|
Perspectivas
de la industria energética en el Uruguay: la participación del
Estado como empresario en el sector
por
el ingeniero Bruno Vuan
El martes 7 de agosto se realizó en Montevideo un seminario
organizado por el Instituto de Estudios Estratégicos que dirige
el general ® Líber Seregni, sobre "Energía: aportes
hacia una política de Estado". Lo que sigue es la ponencia
del ingeniero Bruno Vuan, del partido Nuevo Espacio.
Un
insumo fundamental
La
energía resulta un insumo fundamental para la vida cotidiana de
los habitantes. El
agua potable, la higiene, la preparación y conservación de
alimentos, el acondicionamiento térmico, el transporte, la
iluminación, las telecomunicaciones, y prácticamente casi todo
los ámbitos de la actividad humana, hacen cada vez un uso más
intensivo de la energía.
A
los usos directos de las personas, se le agrega todo el uso que de
ella hacen todos los sectores de la economía sin excepción.
En
esos términos, la necesidad de una provisión confiable y a bajo
costo, resulta un elemento particularmente influyente tanto en lo
que refiere a la calidad de vida, como a la competitividad de la
economía, lo cual justifica ampliamente la necesidad de una
atención particular del sector a la hora de establecer políticas
de Estado.
La
política energética
El
establecimiento de una política energética no puede ser ajeno al
conjunto de políticas que se aplican en los distintos ámbitos
del quehacer de la sociedad.
Esta se debe caracterizar por una continuidad que vaya más
allá del quinquenio, así como una previsibilidad que de a cada
uno de los actores del sector energético un contexto adecuado
para la toma decisiones, que en este caso requiere de horizontes
temporales bastante extensos.
Por
otra parte, la política energética requiere de un adecuado diagnóstico,
así como de una capacidad prospectiva que permita prever los
escenarios más probables. Estas
evaluaciones requieren de un cuerpo técnico altamente
especializado, que provea de los insumos necesarios a los
decisores políticos.
Nuestro
país ha alcanzado al presente logros positivos en la materia.
Se destacan la incorporación del gas natural y un marco
regulatorio del sector eléctrico que permitió mejorar en forma
importante las condiciones de intercambio con la República
Argentina, con la consiguiente mejora en la seguridad y costo de
nuestras importaciones, así como en la exportación de excedentes
hidroeléctricos. Respecto al marco regulatorio eléctrico, la incompleta
implementación del mismo, no ha permitido verificar si es posible
la incorporación de inversión privada en generación, no
existiendo de todas maneras señales que eso puede suceder en el
corto plazo. Al
mismo tiempo cabe señalar que una serie de pronósticos
que señalaban la posibilidad de aumentos masivos de tarifas,
tarifas diferenciales por zona geográfica, privatizaciones y
deterioro de la situación económica de las empresas estatales,
no se vieron cumplidos en la práctica.
En
los debe, se puede señalar que en una década el país no ha
podido expandir el respaldo térmico, el precio al consumidor
final de los derivados del petróleo se encuentra entre los más
altos del mundo, y no parece visualizarse una política de Estado,
como lo señalan los distintos cambios de estrategia operados en
el pasado reciente.
El
mercado energético en nuestro país
Nuestro
país se caracteriza por ser un importador neto de energía.
Las fuentes primarias de origen nacional se limitan a la
hidroelectricidad, cuyo volumen se mantiene constante desde las
incorporaciones de Salto Grande y Palmar a principios de los
‘80, - con la salvaguarda de las variaciones hidrológicas -,
donde si bien queda un cierto potencial explotable, los precios
actuales de otras alternativas energéticas hacen inviable por el
momento pensar en nuevos emprendimientos hidroeléctricos.
La otra es la biomasa, particularmente la leña, que se
encuentra en franco decrecimiento en términos absolutos en su
participación en la matriz energética, en función de las
complicaciones tecnológicas de su uso, y la competencia que
ejerce la industrialización de la madera.
En
estos términos, la necesidad de asegurar los volúmenes
crecientes de energía demandados, requiere de un contexto que
facilite esas transacciones, lo que significa:
Alcanzar
los máximos niveles de apertura que sea posible en los sectores
que no constituyen monopolios naturales, como lo son la generación
de electricidad y las actividades referentes a los derivados de
petróleo, la integración en los mercados energéticos de la región,
básicamente a partir de la utilización y expansión de los vínculos
existentes y proyectados de transporte de electricidad y gas
natural, la diversificación de la matriz energética,
consolidando la incorporación del gas natural, la
diversificación de los mercados desde donde se importa, que
asegure en términos competitivos la mayor flexibilidad y
seguridad en el suministro.
