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La
búsqueda de una vía de comunicación alternativa causó el
descubrimiento de América por Colón
por
María Saavedra Inaraja
Doctora en Historia de América
1492
marca un hito en la historia de la humanidad que pocas fechas han
conseguido igualar en trascendencia. El día 12 de Octubre de ese
año, dos carabelas y una no arribaban a una costa desconocida
hasta entonces por el hombre europeo. Esa llegada significaría el
inicio de una serie de contactos que desembocarían en el proceso
de descubrimiento y conquista del continente americano.
Cristóbal
Colón fue el capitán de aquella expedición que puso en contacto
a los españoles con el Nuevo Mundo. Se trata de un
"descubrimiento" en toda regla, aunque no fuera buscado,
ya que el objetivo perseguido era llegar a tierras del Lejano
Oriente. A partir del momento en que los reyes españoles fueron
conscientes de la magnitud de lo descubierto, asumieron como tarea
de la Corona una intensa labor de penetración en esos
territorios, y que llevaría consigo de forma inseparable el
objetivo de evangelizar y de llevar la cultura occidental a los
habitantes de aquellas tierras.
1.-
LA GÉNESIS DEL DESCUBRIMIENTO
El descubrimiento de América se produce en un momento en que las
circunstancias económicas, sociales y culturales de Europa eran
favorables a su proyección ultramarina. Por una parte, el
resurgimiento cultural del siglo XIII, que abrió las puertas al
Renacimiento, con su consiguiente carga de humanismo cristiano.
Por otra, las nuevas necesidades económicas, que aumentaron la
circulación monetaria y facilitaron las exigencias de lujo con la
importación de artículos suntuarios, y particularmente las
especias, que alcanzaban precios altísimos como condimentos, como
medio para la conservación de alimentos, y como fármacos, cuyo
peso en la economía medieval no dejó de aumentar. El deseo de
alcanzar las tierras donde se producían tales especias creció al
mismo tiempo que el precio y las dificultades para su
aprovisionamiento.
El
principal obstáculo para llegar a esos países, aparte de la
distancia, era la interposición islámica: el paso a Oriente por
el Mediterráneo se hallaba interceptado por los musulmanes, y las
posibilidades de un recorrido con éxito por tierra eran escasas.
Pero la idea de la esfericidad de la Tierra, recuperada desde el
siglo XIII, permitía albergar la esperanza de alcanzarlos por la
vía de Occidente El problema estaba en calcular las distancias
que separaban el Occidente europeo de ese mundo oriental fabuloso.
En ese sentido, una serie de errores de cálculo, como luego
veremos, fueron los que impulsaron a Colón a adentrarse en el Atlántico
pensando en llegar a las Indias Orientales.
También
la técnica tenía mucho que decir en la génesis de los viajes de
descubrimiento. Los progresos técnicos de la navegación fueron
otro de los factores definitivos en este proceso descubridor.
Entre estos avances, es preciso destacar dos: la brújula y la
carabela, nave de origen portugués y árabe, muy ligera y
adecuada para la gran travesía oceánica.
Por
otro lado, desde la época de las Cruzadas los contactos de Europa
con Oriente habían despertado la curiosidad y el afán de
evangelizar las tierras desconocidas de Asia. Además, se recibían
noticias, como las aportadas por el veneciano Marco Polo, sobre la
existencia de un príncipe cristiano que habitaba en tierras
remotas, el Preste Juan de las Indias, con el que se quería
establecer relaciones para frenar la expansión islámica. Estas
inquietudes, unidas a los problemas del comercio con Oriente,
provocaron la búsqueda de una vía de comunicación alternativa.
Esta búsqueda fue iniciada por los portugueses, que centraron sus
fuerzas en un objetivo: llegar a Oriente rodeando África. El
culmen de estas exploraciones, iniciadas por el Infante don
Enrique el Navegante, tiene lugar cuando Bartolomé Días dobla en
1487 el extremo sur africano, que recibirá significativamente el
nombre de Cabo de Buena Esperanza.
Cuando
ya Portugal se empeñaba en la vía africana, los reyes españoles
aún estaban centrando sus esfuerzos en la Reconquista de la Península.
La Guerra de Granada, última fase de este empeño, estaba
llegando a su fin cuando apareció en la Corte de los Reyes Católicos
un personaje que iniciaría el camino hacia un cambio fundamental
en la historia de la humanidad: Cristóbal Colón.
2.- COLÓN Y SU PROYECTO
¿Quién era Colón?
Marino de origen genovés, había arribado a las costas
portuguesas hacia 1474, donde se consolidó su vocación de
navegante. Portugal había terminado hacía ya tiempo su empresa
de Reconquista y comenzaba su expansión atlántica, iniciando los
viajes a las islas Azores, Madeira y Cabo Verde. Además de
conocer las técnicas de la navegación, Colón era un hombre de
cierta cultura, y sus lecturas le permitirán concebir un proyecto
que tardaría algunos años en gestarse. Decisivamente influido
por los cálculos de Ptolomeo, un error de éste –que había
calculado la circunferencia de la Tierra 10.000 kilómetros menor
de lo que es en realidad– fue decisivo para el esbozo del
proyecto colombino.
¿Cuál
era ese proyecto? Básicamente, se trataba de llegar a la India y
al imperio del Gran Khan atravesando el Atlántico hacia
Occidente. En un principio, Colón presentó su proyecto al rey
Juan II de Portugal, en el año 1484, pero tras convocar una junta
para su estudio los portugueses lo rechazaron por considerarlo
inviable, y porque ya estaban empeñados en abrir el camino hacia
Oriente rodeando las costas de África. Es entonces cuando aparece
Colón en la Corte de Castilla, y, con el apoyo de los monjes
franciscanos del monasterio de La Rábida, se presenta ante los
Reyes Católicos e insiste en su proyecto. En 1486 comienzan unas
negociaciones que se alargan por siete años, hasta que,
finalizada la Guerra de Granada, se firman en Abril de 1492 las
Capitulaciones de Santa Fe.
En
este documento, los reyes hacen suyo el proyecto colombino y
conceden al navegante ligur una serie de privilegios. Los reyes se
titulaban "señores de las mares océanas", concediendo
a Colón el título de Almirante en las "islas y tierras
firmes" que descubriera, con carácter hereditario para sus
descendientes; el cargo de virrey y gobernador de esas mismas
tierras; y se le otorgaba el diez por ciento de todos los
beneficios, una vez que se hubieran satisfecho las deudas del
viaje. Nada se decía de momento acerca de la cristianización de
los habitantes de las tierras descubiertas: el gobierno que se
establecería sobre esas tierras desconocidas se refería a las
tierras que se hallasen y se juzgasen apropiables por parte de la
Corona, en virtud de la doctrina jurídica de la época, que suponía
vacantes las tierras de infieles no sometidas a un príncipe
cristiano, y por tanto con derecho a ocuparlas.
3.-
EL DESCUBRIMIENTO Y LA ANEXIÓN DE AMÉRICA
Sabido
es por todos que el 3 de Agosto de 1492 parte de Palos la primera
expedición al mando de Colón, compuesta por dos carabelas, la Pinta
y la Niña, y la nao capitana, la Santa María, en
la que viajaba Cristóbal Colón. La expedición paró en
Canarias, en el puerto de San Sebastián de la Gomera. Desde allí,
aprovechando una corriente marítima arrastrada por los vientos
alisios, los barcos pusieron rumbo a Occidente, internándose en
el Atlántico. El 12 de Octubre, cuando ya decaían los ánimos de
la tripulación, se avistó tierra y llegaron a la isla de
Guanahaní, a la que denominaron San Salvador. Recorrieron la isla
y descubrieron varias otras, hasta llegar a la actual Cuba, a la
que nombraron Juana en honor del príncipe heredero. De allí se
pasó a Haití, que recibió el nombre de La Española. En esta
isla encalló la nao Santa María, y con sus restos se
construyó el Fuerte Navidad. Allí quedaron treinta y nueve
hombres con abundancia de provisiones y rodeados de indígenas que
parecían amistosos.
