Portada del último número de La ONDA




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Integración en la Unión Europea
y el Mercosur

Preguntas e interrogantes desde la perspectiva del socialismo democrático

por Eric Hintermann *

Muy buenos días a todos, muy especialmente a los organizadores uruguayos de este encuentro, el Partido Socialista, y en lo referido a la Fundación Jean Jaurès, a su puente suramericano, la incansable Susana Delbo. 

¿Por qué estamos hablando hoy día de integración en el Mercosur y en la Unión europea ? Primer nivel de respuesta, porque se trata de hablar de las relaciones, complementarias o no, mutualmente  positivas o no del Mercosur con la Unión europea, y de la Unión europea con el Mercosur. Pero el hecho que sea este acto organizado por socialistas democráticos de los dos lados del charco, introduce otra dimensión, un segundo nivel de respuesta a nuestro interrogante inicial, que impone una reflexión, como socialistas, no solo relacionada con los intercambios entre los dos bloques regionales, sino también con la integración como tal. En el « mundo en que vivimos », como lo definió muy bien Julio Godio en su último libro (1), la integración es una característica fundamental con, y tanto como la globalización. La integración de la misma manera que la globalización tiene desde un punto de vista socialista, un doble perfil, amenazante de un lado,  esperanzador, del otro. Se trata para el movimiento socialista de un desafío, uno más, para adaptar sus principios, sus objetivos al marco contemporáneo de las luchas políticas y sociales. Lo de hoy no es sino una piedrita para edificar nuevas estrategias, buscar alianzas, en una dirección compartida con muchas fuerzas en la Unión Europea, en el Mercosur, o en muchas otras partes como lo vimos todos hace poco en Porto Alegre. Por eso, antes de entrar al grano de mi ponencia, me dirijo a los organizadores para hacerles una propuesta, la de concluir nuestros debates con una Declaración, reflejo sintético, no se trata de armar un memorandum, de la visión compartida de la integración en el Mercosur y en la Unión Europea que tienen los participantes a este seminario. 

A pesar de los aspectos económicos y comerciales íntimamente ligados a todos los procesos integradores, como a casi todos los debates relacionados con el tema, a pesar de las agendas integradoras de los gobiernos, que excluyen de hecho, puntos de su orden del día que no sean económicos, a pesar de la tendencia universal a plantear en términos estrictamente económicos, el nuevo momento del mundo, la globalización, sea a favor o sea en contra, la creación de mercados comunes, de zonas de libre – comercio - en fin de espacios económicamente más o menos integrados- tiene un carácter  político. El contenido complejo de esos procesos y de sus contradicciones no debe y no puede impedir, un diagnóstico, como tampoco la definición de proyectos y objetivos de parte de los que se reconocen en los principios del socialismo democrático. Especialmente en Europa y en el cono sur de América, donde se van construyendo de un lado la Unión Europea y del otro el Mercado común del sur. 

A este nivel ¿qué se puede decir, para ir  al grano, del relacionamiento entre socialismo e integración entre países vecinos, como la que existe hoy día en Europa y en el cono sur de America 

Las uniones de países, Mercosur - Unión Europea, mirándolas desde una perspectiva histórica, crearon espacios concretos de desarrollo y de paz. La integración ha permitido aumentar la tasa de crecimiento económico entre países vecinos y por lo tanto, consolidando las relaciones mutuas, crea un ambiente de confianza y de paz. Pero la integración no es, como tampoco los  Estados,  sino un marco de relaciones, de intercambios, de flujos, que no tiene por qué definirse como socialista. Hubo, hace años, debates contradictorios sobre socialismo y construcción europea. Algunos llegaron a decir, como François Mitterrand, « Europa será socialista o no será ». Jacques Delors hace poco, contestando a un periodista, dijo que no compartía la opinión emitida en su tiempo por « algunos » socialistas. Efectivamente si los socialistas pueden ayudar a construir espacios supranacionales compartidos, la construcción de estos espacios depende de factores y de actores múltiples. Lo que sí pueden hacer es luchar, como lo hacen en el marco de sus respectivos Estados, para dar contenidos  socialistas y democratizadores a lo que toda forma se va armando. 

Integración no es y no puede ser sinónimo de internacionalismo, y mucho menos de socialismo.  

