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¿Qué piensa el nuevo ministro de Economía de Uruguay, Alejandro Atchugarry? En
mayo de 2001 el Centro de Estudios Estratégicos 1815, que preside
el general Líber Seregni, realizó un seminario sobre
“Servicios públicos: aportes hacia una política de Estado”.
Por el Partido Colorado habló el entonces senador Alejandro
Atchugarry, quien desde el pasado 23 de julio es el Ministro de
Economía de Uruguay. A continuación el texto completo de esa
ponencia. En
primer lugar, quiero señalar la muy agradable impresión que nos
hemos llevado ante esta iniciativa. La convocatoria que el general
Seregni ha hecho a todos los Partidos, remarca caracteres de
civilización política de especial consideración para los
uruguayos, que somos fogosos en nuestras ideas. Sin embargo, en un
mundo bastante dividido en tribus, es importante el hecho de que
hoy nos reunamos para conversar y lograr avances sustantivos
siguiendo a quienes más saben de estos temas --los técnicos--,
que han marcado un rumbo de entendimiento. Cuando
se aborda este tema, con el alcance dado --servicios públicos
vinculados a las empresas--, lo primero que uno refiere es que
nuestro Partido tiene una vinculación de presente y futuro y
hasta afectiva con estas empresas. De alguna manera hemos
participado en su creación, en su desarrollo, en sus virtudes y
en sus vicios. Y no pretendemos eludir lo que puede ser la
responsabilidad especial de contribuir a su mejoramiento. Hace
pocos años, preocupados por el hecho de que este mundo moderno
nos obligaba a generar cambios sustantivos en la manera de
organizar los servicios públicos, fuimos a bucear en nuestras raíces,
para entenderlas. Esto no quiere decir que haya que pensar o hacer
lo mismo que a fines del siglo XIX. Lo hicimos para encontrarnos a
nosotros mismos y para entender qué se quiso hacer. No en vano el
Presidente de la República marcó esta mañana el término armonía,
porque ésa fue la palabra que caracterizó el pensamiento de una
corriente denominada "krausismo", que tiene vínculos
con José Batlle y Ordóñez, con el radicalismo argentino de
Irigoyen y con algunos movimientos españoles. Esa
corriente buscó remarcar una filosofía básicamente humanista y
trató de conciliar y no polarizar la relación Estado-individuo o
sociedad-Estado. Trató de buscar el concepto armónico de un
Estado que hace las cosas cuando la sociedad es débil, y también
el concepto de fortalecer, esa sociedad, al individuo y a la
familia para que no estén en esa situación de debilidad
permanente, que obliga al Estado a encargarse de todo. Se trata de
que el Estado procure ser un padre que enseña a su hijo a
caminar. La idea es que no toda la vida el individuo necesitará
tomarse de sus manos para hacerlo. Esto,
que parece hasta obvio, no lo es tanto cuando uno empieza a tratar
de posicionarse en un mundo complejo, moderno y cambiante. Ahí
encontramos el panorama de las empresas públicas uruguayas y sus
servicios, responsables de 15 puntos del Producto, contra menos de
10 del Gobierno Central, al que se cree siempre tan rico y capaz
de hacer todo. Aquí no incluyo a los Bancos del Estado, que son
responsables del 46 % de los préstamos del país, y que
constituyen un área que se vincula con el desarrollo del Uruguay,
de las disputas políticas y la reflexión de todos nosotros. Esta
área tan particular ha tenido una sensible evolución en los últimos
años, donde la realidad ha transitado por los mismos u otros
caminos que la discusión política. Estas
empresas fueron evolucionando en su volumen de personal. Sin
contar el BPS, evolucionaron en esta materia de 50.000 a 30.000
empleados. En
materia económica facturan anualmente U$S 3.000:000.000, que se
concentran básicamente en tres empresas. ANCAP facturó en el año
2000 U$S 1.040:000.000; ANTEL más de U$S 800:000.000 y UTE más o
menos lo mismo. Sin
embargo, el mundo las fue enfrentando a situaciones en las que
pudimos apreciar varios hechos. El primero de ellos es que la lógica
de una empresa monopólica va ocasionando un esquema de
pensamiento tan fuerte, que aún contagia a los más liberales, en
cuanto asumen su dirección. Me refiero a que nos vamos olvidando
de para qué creamos una empresa, esto es, para proveer un
servicio a los uruguayos. Por lo tanto, la lógica comienza a ser
que lo que es bueno para la empresa, hay que hacerlo, aunque
eventualmente no sea lo mejor para el país y para los usuarios.