El
viaje de regreso comienza el 16 de Enero, y tras una serie de
dificultades, y habiéndose separado las dos naves supervivientes
por una tormenta, Colón arriba a Lisboa y desde allí, por mar,
viajará hasta Palos, donde llega el 15 de Marzo. Los Reyes Católicos
hacen llegar a Colón a Barcelona, donde ellos se encuentran, y le
piden explicaciones del viaje. Colón, aunque desencantado por no
haber encontrado las riquezas que esperaba, está convencido de
haber llegado a las Indias Orientales. Comunica a los reyes el
resultado de su proyecto y les muestra diversos objetos y
animales, y diez indígenas que había traído de las tierras
descubiertas.
Comenzaba
ahora otro problema, esta vez en torno a los derechos y
propiedades sobre el Océano. Al tener noticias del descubrimiento
de Colón, el rey Juan II de Portugal reivindicaba para sí las
tierras descubiertas. Los Reyes Católicos, al auspiciar la
expedición colombina, habían actuado con arreglo al criterio
romanista de descubrimiento y ocupación de territorios imperante
en el derecho de la época: las tierras no sometidas a otro príncipe
cristiano eran anexionadas al reino que las descubriera. Pero la
postura del rey portugués obligó a Don Fernando a apoyar la
posesión de lo descubierto con la autorización pontificia, como
habían hecho los anteriores monarcas portugueses para con sus
respectivos descubrimientos, y de este modo obtuvo del Papa
Alejandro VI las cuatro bulas que sancionaban la soberanía española
sobre las nuevas tierras de Occidente, y supuestamente de Oriente.
Estas
bulas, redactadas entre Mayo y Septiembre de 1493, ya contenían
un claro carácter de evangelización y conferían a la empresa un
nuevo título: el de misión. En ellas se requería a los
reyes para la conversión de las gentes descubiertas y para el envío
de misioneros a tal efecto, y se concedía a perpetuidad a los
reyes de Castilla y León la propiedad, soberanía e investidura
de tales tierras y de las que se descubrieran que no estuviesen
sujetas a otro príncipe cristiano, prohibiendo bajo pena de
excomunión que nadie fuese a dichos territorios sin permiso de
los reyes españoles. En la segunda bula se concedía a los reyes
las islas y tierra firme "halladas y por hallar" hacia
el Occidente de una línea trazada de polo norte a polo sur, a
cien leguas al Oeste de las islas Azores. La concesión papal
servirá más adelante para fundamentar la soberanía de España
en Indias y oponerse a la penetración de otros estados, o para
justificar la sumisión de los indios por la fuerza. Pero con el
tiempo se planteará si realmente existía ese derecho de soberanía
de los reyes de España en América, dando lugar a la polémica de
los justos títulos de España para la posesión de las
Indias.
¿Por
qué en un principio bastaron estas bulas para que los reyes de
España se considerasen con derecho a la propiedad de las tierras
descubiertas? ¿Dónde residía el origen de la potestad papal? No
era doctrina oficial de la Iglesia, pero de hecho estaba
ampliamente extendida la idea de que el Papa, como representante
de Cristo en la tierra, disponía de la soberanía del orbe para
poder hacer llegar la doctrina de Cristo a todos los rincones
donde hubiera gentes que no la conocieran. Para cumplir este fin
de evangelización, debía apoyarse necesariamente en la labor de
aquellos monarcas cristianos que dispusieran de los medios
suficientes para llegar a tales tierras y poner las bases
necesarias para la tarea de misión. De hecho, se obraba conforme
a esta doctrina; así, en virtud de la concesión papal, quedaban
los indios sometidos a la autoridad de los reyes españoles, teóricamente
sin limitación, pudiendo disponer de sus bienes y de su libertad,
pero con la obligación de convertirlos. No tardaría en
plantearse el alcance de tal soberanía y la problemática de los
derechos de los indios.
Mientras
tanto, se desarrollaban los preparativos del segundo viaje de Colón.
Ahora sí había firmes propósitos de emprender una tarea
colonización: ya no se trataba sólo de descubrir, sino de
poblar. Parte la nueva expedición el 26 de Septiembre de 1493.
Esta vez viajan 17 barcos y mil quinientas personas. En este
segundo viaje ya iba un legado pontificio, fray Bernardo Boil,
para estudiar las condiciones y las posibilidades de cara a la
necesaria evangelización. Llegan a las Pequeñas Antillas, y en
la isla de La Española se encuentran con que el Fuerte Navidad ha
sido destruido y toda su población ha sido asesinada por los indígenas.
Nunca sabremos qué pasó realmente para que unos indios que en
principio habían dado muestras de un trato amistoso, terminaran
con las vidas de los españoles que habían quedado esperando el
regreso de Colón, pero el hecho es que, olvidando lo ocurrido y
partiendo de nuevamente de cero, el asentamiento y primera colonia
en las Indias se lleva a cabo. Mientras tanto, el Almirante
regresa a España dejando el gobierno de La Española a sus
hermanos Bartolomé y Diego.
En
1494 nuevas fricciones con Portugal darán lugar a la firma del
tratado de Tordesillas, que repartirá los espacios del Océano
Atlántico mediante un meridiano que va del Polo Ártico al Polo
Antártico, a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. El
hemisferio occidental quedará así para Castilla, y el Oriental
(desde la punta de Brasil, África, el Océano Índico y las islas
Molucas) para Portugal.
Cuando
Colón proyecta su tercer viaje, la ilusión inicial provocada por
las Indias ha pasado ya y cuesta encontrar voluntarios que quieran
realizar la travesía. Parten de Sanlúcar el 30 de Mayo de 1498,
y en esta ocasión recorrerán parte del continente americano,
explorando la desembocadura del río Orinoco. Al llegar a La Española,
encuentran la isla sumida en un estado de anarquía casi total.
Los reyes, a quienes llegan noticias de esta situación, envían a
Francisco de Bobadilla, quien ordena a Colón regresar a España
en condición de prisionero, al considerarle máximo responsable
de la situación. Los Reyes Católicos le liberan y le devuelven
el título de Almirante, pero le retiran el cargo de Gobernador.
El
último de los viajes de Colón tiene lugar entre 1502 y 1504.
Tras su anterior fracaso administrativo, no se le permitió esta
vez desembarcar en La Española, y recorrió la costa
centroamericana, donde tomó posesión de algunas tierras en
nombre de sus soberanos. Tras su regreso, Colón muere en
Valladolid el 20 de Abril de 1506, año y medio después del
fallecimiento de la Reina Católica. Hasta entonces, los viajes
colombinos apenas habían significado para la Corona algo más que
gastos.
Así
es como tiene lugar lo que no es sino el inicio de todo un proceso
de descubrimiento y conquista que se extiende desde 1492 hasta
finales del siglo XVI. Aunque de momento no se percibían los
beneficios que el descubrimiento del Nuevo Mundo traería, la
importancia de los viajes colombinos radicaba en que se creaba con
ellos una nueva y casi definitiva geografía de la Tierra.
