Portada del último número de La ONDA




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La búsqueda de una vía de comunicación alternativa causó el descubrimiento de América por Colón

por María Saavedra Inaraja
Doctora en Historia de América

1492  marca un hito en la historia de la humanidad que pocas fechas han conseguido igualar en trascendencia. El día 12 de Octubre de ese año, dos carabelas y una no arribaban a una costa desconocida hasta entonces por el hombre europeo. Esa llegada significaría el inicio de una serie de contactos que desembocarían en el proceso de descubrimiento y conquista del continente americano.

Cristóbal Colón fue el capitán de aquella expedición que puso en contacto a los españoles con el Nuevo Mundo. Se trata de un "descubrimiento" en toda regla, aunque no fuera buscado, ya que el objetivo perseguido era llegar a tierras del Lejano Oriente. A partir del momento en que los reyes españoles fueron conscientes de la magnitud de lo descubierto, asumieron como tarea de la Corona una intensa labor de penetración en esos territorios, y que llevaría consigo de forma inseparable el objetivo de evangelizar y de llevar la cultura occidental a los habitantes de aquellas tierras.

1.-    LA GÉNESIS DEL DESCUBRIMIENTO

El descubrimiento de América se produce en un momento en que las circunstancias económicas, sociales y culturales de Europa eran favorables a su proyección ultramarina. Por una parte, el resurgimiento cultural del siglo XIII, que abrió las puertas al Renacimiento, con su consiguiente carga de humanismo cristiano. Por otra, las nuevas necesidades económicas, que aumentaron la circulación monetaria y facilitaron las exigencias de lujo con la importación de artículos suntuarios, y particularmente las especias, que alcanzaban precios altísimos como condimentos, como medio para la conservación de alimentos, y como fármacos, cuyo peso en la economía medieval no dejó de aumentar. El deseo de alcanzar las tierras donde se producían tales especias creció al mismo tiempo que el precio y las dificultades para su aprovisionamiento.

El principal obstáculo para llegar a esos países, aparte de la distancia, era la interposición islámica: el paso a Oriente por el Mediterráneo se hallaba interceptado por los musulmanes, y las posibilidades de un recorrido con éxito por tierra eran escasas. Pero la idea de la esfericidad de la Tierra, recuperada desde el siglo XIII, permitía albergar la esperanza de alcanzarlos por la vía de Occidente El problema estaba en calcular las distancias que separaban el Occidente europeo de ese mundo oriental fabuloso. En ese sentido, una serie de errores de cálculo, como luego veremos, fueron los que impulsaron a Colón a adentrarse en el Atlántico pensando en llegar a las Indias Orientales.

También la técnica tenía mucho que decir en la génesis de los viajes de descubrimiento. Los progresos técnicos de la navegación fueron otro de los factores definitivos en este proceso descubridor. Entre estos avances, es preciso destacar dos: la brújula y la carabela, nave de origen portugués y árabe, muy ligera y adecuada para la gran travesía oceánica. 

Por otro lado, desde la época de las Cruzadas los contactos de Europa con Oriente habían despertado la curiosidad y el afán de evangelizar las tierras desconocidas de Asia. Además, se recibían noticias, como las aportadas por el veneciano Marco Polo, sobre la existencia de un príncipe cristiano que habitaba en tierras remotas, el Preste Juan de las Indias, con el que se quería establecer relaciones para frenar la expansión islámica. Estas inquietudes, unidas a los problemas del comercio con Oriente, provocaron la búsqueda de una vía de comunicación alternativa. Esta búsqueda fue iniciada por los portugueses, que centraron sus fuerzas en un objetivo: llegar a Oriente rodeando África. El culmen de estas exploraciones, iniciadas por el Infante don Enrique el Navegante, tiene lugar cuando Bartolomé Días dobla en 1487 el extremo sur africano, que recibirá significativamente el nombre de Cabo de Buena Esperanza.

Cuando ya Portugal se empeñaba en la vía africana, los reyes españoles aún estaban centrando sus esfuerzos en la Reconquista de la Península. La Guerra de Granada, última fase de este empeño, estaba llegando a su fin cuando apareció en la Corte de los Reyes Católicos un personaje que iniciaría el camino hacia un cambio fundamental en la historia de la humanidad: Cristóbal Colón.

2.- COLÓN Y SU PROYECTO

¿Quién era Colón? 
Marino de origen genovés, había arribado a las costas portuguesas hacia 1474, donde se consolidó su vocación de navegante. Portugal había terminado hacía ya tiempo su empresa de Reconquista y comenzaba su expansión atlántica, iniciando los viajes a las islas Azores, Madeira y Cabo Verde. Además de conocer las técnicas de la navegación, Colón era un hombre de cierta cultura, y sus lecturas le permitirán concebir un proyecto que tardaría algunos años en gestarse. Decisivamente influido por los cálculos de Ptolomeo, un error de éste –que había calculado la circunferencia de la Tierra 10.000 kilómetros menor de lo que es en realidad– fue decisivo para el esbozo del proyecto colombino.

¿Cuál era ese proyecto? Básicamente, se trataba de llegar a la India y al imperio del Gran Khan atravesando el Atlántico hacia Occidente. En un principio, Colón presentó su proyecto al rey Juan II de Portugal, en el año 1484, pero tras convocar una junta para su estudio los portugueses lo rechazaron por considerarlo inviable, y porque ya estaban empeñados en abrir el camino hacia Oriente rodeando las costas de África. Es entonces cuando aparece Colón en la Corte de Castilla, y, con el apoyo de los monjes franciscanos del monasterio de La Rábida, se presenta ante los Reyes Católicos e insiste en su proyecto. En 1486 comienzan unas negociaciones que se alargan por siete años, hasta que, finalizada la Guerra de Granada, se firman en Abril de 1492 las Capitulaciones de Santa Fe.

En este documento, los reyes hacen suyo el proyecto colombino y conceden al navegante ligur una serie de privilegios. Los reyes se titulaban "señores de las mares océanas", concediendo a Colón el título de Almirante en las "islas y tierras firmes" que descubriera, con carácter hereditario para sus descendientes; el cargo de virrey y gobernador de esas mismas tierras; y se le otorgaba el diez por ciento de todos los beneficios, una vez que se hubieran satisfecho las deudas del viaje. Nada se decía de momento acerca de la cristianización de los habitantes de las tierras descubiertas: el gobierno que se establecería sobre esas tierras desconocidas se refería a las tierras que se hallasen y se juzgasen apropiables por parte de la Corona, en virtud de la doctrina jurídica de la época, que suponía vacantes las tierras de infieles no sometidas a un príncipe cristiano, y por tanto con derecho a ocuparlas.

3.- EL DESCUBRIMIENTO Y LA ANEXIÓN DE AMÉRICA

Sabido es por todos que el 3 de Agosto de 1492 parte de Palos la primera expedición al mando de Colón, compuesta por dos carabelas, la Pinta y la Niña, y la nao capitana, la Santa María, en la que viajaba Cristóbal Colón. La expedición paró en Canarias, en el puerto de San Sebastián de la Gomera. Desde allí, aprovechando una corriente marítima arrastrada por los vientos alisios, los barcos pusieron rumbo a Occidente, internándose en el Atlántico. El 12 de Octubre, cuando ya decaían los ánimos de la tripulación, se avistó tierra y llegaron a la isla de Guanahaní, a la que denominaron San Salvador. Recorrieron la isla y descubrieron varias otras, hasta llegar a la actual Cuba, a la que nombraron Juana en honor del príncipe heredero. De allí se pasó a Haití, que recibió el nombre de La Española. En esta isla encalló la nao Santa María, y con sus restos se construyó el Fuerte Navidad. Allí quedaron treinta y nueve hombres con abundancia de provisiones y rodeados de indígenas que parecían amistosos. 