Consideraciones
ambientales
La
política energética debe conjugar la eficiencia económica con
la preservación ambiental. Al
efecto la misma debe tener en cuenta:
Políticas
activas de aumento de la eficiencia en el uso de la energía.
Asegurar
el cumplimiento de compromisos internacionales en la materia, en
forma consistente con lo que ocurre en los restantes países, y
con un seguimiento de los impactos económicos de esas acciones.
Incorporación
a la matriz energética de combustibles más limpios como el gas
natural, lo cual se encuentra en marcha.
Continuar
estudios sobre energías renovables, particularmente la hidroeléctrica
y la eólica, donde existe un potencial de producción nacional aún
no explotado que puede viabilizarse económicamente en el futuro.
Debe tenerse al mismo tiempo en cuenta, que estos emprendimientos
en muchos casos pueden tener costos mayores respecto a las
alternativas tradicionales, los que de entenderse adecuado, deben
ser asumidos por el conjunto de la sociedad, y no imponerse a
empresas que desarrollan su actividad en un marco de competencia.
El
papel del Estado
En
el marco de una política energética, la presencia del Estado
debe ser particularmente activa en:
La
regulación de los distintos subsectores, culminando la separación
de los roles reguladores que aún subsisten en Empresas del
Estado.
Contribuir
a la instalación de infraestructura básica, promoviendo
concesiones de obra pública, o eventualmente destinando fondos
estatales, en la medida que se asegure una evaluación y valoración
de la inversión realizada, no debiéndose utilizar al efecto las
finanzas de empresas públicas energéticas que transitan hacia un
marco de competencia.
Asegurar
la elaboración de una normativa que promueva la inversión en el
sector, asegurando la continuidad, calidad y costos competitivos
del suministro energético.
Conjugar
la política energética con la atención de los sectores de la
población con necesidades básicas insatisfechas más
comprometidas, en el marco de políticas de sociales de Estado.
Si bien las empresas energéticas pueden canalizar parte de
estas políticas, su financiamiento, así como su evaluación
deben estar a cargo del Estado.
Asegurar
condiciones de acceso y tarifas iguales en todo el territorio
nacional, sin distinción de ubicación geográfica, y
estableciendo fondos de compensación al efecto.
Promover
el desarrollo tecnológico que atienda las necesidades de la
industria energética nacional, potenciando los vínculos entre
las empresas energéticas, las instituciones académicas y la
industria.
El
Estado como empresario
Los
mecanismos legales de toma de decisiones existentes en nuestro país,
dejan en muchos casos la última palabra a la ciudadanía.
Desde
1992 hasta hace algunos meses, ha existido una sucesión de
pronunciamientos populares, de cuyos resultados, se pueden extraer
algunas conclusiones sobre el mensaje de los mismos:
Existe
oposición a la privatización de las Empresas Públicas más
importantes, particularmente las vinculadas al sector energético.
Se
aprueba la incorporación de privados en nuevos emprendimientos o
en asociación con las Empresas Públicas.
Las
Empresas Públicas en las áreas que no constituyen monopolios
naturales deben abrirse a las competencia.
Más
allá de las diversas opiniones que se expresan sobre el tema de
la propiedad y organización de los servicios públicos, no existe
en el mundo un patrón único.
En
el caso de la industria eléctrica,
es posible pensar en un Estado que a principios de siglo,
ante la expansión de la misma, y la insuficiencia del sector
privado para atenderla, atendió los intereses de la población
frente a los empresarios de la época.
Asimismo, se instaló una Empresa Estatal, dirigida por un
directorio de cinco miembros designado por el Ejecutivo y con
venia del Senado. Así
fue que se encaró el desarrollo hidroeléctrico nacional, así
como las centrales térmicas, que luego fueron bautizadas con los
nombres de gobernantes que intervinieron en el proceso.
También se encararon proyectos hidroeléctricos
binacionales, y la instalación en la mayor aglomeración urbana
de centrales térmicas, cerca de la costa de manera de acceder fácilmente
a los combustibles. La
expansión de la demanda, así como los cambios regulatorios,
implicaron la necesidad de expandir el parque térmico, lo que
conlleva la propuesta de instalación de una central de ciclo
combinado, que
aprovechando la infraestructura y el personal existente responda a
las nuevas necesidades.
