por
Roberto Aruj
politólogo argentino
"Así
pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura. A
la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo
tiempo que el infantilismo. Cuando no es la identidad cultural
la que encierra al individuo en su ámbito cultural y, bajo
pena de alta traición, le rechaza el acceso a la duda, a la
ironía, a la razón - a todo lo que podría sustraerle de la
matriz colectiva -, es la industria del ocio, esta creación
de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del
espíritu (como se dice en América, de entertainment). Y la
vida guiada por el pensamiento cede suavemente su lugar al
terrible y ridículo cara a cara del fanático y del
zombie."
Alain
Finkielkraut
1.
Contexto Referencial.
El elemento
revolucionario constitutivo de la Modernidad, fue la ruptura
con la cosmovisión teológica del orden social y la
constitución de una nueva cosmovisión en la que la Razón
como atributo del hombre, fue un instrumento de
transformación del mundo, por el cual puede pensarse a si
mismo en su subjetividad.
El lenguaje que
estaba cargado de entelequias y desprovisto de certezas
racionales comienza, con Newton y Kant, a depurarse,
otorgándosele formas más transparentes, ordenándolo
alrededor de lo matemático (lenguaje científico).
El sujeto pasa
a ser conciencia, objetivo (matriz del Iluminismo), despojando
a las cosas de cualquier misterio. Se funda a sí mismo y se
vuelve autorreferencial, vinculado al pensamiento de la
creación ex nihilo judeo cristiana.
El sujeto
cartesiano nace sin raíces, la razón es su núcleo.
Vervaliza su existencia a partir de la ratio.
Para el
Renacimiento, la idea de perfección esta en el pasado que
hemos extraviado (Nietzsche retomará esta idea a lo largo de
su obra). Para los pensadores de las luces (Condorcet) la idea
de perfección está adelante. La naturaleza le otorga al
hombre conocer cada vez más la naturaleza humana buscando la
perfección.
Para la
modernidad no hay límites. El hombre es el que construye el
sentido de su propia acción. No hay una previa articulación
externa. Los individuos son dueños de su propia acción.
Como reacción
a la hegemonía cultural y científica de la Razón autónoma,
se constituyeron dos corrientes de pensamiento:
Una que
provenía del Neokantismo, la cual rompe con esta escuela
(Nietzsche) proponiendo la postura del anti método en tanto
abolición de la razón. En esta corriente encontramos a la
filosofía de la sospecha, que duda de la certidumbre del
racionalismo metódico y termina en una negación radical y
absoluta de la racionalidad moderna (Heidegger, Derrida) .
La otra, surge
como reacción contra el método de la razón absoluta,
instrumental y trascendental, proponiendo como alternativa la
razón crítica, sustentada por Marx y sus continuadores
(Gramsci y la Escuela de Francfort).
En este trabajo
nos vamos a abocar al análisis de la Posmodernidad como
sustento ideológico filosófico del Neoliberalismo. Nuestro
punto de partida es la relación de las diferentes
concepciones que pertenecen a la primera de estas corrientes
desde la reflexión crítico metodológica de la segunda.
Para intentar
comprender la situación socio económica y política por la
que atraviesan las sociedades latinoamericanas en particular,
y la sociedad planetaria en general, en su relación con el
capitalismo del fin de milenio, debemos analizar la
asociación entre el neoliberalismo como práctica política y
económica y el posmodernismo como su sustento filosófico,
los que han permitido que el sistema capitalista se halla
mantenido pese a sus constantes crisis , importantes
contradicciones y a las contingencias de la naturaleza.
El pensamiento
posmodernista representa el correlato de la hegemonía que el
discurso dominante neoliberal ha puesto en práctica a través
de diferentes mecanismos.
Al mismo tiempo
que identificamos esos mecanismos que representan las formas
de control, disciplinamiento y subordinación, debemos
desmitificar las supuestas diferencias éticas e ideológicas
asignadas entre el liberalismo y el neoliberalismo.
2. Punto de
partida.