El viaje de regreso comienza el 16 de Enero, y tras una serie de dificultades, y habiéndose separado las dos naves supervivientes por una tormenta, Colón arriba a Lisboa y desde allí, por mar, viajará hasta Palos, donde llega el 15 de Marzo. Los Reyes Católicos hacen llegar a Colón a Barcelona, donde ellos se encuentran, y le piden explicaciones del viaje. Colón, aunque desencantado por no haber encontrado las riquezas que esperaba, está convencido de haber llegado a las Indias Orientales. Comunica a los reyes el resultado de su proyecto y les muestra diversos objetos y animales, y diez indígenas que había traído de las tierras descubiertas.

Comenzaba ahora otro problema, esta vez en torno a los derechos y propiedades sobre el Océano. Al tener noticias del descubrimiento de Colón, el rey Juan II de Portugal reivindicaba para sí las tierras descubiertas. Los Reyes Católicos, al auspiciar la expedición colombina, habían actuado con arreglo al criterio romanista de descubrimiento y ocupación de territorios imperante en el derecho de la época: las tierras no sometidas a otro príncipe cristiano eran anexionadas al reino que las descubriera. Pero la postura del rey portugués obligó a Don Fernando a apoyar la posesión de lo descubierto con la autorización pontificia, como habían hecho los anteriores monarcas portugueses para con sus respectivos descubrimientos, y de este modo obtuvo del Papa Alejandro VI las cuatro bulas que sancionaban la soberanía española sobre las nuevas tierras de Occidente, y supuestamente de Oriente. 

Estas bulas, redactadas entre Mayo y Septiembre de 1493, ya contenían un claro carácter de evangelización y conferían a la empresa un nuevo título: el de misión. En ellas se requería a los reyes para la conversión de las gentes descubiertas y para el envío de misioneros a tal efecto, y se concedía a perpetuidad a los reyes de Castilla y León la propiedad, soberanía e investidura de tales tierras y de las que se descubrieran que no estuviesen sujetas a otro príncipe cristiano, prohibiendo bajo pena de excomunión que nadie fuese a dichos territorios sin permiso de los reyes españoles. En la segunda bula se concedía a los reyes las islas y tierra firme "halladas y por hallar" hacia el Occidente de una línea trazada de polo norte a polo sur, a cien leguas al Oeste de las islas Azores. La concesión papal servirá más adelante para fundamentar la soberanía de España en Indias y oponerse a la penetración de otros estados, o para justificar la sumisión de los indios por la fuerza. Pero con el tiempo se planteará si realmente existía ese derecho de soberanía de los reyes de España en América, dando lugar a la polémica de los justos títulos de España para la posesión de las Indias.

¿Por qué en un principio bastaron estas bulas para que los reyes de España se considerasen con derecho a la propiedad de las tierras descubiertas? ¿Dónde residía el origen de la potestad papal? No era doctrina oficial de la Iglesia, pero de hecho estaba ampliamente extendida la idea de que el Papa, como representante de Cristo en la tierra, disponía de la soberanía del orbe para poder hacer llegar la doctrina de Cristo a todos los rincones donde hubiera gentes que no la conocieran. Para cumplir este fin de evangelización, debía apoyarse necesariamente en la labor de aquellos monarcas cristianos que dispusieran de los medios suficientes para llegar a tales tierras y poner las bases necesarias para la tarea de misión. De hecho, se obraba conforme a esta doctrina; así, en virtud de la concesión papal, quedaban los indios sometidos a la autoridad de los reyes españoles, teóricamente sin limitación, pudiendo disponer de sus bienes y de su libertad, pero con la obligación de convertirlos. No tardaría en plantearse el alcance de tal soberanía y la problemática de los derechos de los indios. 

Mientras tanto, se desarrollaban los preparativos del segundo viaje de Colón. Ahora sí había firmes propósitos de emprender una tarea colonización: ya no se trataba sólo de descubrir, sino de poblar. Parte la nueva expedición el 26 de Septiembre de 1493. Esta vez viajan 17 barcos y mil quinientas personas. En este segundo viaje ya iba un legado pontificio, fray Bernardo Boil, para estudiar las condiciones y las posibilidades de cara a la necesaria evangelización. Llegan a las Pequeñas Antillas, y en la isla de La Española se encuentran con que el Fuerte Navidad ha sido destruido y toda su población ha sido asesinada por los indígenas. Nunca sabremos qué pasó realmente para que unos indios que en principio habían dado muestras de un trato amistoso, terminaran con las vidas de los españoles que habían quedado esperando el regreso de Colón, pero el hecho es que, olvidando lo ocurrido y partiendo de nuevamente de cero, el asentamiento y primera colonia en las Indias se lleva a cabo. Mientras tanto, el Almirante regresa a España dejando el gobierno de La Española a sus hermanos Bartolomé y Diego. 

En 1494 nuevas fricciones con Portugal darán lugar a la firma del tratado de Tordesillas, que repartirá los espacios del Océano Atlántico mediante un meridiano que va del Polo Ártico al Polo Antártico, a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. El hemisferio occidental quedará así para Castilla, y el Oriental (desde la punta de Brasil, África, el Océano Índico y las islas Molucas) para Portugal. 

Cuando Colón proyecta su tercer viaje, la ilusión inicial provocada por las Indias ha pasado ya y cuesta encontrar voluntarios que quieran realizar la travesía. Parten de Sanlúcar el 30 de Mayo de 1498, y en esta ocasión recorrerán parte del continente americano, explorando la desembocadura del río Orinoco. Al llegar a La Española, encuentran la isla sumida en un estado de anarquía casi total. Los reyes, a quienes llegan noticias de esta situación, envían a Francisco de Bobadilla, quien ordena a Colón regresar a España en condición de prisionero, al considerarle máximo responsable de la situación. Los Reyes Católicos le liberan y le devuelven el título de Almirante, pero le retiran el cargo de Gobernador. 

El último de los viajes de Colón tiene lugar entre 1502 y 1504. Tras su anterior fracaso administrativo, no se le permitió esta vez desembarcar en La Española, y recorrió la costa centroamericana, donde tomó posesión de algunas tierras en nombre de sus soberanos. Tras su regreso, Colón muere en Valladolid el 20 de Abril de 1506, año y medio después del fallecimiento de la Reina Católica. Hasta entonces, los viajes colombinos apenas habían significado para la Corona algo más que gastos. 

Así es como tiene lugar lo que no es sino el inicio de todo un proceso de descubrimiento y conquista que se extiende desde 1492 hasta finales del siglo XVI. Aunque de momento no se percibían los beneficios que el descubrimiento del Nuevo Mundo traería, la importancia de los viajes colombinos radicaba en que se creaba con ellos una nueva y casi definitiva geografía de la Tierra. 