2 . Lo que quiere decir es que más allá de la necesidad de profundizar la cooperación entre naciones, mejorar el funcionamiento de las comunidades de naciones, establecer relaciones complementarias entre bloques continentales, entre entonces el Mercosur y la Unión Europea, 

El cómo no puede sustituirse al por qué

El cómo mejorar la construcción de una casa común con distintos Estados, el cómo diseñar estrategias más ambiciosas, globales para fortalecer un mundo más equilibrado, no tiene por qué borrar la necesaria reflexión como socialistas y como demócratas sobre lo que no es, - como el Estado, o las instituciones de competencias territoriales inferiores, regiones, departamentos, municipios -, sino un marco de actuación política. 

3. A veces en muchos de los debates relacionados con integración, los compromisos toman una coloración teológica. Uno está en contra para mantener una supuesta pureza ideológica socialista, que no es a veces sino otra cosa que una forma escondida de metafísica, y la expresión del rechazo a comprometerse con el mundo real y los cambios posibles, que suponen el reconocimiento del adversario, considerando estos compromisos, heterodoxos y finalmente herejes. Otros están a favor porque, para ellos,  la integración no se puede discutir, como no se podía en otros tiempos hablar de Dios, en nombre del argumento del consentimiento universal que probaba su existencia (2). 

Pero para un socialista democrático el por qué es la única brújula posible. Permite definir, con sentido racional, respetando los principios éticos, que son los del socialismo democrático, sin medirlos a supuestas tablas de une ley más teológica que política, proyectos, objetivos, marco de actuación y de compromisos, estrategias, alianzas, - internas como exteriores-. 

4. Es la línea de reflexiones que me gustaría seguir con vosotros hoy día. Una línea no  específica a la temática que estamos hoy debatiendo. Una línea que corresponde a una manera de leer el mundo, crítica y autocrítica,  con matices tanto socialistas como democráticas, lo que quiere decir alejada de referencias intocables, sagradas, o supuestamente  materialistas pero de hecho religiosas. Una línea anclada en un pensamiento y una praxis racional, laica  y republicana, como decimos en Francia. Emilio Frugoni, lo expresó en su tiempo aquí y muy bien cuando en la Cámara de Diputados de la República Oriental tuvo que defender el 23 de agosto de 1917, durante unos debates polémicos sobre la separación de la iglesia y del Estado a Jean Jaurès, »no corresponde invocar a Dios, cuando lo que se debe hacer es exaltar en los pueblos la conciencia y la voluntad, para que (..) lleguen a transformarse en dueños absolutos de sus propios destinos. Debemos (..) suscitar en el pueblo el sentimiento de su propia responsabilidad colectiva (..) Dejemos a Dios, si existe, en el centro del universo, pero en el centro del mundo político y institucional (..) pongamos al pueblo como único Dios verdadero » (3). 

EL CÓMO va imponiendo su lógica, su dinámica y su calendario a los integrantes de cualquier institución, sea intergubernamental o más articulada, como el Mercosur y la Unión Europea.

En el caso de la Unión Europea, los observadores especializados definen su dinámica y su coherencia como la de una « integración furtiva » (4), cuya velocidad y cuyos avances vienen de un motor interno que se impone de hecho a los Estados miembros y a sus dirigentes. El turno semestral entre países miembros impone al que preside una movilización excluyente de su diplomacia, para organizar las dos cumbres que le corresponden. Una para hacer el balance de lo hecho y de lo que queda por hacer, y la otra para presentar el resultado de lo hecho. En medio, los ministros especializados tienen al menos una reunión mensual. La política europea está entonces predeterminada por esa continuidad, insertándose cada uno en una carrera de equipo, en donde se toma cada seis meses un relevo teórico. Se trata en realidad de la batuta de un director de orquesta. La música ya está sonando. Cada presidencia intenta añadir una partición nueva a las anteriores, respetando un programa definido en tiempos casi olvidados. La Comisión europea, secretaría técnica permanente, con sus funcionarios, se encarga de que ninguna nota sea olvidada, y va proponiendo particiones nuevas a una velocidad cada vez creciente. La Unión hoy día en sí mismo va fabricando sin impulsión exterior cada vez más integración. La CECA de 1951, la CEE de 1957, pasando por el Acta Unico de 1992, y el tratado de Maastricht, hoy de Unión europea, integro poco a poco más países y más competencias. Cambiar de estilo, detener el ritmo, para diseñar objetivos distintos a los de los padres fundadores, es siempre muy difícil, aunque sea en teoría posible. Reorientar los ejes de actuación es también en teoría posible. Aunque proponer nuevas jerarquizaciones de prioridades suponga un esfuerzo mucho mayor del necesario para alimentar la capacidad creativa de una institución que de toda forma la tiene pero dentro del marco existente. 