Este
relato parece referido a nuestro país.
Pero en realidad refiere al Estado de Nueva York, donde en
1914 Theodore Roosevelt entonces gobernador enfrentó a los
barones de la electricidad que buscaban el monopolio.
En 1931 Franklin Delano Roosevelt también gobernador,
estableció la New York State Power Authority (NYPA), a cargo de
un directorio de cinco miembros designado por el gobernador con
venia del Senado estatal. La
NYPA encaró proyectos binacionales con la también estatal
canadiense Ontario Hydro en los ríos Niágara y San Lorenzo, este
último denominado FDR. Su
Central Térmica se encuentra en el Queens, y lleva el nombre de
Charles Poletti, ex gobernador y presidente de la NYPA. Junto a la
central existente se proyecta instalar actualmente un ciclo
combinado. El
financiamiento se obtiene a través de la emisión de bonos
calificados como Aa3.
En
los Estados Unidos, el 25% de la industria eléctrica se encuentra
en manos federales, estatales o municipales, como lo muestran los
ejemplos de los desarrollos hidroeléctricos impulsados por FDR
como presidente, del Valle del Tennesse, el río Columbia, el
Bureau of Reclamation donde se destaca la represa Hoover y el
Cuerpo de Ingenieros del Ejército, emprendimientos que
contribuyeron a la salida de la crisis de los años ’30, y que
fueron mantenidos en el ámbito estatal por las sucesivas
administraciones. A
esto se agrega las grandes distribuidoras municipales de ciudades
como Los Angeles, Seattle, San Antonio, Jacksonville y muchas
otras.
En
el caso de Canadá, además de Ontario Hydro se destaca Hydro-Québec,
ambas estatales, y con una gran capacidad instalada que exporta
hacia Estados Unidos.
Entre
otros países que son puestos como ejemplo, podemos señalar a
Nueva Zelandia, donde se dio un fuerte proceso de apertura, con
privatizaciones en la comercialización y distribución,
aconteciendo que por gruesas faltas de regulación y gestión, a
principios de 1998, tuvieron que padecer más de un mes de
apagones en Auckland. Sin
embargo, las empresas
de generación en ese país, siguen en manos del Estado, como
empresas de derecho privado, tales como Genesis Power y Meridian
Energy, esta última invirtiendo recientemente en hidroeléctricas
en Australia, y con acciones calificadas como BBB+.
Se
puede señalar también el caso de Irlanda, donde a pesar de
fuertes reformas en el sector eléctrico el Electricity Supply
Board, ESB, continúa en manos del Estado, habiendo surgido casi
en paralelo con la República de Irlanda en los años ‘20,
promoviendo el desarrollo hidroeléctrico del río Shannon, y
actualmente con fuertes inversiones en el exterior, como lo es un
ciclo combinado de 800 MW en el País Vasco.
Ahora
bien, existen ejemplos que van en otro sentido. El caso de la Electricidad de Caracas, EDC, esta fue
privatizada a manos del grupo norteamericano AES, lo cual ocurrió
bajo la presente administración del Presidente Chávez.
Otro
tanto ocurrió con el Ente Nazionale per l’Energia Elettrica,
ENEL, que fue subdividido en unidades de negocio, y luego
privatizado durante la pasada gestión de la coalición Olivo.
También
vale la pena destacar el ejemplo cubano, donde a partir de
yacimientos de petróleo y gas asociado encontrados en la isla, se
ha encarado la expansión del sistema de generación eléctrica, a
través de ciclos combinados como el de Cárdenas, instalados por
la empresa mixta Energas, conformada por pates iguales de las
estatales Cupet (petróleo) y Unión Eléctrica, y el grupo
Sherritt de Canadá, el cual posee además intereses en la
industria del níquel y el 37,5% de Cubacel, empresa monopólica
de telefonía celular.
Estos
ejemplos señalan, que la gama de soluciones y alternativas que se
puede alcanzar es suficientemente diversa, como para contemplar a
las diferentes realidades nacionales.
En
función entonces de las pautas que ha señalado el cuerpo
electoral, se desprenden una serie de consecuencias y acciones a
proponer:
Las
Empresas Públicas del sector se deberían desempeñar como un
actor más en el mercado energético, particularmente en los
subsectores competitivos.