En
su tercer viaje Colón ya intuyó que lo que estaba recorriendo
era masa continental, pero murió sin reconocer que lo descubierto
era un nuevo continente. El ideal colombino de llegar a Asia por
el occidente se va sustituyendo paulatinamente por la idea de
haber hallado un Nuevo Mundo. El objetivo de los nuevo viajes era
determinar si lo descubierto eran islas o si se trataba de un
continente, y, en ese caso, de cuál. En una expedición
organizada por el rey de Portugal, para determinar si ciertos
territorios descubiertos se encontraban en la zona bajo dominio
portugués, viaja Américo Vespucio: en este viaje tiene lugar el
que podemos llamar descubrimiento "intelectual" de América,
pues es cuando se dan cuenta de que aquello no es Asia y Vespucio
habla ya de un Nuevo Mundo, de una nueva masa continental
desconocida hasta entonces. Precisamente a este navegante
florentino se debe el nombre –considerado tantas veces
injusto– de América para designar al Nuevo Mundo. Las
noticias contenidas en el relato de sus viajes, que transformaban
totalmente las concepciones geográficas del mundo, deslumbrarán
a un grupo de ilustrados que a principios del siglo XVI escribía
en la Academia de los Vosgos, protegidos por el duque de Lorena,
una Cosmografía del mundo basada en la obra de Ptolomeo. Resulta
interesante comprobar que las cartas de Colón no impresionaron
tanto como las relaciones de Vespucio, porque los informes del
genovés no hablaban –como los del florentino– de un nuevo
continente. Colón se aferra a la idea de que lo que ha hallado es
Asia, mientras que Vespucio descubre que lo encontrado no es Asia,
sino la "quarta orbis pars", la "cuarta parte del
mundo".
Y
volviendo al desarrollo de los viajes de descubrimiento, el viaje
a las Indias Occidentales había quedado en un principio bajo el
monopolio absoluto de Colón. Pero, con el paso del tiempo, la
Corona se dio cuenta de que este monopolio no era nada beneficioso
para España. La situación caótica de las Antillas, junto con la
percepción de que las posibilidades de cara a nuevos
descubrimientos eran enormes, hicieron a los reyes rectificar su
posición y comenzaron a expedir licencias para nuevos viajes a
personas ajenas a Colón y a su círculo de relaciones. Esta
decisión coincidía con la crisis de los supuestos colombinos de
llegar a las grandes ciudades del rico Oriente, de las que aún no
había muestra alguna. Cuando las noticias de lo que estaba
sucediendo en La Española –tras el tercer viaje de Colón–
pusieron de manifiesto que el descubridor, más que de proseguir
la búsqueda del Oriente prometido, se preocupaba de consolidar
como fuera su señorío ultramarino y de hacerlo rentable por la vía
rápida, con el envío de barcos cargados de indios para ser
vendidos como esclavos en Andalucía, la Corona se vio obligada a
considerar al Almirante más bien como un obstáculo, pues se había
llegado a una situación tal en la que éste ni descubría ni
dejaba descubrir.
A
partir de entonces comenzará una nueva fase en la historia de las
exploraciones, con los viajes llamados de descubrimiento y
rescate. Los reyes apelaron a la concesión de licencias a
quienes –con la suficiente audacia y capacidad personal– se
ofrecieran para ir a sus propias expensas a cambio simplemente de
poder "rescatar": es decir, intercambiar productos por
oro con los indígenas, medio el pago de un impuesto que permitiría
obtener al fisco, además, un beneficio de cada expedición. Al
abrirse así la libertad de navegación a las Indias comienzan los
mal llamados viajes menores: se llega a las costas que van
desde la desembocadura del Amazonas hasta la Península del Yucatán,
y se comienza ya a hablar de la "Tierra Firme de aquí"
y de la "Tierra Firme de allá".
4.-
LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS Y CONQUISTAS
Con
el tiempo, aunque continuaron partiendo expediciones desde la Península
los grandes descubrimientos se harán tomando como punto de
partida las Antillas: Santo Domingo y Cuba. A partir de 1519, los
españoles empiezan a penetrar en el interior del continente y
realizan sus conquistas en nombre del Rey de Castilla. Comienza
entonces el ciclo de las grandes conquistas, entre las que hay que
destacar, junto con las de México y Perú, donde se fundarán los
dos virreinatos más importantes de la América española, el
descubrimiento de la "Mar del Sur", el océano Pacífico,
y la primera vuelta al mundo.
El
descubrimiento del Océano Pacífico.
El
gran protagonista de esta hazaña es Vasco Nuñez de Balboa. Los
españoles comenzaban a tener noticias a través de los indígenas
de la existencia de un mar al otro lado de Tierra Firme, como se
conocía la región del istmo centroamericano. Comenzó entonces
la búsqueda de un paso hacia ese mar desconocido.
El
1 de Septiembre de 1513, con 190 españoles y 810 indios, partía
Nuñez de Balboa de Santa María de la Antigua, desde donde se
dirigió a las sierras del interior. Logró de un cacique los
informes necesarios acerca del camino que debía seguir. Después
de un enfrentamiento con los indígenas, siguió al sur con sólo
67 hombres, con los que trepó la sierra hasta divisar, el 23 de
Septiembre, las aguas del Pacífico, al que llamó Mar del Sur por
encontrarse en esa dirección. Hizo levantar acta del
descubrimiento y de la correspondiente toma de posesión en nombre
del rey, don Fernando el Católico.
Otros
descubrimientos importantes ya desde esa zona son los potenciados
por Pedrarias Dávila, nombrado gobernador de Tierra Firme, también
llamada "Castilla del Oro". La expedición que llevó al
Darién al nuevo gobernador partió de Sanlúcar de Barrameda el
11 de Abril de 1514. Desde su llegada se produjeron
enfrentamientos con Balboa, por roces más bien de carácter
personal entre ambos, que terminarían con la ejecución del
descubridor del Mar del Sur el 12 de Enero de 1519.
Una
vez que se asentaron los españoles en Tierra Firme, las Antillas
dejaron de ser el centro de la actividad y la atención
descubridoras. El Darién primero, y México más tarde, pasarían
a ocupar el papel que antes desempeñó Santo Domingo. Desde que
llegó la armada de Pedrarias al Darién fueron numerosísimas las
expediciones que se realizaron. El 19 de Agosto de 1519 tenía
lugar la fundación de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá.
La
primera vuelta al mundo.
Desde
que se tomó conciencia de que el nuevo continente se encontraba
en medio del camino para llegar a la tierra de las especias, los
españoles vieron la necesidad de encontrar un camino por mar que
les condujera hasta el área de la especiería. El primer intento
de conseguir este objetivo fue llevado a cabo por Juan Díaz de
Solís, quien en 1515 consiguió llegar al estuario del Río de la
Plata.
Hernando
de Magallanes, navegante portugués, había ofrecido al rey don
Manuel de Portugal su proyecto de llegar a las Indias y a las
islas de las especias por Occidente. El rey portugués, ocupado
como estaba en la ruta africana, no aceptó su proyecto, y vino
entonces Magallanes a presentarlo a España. El 22 de Marzo de
1518 se firmaba la capitulación acordando la expedición, por la
que el rey de España se comprometía a no dar licencia a ningún
otro navegante para hacer ese mismo viaje en un plazo de diez años;
igualmente, se prohibía a Magallanes entrar en la zona asignada a
Portugal por el tratado de Tordesillas, respetando así lo pactado
entre ambas naciones.
Partieron
de Sevilla el 10 de Agosto de 1519 cinco naos con más de 200
hombres como tripulación. Pasaron cuarenta días en Sanlúcar de
Barrameda, de donde salieron para la travesía definitiva el 20 de
Septiembre. Desde el principio del viaje se produjeron fuertes e
importantes fricciones, pues la autoridad de Magallanes no era
bien aceptada por los marineros, y hubo incluso un intento de motín,
reprimido duramente por Magallanes. De las cinco naos que
partieron, una naufragó en costas americanas, aunque la tripulación
pudo salvarse, y otra, la San Antonio, regresó
furtivamente a España debido a ese malestar reinante. Las tres
que quedaban en la expedición se dedicaron a la búsqueda del
ansiado paso que comunicara el Atlántico con el Pacífico, y por
fin, el 27 de Noviembre de 1520, doblaron el cabo que llamaron
Deseado y llegaron al Mar del Sur, al que bautizaron como océano
Pacífico por la tranquilidad de sus aguas con que se encontraron
cuando se internaron en ellas.
