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Palabras del actor Iván Solarich
en el homenaje a Jaime Pérez

El jueves 1º de setiembre, en el Club Banco Hipotecario, con la presencia de centenares de personas, se realizó un homenaje al ex dirigente y legislador comunista Jaime Pérez. Se divulgó un video con escenas de la larga trayectoria social y política del homenajeado y, tras un breve concierto musical, el actor Iván Solarich hablo sobre la personalidad Jaime. Solarich, quien integró la Comisión Organizadora del acto junto a Walter Olazábal, Jorge Mesa, Carlos Soria, Eduardo Vaz, Jorge Larrobla, Isaura Pagola, Carmen Pereira, Ella Ganz, Leonor Albagli, Alberto Casas, Esteban Fossatti, Raquel Albagli, Genaro Ribero y Peter Kroch. 

Entre los presentes se encontraban, además de Tita, la compañera de Jaime, sus hijos y familiares, el vice-presidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, los ministros de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, y de Vivienda, Orenamiento Territorial y Medio Ambiente, Mariano Arana, el rector de la Universidad de la República, Rafael Guarga, varios legisladores y ex legisladores, entre ellos el ex ministro Alejandro Atchugarry, autoridades de gobierno nacional y departamentales, entre ellos el intendente de Canelones, Marcos Carámbula, dirigentes sindicales, militantes políticos de distintas organizaciones del EP-FA-NM, figuras de la cultura y de los más diversos ámbitos de la vida social del país. 

 Se recibieron varios mensajes, entre ellos el del dirigente nacionalista y ex embajador en Argentina, Alberto Volonté. 

El homenaje dio lugar al reencuentro de centenares de compañeros de lucha y de partido de Jaime Pérez, muchos de los cuales compartieron con él la prisión durante la dictadura. 

Solarich reivindicó con fuerza la historia y los aportes de los comunistas uruguayos a la defensa de la democracia y la construcción de la izquierda, censuró el  ninguneo  al que ese aporte suele estar sometido en muchas reconstrucciones históricas, pero, al mismo tiempo, se mantuvo lejos de la tentación sectaria, incluso emitiendo señales de reconocimiento en un sentido muy amplio que podrían considerarse inusuales en la tradición de la izquierda. 

La reivindicación de la historia de los comunistas, que no escamoteó la autocrítica, fue un  original llamado a proseguir la renovación que tuvo a Jaime Pérez como uno de los principales protagonistas en los últimos años de su vida política. 

Nada ha sido en vano fue el lema que, desde el estrado, evocó la mirada del homenajeado sobre su propia historia y la de sus compañeros.

Discurso del Actor Ivan Solarich
“Tributo a Jaime Perez”

- No vivas en la tierra
Como un inquilino
Ni en la naturaleza
Al modo de un turista
Vive en este mundo
Cual si fuera la casa de tu padre.
Cree en los granos
En la tierra, en el mar
Pero ante todo en el hombre
Ama la nube, la máquina y el libro
Pero ante todo, ama al hombre.

Del gran poeta turco Nazim Hikmet.

- Si me lo permiten, hoy también nos hemos convocado por amor a un hombre

Querida familia: Tita, Marina, Jorge, Enrique.
Queridos amigos integrantes de la Comisión que ha promovido este Homenaje.
Queridos todos. 

Tengo la más absoluta claridad que estas u otras palabras podrían hoy estar dichas por muchos otros amigos o compañeros mucho más representativos que mi persona. 

Pero tuve a principio de año la imperiosa necesidad de escribir, preguntar y compartir sobre Jaime Pérez en una Carta Abierta que gracias a dos medios y la infinita multiplicación que hoy provoca Internet, circuló entre miles alentando –quizá también- a la realización de este encuentro que desde ya deseamos sinceramente humano, reflexivo y reparador. 

Es entonces,  y únicamente, desde el confortable lugar que otorga la confianza  que me permito tomar la palabra. 

Quiero agregar además que el hombre y el nombre que hoy nos convoca, vive.

Aunque enfermo y desde su ya largo silencio, espera (porque paciencia no le ha faltado nunca) que otros hablen, se expidan, actúen, para entonces quizás si, alcanzar la definitiva paz para su espíritu. 