Deberían
estar sometidas a las mismas reglas de juego de sus contrapartes
privadas, adecuando su marco jurídico al del resto de las
empresas. Es
importante señalar que a este respecto, las acciones tendientes a
reformar el status jurídico de las Empresas Públicas, no han
registrado avances importantes.
Esta carencia compromete severamente el accionar de las
Empresas Públicas que deben competir.
La
transición hacia el nuevo marco jurídico, debe hacerse
estableciendo un cronograma consensuado con los distintos actores,
que contemple las implicancias sociales del cambio.
Esta problemática no sólo tiene alcance social, sino
también económico, ya que una situación social inestable
impactaría negativamente en el riesgo país, con el consiguiente
aumento del costo de
financiamiento.
Será
abierto a las Empresas Públicas, el acceso tanto al mercado
nacional como al de la región, así como a nuevos ámbitos de
actuación que surgen del cambio tecnológico.
Uno de los principales activos que hoy posee el Estado, no
es sólo la propiedad de las Empresas, sino también las cuotas de
mercado que estas detentan. No resultaría positivo para las finanzas del país, procesos
de salida del Estado de algunos sectores, entregando franjas del
mercado que hoy detenta sin contraprestación.
Las
Empresas Públicas podrán participar en la incorporación de
nuevos proyectos. Si
se opta por licitarlos, las Empresas Públicas deberán poder
concurrir ya sea solas o consorciadas, en igualdad de condiciones
con el resto de las empresas..
Debe
contemplarse en los nuevos proyectos el aprovechamiento los
recursos humanos, materiales así como la infraestructura
existente. El
cambio tecnológico, así como el cambio de políticas de gestión
de personal por parte del Estado, ha provocado subutilización de
recursos en algunos segmentos, por los cuales se ha invertido en
el pasado y se continúa gastando en el presente.
Las
Empresas Públicas no deben ser utilizadas como instrumentos para
la introducción de subsidios estatales o el aseguramiento de la
viabilidad económica de negocios privados.
Cualquier política que implique subsidios debe ser
implementada y evaluada por el Ejecutivo.
Resulta inconsistente que una Empresa Energética Estatal
que debe competir, deba asegurar la infraestructura y el mercado a
sus competidores.
La
escala de las Empresas Públicas les permite ser un actor
destacado en el ámbito energético regional, lo cual además
puede ser potenciado con alianzas estratégicas que complementen y
amplíen su giro. Tanto la capacidad de la refinería existente, como la
potencia instalada en el sector eléctrico estatal, tienen un
volumen tal que permiten alcanzar una escala competitiva en la
región, resultando un objetivo de estrategia empresarial lograr
alianzas con empresas que se desempeñen en actividades donde las
uruguayas no incursionan, como en la producción y transporte de
petróleo y gas natural.
Deberá
procesarse en el mediano plazo una adecuación fiscal, que haga
que las transferencias al accionista que es el Estado, no queden
libradas a la cobertura de las necesidades de caja del gobierno
central. Las finanzas
públicas, afectadas por circunstancias ajenas al sector energético,
requieren de las Empresas Públicas como instrumentos de recaudación,
vía impuestos o transferencias a rentas generales, utilizados por
su facilidad de recaudación y baja morosidad.
Esta utilización se hace inviable en un entorno
competitivo, por lo que es necesario arbitrar los medios para
salir de este mecanismo fiscal.
Las
Empresas Públicas deberán tener a su alcance, todos los
instrumentos legales y constitucionales para la incorporación de
capitales que les permita encarar inversiones.
Si bien su política de inversiones debe estar alineada con
la del conjunto de sector público, existen numerosos mecanismos
de ingeniería financiera alternativos que pueden ser
considerados, tales como la emisión de obligaciones, emisión y
ampliación accionaria, leasing o créditos de proveedor entre
otros.
Al
igual que en el sector privado, debe existir una coordinación de
políticas entre todas las empresas energéticas que pertenecen a
un mismo accionista, en este caso el Estado.
Entre los distintos actores energéticos que operan en la
región, se encuentran varios que operan en más de un sector,
tanto en las distintas etapas de la industria del petróleo, del
gas natural como de la electricidad, conformando holdings energéticos,
lo que debería ser tomado en cuenta como criterio de actuación
de las Empresas Estatales.