Siguieron
la travesía hacia el Oeste, tardando tres meses y veinte días en
avistar algunas islas, y en Marzo de 1521 llegaron a un archipiélago
que bautizaron como San Lázaro, aunque después cambiaría su
nombre por el de islas Filipinas. Recibieron una cordial acogida
por parte de los nativos, que les aprovisionaron de víveres.
Después recalaron en Cebú y Mactán, donde perdió la vida
Magallanes al inmiscuirse en las luchas entre los reyezuelos de
las islas. En Cebú también fueron asesinados en una trampa el
sucesor de Magallanes en el mando de la expedición junto con
otros 19 hombres. Con la escasa tripulación que quedaba era difícil
maniobrar las tres naves, por lo que decidieron deshacerse de la
nao Concepción. Al mando de la flota, compuesta ahora únicamente
por dos naves, la Victoria y la Trinidad, quedó
Juan Sebastián Elcano, que condujo la expedición hacia las islas
Molucas, objetivo inicial del viaje. Debido al mal estado de la
nao Trinidad, sólo la nao Victoria, con cuarenta y
siete tripulantes, emprenderá el regreso a España por el camino
del cabo de Buena Esperanza, aun sabiendo que no podían tocar
tierra en zona portuguesa. Finalmente, el 6 de Septiembre de 1522
entra en el puerto de Sanlúcar la Victoria con 22
tripulantes, después de casi tres años de viaje. A pesar de
todos los sufrimientos del viaje, la carga de especias que llevaba
la nao a bordo compensó los gastos de la expedición. Quedaba así
inaugurado el tráfico con la especiería, descubiertas las islas
Marianas y Filipinas, y circunnavegada por primera vez la Tierra.
El
"mar de los españoles" .
Al
regreso de la expedición de Magallanes y Elcano, la vía a las
Indias, a las auténticas Indias, recobró una capital importancia
para España: se estableció una Casa de Contratación, con sede
en La Coruña, para hacerse cargo de los viajes y el comercio a
las islas de las especias, y que organiza una segunda expedición,
que parte de la Península en 1525, mandada por García Jofre de
Loaysa y con Elcano como lugarteniente. Tras una dura travesía en
la que ambos, entre otros muchos compañeros de viaje, encuentran
la muerte, llegan a la isla de Tidore, en el archipiélago de las
Molucas, donde los portugueses ya estaban asentados en la isla de
Ternate.
Se
plantea entonces un nuevo conflicto entre España y Portugal por
delimitar sus respectivas áreas de expansión. El asunto se
complicaba por el hecho de que, prolongando la línea divisoria
acordada en el tratado de Tordesillas más allá de los polos,
dividiendo así el globo terráqueo en dos zonas, española la una
y portuguesa la otra, las islas Molucas, donde estaban los
portugueses, se encontraban en el área que correspondía a España,
mientras que el archipiélago filipino –llamado entonces de San
Lázaro–, del que los castellanos habían tomado posesión en
nombre del monarca español, quedaba en la zona portuguesa. Tras
duras reclamaciones y negociaciones entre ambas potencias, no
exentas de enfrentamientos armados en las islas, se llegó a un
acuerdo firmado en el tratado de Zaragoza, en 1529, por el cual el
emperador Carlos renunciaba a los derechos de la Corona castellana
en las islas de la especiería, mientras que Portugal reconocía
la soberanía española sobre Filipinas.
A
partir de entonces, el océano Índico quedó definitivamente
reservado a los navegantes portugueses, en competencia con
musulmanes y orientales, mientras que el océano Pacífico se
convertía en un inmenso lago exclusivo de los castellanos hasta
el punto de recibir coloquialmente el significativo nombre de
"mar de los españoles". Portugal consiguió mantener su
control de esas aguas hasta el siglo siguiente frente a las
apetencias de otros europeos, básicamente ingleses y holandeses;
por su parte, los españoles lograron mantener el monopolio de esa
navegación (salvo excepciones como la del inglés Francis Drake,
de renombre por conseguir dar la vuelta al mundo en 1577–1580,
pero de escasas repercusiones efectivas en la realidad) hasta bien
entrado el siglo XVIII.
Ya
mientras se disputaba la posesión de los archipiélagos del Pacífico
tuvo lugar otra expedición castellana, la ordenada por Hernán
Cortés, siguiendo instrucciones del Emperador, a Álvaro de
Saavedra en 1527. Posteriormente, a lo largo del siglo XVI se
sucedieron los viajes para hacer real el dominio español en las
islas Filipinas y así contar con una base para el comercio y la
comunicación directa con Asia: desde la Nueva España partió Ruy
López de Villalobos en 1542; pero el problema principal con el
que se encontraban los marinos españoles era que no conseguían
encontrar unos vientos y corrientes marinas que les permitieran el
regreso a las costas americanas, por lo que debieron pactar con
los portugueses la vuelta a través del Índico y las costas
africanas. Medio siglo se tardó en hallar el camino para ese
"tornaviaje", gracias a la expedición de Miguel López
de Legazpi y del fraile agustino Andrés de Urdaneta en
1564–1565, que fue la que hizo efectiva la posesión española
en el archipiélago de San Lázaro, rebautizado ahora como islas
Filipinas en honor del rey Felipe II. Mientras Legazpi, gobernador
de dichas tierras, permanecía en ellas para proceder a la fundación
de la colonia, Urdaneta, veterano y experto navegante que había
conocido a Elcano y participado en la expedición de Loaysa, y que
posteriormente luchó en la guerra contra los chichimecas en México,
todo ello antes de abrazar el hábito de San Agustín, lograba
descubrir la vía de regreso a México a través del norte del Pacífico.
Otras
expediciones les siguieron en busca de nuevas islas y de un
supuesto continente desconocido al sur, la "Terra Australis
Incognita", esta vez partiendo desde Perú, como fueron las
de Álvaro de Mendaña de 1567 y 1595, o la de Pedro Fernández de
Quirós y Luis Váez de Torres de1605, en la que se alcanzaron las
costas de Australia. Tras este impresionante esfuerzo descubridor
quedaba básicamente configurado el conocimiento del Pacífico y
de las islas de Oceanía y establecida la ruta del Galeón de
Manila o Nao de Acapulco, que comunicó Filipinas con México
durante casi trescientos años, la línea de navegación más
duradera de la historia. Habrá que esperar hasta las expediciones
científicas del siglo XVIII, con viajes como el ruso de Bering,
el inglés de Cook, el francés de Bouganville, y por supuesto, el
español de Malaspina, entre otros, para que esta zona del mundo
vuelva a ser centro de la atención descubridora.
La
conquista de México.
Diego
Velázquez, gobernador de Cuba, había enviado una expedición
hacia el norte en la que se trajeron noticias acerca de la
existencia del imperio azteca. Se organizó entonces otra expedición
de la que había de ser jefe Hernán Cortés. De Santiago partió
hacia La Habana, donde reunió un grupo de hombres que destacaría
en la conquista de México. Salieron de La Habana el 10 de Febrero
de 1519.
Al
llegar a tierras centroamericanas recogieron a Jerónimo de
Aguilar, que vivía entre los mayas con Gonzalo Guerrero. Ambos,
supervivientes de un naufragio, habían salvado la vida casi
milagrosamente. Guerrero se había casado y formado familia con
una india, viviendo como uno más entre los indígenas, por lo que
no se unió a la hueste de Cortés. Aguilar sería un valioso intérprete
para la expedición. En la tierra del cacique Tabasco tuvieron
varias refriegas. Tras una de ellas concertaron la paz con los indígenas
y éstos les hicieron con motivo de ello varios regalos entre
otros, veinte esclavas indias. Una de ellas era doña Marina,
joven mujer hermosa e inteligente, que además de maya hablaba
nahuatl, la lengua del interior, lo que sería de gran ayuda para
Cortés. En su avance hacia el interior se encontraron con
embajadores del emperador azteca Moctezuma, quienes, creyendo que
los hombres blancos llegados por el mar eran su dios Quetzalcoatl
y sus seguidores, les recibieron con gran acatamiento y regalos.