Hace año y medio Esteban Valenti escribía en Bitácora: “No se puede exigir con voz fuerte y firme verdad y transparencia al Estado y al poder sobre los años de plomo de la dictadura, mientras nosotros cómodamente barremos bajo la alfombra nuestras propias memorias. Nó, Jaime Pérez es parte de nuestra historia, y yo quiero recordarlo”.

Comencemos a recordar. 

Nació en 1928, hijo de modestos inmigrantes judíos, que como tantas otras familias llegaron a estas tierras perseguidas por el nazismo y la hambruna.

Hizo la Escuela Primaria y enseguida fue a trabajar. Ingresa a la Industria de la Vestimenta y con los años se hace Oficial peletero. Matiza el trabajo con el deporte. Hace atletismo, básquetbol y natación.

Participa de la solidaridad con el pueblo de España y de la admiración creciente por el papel de la Unión Soviética frente a Hitler.

Esto último, unido a la creciente convivencia junto a los comunistas en la organización de los primeros sindicatos y en particular de la UGT, deciden su temprano ingreso al Partido Comunista. 

De ahí en adelante tanto la unidad del movimiento sindical hasta llegar al Congreso del Pueblo y creación de la CNT, como la gestación y concreción del Frente Amplio en 1970, unido al permanente desarrollo del Partido  como Secretario Departamental primero y luego en su Comité Ejecutivo y Central, tienen en Jaime Pérez a un protagonista de primerísima línea. 

Pero también la labor parlamentaria fue fundamental en su actividad política: primero  Edil en la Junta Departamental durante varias legislaturas, luego Diputado hasta el Golpe de Estado. Después de la Huelga General pasa a la clandestinidad y frente a la detención de Rodney Arismendi, asume la dirección del PCU. Detenido en octubre de 74 es torturado y permanece en prisión durante 10 años  

A su salida es nombrado Pro-Secretario de la organización partidaria y más tarde el XXI Congreso lo elige Secretario General, cargo en el que es ratificado por el XXII Congreso. En el 89 en medio de una enorme votación del Partido Comunista y Democracia Avanzada, es electo Senador, cargo que desempeña hasta el término de la legislatura. 

En el 92, en medio de la mayor crisis ideológica de su Partido y expresando ya casi en solitario el sentido histórico de la Renovación que había promovido y encabezado, renuncia  como Secretario y miembro activo.

Seis años después comienzan los síntomas de la enfermedad que lo aquejan hasta el presente: mirar en silencio lo que su alma no puede reconocer. 

Esto, solo a modo de apretadísima síntesis biográfica.

Pero si Uds. me lo permiten, quisiera detenerme en tres momentos trascendentes que lo tienen como  protagonista y que a su vez remiten al antes, durante, y  después de la dictadura. 

En abril del 72, siendo Jaime diputado, se produce –como ya hemos dicho otras veces- el mayor crimen político del Siglo XX en Uruguay: el asesinato de los 8 trabajadores comunistas de la Seccional 20 del Paso Molino. 

En esas muy tensas y enrarecidas jornadas bajo el gobierno de Juan Maria Bordaberry, le toca a Jaime como Diputado llevar adelante la investigación de los hechos y realizar la denuncia parlamentaria. 

Fruto de esas pesquisas, quedó claramente demostrado que se trataba de una brutal provocación contra el Partido y las fuerzas de izquierda, que los 8 militantes estaban desarmados y que fueron fusilados a quemarropa; y que incluso, la bala que hirió de muerte al Capitán Buscóni (el que meses después fallecería), provino del mismo grupo paramilitar que protagonizó el atentado. 

Su firmeza y serenidad en todo el proceso de la denuncia se hicieron acreedores al Comunicado No. 100 de las Fuerzas Armadas, que en su momento decían: “... en abuso de su fuero parlamentario, el Diputado Jaime Pérez vilipendia a las Fuerzas Armadas en su conjunto”. 

El segundo momento remite a la larga y negra noche de la dictadura.

A mediados del 73, un año después que la guerrilla fuera  derrotada en todos sus términos por las Fuerzas Armadas, se dá el Golpe de Estado. 

Al mismo tiempo que se disuelve el Parlamento, la clase trabajadora –con fuerte apoyo del estudiantado-, llama a ocupar las fábricas y centros de estudio, iniciándose así la llamada Huelga General. 

A los 15 días y al no lograrse los objetivos planteados, la huelga es levantada y Jaime junto a otros dirigentes pasa a la clandestinidad. 