El
neoliberalismo, como corriente de pensamiento, comienza a
configurarse en los años 40 con la obra de Friedrich Hayek,
"El Camino de la Servidumbre" . Después de tres
décadas de deambular por los ámbitos académicos, los
sectores dominantes del poder político lo comienzan a asumir
y lo pondrán en práctica en las principales naciones del
capitalismo industrializado. Estos sectores vieron en esta
nueva doctrina la posibilidad de poner en práctica los
programas de ajuste y reestructuración necesarios para salir
de la crisis de acumulación del régimen fordista y por ende
del salvataje del sistema en su conjunto. Estados Unidos, Gran
Bretaña y Alemania fueron los países que asumieron con mayor
dinamismo el proceso de reestructuración política y
económica que llevó progresivamente a la derechización de
gran parte del mundo en la década de los 80 y 90. Nos
encontramos ante un verdadero proyecto hegemónico de escala
planetaria.
"La
respuesta neoliberal es simplista y engañosa: promete más
mercado cuando, en realidad, es en el propio mercado donde se
encuentran las raíces de la exclusión y la desigualdad. Es
en el mercado donde la exclusión y la desigualdad se
reproducen y se amplían. El neoliberalismo nada nos dice
acerca de como actuar contra las causas estructurales de la
pobreza; por el contrario, él actúa
intensificándolas".
Lo que ha
permitido que este sistema siga funcionando en la
cotidianeidad, fue la construcción de una serie de
representaciones que introyectan en los sujetos un imaginario
socio cultural que los condiciona. De tal manera se produce
esa influencia, que los hace operar con el sentido común como
valuarte de un conocimiento vago y fragmentado, sin
consistencia, acrítico y superficial. Estas representaciones,
manipuladas por los mensajes mediáticos, dirigen las
conciencias por caminos que generan el consenso rutinario,
trazados por la tecnocracia que sirve a los fines de la elite
dominante.
El imaginario
social instituye significaciones para cohesionar a los sujetos
sociales, guiando las subjetividades para construir realidades
y crear de esta manera personalidades dependientes y sumisas,
seguidoras del proyecto impuesto, quienes desempeñarán
papeles que pertenecen al guión escrito por otros, dejándose
llevar por los acontecimientos.
En esta
situación la actividad individualista supera cualquier
posibilidad de construcción colectiva, manifestándose a
través de la ruptura con el otro, el narcisismo y la
vinculación enajenante con el medio, entre otras cosas.
En palabras de
Blas de Santos , "La incertidumbre por el porvenir
rechaza la conexión con todo proyecto que desborde la certeza
en la salida por la propia iniciativa y la desconfianza en los
proyectos colectivos. Estos últimos han quedado asimilados
traumáticamente al fracaso de las economías populistas y a
la despiadada represalia que desencadenó el paso a la acción
directa, cuando grandes masas creyeron que había llegado el
momento de tomar el problema en sus manos, sin esperar
soluciones de quienes no los padecieran".
Aquí podemos
vincular la realidad impuesta con el sustento filosófico que
le ha dado vida a través del posmodernismo, el nihilismo
filosófico, la desconstrucción e incluso el destruccionismo
Heideggeriano.
3. Heidegger
y la Deconstrucción
Heidegger es el
pensador que ha desarrollado una filosofía de carácter
acrítica que elimina al sujeto histórico como reconstructor
de la realidad, como reconstructor de la historia. Lo elimina
en base al razonamiento de que la filosofía dominante ha
aniquilado la realidad. Los sujetos no existen sino que hay
seres que devienen. Ser, en tanto ente envuelto en un devenir
en el cual el sujeto es un receptor de esa dinámica.
De esta forma
se elimina a los grandes protagonistas del modelo hegeliano.
Pero realmente lo que se está eliminando es la posibilidad de
la construcción de la historicidad y la concepción
filosófica de la libertad.
El discurso
triunfante en este presente nos indica vivir sin tener en
cuenta la historia y esperando la llegada de la muerte. En
esta espera se debe vivir lo cotidiano de una manera
individual, tratando de recoger para sí todo aquello que
esté a la mano.