En su tercer viaje Colón ya intuyó que lo que estaba recorriendo era masa continental, pero murió sin reconocer que lo descubierto era un nuevo continente. El ideal colombino de llegar a Asia por el occidente se va sustituyendo paulatinamente por la idea de haber hallado un Nuevo Mundo. El objetivo de los nuevo viajes era determinar si lo descubierto eran islas o si se trataba de un continente, y, en ese caso, de cuál. En una expedición organizada por el rey de Portugal, para determinar si ciertos territorios descubiertos se encontraban en la zona bajo dominio portugués, viaja Américo Vespucio: en este viaje tiene lugar el que podemos llamar descubrimiento "intelectual" de América, pues es cuando se dan cuenta de que aquello no es Asia y Vespucio habla ya de un Nuevo Mundo, de una nueva masa continental desconocida hasta entonces. Precisamente a este navegante florentino se debe el nombre –considerado tantas veces injusto– de América para designar al Nuevo Mundo. Las noticias contenidas en el relato de sus viajes, que transformaban totalmente las concepciones geográficas del mundo, deslumbrarán a un grupo de ilustrados que a principios del siglo XVI escribía en la Academia de los Vosgos, protegidos por el duque de Lorena, una Cosmografía del mundo basada en la obra de Ptolomeo. Resulta interesante comprobar que las cartas de Colón no impresionaron tanto como las relaciones de Vespucio, porque los informes del genovés no hablaban –como los del florentino– de un nuevo continente. Colón se aferra a la idea de que lo que ha hallado es Asia, mientras que Vespucio descubre que lo encontrado no es Asia, sino la "quarta orbis pars", la "cuarta parte del mundo". 

Y volviendo al desarrollo de los viajes de descubrimiento, el viaje a las Indias Occidentales había quedado en un principio bajo el monopolio absoluto de Colón. Pero, con el paso del tiempo, la Corona se dio cuenta de que este monopolio no era nada beneficioso para España. La situación caótica de las Antillas, junto con la percepción de que las posibilidades de cara a nuevos descubrimientos eran enormes, hicieron a los reyes rectificar su posición y comenzaron a expedir licencias para nuevos viajes a personas ajenas a Colón y a su círculo de relaciones. Esta decisión coincidía con la crisis de los supuestos colombinos de llegar a las grandes ciudades del rico Oriente, de las que aún no había muestra alguna. Cuando las noticias de lo que estaba sucediendo en La Española –tras el tercer viaje de Colón– pusieron de manifiesto que el descubridor, más que de proseguir la búsqueda del Oriente prometido, se preocupaba de consolidar como fuera su señorío ultramarino y de hacerlo rentable por la vía rápida, con el envío de barcos cargados de indios para ser vendidos como esclavos en Andalucía, la Corona se vio obligada a considerar al Almirante más bien como un obstáculo, pues se había llegado a una situación tal en la que éste ni descubría ni dejaba descubrir. 

A partir de entonces comenzará una nueva fase en la historia de las exploraciones, con los viajes llamados de descubrimiento y rescate. Los reyes apelaron a la concesión de licencias a quienes –con la suficiente audacia y capacidad personal– se ofrecieran para ir a sus propias expensas a cambio simplemente de poder "rescatar": es decir, intercambiar productos por oro con los indígenas, medio el pago de un impuesto que permitiría obtener al fisco, además, un beneficio de cada expedición. Al abrirse así la libertad de navegación a las Indias comienzan los mal llamados viajes menores: se llega a las costas que van desde la desembocadura del Amazonas hasta la Península del Yucatán, y se comienza ya a hablar de la "Tierra Firme de aquí" y de la "Tierra Firme de allá".

4.- LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS Y CONQUISTAS

Con el tiempo, aunque continuaron partiendo expediciones desde la Península los grandes descubrimientos se harán tomando como punto de partida las Antillas: Santo Domingo y Cuba. A partir de 1519, los españoles empiezan a penetrar en el interior del continente y realizan sus conquistas en nombre del Rey de Castilla. Comienza entonces el ciclo de las grandes conquistas, entre las que hay que destacar, junto con las de México y Perú, donde se fundarán los dos virreinatos más importantes de la América española, el descubrimiento de la "Mar del Sur", el océano Pacífico, y la primera vuelta al mundo. 

El descubrimiento del Océano Pacífico. 

 El gran protagonista de esta hazaña es Vasco Nuñez de Balboa. Los españoles comenzaban a tener noticias a través de los indígenas de la existencia de un mar al otro lado de Tierra Firme, como se conocía la región del istmo centroamericano. Comenzó entonces la búsqueda de un paso hacia ese mar desconocido. 

El 1 de Septiembre de 1513, con 190 españoles y 810 indios, partía Nuñez de Balboa de Santa María de la Antigua, desde donde se dirigió a las sierras del interior. Logró de un cacique los informes necesarios acerca del camino que debía seguir. Después de un enfrentamiento con los indígenas, siguió al sur con sólo 67 hombres, con los que trepó la sierra hasta divisar, el 23 de Septiembre, las aguas del Pacífico, al que llamó Mar del Sur por encontrarse en esa dirección. Hizo levantar acta del descubrimiento y de la correspondiente toma de posesión en nombre del rey, don Fernando el Católico. 

Otros descubrimientos importantes ya desde esa zona son los potenciados por Pedrarias Dávila, nombrado gobernador de Tierra Firme, también llamada "Castilla del Oro". La expedición que llevó al Darién al nuevo gobernador partió de Sanlúcar de Barrameda el 11 de Abril de 1514. Desde su llegada se produjeron enfrentamientos con Balboa, por roces más bien de carácter personal entre ambos, que terminarían con la ejecución del descubridor del Mar del Sur el 12 de Enero de 1519. 

Una vez que se asentaron los españoles en Tierra Firme, las Antillas dejaron de ser el centro de la actividad y la atención descubridoras. El Darién primero, y México más tarde, pasarían a ocupar el papel que antes desempeñó Santo Domingo. Desde que llegó la armada de Pedrarias al Darién fueron numerosísimas las expediciones que se realizaron. El 19 de Agosto de 1519 tenía lugar la fundación de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá. 

La primera vuelta al mundo.

Desde que se tomó conciencia de que el nuevo continente se encontraba en medio del camino para llegar a la tierra de las especias, los españoles vieron la necesidad de encontrar un camino por mar que les condujera hasta el área de la especiería. El primer intento de conseguir este objetivo fue llevado a cabo por Juan Díaz de Solís, quien en 1515 consiguió llegar al estuario del Río de la Plata. 

 Hernando de Magallanes, navegante portugués, había ofrecido al rey don Manuel de Portugal su proyecto de llegar a las Indias y a las islas de las especias por Occidente. El rey portugués, ocupado como estaba en la ruta africana, no aceptó su proyecto, y vino entonces Magallanes a presentarlo a España. El 22 de Marzo de 1518 se firmaba la capitulación acordando la expedición, por la que el rey de España se comprometía a no dar licencia a ningún otro navegante para hacer ese mismo viaje en un plazo de diez años; igualmente, se prohibía a Magallanes entrar en la zona asignada a Portugal por el tratado de Tordesillas, respetando así lo pactado entre ambas naciones. 

Partieron de Sevilla el 10 de Agosto de 1519 cinco naos con más de 200 hombres como tripulación. Pasaron cuarenta días en Sanlúcar de Barrameda, de donde salieron para la travesía definitiva el 20 de Septiembre. Desde el principio del viaje se produjeron fuertes e importantes fricciones, pues la autoridad de Magallanes no era bien aceptada por los marineros, y hubo incluso un intento de motín, reprimido duramente por Magallanes. De las cinco naos que partieron, una naufragó en costas americanas, aunque la tripulación pudo salvarse, y otra, la San Antonio, regresó furtivamente a España debido a ese malestar reinante. Las tres que quedaban en la expedición se dedicaron a la búsqueda del ansiado paso que comunicara el Atlántico con el Pacífico, y por fin, el 27 de Noviembre de 1520, doblaron el cabo que llamaron Deseado y llegaron al Mar del Sur, al que bautizaron como océano Pacífico por la tranquilidad de sus aguas con que se encontraron cuando se internaron en ellas.