Es detenido en octubre del 74 y conducido al Departamento 2 de Información e Inteligencia donde es bestialmente torturado hasta diciembre.

De ahí es trasladado a Jefatura donde permanece hasta febrero del 75, luego de lo cual es llevado a la Cárcel de Punta Carretas, de donde lo vuelven a sacar por 6 meses entre febrero y agosto del 76, para volver a torturarlo en el tristemente “300 Carlos” o Infierno Grande. 

Pasa por el 5to. De Artillería y en lo que ahora sí parece definitivo es conducido al Penal de Libertad. Pero nó, al cabo de un mes, lo “secuestran” nuevamente y permanece 3 meses desaparecido, reapareciendo en un cuartel en Durazno.

Tita, su compañera de siempre, con esa asombrosa fortaleza e integridad que le conocemos, narraba sin estridencia la primer imagen de Jaime en su primer visita: una delgadísima forma humana que desplazándose en cuatro patas la recibe ladrando. 

De allí, dos meses al Hospital Militar y vuelta al Penal de Libertad para felicidad de cientos y cientos de compañeros que lo ven regresar vivo, aunque en deplorables condiciones físicas y mentales, con la triste mirada de un perro apaleado, según testimonian Fernando Olivari y Eduardo León Duter. 

Luego, en el propio Penal, vendrán los años de convivencia, de recuperación, de solidaridad, especialmente con muchos compañeros del MLN, con los cuales Jaime desarrollo una profunda relación de camaradería.

En agosto del 84 –y luego de 10 años de cárcel- se reintegra a su familia, a su sociedad, a la vida plena. 

Seamos claros y sinceros. 

También el cambio en el Uruguay pasa porque abandonemos el doble discurso, la actitud hipócrita y la envidia, que nunca es sana y mas bien es enana. 

La dictadura cívico-militar dio el Golpe y se comprometió a erradicar por 50 años el comunismo de Uruguay.

Los negocios sucios del fascismo se hacen sin contralor parlamentario, ni sociedad civil organizada. 

Quebrar la resistencia a la dictadura, significaba desarticular los Partidos políticos, todos los Partidos políticos. Significaba destruir a la izquierda, a toda la izquierda organizada; pero fundamentalmente borrar al Partido Comunista de la faz de nuestra geografía, por su peso histórico, capacidad organizadora y militante, y  su indesmentible incidencia en todos los ámbitos de la sociedad. 

En ese contexto, destruir a Jaime Pérez, desnaturalizarlo, quebrarlo ideológica, anímica, moral y físicamente era  emblemáticamente, quebrar al Partido más grande de la Resistencia. 

Por eso con el probaron todo: lo conocido y lo desconocido. Los tormentos físicos, los mecánicos, los síquicos, las drogas, los simulacros y las grabaciones.

Lo redujeron a su forma más animal, hasta los límites de la locura.

Pero no pudieron destruir su identidad ni canjear sus convicciones.

Enrique, su hijo, recuerda que cuando salió del Penal afirmó: “me agarraron comunista, quisieron destruirme y destruirnos, pero salí más comunista que nunca”. 

La que si se quebró por la resistencia de todo el pueblo uruguayo fue la dictadura, y si bien la historia no tiene replay, el deseo popular es que no haya dictadura ni en 50 ni en 5000 años más. Nunca más. 

Jaime Pérez no es Artigas. Pero al igual que el Padre de la Patria, Jaime Pérez es un Héroe del pueblo uruguayo. 

Dice la Real Academia española que héroe es el que se distingue por sus cualidades o acciones extraordinarias, particularmente en la guerra. Y dice también que héroe es el principal actor de una aventura o acontecimiento.

Cuando en el año 1978, en  Fusileros Navales -jurisdicción de la Armada-, esa de la cual el Vicealmirante Daners dice no tener conocimiento de que se cometieran apremios siendo el mismo Juez sumariante, estaban entre otros masacrando a Adolfo Drescher, uno de sus torturadores frente al silencio de Adolfo le grita: “...pelado, no seas hijo de puta, no te hagas el superhombre, mirá que vos no sos Jaime Pérez...”. 

Este oficial, además de darle indirectamente la fuerza para seguir soportando lo indecible, sin saberlo, estaba otorgándole a Jaime Pérez la condición de Héroe.

Porque estaba diciendo que frente al horror, Jaime –seguramente pensando en muchos de nosotros- mantenía el silencio de la lealtad, de la fidelidad a su propia historia, a sus compañeros, a su Partido, a su pueblo. 