Cortés envió numerosos presentes a Moctezuma después de mostrar
a sus emisarios la potencia de las armas de fuego y la destreza de
sus caballos y jinetes. Vista la situación, Cortés decidió
entonces desligarse del mando de Velázquez: para ello fundó la
ciudad de Veracruz y sus partidarios, constituidos en
Ayuntamiento, le nombraron justicia mayor y capitán general; en
una carta al Emperador le pidió que le concediese esos cargos, y
los obtuvo. Para asegurar la cohesión de la hueste y evitar su
regreso a Cuba, Cortés se decidió a ir en pos de Moctezuma, cuya
fama y poder eran tan grandes: fue entonces cuando ordenó varar
los navíos y desmantelarlos, para evitar así posibles intentos
de huida.
En
1519, el territorio mexicano presentaba el aspecto de un enorme
mosaico de pueblos, muchas de cuyos componentes no estaban unidas
voluntariamente sino por la fuerza. En Mesoamérica se encontraban
varios pueblos en desigual desarrollo cultural y político, y
algunos de ellos totalmente diferentes entre sí. Había
conseguido dominar todo el territorio el pueblo azteca, cuyo
origen estaba en el valle de México; inicialmente, eran pobres y
belicosos, y se habían movido por el impulso expansivo y
dominador que Huitzilopochtli, su dios guerrero, les daba. Este
dios sólo podía vivir alimentado por la sangre de los hombres a
él sacrificados, encontrando en la guerra el suministro de víctimas
que necesitaban para sus ceremonias. El jefe político y militar o
tlatoani ejercía asimismo el poder religioso como sumo pontífice.
Informado
Cortés de las divisiones que existían en el territorio azteca y
movido por el afán de llegar a encontrar grandes riquezas, apoyándose
en la fe en su Dios y en el valor de sus guerreros decidió
internarse en tierras de México para ir a encontrarse con
Moctezuma, contando con el apoyo, entre otros, de tlaxcaltecas y
guaxocingos, pueblos sometidos por la fuerza a los aztecas. La
capital del Imperio mexicano era Tenochtitlan, situada en medio de
un lago y unida a las diversas poblaciones de tierra firme por
varias calzadas. Cerca de la ciudad tuvo lugar el esperado
encuentro entre Cortés y Moctezuma, cada uno acompañado de sus
hombres. Cortés, por miedo a posteriores complicaciones, decidió
hacer prisionero a Moctezuma y a parte de la nobleza gobernante
del imperio azteca. Así, el conquistador preservaba su vida y la
de sus compañeros y podía dominar todos los pueblos de Anahuac
sometidos a su señor. Apoyado en sus capitanes y en sus aliados
indígenas, se atrajo a todos los pueblos vecinos.
La
actitud de los aztecas comenzó tras estos hechos a ser hostil
hacia los españoles. Se complicó más cuando tuvieron noticias
de una expedición de Pánfilo de Narváez, que venía enviado por
Diego Velázquez para hacer prisionero a Cortés acusándole de
traición. Dejando en la ciudad a Pedro de Alvarado y otros
amigos, Cortés fue al encuentro de las tropas de Narváez. Se
enfrentaron y Narváez fue hecho prisionero y remitido a Cuba,
mientras toda su hueste se pasaba al bando de Cortés. Llegaron
entonces alarmantes noticias de Tenochtitlan: Pedro de Alvarado
había permitido que los indios celebrasen una fiesta en el templo
mayor, pero, atemorizado ante la multitud allí reunida, que podría
atacarle, decidió masacrarlos. Esto provocó una enorme inquina
en el pueblo, que vio cómo impunemente se asesinaba a sus
sacerdotes y dirigentes. Comenzaron entonces ataques continuos a
las casas donde estaban Moctezuma y los españoles.
Cortés
emprendió rápidamente el regreso y encontró a la población indígena
en una actitud abiertamente hostil; era el 24 de Junio de 1520. La
revuelta inicial había derivado en la rebelión total de un
pueblo que quería mantener su independencia. Cortés obligó a
Moctezuma a salir a una azotea para apaciguar a los suyos, pero
una piedra lanzada contra los españoles le hirió gravemente,
muriendo a los pocos días. Entonces, los españoles tuvieron que
huir de la ciudad en la famosa Noche triste. Huyeron
precipitadamente, a través de calzadas con los puentes
destruidos, y muchos españoles e indios amigos fueron muertos o
hechos prisioneros para ser posteriormente sacrificados. La hueste
de Cortés fue huyendo hasta refugiarse en Tlaxcala, y días después,
en Otumba, tuvieron un encuentro con los aztecas, a los que
vencieron.
Una
vez que Cortés rehizo su hueste y que contó con nuevas armas y
con más de 10.000 indios aliados, marchó sobre Tenochtitlan,
cuya población entre tanto había sido mermada por una epidemia
de viruela. El sitio a la ciudad, comenzado en el mes de Mayo de
1521, duró 85 días. Finalmente, Cortés hizo prisionero al nuevo
tlatoani y tomó por fin la ciudad. Caída la cabeza de la
confederación mexicana, los restantes pueblos se dieron a los
españoles en paz y alianza. Cortés decidió edificar la capital
colonial de México en el mismo lugar en que había estado
emplazada la antigua capital azteca.
Nombrado
Cortés gobernador, justicia mayor, y capitán general de la Nueva
España por Carlos V, y una vez pacificado y asegurado el
territorio, comenzaron otros viajes de descubrimiento y conquista
hacia el Sur (Guatemala, El Salvador), el Norte (Jalisco...), y
Occidente, hasta las costas del Pacífico. Inmediatamente se inició
también la conquista espiritual del territorio mexicano, iniciada
por religiosos franciscanos, que desde el primer momento se
esforzaron por aprender las lenguas nativas para facilitar la
evangelización de los indígenas.
La
conquista del Perú.
Descubierta
y colonizada Tierra Firme, como antes explicamos, fueron varios
los capitanes que desde allí se adentraron en el interior del
continente y oyeron hablar de un fabulosos imperio llamado Birú o
Pirú, situado más al sur. El primero que logró tener noticias más
o menos certeras de este señorío fue Pascual de Andagoya, quien
no pudo completar su expedición por caer enfermo. Este territorio
estaba ocupado en aquel entonces por el Imperio de los Incas; este
pueblo había logrado hacerse con un extenso territorio que
abarcaba la parte occidental de América del Sur, desde el actual
Ecuador hasta el Norte de Chile. Su centro político se encontraba
en la ciudad de Cuzco, desde la que los incas se habían ido
extendiendo mediante intensas campañas militares.
La
empresa de descubrimiento y conquista del Perú fue llevada a cabo
por el extremeño Francisco Pizarro, hombre de confianza de
Pedrarias Dávila, el gobernador de Tierra Firme, que se había señalado
ya en varias campañas. Formó sociedad con el soldado Diego de
Almagro y con el clérigo Hernando de Luque. Tres viajes son los
que se realizaron para abarcar la conquista del Perú. El primero
de ellos, en el que partió Pizarro con 112 hombres mientras que
Almagro quedaba atrás como proveedor, comenzó en 1524. El
resultado de esta primera expedición fue negativo: sólo
consiguieron miserias, enfermedades y luchas con los indios, pero
estos contratiempos no impidieron que se proyectara un segundo
viaje, que tuvo lugar en 1526. La reaparición del hambre y
penalidades hizo que muchos quisieran volverse a Panamá, y cuando
Pizarro pidió voluntarios para seguir adelante a la búsqueda del
fabuloso reino, se vio secundado sólo por trece hombres,
conocidos posteriormente como los Trece de la Fama, que se
comprometieron a seguir adelante. En 1528, con la llegada de unos
pocos refuerzos, Pizarro se decidió a explorar la costa
ecuatorial y llegó así a la magnífica ciudad de Túmbez, donde
vieron un anticipo de lo que sería el Imperio de los Incas.