 Siguieron la travesía hacia el Oeste, tardando tres meses y veinte días en avistar algunas islas, y en Marzo de 1521 llegaron a un archipiélago que bautizaron como San Lázaro, aunque después cambiaría su nombre por el de islas Filipinas. Recibieron una cordial acogida por parte de los nativos, que les aprovisionaron de víveres. Después recalaron en Cebú y Mactán, donde perdió la vida Magallanes al inmiscuirse en las luchas entre los reyezuelos de las islas. En Cebú también fueron asesinados en una trampa el sucesor de Magallanes en el mando de la expedición junto con otros 19 hombres. Con la escasa tripulación que quedaba era difícil maniobrar las tres naves, por lo que decidieron deshacerse de la nao Concepción. Al mando de la flota, compuesta ahora únicamente por dos naves, la Victoria y la Trinidad, quedó Juan Sebastián Elcano, que condujo la expedición hacia las islas Molucas, objetivo inicial del viaje. Debido al mal estado de la nao Trinidad, sólo la nao Victoria, con cuarenta y siete tripulantes, emprenderá el regreso a España por el camino del cabo de Buena Esperanza, aun sabiendo que no podían tocar tierra en zona portuguesa. Finalmente, el 6 de Septiembre de 1522 entra en el puerto de Sanlúcar la Victoria con 22 tripulantes, después de casi tres años de viaje. A pesar de todos los sufrimientos del viaje, la carga de especias que llevaba la nao a bordo compensó los gastos de la expedición. Quedaba así inaugurado el tráfico con la especiería, descubiertas las islas Marianas y Filipinas, y circunnavegada por primera vez la Tierra.

El "mar de los españoles" .

Al regreso de la expedición de Magallanes y Elcano, la vía a las Indias, a las auténticas Indias, recobró una capital importancia para España: se estableció una Casa de Contratación, con sede en La Coruña, para hacerse cargo de los viajes y el comercio a las islas de las especias, y que organiza una segunda expedición, que parte de la Península en 1525, mandada por García Jofre de Loaysa y con Elcano como lugarteniente. Tras una dura travesía en la que ambos, entre otros muchos compañeros de viaje, encuentran la muerte, llegan a la isla de Tidore, en el archipiélago de las Molucas, donde los portugueses ya estaban asentados en la isla de Ternate.

Se plantea entonces un nuevo conflicto entre España y Portugal por delimitar sus respectivas áreas de expansión. El asunto se complicaba por el hecho de que, prolongando la línea divisoria acordada en el tratado de Tordesillas más allá de los polos, dividiendo así el globo terráqueo en dos zonas, española la una y portuguesa la otra, las islas Molucas, donde estaban los portugueses, se encontraban en el área que correspondía a España, mientras que el archipiélago filipino –llamado entonces de San Lázaro–, del que los castellanos habían tomado posesión en nombre del monarca español, quedaba en la zona portuguesa. Tras duras reclamaciones y negociaciones entre ambas potencias, no exentas de enfrentamientos armados en las islas, se llegó a un acuerdo firmado en el tratado de Zaragoza, en 1529, por el cual el emperador Carlos renunciaba a los derechos de la Corona castellana en las islas de la especiería, mientras que Portugal reconocía la soberanía española sobre Filipinas. 

A partir de entonces, el océano Índico quedó definitivamente reservado a los navegantes portugueses, en competencia con musulmanes y orientales, mientras que el océano Pacífico se convertía en un inmenso lago exclusivo de los castellanos hasta el punto de recibir coloquialmente el significativo nombre de "mar de los españoles". Portugal consiguió mantener su control de esas aguas hasta el siglo siguiente frente a las apetencias de otros europeos, básicamente ingleses y holandeses; por su parte, los españoles lograron mantener el monopolio de esa navegación (salvo excepciones como la del inglés Francis Drake, de renombre por conseguir dar la vuelta al mundo en 1577–1580, pero de escasas repercusiones efectivas en la realidad) hasta bien entrado el siglo XVIII.

 Ya mientras se disputaba la posesión de los archipiélagos del Pacífico tuvo lugar otra expedición castellana, la ordenada por Hernán Cortés, siguiendo instrucciones del Emperador, a Álvaro de Saavedra en 1527. Posteriormente, a lo largo del siglo XVI se sucedieron los viajes para hacer real el dominio español en las islas Filipinas y así contar con una base para el comercio y la comunicación directa con Asia: desde la Nueva España partió Ruy López de Villalobos en 1542; pero el problema principal con el que se encontraban los marinos españoles era que no conseguían encontrar unos vientos y corrientes marinas que les permitieran el regreso a las costas americanas, por lo que debieron pactar con los portugueses la vuelta a través del Índico y las costas africanas. Medio siglo se tardó en hallar el camino para ese "tornaviaje", gracias a la expedición de Miguel López de Legazpi y del fraile agustino Andrés de Urdaneta en 1564–1565, que fue la que hizo efectiva la posesión española en el archipiélago de San Lázaro, rebautizado ahora como islas Filipinas en honor del rey Felipe II. Mientras Legazpi, gobernador de dichas tierras, permanecía en ellas para proceder a la fundación de la colonia, Urdaneta, veterano y experto navegante que había conocido a Elcano y participado en la expedición de Loaysa, y que posteriormente luchó en la guerra contra los chichimecas en México, todo ello antes de abrazar el hábito de San Agustín, lograba descubrir la vía de regreso a México a través del norte del Pacífico.

Otras expediciones les siguieron en busca de nuevas islas y de un supuesto continente desconocido al sur, la "Terra Australis Incognita", esta vez partiendo desde Perú, como fueron las de Álvaro de Mendaña de 1567 y 1595, o la de Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres de1605, en la que se alcanzaron las costas de Australia. Tras este impresionante esfuerzo descubridor quedaba básicamente configurado el conocimiento del Pacífico y de las islas de Oceanía y establecida la ruta del Galeón de Manila o Nao de Acapulco, que comunicó Filipinas con México durante casi trescientos años, la línea de navegación más duradera de la historia. Habrá que esperar hasta las expediciones científicas del siglo XVIII, con viajes como el ruso de Bering, el inglés de Cook, el francés de Bouganville, y por supuesto, el español de Malaspina, entre otros, para que esta zona del mundo vuelva a ser centro de la atención descubridora. 

La conquista de México. 

Diego Velázquez, gobernador de Cuba, había enviado una expedición hacia el norte en la que se trajeron noticias acerca de la existencia del imperio azteca. Se organizó entonces otra expedición de la que había de ser jefe Hernán Cortés. De Santiago partió hacia La Habana, donde reunió un grupo de hombres que destacaría en la conquista de México. Salieron de La Habana el 10 de Febrero de 1519.