Enfrentar desde el suplicio la salvajada fascista y responder en silencio sin quebrar las propias convicciones es, en mi lenguaje que no intenta pagar peaje a tanto prejuicio,  una actitud absolutamente extraordinaria. Y no creo que sea edificante silenciar lo que debe ser nombrado. Jaime Pérez es un héroe del Uruguay, de la clara lucha  por reconquistar la democracia en el Uruguay. 

El tercer momento que quiero rescatar para compartir es cuando la crisis del Partido en el 91 y 92. Increíble o paradójicamente lo que no pudo desnaturalizar el enemigo que tanto lo odió, lo pudo socavar la crisis de su Partido. 

Esto no ha sido nuevo en la historia. No se sale indemne cuando se enfrenta a una dictadura. Y dentro de una izquierda que llevó el peso sustancial en su decisión de enfrentarla, justo es decirlo, el Partido Comunista Uruguayo pagó un precio altísimo en términos de muertos, desaparecidos, exiliados y fundamentalmente  presos y torturados. 

Lo que al término de la dictadura lo llevó  a capitalizar un enorme prestigio entre la sociedad fruto de su martirologio y su decisión inquebrantable de defender la democracia a cualquier costo. Y esto se reflejó sobremanera en la enorme votación  que obtuvo Democracia Avanzada en el año 89. 

Luego todo se precipitó: la acelerada y simplificada reconversión del Partido, el fallecimiento de Arismendi y Enrique Rodriguez, la caída del Muro de Berlín con su mundial significación, la necesidad que fue encontrando la mayoría del Comité Central de formular una orientación que tuviera como norte el Socialismo democrático. Aquello de que sin total reafirmación de la democracia no puede haber camino al socialismo.

En ese contexto Jaime formula “El Ocaso y la Esperanza”, reniega de toda dictadura y rechaza incluso la formulación dictadura del proletariado. El colectivo comunista no hizo más que expresar las tendencias más profundas de la existencia humana. Y cada uno hizo lo que pudo, lo que supo y lo que creyó mejor. 

El debate se enrareció, luego desapareció y adoptó la cruel forma de la acusación personal, de la denostación, la insinuación de la traición.

Hubo instancias colectivas (Conferencia, Congreso) que no le hicieron –ni de cerca- honor a la tradición de un Partido discutidor como pocos, pero fraterno y solidario también como pocos. 

Entonces la mayoría de su Dirección se retiró y con ella se fueron miles de militantes. 

Muchos también se quedaron con el auténtico sentimiento de estar defendiendo la identidad de su Partido al que sentían que algunos querián diluir, descafeinar, social democratizar. 

Y Jaime, a pesar de ser el abanderado de un postura renovadora, crítica y profundamente autocrítica, expresado en  por ejemplo aquello que Arismendi también sintetizara de “servilismo ideológico” al referir nuestra mirada respecto al llamado Socialismo Real; a pesar de todo, Jaime se quedó en el Partido con la esperanza de que las acciones tomaran otro rumbo.No lo tomó y Jaime también se fue, renunció. 

Tiempo después escribía: “Quiero creer que no pasé en vano, pero sé que no tenía ninguna apetencia de poder, en absoluto. Además, la ví clarita: para ser poder, para continuar en el poder, tenía que expulsarlos del Partido. Capaz que era lo que tendríamos que haber hecho. Pero si los expulsábamos, ¿eso era un partido renovador? ¿expulsarlos porque tenían ideas conservadoras?. En todo caso y en esas condiciones, la verdad que preferí ser víctima que victimario de mis propios compañeros. Muchos políticos dirán que fue mi elección y así están las cosas. Otra gente me critica por no haber dado la pelea. Es cierto que no la dí. Pero para dar esa pelea tenía que dejar de ser quien soy. Esa es la verdad. A eso no estuve dispuesto y sigo sin estarlo”. 

Son palabras del propio Jaime y  espero que al pronunciarlas y narrar estos hechos, se entienda que mi única intención es recordar momentos de nuestra común historia, y que para nada asumo el papel de juez alguno.

Es demasiado el cariño y el profundo respeto a una colectividad tan entrañable para mí, como para ligeramente sentenciar. 

Decía Martín Luther King: “Nuestras vidas empiezan a terminar el día que silenciamos las cosas que importan”. 