Si puedo abusar de una renta monopólica, así lo haré. Si tengo
que optar entre modernizar algo o abrir las posibilidades a los
usuarios, veo de qué manera puedo obturar todos los poros para
que las actividades no se escapen de mi monopolio, porque mi
preocupación es la renta. Sin embargo, a veces olvido que yo hice
la empresa para que la gente se comunicara. A veces vemos que
nuestros compañeros, que nos daban cátedra de liberalismo,
cuando se ponen la camiseta de la empresa alteran esa visión. El
hecho de promover una discusión con las empresas para ver hacia dónde
vamos, es volver a las fuentes y, en definitiva, volver al
usuario. Creo que un rediseño de las empresas pasa por volver a
sentir en el alma que es el usuario la razón de ser y debe estar
en nuestro corazón. No es el Estado el que debe estar en nuestro
corazón sino el usuario, ya que aquél es un instrumento a favor
de la sociedad. Esto
se puede traducir en algunas reflexiones. Una de ellas es que la
realidad va rompiendo los diques y, en consecuencia, eso supone
que tengamos la obligación y la responsabilidad de repensar las
áreas de servicio y considerar a las empresas que creamos como un
suministrador más de esos servicios. Además de sentir qué es lo
que logramos para el usuario debemos sentir que tenemos
responsabilidades políticas, pero a veces la tentación de la
confrontación ideológica hace que lleguemos a situaciones por
las cuales aparecen grandes discusiones. Por ejemplo, eso sucedió
con la discusión del marco energético en el caso de la UTE. ¿Pasó
algo con eso o realmente el desafío de la UTE vino a través del
desarrollo del gas natural? ¿Fue
el tema del marco energético que colocó en una gran competencia
a la empresa o esa situación --que felizmente está llegando-- se
debe al cambio de la matriz energética y la aparición del gas?
Tuvimos una discusión política importante y la realidad ha
provocado que la empresa hoy esté en una situación de acordarse
de usuario, tratando de captarlo con técnicas de márketing y de
venderle cualquier cosa con tal de que use la electricidad. Esa es
la actitud normal de una empresa que vende energía y no la de un
Ministerio, que es lo que a veces parecen nuestras empresas públicas,
donde en oportunidades, el usuario más que cliente se le trata
como un gobernado. Por el contrario, el concepto debe ser empezar
a jerarquizar al usuario, tratando de captarlo y llegar a otra
relación. Hoy
tenía pensado decirles que, en función de todo esto, deberíamos
empezar a hacer tales y cuales cosas. Sin embargo, felizmente me
encuentro con algo más importante para señalar. Hay mejores
elementos para considerar en un documento preparado por los técnicos
que han expuesto en esta jornada. Allí, más que inventariar los
problemas que tenemos, han presentado un conjunto de propuestas y
demandas, en especial a los partidos políticos. Comparto
plenamente la orientación de este documento, donde el primer
punto plantea que el objetivo básico de los servicios públicos
es contribuir al bienestar de los usuarios. Insisto en que esto
parece elemental pero la práctica nos muestra que lo elemental
debe ser puesto nuevamente sobre la mesa, porque la práctica de
todos los días lo hace olvidar. En
segundo lugar, se plantea un rediseño y un fomento de la
competencia. Esto supone regulación y, notoriamente, las
funciones de la regulación muchas veces se confunden con una
situación de monopolio o dominio del mercado. Por ejemplo, el
sistema de estaciones de ANCAP es un sistema claramente regulado,
con una memoria en la empresa que ha excedido los Directorios
porque la empresa hace treinta años que está en el plan de no