Otro de los
mecanismos que se implementan es la despolitización de este
sujeto individual, actor, individuo, para lo cual los medios
de comunicación juegan un papel fundamental para lograr ese
proceso.
Se vive en
función de lo inmediato, no se piensa en perspectiva, el
mundo no tiene futuro, "el futuro ya llegó". La
historia no tiene sentido en relación a lo que vendrá.
Si lo
conectamos con la desconstrucción, planteada por J. Derrida,
con el ser que mira, que observa lo que pasa y no participa
por ser un simple espectador anónimo, con el ser
contemplativo de Heidegger, podemos vislumbrar con mayor
seguridad el triunfo del proyecto político y económico del
neoliberalismo, el cual se ha ocupado de impedirle a los
sujetos que puedan recomponer sus lazos de solidaridad,
proyectar en función de una transformación, controlando
todas sus acciones, insentivando la fragmentación que
gobierna al mundo en todos sus planos.
Este fenómeno
lo podemos observar a través del discurso que impone el
concepto de globalización desde la fragmentación,
estimulando esta idea, como propuesta neoliberal, en la
instancia actual, como filosofía estructurada en el
posmodernismo.
4.
Globalizar para Gobernar.
El proceso de
globalización es definido por Nestor García Canclini como la
transición de identidades modernas a identidades posmodernas.
Las primeras se las caracteriza como territoriales y
monolinguísticas y suponen la subordinación de las regiones
y etnias. Las segundas en cambio, "se estructuran menos
desde la lógica de los Estados que de los mercados, en vez de
basarse en las comunicaciones orales y escritas que cubrían
espacios personalizados y se efectuaban a través de
interacciones próximas operan mediante la producción
industrial de cultura, su comunicación tecnológica y el
consumo diferido y segmentado de los bienes".
Esta posición
es descriptiva y ecléctica y no refleja la realidad de este
proceso, más aun, introduce elementos que llevan a la
confusión.
La
globalización no es más que un nuevo rótulo que asume la ya
tan conocida transnacionalización de la economía que hoy
somete a la política y a la cultura en todos sus matices.
El discurso de
la globalización construye un imaginario que introyecta la
ilusión de un mundo mejor en el cual hay una seudo libertad,
consumismo, hedonismo y la búsqueda constante y posible de
una mejor calidad de vida por un camino individual.
El proyecto
neoliberal de la globalización, tiene como premisa lograr el
desarrollo de la humanidad sin tener en cuenta los costos que
ello implique, apuntando a que un sector (aquellos que
detentan el poder y algunos de sus seguidores) subsista hasta
el final del camino.
Para ello ha
desplegado una serie de instrumentos que junto con el
desarrollo de la tecnología le han permitido una mayor
eficiencia para lograr y mantener ese control.
Esta elite
dominante tiene un conjunto de funcionarios (orgánicos del
consenso), que intentan mantener su condición a través de
una competencia que no tiene límites en su desarrollo y que
ha sido asumida como parte de nuestro engranaje social. Asumen
su condición en la medida que puedan satisfacer sus
necesidades individuales. Se dan cuenta de lo que sucede pero
deben negarlo para poder operar dentro del sistema. Su fin
último es no quedar fuera, por lo cual hacen todo lo
necesario, incluso aceptando las reglas que les imponen y que
los controlan sin abrir ningún tipo de juicio crítico ni
reflexivo.
Dentro de este
cúmulo de personas que sostienen el sistema, se seleccionan a
los más capaces cooptándolos para luego prepararlos para
ocupar los puestos gerenciales tecnocràticos necesarios para
mantener a la sociedad disciplinada.
Estos mandatos
que condicionan a los sujetos están constituidos por factores
externos e internos. Los primeros son el producto de la
influencia que ejercen las políticas de ajuste,
privatización y de subordinación a los organismos
internacionales de control económico (Banco Mundial, Fondo
Monetario Internacional y el BID), que se manifiestan a
través de la flexibilización laboral por ejemplo, creando
las condiciones de competencia necesaria donde la exclusión
surge como un fantasma que atemoriza, sobre todo a aquellos
sectores que han logrado observar y tener contacto con el
paraíso del consumismo capitalista.