Como
todas las Empresas, las de carácter estatal también deben llevar
a cabo políticas que les permitan mantener y ampliar su cuota en
el mercado, porque su estancamiento significaría su caída, y la
pérdida de un capital que pertenece al conjunto de la sociedad.
Algunos
comentarios finales sobre la coyuntura
En
los últimos tiempos, se han producido variantes en la política
energética. A la
suspensión luego de un grado de avance importante de las obras de
la refinería, se agrega el cambio de estrategia para la expansión
del parque generador térmico.
Con
respecto a este último punto, se ha anunciado la convocatoria a
una licitación internacional, por un contrato de potencia y energía
asociada de una central a construirse en el país.
Se
sostiene entre otras cosas, que además de la necesaria ampliación
del respaldo térmico que asegure el suministro, así como la
mejora en las condiciones de competitividad, el país no está en
condiciones de aumentar el endeudamiento, y que ante la aparición
de un outlook negativo en una calificadora de riesgo, el
investment grade de la deuda pública se podría perder, con el
consiguiente aumento del costo del financiamiento.
Al
mismo tiempo, al recibirse una inversión extranjera directa como
la propuesta, se estaría dando una fuerte señal de confianza en
el país para los inversores externos, posibilitando el ingreso de
nuevas inversiones, así como un abaratamiento del crédito por
una mejora en la calificación de la deuda.
Ante
estas valoraciones, se puede decir que:
Los
ejemplos internacionales señalados precedentemente sugieren que
no resulta evidente una correlación entre la calificación de
riesgo y la inversión extranjera directa en el sector eléctrico.
Basta ver la calificación argentina o venezolana, en
relación con la incorporación masiva de inversiones de riesgo,
en lo referente por ejemplo a ciclos combinados o privatizaciones.
Estos ejemplos sugieren que las causas fundamentales de una
mala calificación, parecen encontrarse fuera del ámbito energético.
En
la alternativa propuesta, el Estado le proporciona al ganador de
la licitación un contrato de gas, infraestructura y un contrato
de potencia y energía asociada.
Estas condiciones significan una limitada exposición al
riesgo, lo cual puede reflejarse en un costo competitivo.
Pero debe tenerse en cuenta que el Estado en los costos
precedentemente señalados, tendrá incluido la renta del
operador, así como soportar la subutilización del parque térmico
y los recursos humanos existentes, que en estas condiciones, sin
inversión quedarán cada vez más fuera de competencia, perdiendo
el Estado sin contrapartida alguna, el activo que constituye su
parte participación en el mercado de generación eléctrica.
El
Estado asume compromisos a futuro de pago de contrato de gas,
potencia y energía asociada, con lo cual su nivel de
endeudamiento igualmente aumenta, con las mismas eventuales
consecuencias negativas de compromiso de la calificación de
riesgo que se quiere evitar con esta alternativa.
Tratándose
en definitiva de un contrato de financiamiento, construcción,
operación y mantenimiento, y no una inversión de riesgo
importante, parece poco probable que esta alternativa pueda ser
interpretada por las calificadoras como una reforma estructural,
ni por los inversores externos como una señal de confianza
relevante.
Una
fuerte señal de confianza en el país, se daría si se instalara
un generador privado, consiguiendo a su riesgo los contratos de
gas, así como apostando a captar grandes consumidores, contratos
de distribución y un alto índice de despacho.
Esa opción parece lejana por el momento.
Además
de los cambios en la institucionalidad regulatoria eléctrica ya
iniciados, una reforma estructural importante aun pendiente en el
sector, es la reforma del marco jurídico de las empresas eléctricas
estatales, que notoriamente restringe su accionar en un mercado
competitivo, limitando su eficiencia.
Una reforma de esa naturaleza, redundaría en una mejora de
la calificación de riesgo, y si bien han existido algunos
proyectos, no parecen visualizarse en el corto plazo iniciativas
con capacidad de concreción, debiendo este tema ocupar un lugar
preponderante en la agenda de política energética.
Hechas
estas consideraciones, una actitud constructiva para esta y otras
situaciones, significa analizar todas las alternativas
disponibles, sin exclusiones de ningún tipo, evaluándolas en
todas sus implicaciones económicas, sociales, ambientales y políticas,
teniendo como objetivo final el beneficio del conjunto de la
sociedad.
LA
ONDA®
DIGITAL
|