El Mercosur más reciente, tiene ambiciones por el momento arancelarias, y una estructura mínima, articulada por el Estado miembro en carga de la secretaria semestral  pro tempore y de las cumbres presidenciales. De 1995 hasta 1999, uno no puede sino ver cómo esa mecánica institucional mínima produjo resultados de una gran eficiencia comercial. Cada cumbre, siguiendo la lógica inicial, amplió el espacio arancelario común. Y cada ano los participantes no podía  sino felicitarse con sus socios de un éxito lineal en lo que se refiere al comercio intraregional. 

TABLA    (5)

Intercambios comerciales del Mercosur                    Total 
Hacia Mercosur

1991-1997    
                                                         11,1%
26,3%

A pesar de todo, los espacios integrados aparecen hoy día en crisis tanto el Mercosur como la  Unión Europea. Están amenazados por sus éxitos, frutos de una dinámica que está empezando a socavar lo que hizo salir de la nada. Los éxitos de las políticas comunes europeas están llegando a un punto límite. La política agrícola es el símbolo de una voluntad colectiva europea común, en este caso para llegar a una autosuficiencia alimenticia, como para ofrecer una respuesta social a una categoría, los agricultores, desestabilizada como en todas partes por la variación de precios, y muy reivindicativa. 

Efectivamente de los años sesenta hasta la fecha, el andamiaje de la PAC, articulada en la organización de distintos mercados de productos, una política de precios garantizados, ha dado  resultados impresionantes. Los agricultores, franceses, pero también alemanes y holandeses,  en poco tiempo dieron una autosuficiencia real a la entonces Comunidad europea. Garantizaron de esa forma su renta, como grupo productor. Pero la mitad del presupuesto europeo está dedicado a la agricultura. Los países que tienen pocos agricultores y que no son agroexportadores piden cada año con más fuerza una redifinición de la PAC. Y la crisis de la vaca loca está demostrando que la búsqueda de la productividad se hizo con riesgos graves para la calidad de los productos y la salud de los consumidores. La coyuntura internacional pesa sobre los acervos de la Unión. La ampliación europea se impuso sin preparación previa, como consecuencia de la implosión del sistema soviético. Después de tantos discursos solidarios con los pueblos separados del Este, los Europeos occidentales tenían que abrir las puertas de su casa común. Huérfanos de un imperio no deseado que se impuso después de la segunda guerra mundial, deseosos de arrimarse al sistema hasta este momento opuesto y enemigo, los antiguos países satélites presentaron su candidatura a la Unión. El presupuesto actual no permite hacer frente a esa ampliación, mantener las políticas comunes agrícolas como de solidaridad regional. Mas la estructura institucional, ideada para seis países miembros, mantenida a duras penas para 10, 12 y 15, no tiene capacidad institucional para funcionar con 29 o 30 miembros.

El Mercosur a partir del 99 tomó un rumbo no previsto por sus creadores. Aparece hoy día también como un espacio en crisis. Instrumento institucionalmente ligero, a diferencia de la Unión europea, empezó a tambalear con el cambio de coyuntura internacional. Sin moneda común, ni siquiera cooperación monetaria, un sálvese quien pueda se impuso a los gobernantes. Alguno, Brasil, buscó jugar con su moneda para mantener una competitividad exterior, como interna al bloque. Otro, Argentina,  ligado por ley a una tasa de cambio fijo, intentó reencontrar márgenes bajando el coste del trabajo. Más tarde Argentina pero también Uruguay y Paraguay tomaron medidas arancelarias defensivas, lesivas para el espacio comercial común. Esas medidas divergentes fruto de circunstancias contrarias alimentaron críticas cruzadas mutuas e hicieron madurar rápidamente grietas escondidas. Dice Roberto Bouzas, investigador de Flacso, « los miembros del Mercosur no entraron en el proceso integrador con los mismos intereses (..) pero esas diferencias (..) no impiden compromisos mutualmente aprovechables » (6).  No impiden tampoco la emergencia de escenarios contrarios en donde las divergencias iniciales acumulan sus efectos negativos con medidas que no son especialmente el resultado de un compromiso positivo para todos. De hecho unos días antes de la cumbre de Florianópolis, en diciembre pasado, en donde Chile tenía que anunciar su adhesión formal, desde Santiago se anunció la apertura de negociaciones comerciales bilaterales con Estados Unidos. Uruguay, miembro fundador del Mercosur, siguió más tarde el  mismo camino, de acuerdo con el discurso del presidente Jorge Batlle a los embajadores europeos el 13 de octubre de 2000 (7). El actual ministro argentino de economía no quiere por lo que parece garantizar a todo precio la lealtad de su país en relación al futuro del Mercosur. El secretario general de Itamaraty, el embajador Seixas Correa, sacó una conclusión en forma de fotografía instantánea el 20 de junio de 2001, « el Mercosur vive un problema grave de falta de integración ». Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil, hizo un comentario más áspero, unos días más tarde, « no es posible », dijo, « resolver problemas propios creando problemas a terceros ».

