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A
treinta años del golpe en Chile mirando desde Uruguay |
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Chile:
Hemos avanzado, pero debemos seguir avanzando, sólo así
las anchas alamedas finalmente se abrirán para todos los
hijos de esta tierra
Texto
completo del discurso del Presidente de Chile, Ricardo Lagos
pronunciado en La Moneda el 11 de Setiembre de 2003 |
Chile:
Hemos avanzado, pero debemos seguir
avanzando, sólo así las anchas alamedas
finalmente se abrirán para todos los hijos de
esta tierra
Texto
completo del discurso del Presidente de Chile, Ricardo Lagos
pronunciado en La Moneda el 11 de Setiembre de 2003
Amigas y amigos,
chilenas y chilenos: - Es un día para la memoria, para hacernos
cargo, con madurez, de aquel momento de nuestra historia que tanto
dolor nos ha causado. No es éste un momento para el análisis.
Por el contrario, es un momento para el recogimiento.
Recogimiento, en
primer lugar, ante un acto grande, muy grande: el sacrificio
supremo de un Presidente de la República en cumplimiento de su
deber, ante la legítima investidura que ostentaba; un acto de
total renunciamiento personal, tal cual lo hicieron otros Jefes de
Estado en nuestra historia Patria.
Recogimiento ante
el sacrificio de quienes lo acompañaron, de quienes cayeron ese
día y los días que siguieron, en nombre de una guerra
inexistente. Es un día de dolor, de ese dolor que entró en el
alma de Chile y con el cual debemos vivir.
También es un
momento para la reflexión. Reflexión de un país donde cada día
más ese dolor se convierte en memoria, en memoria de todos los
chilenos, en memoria compartida, aunque no necesariamente común,
porque es natural que existan visiones diversas de lo acaecido
hace 30 años. Reflexión, eso sí, de un país que manifiesta su
voluntad que ello no debe volver a ocurrir en nuestra historia.
Es un día de
invocación espiritual amplia y ecuménica, como lo ha expresado
este acto aquí en La Moneda. De reflexión republicana, que no
excluye ni puede excluir otros actos similares que tienen lugar en
otros sitios de nuestra capital, en otros sitios de nuestro país,
en otros sitios del mundo.
Es también un día
de valoración de quienes, a partir de esos momentos de dolor y de
tragedia, encarnaron lo mejor del ser humano, protegieron a los
perseguidos, lucharon por los derechos humanos.
¿Cuántos gestos,
cuántas imágenes, cuántos momentos están en nuestra retina
grabados para siempre?
Por eso la historia
patria recoge con mayúsculas, con letras grandes, aquellos actos
de grandeza que le han dado a nuestra historia su sentido más
profundo. Es también un día de reflexión sobre el sentido de
ese sacrificio.
Y este sentido no
puede ser ni de rencor ni de división.
Las últimas
palabras del Presidente Allende no fueron expresiones de cólera,
menos de resentimiento; fueron expresiones que aludieron a un
futuro de paz, de bienestar, de justicia social. Por ello
permanecieron, por ello hoy tienen sentido tanto para sus
partidarios como para sus detractores. Por eso esas palabras
están dirigidas a todos los chilenos, y todos los chilenos
debemos hacerlas nuestras para construir ese futuro. Este sentido
alcanza toda su plenitud en la medida en que hace más grande y
generosa el alma de Chile, en la medida que hace más grande y
generosa nuestra Patria. Y construir ese futuro es nuestro deber y
nuestra tarea. Construir un Chile donde no vuelva a ocurrir jamás
lo que hace 30 años ocurrió, donde jamás los chilenos se vean
entre sí como enemigos, donde las diferencias sean parte de la
normalidad democrática y no trincheras enfrentadas. Esa es
nuestra misión, la de todos nosotros.
Misión que, por
fortuna, como todos sabemos, está en curso y a la que, por tanto,
no tenemos hoy que dar inicio, sino que tenemos que continuar
llevándola adelante.
Lo avanzado en
nuestra convivencia no es sólo mérito de quienes hemos ejercido
el gobierno del país en estos años, es mérito de todos los
chilenos y chilenas, de sus trabajadores y de sus emprendedores,
del conjunto de las instituciones, de las fuerzas morales,
intelectuales y creativas del país, muchos de cuyos
representantes están hoy aquí y nos acompañan en este acto.
Treinta años han
pasado desde la tragedia. Chile y el mundo han cambiado
enormemente. La mitad de los chilenos que hoy están vivos no
habían nacido en ese entonces.
En este día el
mundo vuelve sus ojos hacia este lugar que remeció la conciencia
de la humanidad hace 30 años. Pero, a la vez, podemos mirar hoy
al mundo para mostrar un país que está en la senda de la
esperanza, de la fraternidad y de la justicia, a la que se
refirió el Presidente mártir.
Pero también hoy
aquí no podemos dejar de recordar ese otro 11 de septiembre, 28
años después, marcado por la intolerancia y el terror. Nuestro
respeto y solidaridad al pueblo de los Estados Unidos.
Y también hoy,
triste es decirlo, nuestro respeto y solidaridad al pueblo sueco
por la pérdida que ayer tuvieron y que hoy todos lamentamos, de
esa mujer excepcional.
Por eso hoy desde
aquí, desde este confín del sur, queremos hacer un llamado que
surge por la convicción más profunda de nuestra propia
experiencia: es posible superar la violencia y el miedo, aceptar
la diversidad y encauzar pacíficamente los desacuerdos. La
comunidad internacional puede y debe enfrentar las duras
realidades de hoy con similar convicción y dotarse de
instituciones renovadas que permitan a todas las civilizaciones, a
todas las culturas, a todos los credos, convivir en una paz
duradera entre las naciones.
En unos días más,
al inicio de la primavera, estaremos celebrando 15 años del
triunfo que nos puso nuevamente a caminar y transitar por los
caminos de la democracia, que abrió paso al Chile de hoy, a ese
Chile que goza de un enorme prestigio en el mundo, por su
progreso, por el ejercicio de sus libertades, por la solidez de
sus instituciones y por la plena integración de sus instituciones
militares al orden democrático.
Ese Chile libre que
cristaliza en la apertura de las puertas de La Moneda y donde hoy
se ha restablecido la tradicional puerta que simboliza nuestro
sello republicano. Hemos avanzado, pero debemos seguir avanzando
más en nuestra reconstrucción democrática y en el afianzamiento
de las libertades públicas. Hemos avanzado, pero debemos seguir
avanzando más en lograr un país más justo, sin pobreza extrema,
con mayor igualdad social.
Hemos avanzado,
hemos avanzado mucho, pero debemos seguir avanzando más en una
convivencia basada en el respeto, el pluralismo, la tolerancia y
la unidad del alma nacional.
Así y sólo así
ese sacrificio de hace 30 años cobrará todo su sentido. Sólo
así las anchas alamedas finalmente se abrirán para todos los
hijos de esta tierra.
Chile, con su
memoria completa y no fragmentada, será cada vez un país más
humano, más unido, más confiado. Será un Chile mejor, será un
Chile, como dice la cantata en su coro que acabamos de escuchar:
"una ciudad yo quisiera, construida en libertad; un mundo
ancho y abierto donde podamos amar". Muchas gracias.
LA
ONDA®
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