Al llegar a tierras centroamericanas recogieron a Jerónimo de Aguilar, que vivía entre los mayas con Gonzalo Guerrero. Ambos, supervivientes de un naufragio, habían salvado la vida casi milagrosamente. Guerrero se había casado y formado familia con una india, viviendo como uno más entre los indígenas, por lo que no se unió a la hueste de Cortés. Aguilar sería un valioso intérprete para la expedición. En la tierra del cacique Tabasco tuvieron varias refriegas. Tras una de ellas concertaron la paz con los indígenas y éstos les hicieron con motivo de ello varios regalos entre otros, veinte esclavas indias. Una de ellas era doña Marina, joven mujer hermosa e inteligente, que además de maya hablaba nahuatl, la lengua del interior, lo que sería de gran ayuda para Cortés. En su avance hacia el interior se encontraron con embajadores del emperador azteca Moctezuma, quienes, creyendo que los hombres blancos llegados por el mar eran su dios Quetzalcoatl y sus seguidores, les recibieron con gran acatamiento y regalos. Cortés envió numerosos presentes a Moctezuma después de mostrar a sus emisarios la potencia de las armas de fuego y la destreza de sus caballos y jinetes. Vista la situación, Cortés decidió entonces desligarse del mando de Velázquez: para ello fundó la ciudad de Veracruz y sus partidarios, constituidos en Ayuntamiento, le nombraron justicia mayor y capitán general; en una carta al Emperador le pidió que le concediese esos cargos, y los obtuvo. Para asegurar la cohesión de la hueste y evitar su regreso a Cuba, Cortés se decidió a ir en pos de Moctezuma, cuya fama y poder eran tan grandes: fue entonces cuando ordenó varar los navíos y desmantelarlos, para evitar así posibles intentos de huida.

En 1519, el territorio mexicano presentaba el aspecto de un enorme mosaico de pueblos, muchas de cuyos componentes no estaban unidas voluntariamente sino por la fuerza. En Mesoamérica se encontraban varios pueblos en desigual desarrollo cultural y político, y algunos de ellos totalmente diferentes entre sí. Había conseguido dominar todo el territorio el pueblo azteca, cuyo origen estaba en el valle de México; inicialmente, eran pobres y belicosos, y se habían movido por el impulso expansivo y dominador que Huitzilopochtli, su dios guerrero, les daba. Este dios sólo podía vivir alimentado por la sangre de los hombres a él sacrificados, encontrando en la guerra el suministro de víctimas que necesitaban para sus ceremonias. El jefe político y militar o tlatoani ejercía asimismo el poder religioso como sumo pontífice. 

Informado Cortés de las divisiones que existían en el territorio azteca y movido por el afán de llegar a encontrar grandes riquezas, apoyándose en la fe en su Dios y en el valor de sus guerreros decidió internarse en tierras de México para ir a encontrarse con Moctezuma, contando con el apoyo, entre otros, de tlaxcaltecas y guaxocingos, pueblos sometidos por la fuerza a los aztecas. La capital del Imperio mexicano era Tenochtitlan, situada en medio de un lago y unida a las diversas poblaciones de tierra firme por varias calzadas. Cerca de la ciudad tuvo lugar el esperado encuentro entre Cortés y Moctezuma, cada uno acompañado de sus hombres. Cortés, por miedo a posteriores complicaciones, decidió hacer prisionero a Moctezuma y a parte de la nobleza gobernante del imperio azteca. Así, el conquistador preservaba su vida y la de sus compañeros y podía dominar todos los pueblos de Anahuac sometidos a su señor. Apoyado en sus capitanes y en sus aliados indígenas, se atrajo a todos los pueblos vecinos. 

La actitud de los aztecas comenzó tras estos hechos a ser hostil hacia los españoles. Se complicó más cuando tuvieron noticias de una expedición de Pánfilo de Narváez, que venía enviado por Diego Velázquez para hacer prisionero a Cortés acusándole de traición. Dejando en la ciudad a Pedro de Alvarado y otros amigos, Cortés fue al encuentro de las tropas de Narváez. Se enfrentaron y Narváez fue hecho prisionero y remitido a Cuba, mientras toda su hueste se pasaba al bando de Cortés. Llegaron entonces alarmantes noticias de Tenochtitlan: Pedro de Alvarado había permitido que los indios celebrasen una fiesta en el templo mayor, pero, atemorizado ante la multitud allí reunida, que podría atacarle, decidió masacrarlos. Esto provocó una enorme inquina en el pueblo, que vio cómo impunemente se asesinaba a sus sacerdotes y dirigentes. Comenzaron entonces ataques continuos a las casas donde estaban Moctezuma y los españoles. 

Cortés emprendió rápidamente el regreso y encontró a la población indígena en una actitud abiertamente hostil; era el 24 de Junio de 1520. La revuelta inicial había derivado en la rebelión total de un pueblo que quería mantener su independencia. Cortés obligó a Moctezuma a salir a una azotea para apaciguar a los suyos, pero una piedra lanzada contra los españoles le hirió gravemente, muriendo a los pocos días. Entonces, los españoles tuvieron que huir de la ciudad en la famosa Noche triste. Huyeron precipitadamente, a través de calzadas con los puentes destruidos, y muchos españoles e indios amigos fueron muertos o hechos prisioneros para ser posteriormente sacrificados. La hueste de Cortés fue huyendo hasta refugiarse en Tlaxcala, y días después, en Otumba, tuvieron un encuentro con los aztecas, a los que vencieron. 

Una vez que Cortés rehizo su hueste y que contó con nuevas armas y con más de 10.000 indios aliados, marchó sobre Tenochtitlan, cuya población entre tanto había sido mermada por una epidemia de viruela. El sitio a la ciudad, comenzado en el mes de Mayo de 1521, duró 85 días. Finalmente, Cortés hizo prisionero al nuevo tlatoani y tomó por fin la ciudad. Caída la cabeza de la confederación mexicana, los restantes pueblos se dieron a los españoles en paz y alianza. Cortés decidió edificar la capital colonial de México en el mismo lugar en que había estado emplazada la antigua capital azteca. 

Nombrado Cortés gobernador, justicia mayor, y capitán general de la Nueva España por Carlos V, y una vez pacificado y asegurado el territorio, comenzaron otros viajes de descubrimiento y conquista hacia el Sur (Guatemala, El Salvador), el Norte (Jalisco...), y Occidente, hasta las costas del Pacífico. Inmediatamente se inició también la conquista espiritual del territorio mexicano, iniciada por religiosos franciscanos, que desde el primer momento se esforzaron por aprender las lenguas nativas para facilitar la evangelización de los indígenas. 

La conquista del Perú.

Descubierta y colonizada Tierra Firme, como antes explicamos, fueron varios los capitanes que desde allí se adentraron en el interior del continente y oyeron hablar de un fabulosos imperio llamado Birú o Pirú, situado más al sur. El primero que logró tener noticias más o menos certeras de este señorío fue Pascual de Andagoya, quien no pudo completar su expedición por caer enfermo. Este territorio estaba ocupado en aquel entonces por el Imperio de los Incas; este pueblo había logrado hacerse con un extenso territorio que abarcaba la parte occidental de América del Sur, desde el actual Ecuador hasta el Norte de Chile. Su centro político se encontraba en la ciudad de Cuzco, desde la que los incas se habían ido extendiendo mediante intensas campañas militares. 

La empresa de descubrimiento y conquista del Perú fue llevada a cabo por el extremeño Francisco Pizarro, hombre de confianza de Pedrarias Dávila, el gobernador de Tierra Firme, que se había señalado ya en varias campañas. Formó sociedad con el soldado Diego de Almagro y con el clérigo Hernando de Luque. Tres viajes son los que se realizaron para abarcar la conquista del Perú. El primero de ellos, en el que partió Pizarro con 112 hombres mientras que Almagro quedaba atrás como proveedor, comenzó en 1524. El resultado de esta primera expedición fue negativo: sólo consiguieron miserias, enfermedades y luchas con los indios, pero estos contratiempos no impidieron que se proyectara un segundo viaje, que tuvo lugar en 1526. La reaparición del hambre y penalidades hizo que muchos quisieran volverse a Panamá, y cuando Pizarro pidió voluntarios para seguir adelante a la búsqueda del fabuloso reino, se vio secundado sólo por trece hombres, conocidos posteriormente como los Trece de la Fama, que se comprometieron a seguir adelante. En 1528, con la llegada de unos pocos refuerzos, Pizarro se decidió a explorar la costa ecuatorial y llegó así a la magnífica ciudad de Túmbez, donde vieron un anticipo de lo que sería el Imperio de los Incas. 