Para
llevar a cabo la conquista del Perú, ante la negativa de ayuda
por parte del gobernador de Tierra Firme Pizarro viajó a España
para informar al Emperador de las nuevas tierras descubiertas. En
1529 se le otorgaba la capitulación para el descubrimiento y la
conquista del Perú y se le concedía el cargo de gobernador. A su
regreso a América comienzan los preparativos para el tercer
viaje, que será el definitivo. Partieron de Panamá a principios
de 1531, y cuando llegaron a Túmbez se encontraron con que la
ciudad había sido destruida y que el país se encontraba en plena
guerra civil entre Huáscar, Inca legítimo, y su hermano
Atahualpa, hijos ambos del fallecido soberano Huayna Capac.
Pizarro
decidió internarse en el país y, a través de los Andes, pasando
enormes penalidades, llegaron a la ciudad de Cajamarca, el 15 de
Noviembre de 1532. Atahualpa tenía instalado su campamento cerca
de la ciudad y Pizarro le mandó emisarios solicitando un
encuentro; Atahualpa se dirigió a Cajamarca rodeado de unos
10.000 indígenas, y allí tuvo lugar el encuentro con los españoles.
Fray Vicente de Valverde leyó al Inca un documento por el cual se
le instaba a convertirse a la fe católica y someterse al
Emperador, pero Atahualpa, al no entender nada, se enfureció, y a
una señal convenida los españoles atacaron al séquito indígena,
entre el que se produjo una gran mortandad. Pizarro logró hacer
prisionero a Atahualpa mientras la mayoría de sus seguidores huían.
Al verse prisionero, Atahualpa ofreció a los españoles un
fabuloso rescate en objetos de oro y plata a cambio de su
libertad. Comenzaron a llegar procedentes de todo el país
maravillosas riquezas a Cajamarca. Mientras tanto, temeroso de que
Pizarro se aliara con su hermano Huáscar, Atahualpa ordenó que
mataran a éste.
Presionado
por algunos de los españoles ante las noticias que empezaron a
correr sobre la supuesta traición de Atahualpa contra ellos,
Pizarro condenó a muerte al Inca, desatando así las protestas de
numerosos españoles que no estaban de acuerdo con la ejecución.
Una vez consumada la muerte del soberano los españoles se
dirigieron al Cuzco, donde Pizarro instauró como nuevo Inca a
otro hermano de Atahualpa, Manco, quien más tarde encabezó una
rebelión contra los españoles.
En
la actual Lima fue fundada la Ciudad de los Reyes, capital de lo
que después será el virreinato del Perú. Todavía tendrán que
pasar varios años antes de que la tierra quede completamente
pacificada, pues además de la rebelión de los incas comienzan a
producirse fricciones y enfrentamientos entre los propios españoles,
que provocarán los asesinatos de Almagro y Pizarro.
Pero
ya los españoles pueden instalarse allí y comienzan a fundar los
municipios. Desde el Virreinato del Perú se realizarán nuevas
conquistas: hacia el Norte, las tierras de Colombia y el Orinoco;
hacia el Sur, el indómito territorio de los mapuches y araucanos,
actual Chile.
5.-
LA INCORPORACIÓN DE LAS INDIAS A CASTILLA
Un
punto importante que es necesario tratar es el de la incorporación
de las Indias a la Corona de Castilla. Aunque las expediciones de
Colón y los viajes de otros navegantes que las siguieron fueron
asumidos en su carácter de empresa personal por los Reyes Católicos,
Isabel y Fernando, desde el principio hubo una voluntad clara de
que las tierras descubiertas formaran parte de la Corona
castellana. Las bulas de donación pontificia se refieren
personalmente a Fernando e Isabel como reyes de Castilla y León y
a sus herederos en esto, no a los reinos como tales. Las
capitulaciones y la empresa se efectuaron en nombre de los reyes
de Castilla, pues Aragón no tenía intereses ni derechos en el
Atlántico, ni frente a Portugal. Pero también se han buscado
otras explicaciones, como la compensación aragonesa por la ayuda
castellana en las conquistas de Nápoles y el sur de Italia; otra
posible causa es que, dada la menor fuerza de la monarquía en
Aragón, Fernando prefirió implantar las instituciones
castellanas, más autoritarias por la política absolutista y de
refuerzo de la autoridad regia que seguían él e Isabel, y para
evitar la aparición en las Indias de una nobleza tan privilegiada
como era la aragonesa de la época.
6.-
LA ACCIÓN DE ESPAÑA EN AMÉRICA
¿Cómo
podríamos definir la labor de España en América? Los propios
contemporáneos prefirieron evitar ese término de
"conquista", por el sentido espiritual que quiso darse a
la tarea que se llevaba a cabo en América desde el principio.
"Pacificación" y "población" son vocablos
que intentaron desplazar al de conquista, sin lograrlo totalmente.
Los
reyes patrocinaron continuamente la conquista espiritual de todas
estas tierras, sin descuidar el valor económico de las mismas. La
coincidencia de ambos intereses tiene su explicación en la
identidad entre Iglesia y Estado a que entonces se había llegado.
Y los conquistadores intentaron cumplir el mandato de sus reyes,
aunque a veces olvidasen el aspecto ético de su misión,
interesados más en el afán de enriquecimiento propio. Por tanto,
hay que atribuir la anexión de América en el siglo XVI a un
ideal colectivo en el que se mezclaban intereses de mejora económica
y social junto con objetivos religiosos.
El
español del siglo XVI es un cristiano bien instruido y un hombre
de fe, independientemente de que su conducta y su moral dejara más
o menos que desear... En esa concepción trascendente de la vida
se encuentra también arraigada la Corona española: los reyes, en
función del Regio Patronato financian todas las
expediciones misioneras que van a América. La Iglesia, sin la
Corona, no hubiera podido evangelizar el Nuevo Mundo.
No
podemos olvidar que la empresa americana estuvo llevada a cabo en
la práctica por unos hombres que se encontraban en un entorno a
caballo entre la Edad Media y el Renacimiento con el afán de
realizar hazañas que perpetuasen su memoria, ganar gloria, y
conseguir ventajas económicas para cimentar su poder que
caracterizaba al hombre renacentista. Tampoco dejaban de tener afán
de medrar en la escala social.
El
desvelo apostólico de los reyes, evidenciado desde los primeros
viajes colombinos, no fue tarea fácil de poner en práctica. No
faltaron choques entre misioneros y conquistadores, y la Corona no
supo decidir si era mejor que actuaran primero los guerreros y
luego los religiosos, o al revés. Se intentaron las distintas
formas posibles, con resultados muy dispares, lo que impedía
tomar una decisión tajante.
Evangelizar
y difundir la cultura occidental entre los indios significaba lo
mismo en una época en la que la enseñanza corría a cargo de la
Iglesia. Eran, pues, los religiosos los que educaban, pero también
es cierto que muchos conquistadores secundaron esa inquietud
misionero–educativa del Estado. En el orden intelectual
implantaron la enseñanza en todos sus grados: al principio, los
indios sólo podían acceder a la enseñanza que hoy llamaríamos
primaria, pero nunca hubo una discriminación total al respecto:
tuvieron abiertas las puertas de la enseñanza media e incluso de
la universitaria, según las épocas. España llevaba la escritura
alfabética y la lengua castellana, el gran elemento de unificación,
puesto que existían cientos de lenguas distintas, de pueblos que
no se entendían unos con otros.
