanda interna provocado por el aumento del salario mínimo, por el programa “Bolsa Familia” y por el crédito consignado. André Singer, en un notable artículo de ciencia política y sociología política publicado en los Nuevos Estudios Cebrap de noviembre de 2009 ("Raíces ideológicas y sociales del lulismo"), completa el análisis.

 

El argumento del profesor de la USP es simple y esclarecedor. De la elección de 2002 a la de 2006 - ambas vencidas por Lula – hubo un cambio en sus bases de apoyo. Por haber adoptado una política económica ortodoxa y debido a la crisis del “mensalão”, perdió una parte sustancial del apoyo de la clase media intelectualizada y de izquierda, pero, en compensación, ganó el apoyo de los sectores de baja y, principalmente, de bajísima renta - el sub-proletariado que su padre, Paul Singer, estudió en los años 1980. Ganó el apoyo de este inmenso electorado formado por las familias que reciben menos de dos salarios mínimos y que constituyen casi el 47% de la población brasileña.

 

En los primeros cuatro años de gobierno, Lula logró el apoyo de esta masa popular que, desde la elección de Collor, votaba sistemáticamente al candidato de derecha. Según André, por dos razones: primero, porque gracias al aumento del salario mínimo, al programa “Bolsa Familia” y al crédito consignado, su renta aumentó, ascendiendo una importante parte de esta masa a la condición de clase C, de "clase media" en el lenguaje del marketing. Más interesante y algo sorprendente, sin embargo, es la segunda razón. Porque esta masa se caracteriza por el "conservadurismo popular". Para ella, como para la derecha, el "orden", en este caso representado por la estabilidad de precios, es fundamental. Por eso votó a candidatos conservadores en las elecciones anteriores. Cuando, no obstante, se dio cuenta de que Lula era en esta materia también "conservador", era fiscalmente responsable y se había mostrado capaz de mantener la estabilidad de precios, cambió su apoyo hacia él.

 

Como Getúlio Vargas, Lula fue capaz de hablar directamente al pueblo, y ganar su confianza, no sólo porque lo favoreció en términos concretos, sino también porque lo hizo con responsabilidad fiscal y no dejó que la sangría de la inflación retornase. Joãozinho Trinta afirmó hace muchos años que al pobre le gusta el lujo, pero le gusta también la seguridad o el orden, nos recuerda André. Lula rompió con el populismo fiscal irresponsable que había caracterizado su discurso y el del PT hasta la víspera de la elección de 2002. Fue un acto de coraje que lo llevó a perder votos de los amigos, pero a ganar los de los pobres.

 

Para eso, se sintió obligado a subordinarse a la ortodoxia convencional, no percibiendo que esta, a pesar de su discurso ortodoxo, promueve el populismo cambiario y la desregulación financiera y, por eso, tampoco asegura la estabilidad. Lo que asegura estabilidad y crecimiento es el nuevo desarrollismo practicado por los países asiáticos dinámicos, que rechaza tanto el déficit público como el déficit en la cuenta corriente.

 

 Pero esta es otra historia. La de este artículo es el análisis de André Singer. Hace mucho tiempo yo no veía un artículo tan claro, tan objetivo y tan esclarecedor de la política brasileña.

Un artículo que nos obliga a pensar.

 

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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