Para llevar a cabo la conquista del Perú, ante la negativa de ayuda por parte del gobernador de Tierra Firme Pizarro viajó a España para informar al Emperador de las nuevas tierras descubiertas. En 1529 se le otorgaba la capitulación para el descubrimiento y la conquista del Perú y se le concedía el cargo de gobernador. A su regreso a América comienzan los preparativos para el tercer viaje, que será el definitivo. Partieron de Panamá a principios de 1531, y cuando llegaron a Túmbez se encontraron con que la ciudad había sido destruida y que el país se encontraba en plena guerra civil entre Huáscar, Inca legítimo, y su hermano Atahualpa, hijos ambos del fallecido soberano Huayna Capac. 

Pizarro decidió internarse en el país y, a través de los Andes, pasando enormes penalidades, llegaron a la ciudad de Cajamarca, el 15 de Noviembre de 1532. Atahualpa tenía instalado su campamento cerca de la ciudad y Pizarro le mandó emisarios solicitando un encuentro; Atahualpa se dirigió a Cajamarca rodeado de unos 10.000 indígenas, y allí tuvo lugar el encuentro con los españoles. Fray Vicente de Valverde leyó al Inca un documento por el cual se le instaba a convertirse a la fe católica y someterse al Emperador, pero Atahualpa, al no entender nada, se enfureció, y a una señal convenida los españoles atacaron al séquito indígena, entre el que se produjo una gran mortandad. Pizarro logró hacer prisionero a Atahualpa mientras la mayoría de sus seguidores huían. Al verse prisionero, Atahualpa ofreció a los españoles un fabuloso rescate en objetos de oro y plata a cambio de su libertad. Comenzaron a llegar procedentes de todo el país maravillosas riquezas a Cajamarca. Mientras tanto, temeroso de que Pizarro se aliara con su hermano Huáscar, Atahualpa ordenó que mataran a éste. 

Presionado por algunos de los españoles ante las noticias que empezaron a correr sobre la supuesta traición de Atahualpa contra ellos, Pizarro condenó a muerte al Inca, desatando así las protestas de numerosos españoles que no estaban de acuerdo con la ejecución. Una vez consumada la muerte del soberano los españoles se dirigieron al Cuzco, donde Pizarro instauró como nuevo Inca a otro hermano de Atahualpa, Manco, quien más tarde encabezó una rebelión contra los españoles. 

En la actual Lima fue fundada la Ciudad de los Reyes, capital de lo que después será el virreinato del Perú. Todavía tendrán que pasar varios años antes de que la tierra quede completamente pacificada, pues además de la rebelión de los incas comienzan a producirse fricciones y enfrentamientos entre los propios españoles, que provocarán los asesinatos de Almagro y Pizarro. 

Pero ya los españoles pueden instalarse allí y comienzan a fundar los municipios. Desde el Virreinato del Perú se realizarán nuevas conquistas: hacia el Norte, las tierras de Colombia y el Orinoco; hacia el Sur, el indómito territorio de los mapuches y araucanos, actual Chile.

5.- LA INCORPORACIÓN DE LAS INDIAS A CASTILLA 

Un punto importante que es necesario tratar es el de la incorporación de las Indias a la Corona de Castilla. Aunque las expediciones de Colón y los viajes de otros navegantes que las siguieron fueron asumidos en su carácter de empresa personal por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, desde el principio hubo una voluntad clara de que las tierras descubiertas formaran parte de la Corona castellana. Las bulas de donación pontificia se refieren personalmente a Fernando e Isabel como reyes de Castilla y León y a sus herederos en esto, no a los reinos como tales. Las capitulaciones y la empresa se efectuaron en nombre de los reyes de Castilla, pues Aragón no tenía intereses ni derechos en el Atlántico, ni frente a Portugal. Pero también se han buscado otras explicaciones, como la compensación aragonesa por la ayuda castellana en las conquistas de Nápoles y el sur de Italia; otra posible causa es que, dada la menor fuerza de la monarquía en Aragón, Fernando prefirió implantar las instituciones castellanas, más autoritarias por la política absolutista y de refuerzo de la autoridad regia que seguían él e Isabel, y para evitar la aparición en las Indias de una nobleza tan privilegiada como era la aragonesa de la época.

6.- LA ACCIÓN DE ESPAÑA EN AMÉRICA

 ¿Cómo podríamos definir la labor de España en América? Los propios contemporáneos prefirieron evitar ese término de "conquista", por el sentido espiritual que quiso darse a la tarea que se llevaba a cabo en América desde el principio. "Pacificación" y "población" son vocablos que intentaron desplazar al de conquista, sin lograrlo totalmente.

Los reyes patrocinaron continuamente la conquista espiritual de todas estas tierras, sin descuidar el valor económico de las mismas. La coincidencia de ambos intereses tiene su explicación en la identidad entre Iglesia y Estado a que entonces se había llegado. Y los conquistadores intentaron cumplir el mandato de sus reyes, aunque a veces olvidasen el aspecto ético de su misión, interesados más en el afán de enriquecimiento propio. Por tanto, hay que atribuir la anexión de América en el siglo XVI a un ideal colectivo en el que se mezclaban intereses de mejora económica y social junto con objetivos religiosos.

El español del siglo XVI es un cristiano bien instruido y un hombre de fe, independientemente de que su conducta y su moral dejara más o menos que desear... En esa concepción trascendente de la vida se encuentra también arraigada la Corona española: los reyes, en función del Regio Patronato financian todas las expediciones misioneras que van a América. La Iglesia, sin la Corona, no hubiera podido evangelizar el Nuevo Mundo.

No podemos olvidar que la empresa americana estuvo llevada a cabo en la práctica por unos hombres que se encontraban en un entorno a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento con el afán de realizar hazañas que perpetuasen su memoria, ganar gloria, y conseguir ventajas económicas para cimentar su poder que caracterizaba al hombre renacentista. Tampoco dejaban de tener afán de medrar en la escala social.

 El desvelo apostólico de los reyes, evidenciado desde los primeros viajes colombinos, no fue tarea fácil de poner en práctica. No faltaron choques entre misioneros y conquistadores, y la Corona no supo decidir si era mejor que actuaran primero los guerreros y luego los religiosos, o al revés. Se intentaron las distintas formas posibles, con resultados muy dispares, lo que impedía tomar una decisión tajante.

Evangelizar y difundir la cultura occidental entre los indios significaba lo mismo en una época en la que la enseñanza corría a cargo de la Iglesia. Eran, pues, los religiosos los que educaban, pero también es cierto que muchos conquistadores secundaron esa inquietud misionero–educativa del Estado. En el orden intelectual implantaron la enseñanza en todos sus grados: al principio, los indios sólo podían acceder a la enseñanza que hoy llamaríamos primaria, pero nunca hubo una discriminación total al respecto: tuvieron abiertas las puertas de la enseñanza media e incluso de la universitaria, según las épocas. España llevaba la escritura alfabética y la lengua castellana, el gran elemento de unificación, puesto que existían cientos de lenguas distintas, de pueblos que no se entendían unos con otros.