Los misioneros tuvieron que enfrentarse a una serie de problemas
como eran la ignorancia de las lenguas indígenas o el que se
encontraban faltos de experiencia, o la necesidad de improvisar métodos
ante una situación que se daba por primera vez en la historia.
Pero todo ello intentaron subsanarlo y lo emprendieron con fe y
empeño, educando al indio en un nuevo sentido de la vida e inculcándole
conciencia de su propia personalidad. Los frailes, en su celo
evangelizador, comenzaron por indianizarse –aprender las lenguas
y costumbres aborígenes– para mejor catequizar al indígena.
Redactaron gramáticas y vocabularios, escribieron en lenguas
nativas, y adaptaron música, liturgia y arquitectura a las
necesidades que el pueblo sometido presentaba. Sin ese esmero no
se hubieran conservado las lenguas nativas americana, y no se
hubiera establecido ese intercambio entre las dos culturas.
Nunca un pueblo que domina se adaptó tanto al dominado. Esto
supuso uno de los más grandes logros de la labor de España en América,
nunca igualado por otras empresas de descubrimiento. Pero junto a
la evangelización existía una preocupación y un interés
esenciales por poblar las tierras descubiertas. Ya que pertenecían
a la Corona de Castilla, había que hacer eficaz esa anexión, y
esto sólo sería posible si los españoles comenzaban a
instalarse en las Indias con el mismo estilo de vida que se
llevaba entonces en Castilla. El misionero llevó su fe y su
cultura, pero el soldado cargó con otros elementos civilizadores
necesarios para llevar a cabo este otro aspecto de la anexión.
Pronto el conquistador se transforma de guerrero nómada en
poblador sedentario. Comienza así lo que podemos denominar la
vida cotidiana en la América española.
El conquistador no sólo se adentra en América a buscar, también
aporta: hablamos de la transculturación, sintetizada en la
creencia en un solo Dios y el uso de una sola lengua. El
conquistador lleva un bagaje civilizador que va sembrando al mismo
tiempo que adquiere lo que las Indias le van aportando. La América
indígena contribuirá con su legado en el arte, en las
instituciones, etc. Y la naturaleza, rica en nuevos productos como
la patata o el tomate, transformará la economía de Occidente. A
cambio el poblador hispano le da al nuevo mundo trigo, cebada,
arroz, morera, viñas, naranjas... distintas clases de ganado, la
metalurgia y otras técnicas... El conquistador ya no es un mero
soldado; es un colonizador, un poblador... Aparte de que el
conquistador español no es puramente tal; muy pocos, entre los
grandes capitanes, cuentan con antecedentes militares, y la hueste
conquistadora está formada por campesinos y artesanos armados
hasta hacerse cargo del territorio. Su condición guerrera era
eventual; desaparecida la necesidad bélica, afloraba su auténtica
condición, desarrollada antes en los campos de España. De este
modo comienzan a aparecer los primeros asentamientos estables.
Sometida la tierra, se procedía a escoger un sitio que reuniera
condiciones favorables para la fundación de poblaciones; se
repartían solares para las casas y campos para el ganado, dejando
un terreno comunal en las afueras llamado ejido. Se formaba un
cabildo municipal con sus alcaldes ordinarios, regidores,
alguaciles, etc., que celebraba junta, tomaba juramentos, y abría
un libro con el auto de la población, donde firmaban los
conquistadores que quisieran avecindarse en la nueva población. A
esta fundación seguía el establecimiento de tributos sobre el
indio, en señal de vasallaje, y el reparto de encomiendas.
La Corona quiso evitar que se produjeran entre los conquistadores
intentos de autonomía respecto a la metrópoli. Para ello se les
negaron los cargos de gobierno, que eran otorgados a funcionarios
procedentes de la península que no hubieran participado
activamente en la conquista. A los conquistadores se les premiaba
con títulos, mercedes, tierras o indios; pero se los alejaba del
mando de las provincias para disipar todo intento de
independencia.
También el indio salía beneficiado de lo aportado por los
españoles al recibir nuevas simientes, animales, aperos y enseñanzas.
Recordemos que los indios desconocían la vela, el arco, la rueda,
el hierro o la escritura... Estas carencias fueron tratadas de
subsanar por los españoles. Con una pobreza de medios técnicos
que asombra para la época, España agregó el Nuevo Mundo a la
Cristiandad, y llevó la cultura urbana de Occidente a unas
regiones que, científica y tecnológicamente, estaban entonces a
un nivel absolutamente arcaico.
Otra manera de forma cultural que se produce como consecuencia del
descubrimiento es la inmensa cantidad de páginas que se
escribieron para narrar los hechos que estaban sucediendo en América.
Muchos conquistadores y misioneros se convirtieron en improvisados
cronistas, que, deslumbrados ante todo lo nuevo que estaban
viendo, dedicaban horas y horas –muchas veces nocturnas, entre
campaña y campaña– a redactar todos los hechos de los que se
veían protagonistas. Surgen así las crónicas americanas, enorme
cantidad de relatos, muchos de ellos espontáneos, que manifiestan
el asombro de los castellanos que han llegado a tierras
americanas. Unos narran las hazañas de los conquistadores; otros,
los prodigios que se consiguen en la evangelización; pero, además,
pronto surge con fuerza otro tema que interesa a muchos de los que
van al Nuevo Mundo: ¿quiénes eran los antiguos pobladores de las
tierras que están siendo conquistadas? Surge así toda una
literatura dedicada a describir las características de las
culturas prehispánicas.
Gracias a estos cronistas espontáneos sabemos muchos datos
acerca de las grandes civilizaciones prehispánicas, que de otra
manera no hubieran llegado a nuestro conocimiento. La falta de un
sistema de escritura entre los indígenas hizo que los narradores
tuvieran que informarse a través de tradiciones orales, muchas
veces legendarias, acerca del origen e historia de aquellos
pueblos.
7.-
AUTOCRÍTICA DE LA CONQUISTA
Mención aparte merece el tratamiento que desde España se quiso
dar a los habitantes de las tierras descubiertas. Por
instrucciones que dieron a Colón el 29 de mayo de 1493, los
soberanos ordenaban tratar a los indios amistosamente y castigar
con severidad a quienes les hicieran daño. Por Real Cédula de 16
de Abril de 1495, la Corona ordenaba suspender la venta de
esclavos indios. Y en Instrucción de 16 de Septiembre de 1501 la
reina declaraba a los indios "libres y no sujetos a
servidumbre". Por los trabajos que hiciesen se debía pagar a
cada indio el salario que al gobernador le pareciera justo. Por
Real Cédula de 2 de Diciembre de 1501 se ordenaba que fueran
devueltos a las Indias los indios que Colón trajo a la Península
y que como esclavos habían sido vendidos en Andalucía.
Comienza así la complicada paradoja de los ideales paternalistas
de la Corona mezclados con el interés económico que generó la
anexión de tierras americanas. Viendo que el continente se
despoblaba rápidamente, la Corona tomó una serie de medidas
beneficiosas para los indígenas, aunque la avaricia y la astucia
de los conquistadores supo convertirlas contra aquellos mismos
cuyas desgracias se trataba de aliviar. Había empezado la lucha
entre los ideales humanitarios de las Leyes de Indias y los
intereses mercantilistas de la razón de Estado.
El trato que debían recibir los indios dio lugar a cientos de
escritos y de coloquios entre los intelectuales, juristas y teólogos
de la época. De hecho, las quejas recibidas desde las colonias
acerca de las injusticias que en algunos casos se cometían, y los
abusos a que eran sometidos los indígenas por parte de algunos de
los conquistadores y gobernantes, dieron paso a una polémica, que
duró años, acerca del derecho de España a reinar en Indias.