Este país y su gente tiene características maravillosas que seguramente todos queremos. Pero también aspectos negativos que hacen  a nuestra idiosincrasia.

Siento que la hipocresía y el generalizado ninguneo nacional cuando se trata de reconocer lo nuestro y nuestra gente, hacen que muchas veces los uruguayos no nos creamos nuestras propias historias. 

Y este reflejo aldeano, que me parece una desgracia, impide que muchas veces nos tomemos en serio a nosotros mismos. No se trata entonces de volver todo el tiempo sobre nuestros mitos, si ellos no son observados en su  esencia.

Jamás la camiseta con la arquetípica imagen del Che, dará cuenta de la dimensión humana y revolucionaria de Ernesto Guevara. 

Obdulio Varela no es el Maracaná tantas veces repetido de un país que no le gana a nadie y que entonces en Maracaná encuentra su gloria perdida.

Ese es el souvenir de Maracaná.

Obdulio Varela y su pelota bajo el brazo en la final del 50, cuando vamos perdiendo y gana tiempo hablando con un juez que no lo entiende, y corren los minutos y enfría el partido... es la expresión incontrastable de la sabiduría, la picardía, la capacidad de saber leer rápidamente la circunstancia y obrar en consecuencia.  Tiene que ver con la adaptación inteligente y la capacidad de reacción frente a la situación adversa. Con urdir una táctica que frente a la dificultad no te autodestruya. Con recobrar el aliento encontrando la pausa que fortalece el ánimo y dá fuerza. Es en definitiva, encontrar la iniciativa que te lleve al objetivo propuesto. 

Y esa conducta no caduca, es vigente y es eterna aunque cambien las circunstancias. 

No es ni vieja ni joven. Es válida como el amor que ama. Y solo se vacía si se repite fuera del contexto, si de ella no extraemos algo esencial. Ni añoro la gloria pasada ni me engaño pensando que estamos bárbaros futbolísticamente hablando. 

Pero quiero para mi, mi hijo y mi gente aprender de Obdulio su estratégica pausa, encontrando la pista que te lleve a lo soñado. Ese valor es inmanente y no finiquita al término de la temporada. 

Jorge Drexler ninguneado por la gran industria del entretenimiento, se comporta como Galileo pero en Hollywood: parece que sí, pero nó. Gracias Banderas por cantarla, le dice. A la Academia y Tío Oscar, gracias por la estatuilla, me la llevo. Ahh.., y esta canción, que además es mía... la canto. 

Baltasar Brum –batllista- con su dramático suicidio frente a Terra en el 33 –también batllista-, y el Movimiento Sindical con su Huelga General, reafirman la misma convicción con 40 años de distancia: conversar se puede todo, pero la democracia y la libertad no se negocian. 

Quiero por último detenerme en el hecho –aparentemente- menos político de todos: la Tragedia de los Andes. Sabemos todos que en el 72,  en la Cordillera fruto de una turbonada cáe el avión que trasladaba a los rugbistas del Old Christians. 

Promediando los días y las semanas, sin alimento y con apenas un destartalado fuselaje para protegerse, van debilitándose hasta la desesperanza, encontrando la muerte entre la nieve. 

Es entonces que Fernando Parrado (con  madre y hermana fallecidas por hambre y frío) junto a Roberto Canessa, comienzan a caminar en busca de un milagro. Para peor, en ese paisaje blanco mas blanco mas blanco que los rodea, equivocan la orientación y toman la dirección más lejana. Así y  todo,  preferían morir caminando y no esperando. 

El azar o lo que queramos –poco importa- hizo que un arriero los viera y así lograran salvar sus vidas y la de sus compañeros, para luego contar esta historia. 

Bertolt Brecht escribía: “desgraciados los pueblos que necesitan de héroes”. Parafraseando al Maestro alemán yo diría: desgraciados los pueblos que no tienen referentes. 

Yo quiero para mí, mi hijo y mi gente la inteligencia de Obdulio Varela.

Yo quiero para mí, mi hijo y mi gente la ardiente paciencia de Jorge Drexler.

Yo quiero para mí, mi hijo y mi gente la decisión y el coraje de Baltasar Brum.

Yo quiero para mí, mi hijo y mi gente la rebeldía y el principismo del Movimiento Sindical. 

Yo quiero para mi, mi hijo y mi gente la ilusión de salir a pelear un destino cuando el tuyo sopla en contra, siguiendo las huellas de Parrado y Canessa.