Este proyecto
ha logrado intervenir en el Sistema Educativo, último
bastión del contradiscurso, lo que le permite un mayor
control sobre las generaciones futuras, las cuales estarán
condicionadas aún más que las que interactúan en las
circunstancias descriptas.
Por otro lado,
los factores internos son aquellos que se producen como
consecuencia de las relaciones intersubjetivas las cuales dan
cuenta de una serie de conflictos no resueltos que impiden la
posibilidad de comprender lo que le está sucediendo al
individuo afectado por los condicionamientos sociales y a la
vez elaborar respuestas alternativas para superar las
condiciones de sumisión en que se encuentra. La situación de
alienación con la que debe convivir es alimentada
constantemente para impedirle un reencuentro consigo mismo,
una toma de conciencia de su situación y una reflexión
profunda que le permita escapar de la estructura que lo oprime
y domina.
Es indudable
que la producción de tecnócratas y de consumidores va
acompañado de la producción de excluidos, sin los cuales
sería inconcebible el desarrollo de la humanidad desde las
posturas neoliberales y del darwinismo social.
Solo llegaran
aquellos que puedan incorporarse y adaptarse a la dinámica
que imprime el sistema aguantando los embates de la
depuración. El resto desaparecerá.
Un ejemplo muy
claro de esta situación se puede encontrar en el Continente
Africano, donde la vida de millones de personas no vale nada,
y podría preguntarse por que los países mas desarrollados
del planeta no hacen ningún esfuerzo para modificar esa
situación.
Malthus hace ya
bastante tiempo había prevenido sobre esta situación de
desigualdad, marcando los tiempos de la humanidad en torno a
quienes serían los herederos del mundo y quienes quedarían
en el camino.
El incremento
de la pobreza masiva (actualmente llamada pobreza critica), la
mortalidad infantil, las enfermedades endémicas y pandémicas
nuevas (SIDA) y viejas (cólera, paludismo), las guerras o la
disminución de la tasa de consumo, aparecen como algunos de
los indicadores de las perturbaciones que el neoliberalismo
imprime con su proyecto a gran parte de la población mundial.
La
profundización de los conflictos en todo el mundo marcan una
crisis del capitalismo, que han logrado sobrellevar debido al
desarrollo constante de un cúmulo de tácticas y estrategias
organizadas, estructuradas y dirigidas por intelectuales y
técnicos que incluso pertenecen o pertenecieron a las filas
de los grupos contestatarios del sistema en otra época de la
historia.
Se debería
pensar si esto que se viene produciendo desde hace un tiempo
en forma no tan sistematizada, no se ha transformado en una
constante.
Pese a todos
los conflictos los medios de comunicación muestran un mundo,
otro mundo, de bienestar de lujos de exuberancia al cual
podemos y debemos acceder. Un mundo de grandes ganadores en
donde los perdedores también ganan y no se resignan sino que
siguen compitiendo (algunos programas de televisión, llamados
de entretenimiento, son un ejemplo de este tipo de actitudes).
La erosión del
principio de realidad que preanuncia Vattimo , es la ilusión
que la banalidad del discurso mediático descarga
permanentemente haciendo creer posible la realización del
deseo por la liberación del principio de placer.
5. Ilusión
y Sumisión.
El progresivo
deterioro de la calidad de vida de grandes sectores de la
población en América Latina, se contradice con el discurso
de progreso y desarrollo (como declara Menen que la Argentina
es un país del Primer Mundo) que manifiestan diferentes
núcleos de poder. Éstos, han logrado introyectar en gran
parte de la población la ilusión de que se puede acceder a
los bienes de consumo y a un alto nivel de vida, compitiendo
en un mercado abierto en donde las oportunidades están a
disposición de todos.