Como consecuencia positiva se puede alegar el nacimiento de un
sistema jurídico orientado a salvaguardar la integridad del
indio, considerado vasallo libre de la Corona, sobre la base de
los derechos personales del individuo. Resulta interesante
analizar el proceso que dio lugar a la autocrítica por parte de
España de la conquista y anexión de las tierras americanas. En
este sentido, es fundamental destacar que en ningún otro proceso
de conquista se ha llevado a cabo una crítica tan dura como
aquella a la que quisieron someterse los gobernantes españoles.
La revisión crítica del proceso de anexión fue iniciada por las
protestas alzadas por algunos religiosos contra los malos tratos
recibidos por los indígenas en algunas zonas de las Antillas. Es
significativo a este respecto el famoso sermón de Fray Antonio de
Montesinos en La Española, en Diciembre de 1511. En este sermón,
en cuya lectura estaban presentes las principales autoridades
civiles de la isla, se denunciaban los abusos cometidos contra los
indios por el sistema de encomiendas, que había conducido a que
se produjesen esos malos tratos a los indígenas.
Se planteaba así un problema que no se había previsto: las
razones jurídicas y morales de la encomienda desde un plano
realista, en cuanto al hecho en sí y en cuanto a sus
consecuencias. Se convocó en Burgos una junta que estudiara el
problema ético planteado, y se llegó a la conclusión de que el
hecho en sí –obligar a trabajar al que no quisiera- era lícito,
pero entonces había que resolver el hecho práctico, eliminando
las consecuencias negativas del sistema de encomiendas, mediante
la regulación de los deberes del encomendero y de la forma de
realizarse las prestaciones. Fueron las llamadas Leyes de Burgos,
que firmó el rey el 27 de Diciembre de 1512. A partir de ahora
comienza un proceso de replanteamiento y una revisión crítica de
los hechos de los españoles en América, que será una constante
a lo largo de los años que dura la conquista.
A partir de la Junta de Burgos surge un documento que tendrá
vigencia durante algunos años y que se presenta como elemento
clave: el Requerimiento, redactado por el doctor Palacios Rubio.
Este documento, que quiere regular las nuevas conquistas, es la
versión oficial de las bulas alejandrinas. Su fundamento era que
los indios debían ser advertidos reiteradamente para que
aceptasen voluntariamente su cristianización y vasallaje al
monarca hispano, antes que tener que luchar contra ellos. Contenía
las palabras que el conquistador debía leer a los indios antes de
entrar a conquistar la tierra; estas palabras venían a ser una
invitación a permitir la entrada pacífica de los españoles y la
transmisión de su fe y su cultura, junto con la sumisión a la
Corona de España. El Requerimiento reunía, a juicio de los
peritos, las condiciones necesarias para que los nativos se dieran
perfecta cuenta de la conveniencia de acoger voluntariamente el
supremo poder espiritual del Pontífice y el temporal del rey, con
las consecuentes ventajas de su aceptación y los graves
inconvenientes –esclavitud, muertes, botín, repartos...– de
su rechazo.
Pero pronto se escuchó en América otra voz que va a ser también
decisiva en el problema de conciencia planteado a la corona: la de
fray Bartolomé de las Casas, dominico, y antiguo encomendero de
indios, quien protestaba enérgicamente contra los abusos
cometidos por los españoles en las personas de los indios.
Nuevamente las autoridades españolas se cuestionan si se está
llevando a cabo de forma adecuada la penetración en América. A
las protestas de Las Casas se une la reflexión serena de
Francisco de Vitoria, que enjuicia el problema desde un punto de
vista teológico y jurídico, planteando una crisis de conciencia
nacional, que será asumida personalmente por el Emperador Carlos
V. Vitoria plantea el problema de los Justos Títulos: si
España tenía realmente derecho a la conquista de las Indias, y
concluye una serie de causas por las que no sería beneficioso que
se abandonaran las tierras conquistadas, entre las que se
encuentra la necesidad de continuar con la evangelización. Pero
ya no se justificaba de ninguna manera el derecho a hacerles la
guerra a los indígenas, ni a que se cometieran abusos por parte
de los españoles.
Nuevas denuncias del sistema de encomiendas y los abusos a que había
conducido darán lugar a la elaboración de las Leyes Nuevas
de 1542. Estas leyes inician la reforma administrativa de las
Indias y suspenden el sistema de encomiendas. Ante las alegaciones
de Las Casas y de otros frailes, que no sólo condenaban ciertos
abusos cometidos en el Nuevo Mundo, sino que opinaban que el rey
no tenía derecho alguno a conquistar aquellos países y que debía
restituir el Perú al Inca, la doctrina de Vitoria acerca de la
necesidad de mantener la fe de los conversos contribuyó a que el
rey Carlos I no abandonara la acción indiana.
En dichas Leyes Nuevas, además de tomar una serie de medidas
reformadoras acerca de las instituciones de gobierno indiano, se
tiene muy en cuenta a la persona del indio. En ellas se declara
solemnemente que el principal intento y voluntad real siempre ha
sido y es "la conservación y aumento de los indios", y
que sean instruidos y enseñados en la fe católica. Se trata
especialmente el tema del trabajo de los indios, dando soluciones
prácticas para evitar los abusos en ese campo, y queda abolida de
modo tajante y definitivo la esclavitud. El sistema de encomiendas
sufre una profunda reforma, y de hecho se prohibe la concesión de
nuevas encomiendas. El buen tratamiento de los indios es una
preocupación constante en estas normas, y además se extiende a
sus bienes, de modo que cualquiera que mate o injurie a cualquier
indio, o tome su mujer o hija, o le agravie de cualquier modo, sea
severamente castigado.
Las Leyes Nuevas y su rigurosa aplicación provocaron una serie de
violentas oposiciones, pues los poseedores de encomiendas se
consideraron perjudicados y vejados por sus cláusulas. Reacciones
tumultuosas contra las Leyes ocurrieron en Nueva España y en Perú
y originaron enfrentamientos entre los propios españoles. Pero
aunque hubo que hacer algunas modificaciones ante las protestas
suscitadas, las Leyes Nuevas de 1542-1543 constituyen la gran
reforma legislativa de Carlos I en las Indias.
Es difícil realizar un balance de un hecho histórico de tan gran
envergadura como es el descubrimiento y la anexión de América
por parte de la Corona española. Lo que es indudable es que la
magnitud de la empresa fue enorme. España llevó a cabo una tarea
que desbordaba a las posibilidades de cualquier estado de los
siglos XV y XVI. Como en todo acontecimiento histórico, hubo
luces y sombras, ya que cualquier tarea emprendida por hombres
lleva el sello inconfundible de la mezcla de grandeza de espíritu
y ruindades particulares. En cualquier caso, los objetivos
perseguidos por la Corona tuvieron en todo momento un doble carácter,
material y espiritual. No se desdeñó, lógicamente, el beneficio
que el descubrimiento podía traer para un país que se hallaba
comprometido en acciones europeas que minaban su economía. Pero
en todo momento se procuró, desde el Estado, que ese beneficio no
se lograra en perjuicio de los intereses de los habitantes de las
tierras descubiertas.
El desvelo de la Corona por los indígenas americanos se manifestó
en la gran empresa de evangelización llevada a cabo, de la que
siempre se sintieron responsables, y en el importante cuerpo
legislativo que fue creándose para proteger y amparar los
derechos del indio. La actitud crítica ante los propios hechos
suscitó además toda una corriente jurídica que analizaba los
derechos y la forma de anexión, y que constituyeron el precedente
del Derecho Internacional. Todo ello supuso un cambio radical en
el enfoque de las relaciones entre los pueblos y en el
reconocimiento de los derechos de las personas.
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