   Los misioneros tuvieron que enfrentarse a una serie de problemas como eran la ignorancia de las lenguas indígenas o el que se encontraban faltos de experiencia, o la necesidad de improvisar métodos ante una situación que se daba por primera vez en la historia. Pero todo ello intentaron subsanarlo y lo emprendieron con fe y empeño, educando al indio en un nuevo sentido de la vida e inculcándole conciencia de su propia personalidad. Los frailes, en su celo evangelizador, comenzaron por indianizarse –aprender las lenguas y costumbres aborígenes– para mejor catequizar al indígena. Redactaron gramáticas y vocabularios, escribieron en lenguas nativas, y adaptaron música, liturgia y arquitectura a las necesidades que el pueblo sometido presentaba. Sin ese esmero no se hubieran conservado las lenguas nativas americana, y no se hubiera establecido ese intercambio entre las dos culturas.

   Nunca un pueblo que domina se adaptó tanto al dominado. Esto supuso uno de los más grandes logros de la labor de España en América, nunca igualado por otras empresas de descubrimiento. Pero junto a la evangelización existía una preocupación y un interés esenciales por poblar las tierras descubiertas. Ya que pertenecían a la Corona de Castilla, había que hacer eficaz esa anexión, y esto sólo sería posible si los españoles comenzaban a instalarse en las Indias con el mismo estilo de vida que se llevaba entonces en Castilla. El misionero llevó su fe y su cultura, pero el soldado cargó con otros elementos civilizadores necesarios para llevar a cabo este otro aspecto de la anexión. Pronto el conquistador se transforma de guerrero nómada en poblador sedentario. Comienza así lo que podemos denominar la vida cotidiana en la América española.

   El conquistador no sólo se adentra en América a buscar, también aporta: hablamos de la transculturación, sintetizada en la creencia en un solo Dios y el uso de una sola lengua. El conquistador lleva un bagaje civilizador que va sembrando al mismo tiempo que adquiere lo que las Indias le van aportando. La América indígena contribuirá con su legado en el arte, en las instituciones, etc. Y la naturaleza, rica en nuevos productos como la patata o el tomate, transformará la economía de Occidente. A cambio el poblador hispano le da al nuevo mundo trigo, cebada, arroz, morera, viñas, naranjas... distintas clases de ganado, la metalurgia y otras técnicas... El conquistador ya no es un mero soldado; es un colonizador, un poblador... Aparte de que el conquistador español no es puramente tal; muy pocos, entre los grandes capitanes, cuentan con antecedentes militares, y la hueste conquistadora está formada por campesinos y artesanos armados hasta hacerse cargo del territorio. Su condición guerrera era eventual; desaparecida la necesidad bélica, afloraba su auténtica condición, desarrollada antes en los campos de España. De este modo comienzan a aparecer los primeros asentamientos estables. Sometida la tierra, se procedía a escoger un sitio que reuniera condiciones favorables para la fundación de poblaciones; se repartían solares para las casas y campos para el ganado, dejando un terreno comunal en las afueras llamado ejido. Se formaba un cabildo municipal con sus alcaldes ordinarios, regidores, alguaciles, etc., que celebraba junta, tomaba juramentos, y abría un libro con el auto de la población, donde firmaban los conquistadores que quisieran avecindarse en la nueva población. A esta fundación seguía el establecimiento de tributos sobre el indio, en señal de vasallaje, y el reparto de encomiendas.

   La Corona quiso evitar que se produjeran entre los conquistadores intentos de autonomía respecto a la metrópoli. Para ello se les negaron los cargos de gobierno, que eran otorgados a funcionarios procedentes de la península que no hubieran participado activamente en la conquista. A los conquistadores se les premiaba con títulos, mercedes, tierras o indios; pero se los alejaba del mando de las provincias para disipar todo intento de independencia.

    También el indio salía beneficiado de lo aportado por los españoles al recibir nuevas simientes, animales, aperos y enseñanzas. Recordemos que los indios desconocían la vela, el arco, la rueda, el hierro o la escritura... Estas carencias fueron tratadas de subsanar por los españoles. Con una pobreza de medios técnicos que asombra para la época, España agregó el Nuevo Mundo a la Cristiandad, y llevó la cultura urbana de Occidente a unas regiones que, científica y tecnológicamente, estaban entonces a un nivel absolutamente arcaico.

   Otra manera de forma cultural que se produce como consecuencia del descubrimiento es la inmensa cantidad de páginas que se escribieron para narrar los hechos que estaban sucediendo en América. Muchos conquistadores y misioneros se convirtieron en improvisados cronistas, que, deslumbrados ante todo lo nuevo que estaban viendo, dedicaban horas y horas –muchas veces nocturnas, entre campaña y campaña– a redactar todos los hechos de los que se veían protagonistas. Surgen así las crónicas americanas, enorme cantidad de relatos, muchos de ellos espontáneos, que manifiestan el asombro de los castellanos que han llegado a tierras americanas. Unos narran las hazañas de los conquistadores; otros, los prodigios que se consiguen en la evangelización; pero, además, pronto surge con fuerza otro tema que interesa a muchos de los que van al Nuevo Mundo: ¿quiénes eran los antiguos pobladores de las tierras que están siendo conquistadas? Surge así toda una literatura dedicada a describir las características de las culturas prehispánicas.

    Gracias a estos cronistas espontáneos sabemos muchos datos acerca de las grandes civilizaciones prehispánicas, que de otra manera no hubieran llegado a nuestro conocimiento. La falta de un sistema de escritura entre los indígenas hizo que los narradores tuvieran que informarse a través de tradiciones orales, muchas veces legendarias, acerca del origen e historia de aquellos pueblos.

7.- AUTOCRÍTICA DE LA CONQUISTA

   Mención aparte merece el tratamiento que desde España se quiso dar a los habitantes de las tierras descubiertas. Por instrucciones que dieron a Colón el 29 de mayo de 1493, los soberanos ordenaban tratar a los indios amistosamente y castigar con severidad a quienes les hicieran daño. Por Real Cédula de 16 de Abril de 1495, la Corona ordenaba suspender la venta de esclavos indios. Y en Instrucción de 16 de Septiembre de 1501 la reina declaraba a los indios "libres y no sujetos a servidumbre". Por los trabajos que hiciesen se debía pagar a cada indio el salario que al gobernador le pareciera justo. Por Real Cédula de 2 de Diciembre de 1501 se ordenaba que fueran devueltos a las Indias los indios que Colón trajo a la Península y que como esclavos habían sido vendidos en Andalucía.

   Comienza así la complicada paradoja de los ideales paternalistas de la Corona mezclados con el interés económico que generó la anexión de tierras americanas. Viendo que el continente se despoblaba rápidamente, la Corona tomó una serie de medidas beneficiosas para los indígenas, aunque la avaricia y la astucia de los conquistadores supo convertirlas contra aquellos mismos cuyas desgracias se trataba de aliviar. Había empezado la lucha entre los ideales humanitarios de las Leyes de Indias y los intereses mercantilistas de la razón de Estado.