Este proceso se
ha logrado progresivamente, dirigiendo las conciencias,
aplacando los impulsos y negando la posibilidad de pensar en
algo que sea diferente a lo programado por los grupos que la
dominan para la sociedad en su conjunto. En todo caso, y si
fuera necesario, la ley es un buen recurso para encausar a
aquellos que se descarrilan o a los infractores del "bien
común" impuesto por el sistema. Pero si la
"ley" no alcanzase, la represión y/o la
militarización siempre están preparadas para actuar y llegar
a tiempo para mantener el orden. Existe tanta impunidad dentro
del sistema para los grupos dominantes, que estas formas de
gobernar aparecen como un derecho constituido para que la
sociedad siga el curso trazado y nadie pueda poner en duda los
puntos centrales del proyecto capitalista.
Para mantener a
la población tranquila y creída de que las libertades
individuales se respetan y toda las críticas no son más que
parte del "discurso anacrónico de los marxistas en
extinción", el discurso político hegemònico transmite
en todos los países en donde su influencia es importante una
imagen falsa de los acontecimientos, ocultando y manipulando
la información, es un discurso adaptativo e ilusorio que
muestra hacia el exterior una realidad falseada por los
intereses particulares de los sectores dominantes locales .
La humanidad
está atrapada por el ejercicio cotidiano de la sumisión,
enajenados por el discurso político hegemónico que nos
plantea que debemos competir para no pertenecer al grupo de
los excluidos presentes y futuros marginados o desaparecidos
del mundo que se está construyendo para el próximo siglo. De
cada uno de los individuos que habita la fas de la tierra
depende esta premisa, pero de cada uno como individuos
separados de los otros, ya que el otro es un competidor que
quiere y puede, si se lo propone, ocupar el lugar que le toca
al otro en el reparto de lo escaso, sobre todo en aquellas
sociedades condenadas a la exclusión.
Así es que
aunque muchos manifiesten su descontento, a la hora de
participar, de movilizarce de proponer o apoyar algún tipo de
transformación, el vacío de la voluntad colectiva los lleva
a la paralización, desarrollándose una aniquilación
progresiva de su subjetividad y los convierte en
"actores" que se dejan llevar por los
acontecimientos.
La frase de
Peter Drucker sirve de ejemplo para mostrar el carácter de lo
necesario para esta época. "El paso del saber a los
saberes ha dado al primero el poder de crear una nueva
sociedad; pero esta sociedad tiene que estructurarse sobre la
base de que el saber tiene que ser especializado y las
personas con saber tienen que ser especialistas."
Todos aquellos que no se especialicen están condenados a
realizar tareas de segunda categoría o quedar excluídos del
sistema. Es claro en la afirmación de este autor la
fragmentación que se produce entre aquellos que pueden
acceder y aquellos que no. Las especialidades son un
privilegio de todos aquellos que tienen las posibilidades de
especializarse.
En este
contexto, los individuos dejan de invertir energía en lo que
desean y comienzan a operar como se les reclama, esto es
técnica, rapidez, eficacia. La disciplina se encuentra en
pleno funcionamiento. Se trata de hacer más dóciles a los
sujetos, con el fin de hacerlos más útiles. Para esto se
pone en marcha la distancia entre lo deseado y lo realizable
que Foucault entiende como una serie de mecanismos que tiendan
a desarticular y desgranar, esto es disociar al sujeto. El
poder debe tener el absoluto dominio, debe poder controlar
todos los movimientos, pero debe ser a la vez invisible;
vigila pero no se lo puede vigilar.
6.
Posmodernismo, Discurso y Consenso.
Que es lo
singular del discurso hegemónico que hoy expresa la
dominación?
Lo que aparece como nuevo es algo bastante antiguo. La
descontextualización racional del discurso se manifiesta a
través de la imposición de la palabra. Palabra vacía,
consigna paralizante, filosofía inactiva, pasividad que los
lleva a la muerte, sin entender porque estamos en el mundo o
haciéndonos creer, y creyendo que el mandato divino nos puede
permitir encontrar una salida a la angustia que produce la
incertidumbre.