expansión de estaciones. Eso es posible en función de que ANCAP
tiene el monopolio que más le importa, que es el de la importación
de refinados, que permite mantener todo este esquema. El
documento de hoy también reclama al sistema político que demos
certeza en las reglas de juego. No hay peores reglas de juego que
las que no están firmes, porque si existen después se podrá ver
si son mejores o peores. Esa certeza implica explicitar las
actitudes de los partidos a propósito de estos temas, que
refieren no solamente a derogar esto o aquello sino también a
determinar en qué medida voy a incidir en las decisiones
empresariales o en las reglas de juego para los usuarios, en función
de los cambios de la situación política o de mi sensibilidad. Hay
aquí un conjunto de gente muy valiosa, que notoriamente responde
a distintas corrientes de pensamiento del país, podemos decir
"qué bien" y seguir el camino, o podemos comprometernos
a realizar lo que se nos propuso esta mañana: buscar o acentuar
las concordancias. Digo esto porque no hay tiempo, tal como todos
sabemos, en ANTEL, en ANCAP, en la UTE o en el puerto. En
consecuencia, creo que en estas áreas hay una situación política
muy clara para definir. Seguimos cada cual manteniendo nuestros
puntos de vista y buscando exacerbarlos en el 2004 para marcar
nuestros perfiles, o asumimos una propuesta clara y concreta para
trabajar y ponemos un par de personas de cada partido para ver qué
podemos hacer. Tenemos
el tema de ANCAP para decidir. ¿Vamos a derogar el monopolio de
importación de crudo y de refinados para permitir que ANCAP se
pueda asociar? ¿Creemos que podemos exportar nafta a Argentina y
Brasil y que eso no hará caer nuestro monopolio de importación
"ipso facto"? ¿Vamos a explicitar la regulación que
tiene el sector de los combustibles y decir, por ejemplo,
"los partidos estamos de acuerdo en que no puede haber muchas
estaciones y no queremos por unos años que esto sea un desorden
terrible. Queremos regular esto pero estamos bastante convencidos
de que ANCAP, así como está, si no busca una asociación u otro
camino no tiene futuro"? ¿Estamos dispuestos a resolver el
destino de ANTEL? La
manera de decir que cumplimos con la convocatoria es ver si los
partidos podemos comprometernos a sacar un conjunto de asuntos,
referidos a estas empresas, en los que tengamos coincidencias. La
primera de ellas es que en un monopolio la situación del usuario,
aquí y en cualquier parte del mundo, es muy compleja y débil.
Entonces, votamos leyes de defensa de la competencia o del
usuario, pero esas leyes funcionan poco cuando mantenemos un
monopolio. Hay básicamente dos monopolios --el de la telefonía básica
y el de los combustibles-- que soportan una serie de situaciones. Tengo el claro propósito de dejar más que un punto de vista particular del gobierno o de mi Partido, una fuerte invitación a todos los partidos, para animamos a trabajar sobre este documento, con nuestra mejor gente, para ver si en estos puntos --defensa del usuario, mejora de la competencia, las regulaciones, entre otros-- podemos encontrar la baja de costos que nos reclaman y que no podremos hacer si no pasamos por este camino. Tal vez las reformas más espectaculares fueron las de la década pasada. Hoy quizá las reformas más difíciles de hacer son la de la mejora de la gestión y buscar estas circunstancias para romper, en definitiva, pequeñas cápsulas. Por lo tanto, espero que con el correr del tiempo pueda tener una expresión clara en cuanto a si es posible transitar este camino, poniéndonos de acuerdo para hacer cosas concretas. Después haremos los discursos. LA ONDA® DIGITAL |
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