   El trato que debían recibir los indios dio lugar a cientos de escritos y de coloquios entre los intelectuales, juristas y teólogos de la época. De hecho, las quejas recibidas desde las colonias acerca de las injusticias que en algunos casos se cometían, y los abusos a que eran sometidos los indígenas por parte de algunos de los conquistadores y gobernantes, dieron paso a una polémica, que duró años, acerca del derecho de España a reinar en Indias. Como consecuencia positiva se puede alegar el nacimiento de un sistema jurídico orientado a salvaguardar la integridad del indio, considerado vasallo libre de la Corona, sobre la base de los derechos personales del individuo. Resulta interesante analizar el proceso que dio lugar a la autocrítica por parte de España de la conquista y anexión de las tierras americanas. En este sentido, es fundamental destacar que en ningún otro proceso de conquista se ha llevado a cabo una crítica tan dura como aquella a la que quisieron someterse los gobernantes españoles.

   La revisión crítica del proceso de anexión fue iniciada por las protestas alzadas por algunos religiosos contra los malos tratos recibidos por los indígenas en algunas zonas de las Antillas. Es significativo a este respecto el famoso sermón de Fray Antonio de Montesinos en La Española, en Diciembre de 1511. En este sermón, en cuya lectura estaban presentes las principales autoridades civiles de la isla, se denunciaban los abusos cometidos contra los indios por el sistema de encomiendas, que había conducido a que se produjesen esos malos tratos a los indígenas.

   Se planteaba así un problema que no se había previsto: las razones jurídicas y morales de la encomienda desde un plano realista, en cuanto al hecho en sí y en cuanto a sus consecuencias. Se convocó en Burgos una junta que estudiara el problema ético planteado, y se llegó a la conclusión de que el hecho en sí –obligar a trabajar al que no quisiera- era lícito, pero entonces había que resolver el hecho práctico, eliminando las consecuencias negativas del sistema de encomiendas, mediante la regulación de los deberes del encomendero y de la forma de realizarse las prestaciones. Fueron las llamadas Leyes de Burgos, que firmó el rey el 27 de Diciembre de 1512. A partir de ahora comienza un proceso de replanteamiento y una revisión crítica de los hechos de los españoles en América, que será una constante a lo largo de los años que dura la conquista.

   A partir de la Junta de Burgos surge un documento que tendrá vigencia durante algunos años y que se presenta como elemento clave: el Requerimiento, redactado por el doctor Palacios Rubio. Este documento, que quiere regular las nuevas conquistas, es la versión oficial de las bulas alejandrinas. Su fundamento era que los indios debían ser advertidos reiteradamente para que aceptasen voluntariamente su cristianización y vasallaje al monarca hispano, antes que tener que luchar contra ellos. Contenía las palabras que el conquistador debía leer a los indios antes de entrar a conquistar la tierra; estas palabras venían a ser una invitación a permitir la entrada pacífica de los españoles y la transmisión de su fe y su cultura, junto con la sumisión a la Corona de España. El Requerimiento reunía, a juicio de los peritos, las condiciones necesarias para que los nativos se dieran perfecta cuenta de la conveniencia de acoger voluntariamente el supremo poder espiritual del Pontífice y el temporal del rey, con las consecuentes ventajas de su aceptación y los graves inconvenientes –esclavitud, muertes, botín, repartos...– de su rechazo.

   Pero pronto se escuchó en América otra voz que va a ser también decisiva en el problema de conciencia planteado a la corona: la de fray Bartolomé de las Casas, dominico, y antiguo encomendero de indios, quien protestaba enérgicamente contra los abusos cometidos por los españoles en las personas de los indios. Nuevamente las autoridades españolas se cuestionan si se está llevando a cabo de forma adecuada la penetración en América. A las protestas de Las Casas se une la reflexión serena de Francisco de Vitoria, que enjuicia el problema desde un punto de vista teológico y jurídico, planteando una crisis de conciencia nacional, que será asumida personalmente por el Emperador Carlos V. Vitoria plantea el problema de los Justos Títulos: si España tenía realmente derecho a la conquista de las Indias, y concluye una serie de causas por las que no sería beneficioso que se abandonaran las tierras conquistadas, entre las que se encuentra la necesidad de continuar con la evangelización. Pero ya no se justificaba de ninguna manera el derecho a hacerles la guerra a los indígenas, ni a que se cometieran abusos por parte de los españoles.

   Nuevas denuncias del sistema de encomiendas y los abusos a que había conducido darán lugar a la elaboración de las Leyes Nuevas de 1542. Estas leyes inician la reforma administrativa de las Indias y suspenden el sistema de encomiendas. Ante las alegaciones de Las Casas y de otros frailes, que no sólo condenaban ciertos abusos cometidos en el Nuevo Mundo, sino que opinaban que el rey no tenía derecho alguno a conquistar aquellos países y que debía restituir el Perú al Inca, la doctrina de Vitoria acerca de la necesidad de mantener la fe de los conversos contribuyó a que el rey Carlos I no abandonara la acción indiana.

   En dichas Leyes Nuevas, además de tomar una serie de medidas reformadoras acerca de las instituciones de gobierno indiano, se tiene muy en cuenta a la persona del indio. En ellas se declara solemnemente que el principal intento y voluntad real siempre ha sido y es "la conservación y aumento de los indios", y que sean instruidos y enseñados en la fe católica. Se trata especialmente el tema del trabajo de los indios, dando soluciones prácticas para evitar los abusos en ese campo, y queda abolida de modo tajante y definitivo la esclavitud. El sistema de encomiendas sufre una profunda reforma, y de hecho se prohibe la concesión de nuevas encomiendas. El buen tratamiento de los indios es una preocupación constante en estas normas, y además se extiende a sus bienes, de modo que cualquiera que mate o injurie a cualquier indio, o tome su mujer o hija, o le agravie de cualquier modo, sea severamente castigado.

   Las Leyes Nuevas y su rigurosa aplicación provocaron una serie de violentas oposiciones, pues los poseedores de encomiendas se consideraron perjudicados y vejados por sus cláusulas. Reacciones tumultuosas contra las Leyes ocurrieron en Nueva España y en Perú y originaron enfrentamientos entre los propios españoles. Pero aunque hubo que hacer algunas modificaciones ante las protestas suscitadas, las Leyes Nuevas de 1542-1543 constituyen la gran reforma legislativa de Carlos I en las Indias.

   Es difícil realizar un balance de un hecho histórico de tan gran envergadura como es el descubrimiento y la anexión de América por parte de la Corona española. Lo que es indudable es que la magnitud de la empresa fue enorme. España llevó a cabo una tarea que desbordaba a las posibilidades de cualquier estado de los siglos XV y XVI. Como en todo acontecimiento histórico, hubo luces y sombras, ya que cualquier tarea emprendida por hombres lleva el sello inconfundible de la mezcla de grandeza de espíritu y ruindades particulares. En cualquier caso, los objetivos perseguidos por la Corona tuvieron en todo momento un doble carácter, material y espiritual. No se desdeñó, lógicamente, el beneficio que el descubrimiento podía traer para un país que se hallaba comprometido en acciones europeas que minaban su economía. Pero en todo momento se procuró, desde el Estado, que ese beneficio no se lograra en perjuicio de los intereses de los habitantes de las tierras descubiertas.

   El desvelo de la Corona por los indígenas americanos se manifestó en la gran empresa de evangelización llevada a cabo, de la que siempre se sintieron responsables, y en el importante cuerpo legislativo que fue creándose para proteger y amparar los derechos del indio. La actitud crítica ante los propios hechos suscitó además toda una corriente jurídica que analizaba los derechos y la forma de anexión, y que constituyeron el precedente del Derecho Internacional. Todo ello supuso un cambio radical en el enfoque de las relaciones entre los pueblos y en el reconocimiento de los derechos de las personas.

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