Otra de las
formas aparentes, se manifiesta en la ambigüedad de los
políticos y en el discurso demagógico con el que nos quieren
mantener la esperanza. Pero, en realidad, ese discurso está
ocultando la violencia socio económica que impide a grandes
sectores sociales el acceso a bienes y servicios de primera
necesidad restringiendo las posibilidades para procurarlos.
La jerga,
palabra vacía con la que se manejan los representante de los
intereses del neoliberalismo, paraliza cualquier tipo de
acción alternativa, es un envío movilizante paralizante, es
un mensaje que indica el hacer, el quehacer y el pensar. La
masa obedece las palabras y sus consignas, y luego las repite.
"Quien domine la jerga no necesita decir lo que piensa,
ni siquiera pensarlo rectamente; de esto le exonera la jerga,
que al mismo tiempo desvaloriza el pensamiento".
Para Heidegger
"el futuro es el recurso heroico del pasado" , que
futuro, que pasado?
Afirma que para comprender lo que sucede aquí en la base de
la escalera en el siglo XX la época en la que la filosofía
ha agotado sus posibilidades " hemos de liberarnos de la
interpretación técnica del pensar" .
Para Rorty como
para Dewey, "la búsqueda de la certeza" es nuestra
noción del objeto del pensamiento. A menos que podamos hacer
evidente el objeto de nuestra indagación, conseguir un
pensamiento claro y distinto, directamente presente al ojo de
la mente, y conseguir el acuerdo sobre el particular por parte
de todas las personas cualificadas para ello, estaremos lejos
de nuestra meta".
Esta es la
raíz del actual pensamiento posmodernista.
La filosofía
neoliberal está complementada por la existencia de una
filosofía negativa que exalta la irracionalidad y la
destitución de la razón como argumento de construcción y
reconstrucción de la dominación.
El
Posmodernismo y los intelectuales del neoliberalismo han
intentado justificar todos sus argumentos a través de cierta
fraseología que ignora toda una cantidad de estudios que han
demostrado que la historia y la razón critica en su
dimensión dialéctica son necesarias para interpretar,
comprender y superar las contradicciones que expresa el
sistema en el que vivimos.
El Discurso
Político Hegemónico nos cuenta una realidad que no existe,
generando un consenso rutinario convincente. Sustituye lo real
por lo mediático, ósea la fantasía se transpola a lo que la
imagen transmite.
El Capitalismo
no necesita disimular la exclusión. El excluido es tal porque
es un incompetente para asumir las nuevas reglas del mercado,
el sistema nos da todas las opciones para incluirnos.
La filosofía
de la sospecha reivindica un individuo contemplativo, que
absorbe el mundo exterior en forma pasiva, imponiéndosele los
objetos que vienen desde afuera acrílicamente. El sujeto no
pregunta, y si lo hace, sabe que la respuesta ya ha sido
formulada.
Los
Posmodernistas sostienen desde la "filosofía de la
sospecha", el fin del humanismo, del dominio del sujeto
trascendental al que identifican con la razón metódica y la
destrucción de la subjetividad. Construyen una salida
antirracional, en donde el "nuevo hombre liberado",
es un ser pasivo, débil, fragmentado y sin proyecto, que vive
en función del devenir de la "circulación mercantil de
los sentidos".
No es
ignorancia, no son ingenuos, lo que se produce es un correlato
ideológico con intereses políticos concretos. Lo que han
intentado hasta ahora con estos argumentos, es dejar de lado
todo aquello que no este de acuerdo con los enunciados que el
sistema capitalista mundial propone.
"Si en
otro tiempo las ideas de una clase dominante (o hegemónica)
configuraron la ideología de la sociedad burguesa,
actualmente los países capitalistas desarrollados son un
campo de heterogeneidad discursiva y estilística carente de
norma. Unos amos sin rostro siguen produciendo las estrategias
económicas que constriñen nuestras vidas, pero ya no
necesitan (o son incapaces de) imponer su lenguaje; y la
posliteratura del mundo tardocapitalista no refleja
únicamente la ausencia de un gran proyecto colectivo, sino
también la cabal inexistencia de la vieja lengua
nacional".
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Lic.
Roberto Aruj
e-mail: ui@cbc.uba.ar