Porque yo quiero para mi, mi hijo y mi gente la inteligencia, la ardiente paciencia, la decisión y el coraje, el principismo y la rebeldía, y la infinita ilusión de salir a reinventar nuestro destino de Jaime Pérez. 

Estos días, venturosos por un lado y aciagos por otro, cuando todo el pueblo uruguayo asiste a la búsqueda de los restos de nuestros hermanos desaparecidos y posiblemente enterrados en Unidades Militares, uno se encuentra frente a la sorpresa de tantos ciudadanos sorprendidos de que Chavez Sosa y Arpiño Vega –por poner un ejemplo- hayan sido militantes comunistas. 

No fueron los únicos, claro que no, los hay de muchos Partidos y de muchas tendencias. Todos valen por igual y a todos ellos nuestro recuerdo y nuestra devoción por haber sido capaces de entregar lo más sagrado: la propia vida.

Pero siento que en el preciso acto de desenterrar los huesos, también estamos comenzando a desenterrar la historia viva de un Partido, el Comunista, al que le tocó por su tamaño y su decisión, pagar carísimo su resistencia a la dictadura. 

Es un crimen de la memoria colectiva que a 20 años de la reapertura democrática, el Uruguay  desconozca lo sustancial de la peripecia y el martirologio de los comunistas uruguayos. Y no solo por hacer justicia a tanta entrega, sino porque los uruguayos nos merecemos conocer cuales y quienes fueron los compatriotas que hipotecaron vida, familia y destino para que hoy vivamos en democracia. 

En este país, la palabra comunistas y la palabra democracia tienen exactamente 10 letras cada una. 

¿Qué cometimos errores?, ¿Quien no los comete cuando lucha y hace cosas?

¿Qué fuimos obsecuentes opinando?, Claro que en materia internacional lo fuimos al avalar en nombre del Socialismo intervenciones militares que aplastaron, sojuzgaron y derramaron sangre de otros pueblos. 

Pero en este paisito llamado Uruguay, la palabra comunista esta indesmentiblemente soldada a la construcción del movimiento sindical, a la unidad de la izquierda germinada en ese inédito invento criollo llamado Frente Amplio, a la resistencia indoblegable frente a la tiranía y al esfuerzo por construir una democracia más profunda con el sello firme de la paz.

En el Uruguay, la palabra comunista –no más que nadie, pero definitivamente no menos que nadie- esta ligada a la mejor tradición artiguista y democrática de nuestro pueblo. 

Y no ocultar la gesta de los comunistas uruguayos, es una responsabilidad ética –entre otras- de nuestra fuerza de izquierda que hoy además gobierna, pero también –y en primerísimo lugar- es una responsabilidad de todos los comunistas uruguayos, con o sin partido, con o sin carné. 

Las utopías no se alcanzan, su valor esta en que nos conducen, escribió alguna vez Eduardo Galeano. 

En estos meses me he preguntado muchas veces, porque mi Uruguay no puede ser un paraíso, humano, terrenal, pero paraíso al fin. 

Hay geografía privilegiada, cuenca lechera, arrocera. Hay ganado, pesca, reserva de agua. Hay talento, murga, parlamento. Pero sobre todo hay gente, valiosa, capaz, dispuesta. 

También sé que hay que negociar con el Fondo Monetario, que hay hambre, asentamientos. Que hay regionalización, globalización... pero estoy hablando de otra cosa. 

Habló de que EL CAMBIO está en la infinita suma de muchos pequeños cambios.

Que no es el resultado de la inercia y la tradición. Si no de una clara intención, de cambio. 

Sé que el Producto Bruto debe crecer. Pero una nueva forma de concebir la educación, también debe crecer. Y una cultura con valores diferentes y nuevos contenidos, también debe crecer. Y sobre todo debe crecer una reforma sustancial del pensamiento. Que nos permita encontrar las nuevas formas de actuación tanto individuales como colectivas. 

¿qué hago?, ¿qué aporto?, ¿en que creo?, ¿para que estoy?, ¿a que vine?. Todas preguntas aparentemente intrascendentes, personales, sin relevancia social. Podemos seguir cada uno como estamos: con las mismas prácticas y pensando lo mismo. Y esperando. Confiando en que el gran cambio vendrá. ¿Pero vendrá así? ¿Si no hago mejor lo que hago todos días, donde se procesa el cambio del que estamos hablamos? 

