En
enero de 2007 se vuelve a verificar una caída de
turistas argentinos respecto al mismo mes del
año anterior del orden del 20%. Obviamente es
nula por el puente de Fray Bentos. Las cifras
de la primer quincena de febrero muestran
exactamente lo mismo.
En
síntesis, a partir de los cortes en los puentes
el número de turistas argentinos en nuestro país
disminuye radicalmente

Si
bien es cierto que en 2005-2006 la
competitividad de Uruguay respecto a Argentina
empeoró, es decir que Uruguay estaba “caro” para
los argentinos[i],
la consultora Tea Deloitte y Touch estimó que
ello jugó un papel secundario en la contracción
del turismo y que la misma se explicó
básicamente por los cortes de ruta. Varios
trabajos argumentan que el tipo de cambio real
no es el principal factor que juega en la
decisión de los argentinos de venir a nuestro
país sino que pesa más la evolución de sus
ingresos. El crecimiento sostenido del PBI en
Argentina fomentaría la decisión de hacer
turismo en Uruguay y esto no ocurrió. De hecho
en 2005 se verificó una mayor salida de
argentinos al exterior en el primer semestre del
año (el número de salidas por el aeropuerto de
Ezeiza aumentó un 5%), y si los argentinos
viajan más sería esperable que en mayor número
eligieran como destino turístico a Uruguay[ii].
Las
cifras de la temporada 2007 vuelven a confirmar
el impacto negativo que tienen sobre la
actividad turística las medidas de corte. En
este año, ¿es posible explicar esta reducción
por factores ajenos a los cortes de puentes? La
respuesta terminante es NO. La
competitividad con argentina no ha variado con
respecto al año anterior – de hecho, tuvo una
leve mejora producto de la estabilidad cambiaria
en ambos países y de una inflación mayor en
argentina –, otros destinos turísticos
regionales alternativos a Uruguay se
encarecieron en términos relativos (turismo de
playa en Brasil) y la economía argentina
continuó expandiéndose a una tasa elevada, por
lo que bajo iguales condiciones que las del año
pasado era de esperar un aumento significativo
del turismo argentino. La única explicación
plausible a la reducción del mismo es la
agudización del conflicto, con la carga de
incertidumbre que agrega el hecho de que en esta
ocasión se han llegado a cortar todos los
puentes por lo que los argentinos no podían
tener la certeza que, aún recorriendo más
kilómetros, iban a poder ingresar a Uruguay o
regresar a su país sin enfrentarse con la
realidad de los piquetes en los puentes.
Declaraciones de Hector Araujo, presidente del
Centro de Hoteles, confirman esta hipótesis,
cuando afirma que en ese período se registraron
miles de cancelaciones de reservas realizadas
previamente en hoteles uruguayos, como
consecuencia los cortes de ruta y por todo el
clima de conflicto vivido en el país, ya que
“quien viene de vacaciones quiere paz”.
Los
visitantes ingresados a Uruguay en la temporada
2006 gastaron en promedio 49 dólares por persona
por día (Ministerio de Turismo). Si se
multiplica esta cifra por la reducción
registrada del número de turistas, por el tiempo
promedio de estadía de cada uno, se tiene idea
de la magnitud de pérdida de divisas por este
motivo. Teniendo en cuenta además que era
esperable que el número de turistas aumentara
las pérdidas son mayores aún.
Por
su parte las empresas de transporte de pasajeros
tuvieron que soportar grandes costos no sólo por
menor venta de pasajes sino porque en muchos
casos hicieron los viajes igual pero cruzando
por Salto, lo que implica 437 kilómetros y seis
horas más de viaje. Estiman que esto tiene un
costo adicional de 500 dólares por viaje, y
además del costo económico perjudica la imagen
de las empresas porque “a los pasajeros les
molesta mucho esta situación”[iii].
3.
Empleo
Los
impactos en el empleo son tal vez la
cuantificación más difícil de realizar, aunque
es posible hacer algunas consideraciones.
Las
medidas adoptadas por los argentinos impactan
directamente sobre la actividad de los
comercios, hoteles, restaurantes, telecentros de
Antel, despachantes de aduana, transporte de
pasajeros, transporte de carga, changadores,
etc. y por lo tanto afectan el empleo en estos
sectores. Según datos del Ministerio de
Relaciones Exteriores establecimientos
comerciales de diferentes rubros enviaron a sus
trabajadores a seguro de paro e incluso cerraron
sus puertas, como consecuencia de los cortes de
ruta.
Es
indudable que existe un perjuicio
particularmente importante para el departamento
de Río Negro en general y para la ciudad de Fray
Bentos en particular. Si se analizan las cifras
de trabajadores en el seguro de paro para este
departamento se observa que el número aumenta de
manera importante mientras los puentes están
cortados. Si bien puede haber algún componente
estacional sin duda las cifras corroboran el
fuerte impacto en el empleo que han tenido estas
medidas.

En noviembre y diciembre de 2006 nuevamente
el número de trabajadores amparados en el
seguro de paro vuelve a aumentar en Fray
Bentos siendo respectivamente 225 y 304.
Estas cifras ilustran tan solo los impactos
directos en la ciudad más próxima al puente
cortado durante mayor tiempo, pero sin duda,
tal como fuera mencionado en los puntos
anteriores, los impactos sobre el empleo son
mucho mayores dado el conjunto de
actividades afectadas.