En un caso, Europa, como en el otro, Mercosur, hay un sin fin de médicos predican y recetan formulas, sin duda necesarias para salvar el acervo común. La cumbre de Asunción como la de Goeteborg, reflejan esa preocupación. El cómo impone en la crisis lo que imponía en momentos de éxitos, es decir, solo un criterio - marco de funcionalidad para la reflexión y las propuestas. Coherente con esa aproximación de la integración Pascal Lamy, Comisario europeo, de visita a Buenos Aires el 11 de julio último, hizo el comentario siguiente sobre el momento actual, « lo que necesitamos es mas Mercosur, y no menos Mercosur ». Pero como lo dice el sabio en este caso, Montaigne, « ciencia sin conciencia no trae sino ruina del alma ». No se trata de buscar a todo precio como mantener una estructura en crisis, sino por qué

EL POR QUÉ
Los partidos de la familia socialista tienen que plantear la problemática integracionista de otra forma. O mejor dicho  insertar un criterio de finalidad acorde con sus principios para hacer frente a todas la dinámicas comunes, sean más o menos integracionistas, en una coyuntura política como económica más o menos positiva. No pueden satisfacerse con dedicar toda su atención a la integración como tal. Si nuestros partidos no integran el por qué, si no dan una finalidad propia a la integración, corren el riesgo de alejarse de las preocupaciones de la gente, de su gente, perder la capacidad de dar una forma institucional a las esperanzas populares y perder por fin elecciones. 

Algunos acontecimientos recientes plantean interrogantes políticos. Los pueblos se alejan de la vida democrática, o mejor dicho consideran cada vez más que es un teatro de sombras. La fuerza tomada por el ausentismo político, en un   sentido electoral y institucional, el auge de actuaciones violentas, no son sino el testimonio social de una inadecuación entre las propuestas políticas, los programas de gobierno, y los problemas del ciudadano común. La globalización, extensión geográfica del sistema económico de mercado al antiguo mundo soviético, y aceleración de los intercambios y de los flujos permitidos por las nuevas tecnologías de comunicación, desestabiliza la vida política y social de los pueblos. El marco histórico del debate democrático y de las contradicciones, el Estado, va perdiendo su pertinencia y entonces su legitimidad. La respuesta global diseñada, la creación de bloques regionales, aparece a veces más como un elemento participando en la desaparición de la soberanía popular como un elemento de respuesta a la globalización. Los Daneses consultados sobre la participación de su país a la moneda europea única votaron en contra. Los Irlandeses se pronunciaron en contra del último tratado europeo. El desafío esta ya planteado a los responsables políticos. ¿Por qué esta desconfianza creciente entre los ciudadanos y sus responsables electos ? ¿Por qué esta visión negativa de la globalización y de la integración ? ¿Por qué integrarse entonces ?

¿Por qué integrarse ?
Por miedo a la guerra. Para construir la paz. La nota es evidentemente más fuerte en Europa que en América del sur. Pero la creación del Mercosur como la de la Unión Europea fue el resultado de una  voluntad  política. Por supuesto no se trata de negar el carácter fuertemente comercial y económico de esos dos bloques. Pero no se puede ignorar tampoco que al principio hubo una visión política articulada sobre un proyecto económico concreto. Porque integrarse económicamente, en todas partes, aquí en América del sur como allá en Europa,  trae en sí como consecuencia política inmediata un estado de no - conflicto, a veces de paz. Es cierto que eso siempre cayó bien a los socialistas. Paz y socialismo fueron siempre y siguen todavía íntimamente ligados El líder histórico del socialismo francés, Jean Jaurès, murió como martirio de la paz, intentando hasta el último momento, mantener puentes de comunicación entre los pueblos franceses y alemanes.  