Jaime nos ha enseñado muchas cosas. 

Pero quizá la más trascendente –y posiblemente la más dolorosa de integrar, por los anticuerpos generados por nuestras teorías ineluctables, infalibles, verificables en la roja mancha que se extendía sin cesar por el mundo-, ha sido la de ser capaz de repensar la propia historia y por ende muchas de nuestras afirmaciones.

Tener el coraje intelectual y la ética necesaria para –sin negar el pasado-, darse la absoluta libertad de repensar los propios pasos, cuando hay cuentas que ya no cierran y sin embargo en el centro sigue estando la ilusión de un mundo mejor.

Esto es, para mí, asumir la impresionante fuerza de los individuos, de cada uno de nosotros, de nuestras acciones y creaciones. Del análisis al libre pensamiento. Del debate a la posible diferencia. Sin por esto ser un desalineado que pierde entonces su categoría de militante, de comunista, como si la uniformidad fuera garantía de certeza alguna. 

Jaime nos ha enseñado muchas cosas.

Al no pedir nunca nada para sí. Proponiendo –como propuso en el 89 que Astori encabezara todas las listas frenteamplistas al Senado-, sabedor de que su Partido (posiblemente el más votado como efectivamente lo fue) perdería una banca en aras de la unidad. En ese gesto, Jaime acortó notablemente la distancia entre el discurso unitario y la acción unitaria. Con Jaime dando un paso al costado y 70.000 votos de Democracia Avanzada, Danilo Astori fue Senador. 

Nos demostró, como Seregni en su momento, que si bien el poder es intrínsecamente pulsional a los hombres, no tiene porque ser el motor principal de nuestros movimientos. 

Y no se trata de ser ingenuo. Se trata de que es posible no vivir atornillado al sillón. 

Dice Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés.

“El surgimiento de lo nuevo no se puede predecir, si no no sería nuevo. El surgimiento de una creación no se puede conocer por anticipado, si no no habría creación. 

La historia avanza no de manera frontal, como un río, sino por desviaciones que proceden de innovaciones o de acontecimientos externos. Toda evolución es el logro de una desviación cuyo desarrollo transforma el sistema donde ella misma ha nacido. No hay evolución que no sea desorganizadora y simultáneamente reorganizadora en su proceso de transformación”.  

Jaime no tuvo el tiempo de llegar hasta Morin. Sin embargo su alma buena, su aguda intuición y su honestidad intelectual, lo llevaron a interrogar y a interrogarse en el tranquilo mar de las certezas. 

Yo creo que en esta noche jamás tendríamos que habernos reunido para homenajear a Jaime. Estoy seguro que todos los firmantes de esta carta-convocatoria: nuestro Vice-Presidente, Ministros, Parlamentarios, Intendentes, Sindicalistas, Deportistas, Universitarios, Artistas, Jubilados, Estudiantes, Trabajadores todos, haríamos acuerdo en cambiar la palabra Homenaje por Tributo. 

El Tributo, al igual que Homenaje, recoge el concepto de respeto y admiración. Pero a diferencia le incorpora la acepción de la gratitud. 

Y yo creo, que lo primero y último que debiéramos hacer esta noche es darle las gracias a todos los Jaimes: los presos, torturados, desaparecidos, exiliados, los olvidados y los ninguneados, para que todo pase y para que  todo quede como decía Antonio Machado; y muy particularmente a Jaime Pérez por ser quien es.

Yo reafirmo con toda mi alma que quiero  para mí, mi hijo y mi gente la inteligencia, la ardiente paciencia, la decisión y el coraje, la rebeldía y el principismo, la ilusión de salir a pelear un destino cuando el tuyo sopla en contra, siguiendo las huellas de nuestro Jaime Pérez. 

Gracias Jaime, estamos aquí, en esta tu Patria que te vio nacer, con tu familia y con vos, sencillamente porque te amamos.

Como Hombre y con Mayúscula.

Muchas gracias por estar, y por compartir. 

Miembro de la Comisión Organizadora del homenaje.
Cdor. Walter Olazábal, Jorge Mesa, Carlos Soria, Eduardo Vaz , Jorge Larrobla, Isaura Pagola, Carmen Pereira, Ella Ganz, Leonor Albagli, Alberto Casas, Esteban Fossatti, Raquel Albagli, Genaro Ribero, Peter Kroch.

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