Debería estimarse la pérdida de puestos de
trabajo vinculadas al transporte terrestre
de pasajeros, al internacional de carga y
todo el impacto empleo en el sector de
servicios vinculados al turismo (comercios,
restoranes y hoteles).
Algunas consideraciones adicionales
El conflicto no afecta el nivel de actividad
y el empleo exclusivamente a través de su
impacto sobre los sectores directamente
involucrados (transporte, turismo). Como se
mencionó, afecta directamente la
competitividad de la economía uruguaya al
hacer más engorroso y costoso el ingreso de
insumos imprescindibles para distintas ramas
de actividad y al incrementar los costos
asociados al comercio regional. Exportar e
Importar desde Chile, Paraguay y ,
obviamente, Argentina se convierte en una
Odisea, y si bien los camiones finalmente
“pasan” – argumento esgrimido desde la
vecina orilla – no siempre lo hacen en
tiempo y forma, y generalmente implica un
plus de costos que afecta la actividad de
comercio internacional.
Uruguay es un país pequeño, conectado al
mundo a través de sus puertos – en especial
Montevideo – y sus fronteras terrestres con
Argentina y Brasil. Es un país que depende
crucialmente de su capacidad de comerciar
sin trabas y de permitir la circulación de
personas con sus vecinos. Por esta razón,
la situación conflictiva debe ser
caracterizada como un bloqueo parcial de la
actividad económica del país, puesto que
afecta una de las principales vías de
comunicación hacia el exterior, no solo con
argentina, sino también con otros países de
la región cuyo comercio con Uruguay se
procesa a través de la frontera con
Argentina.
A esta situación debe agregarse el impacto
indirecto. El conflicto se agudizó y eso ha
provocado un grado de enfrentamiento que va
más allá de lo racional, lo cual genera
trabas de otra índole al ingreso de turistas
argentinos. En muchos casos, el argentino
que decide veranear en Uruguay es
visualizado como un “traidor”. Si alguna
duda cabía, los actos frente a la terminal
de Buquebus se encargaron de eliminarla.
Adicionalmente, y lo que quizás resulte más
grave, esta situación ubica a Uruguay en el
mundo como una zona conflictiva. ¿Que
certezas puede tener un inversor que desee
instalarse en el país?. ¿Construir más
hoteles para qué turistas? ¿Más casas y
apartamentos de veraneo para qué mercado?
¿Una fábrica cerca del río Uruguay para
enfrentarse a la posibilidad de reacciones
de todo tipo desde la vecina orilla?. El
conflicto para Argentina es acotado – apenas
si se da en una pequeña franja de su extensa
frontera, y con un país que tiene una
participación menor en su comercio
internacional y en su flujo turístico –,
para Uruguay es determinante.
A nadie le puede
extrañar que frente a esta situación en la
sociedad uruguaya comience a imperar un
deseo de lograr su desarrollo a partir de
relaciones económicas fuera de la región.
Este deseo puede no apoyarse en bases
conceptuales sólidas, pero sin duda se
origina en la impotencia de un daño
ocasionado que no parece perturbar la mente
de los gobernantes argentinos. Sus vecinos,
y en particular el gobierno argentino, no
muestran preocupación del daño que genera un
conflicto que para ellos tiene consecuencias
económicas menores, pero que tiene un
impacto aún inmensurable para Uruguay.
Argentina – a veces con declaraciones que se
entrometen en la vida política interna –
exige una lealtad con el MERCOSUR a Uruguay,
mientras que le niega las herramientas
básicas que Uruguay requiere para que la
integración regional constituya un mecanismo
idóneo para su desarrollo económico y
social. El MERCOSUR es la mejor estrategia
que tiene el país, pero las reglas de juego
no pueden validar el bloqueo económico como
mecanismo de protesta, más cuando ese
bloqueo abarca una porción muy significativa
de las fronteras del país con el resto del
mundo.
Y la asimetría es evidente: si el bloqueo
fuera a la inversa – uruguayos bloqueando
los puentes – además de suicida, sería una
medida casi inocua para Argentina…el bloqueo
argentino genera un impacto económico
sumamente importante para nuestro país.
En este marco, las estimaciones del gobierno
uruguayo sobre el impacto de los cortes
parecen razonables, siempre y cuando se
tomen en cuenta únicamente los costos
directos. A fines de marzo de 2006 el
gobierno estimaba que los cortes de ruta
provocaron en Uruguay pérdidas por 400
millones de dólares lo que equivale al 2.3%
del PBI anual del país. Esas cifras deben
ser sin duda actualizadas. Y, dada la
extensión en el tiempo del conflicto y el
hecho que no se avizora una pronta
resolución, comienza a ser necesario
cuantificar los impactos indirectos de esta
realidad.
[i]
Es importante considerar hasta abril porque
la semana de turismo en 2005 fue en marzo
mientras que en el 2006 fue en abril.
[ii]
La competitividad se mide por el Tipo de
Cambio Real bilateral que surge de
comparar los precios de los principales
socios comerciales de Uruguay, en este
caso Argentina, expresados en dólares,
con los precios uruguayos, también en
dólares. Si los precios en dólares del
país aumentan, los compradores externos
encontrarán más caros nuestros
productos, ante lo cual tendrán menos
incentivos para comprarlos; esta
situación sería reflejada por una caída
del TCR. En el primer semestre de 2006
Uruguay perdió competitividad respecto a
Argentina (-0.6%) .
[iii]
Declaraciones en Radio el Espectador
17/10/06
[iv]
Diario El Observador 13/10/06