Ustedes lo saben bien, Jaurès vino a Montevideo en 1911, para dialogar con el padre del socialismo uruguayo, Emilio Frugoni, y abrir nuevos espacios entre socialistas de los dos continentes (8). En esta época, en Uruguay como en Francia, la combinación de la paz y del socialismo se llamaba internacionalismo. « Poco internacionalismo nos aleja de la patria », decía Jaurès, « Mucho internacionalismo nos acerca de ella ». Pero en este momento, el internacionalismo, a pesar de la fuerza de la fórmula y de las convicciones,  no pudo impedir la primera guerra mundial, tampoco la segunda y mucho menos los conflictos coloniales del siglo XX, y más recientemente los enfrentamientos étnicos de Africa y de Europa. 

Después de la segunda guerra mundial muchos socialistas en el mundo decidieron militar activamente para la paz. Fueron  militantes y partidarios de la integración concreta de sus países en conjuntos amplios, sean intergubernamentales puros o más complejos al estilo de la Unión Europea. Dentro de los padres de la Europa comunitaria actual uno puede encontrar a los responsables de los partidos alemanes, italianos, belgas, franceses, luxemburgeses y holandeses miembros de la internacional socialista. Leon Blum presidio el incipiente Movimiento europeo en 1948. Este mismo año se creó el Movimiento socialista por los Estados Unidos de Europa, con presencia de Marceau Pivert procedente del ala izquierdista de la SFIO, nombre del partido socialista francés de entonces. Desde su creación en 1954 el Comité para los Estados Unidos de Europa tuvo el apoyo y la participación de Erich Ollenhauer presidente del partido social - demócrata alemán y de Walter Freitag, presidente de la Confederación de los sindicatos alemanes (9). 

El doctor Alfonsín para tomar un ejemplo más cercano geográficamente a nuestros debates, principal responsable del partido radical, miembro de la internacional socialista, fue uno de los inventores del Mercado común del sur, con la firma de la Declaración de Iguaçu en 1985 con su par brasileno (10). Los dos países, Argentina y Brasil, herederos de antagonismos coloniales, mantenían hasta 1985 un cierto nivel de desconfianza, materializado en los años 70-80 por una carrera armamentista y nuclear notable (11). 

Pero si la paz es un valor íntimamente ligado a los compromisos socialistas, otros partidos, otros militantes, la están también defendiendo. De hecho en un caso como en el otro, mirando a los firmantes de los pactos fundadores de Europa y del cono sur, uno no puede sino notar la presencia de actores no socialistas, con otros objetivos ideológicos. Uno no puede sino también notar que a pesar de esa heterogeneidad de origen, los firmantes crearon instituciones nuevas, contradictorias, pero formadores de cooperaciones entre vecinos con herencias conflictuales, participaron a la constitución de nuevos espacios de paz. Los socialistas deberían solo por esta razón  apoyar la creación de dos espacios integrados. No pueden limitarse a un objetivo que sea solo institucional, pero tienen que articular sus políticas concretas,  sus principios con una visión positiva de la integración. Lo que supone un inmenso esfuerzo para superar las tendencias nacionales y nacionalistas « naturales » que dejaron huellas muy fuertes en las mentalidades, sentimiento anti - alemán en el caso francés, o antagonismos entre argentinos chilenos y brasilenos. 

¿Por qué integrarse ?
Para  mantener una masa crítica permitiendo seguir existiendo en el mundo de hoy. Los Estados tradicionales, del tamaño de la República oriental, pero también las potencias medias como Francia, no pueden solos enfrentarse a los desafíos de la globalización. La unión ayer era la garantía de la soberanía mantenida. Lo es mucho más en el mundo actual, un mundo en donde se necesita  inversiones que superan las capacidades de la mayoría de los Estados para mantenerse en la ola de las nuevas tecnologías, un mundo en donde algunas empresas transnacionales tienen presupuestos mayores a los de muchos Estados, un mundo, en fin, en donde un país, Estados Unidos, cumula la mayoría de los factores de potencia, militar, económico, financiero, tecnológico, creando así una grieta  desequilibradora. Lionel Jospin, primer ministro francés, lo expreso de esa forma el 28 de mayo ultimo. »Hay (en Europa) naciones, fuertes, vivaces, apegadas a su identidad, que son la riqueza de nuestro continente. Hay también la voluntad de unir, de construir un conjunto que hará que cada uno sea más fuerte ». Porque yo quiero « una Europa que asuma plenamente su responsabilidad en la redifinición del orden mundial », (..) una Europa que tenga también la capacidad de » orientar la mundialización en el sentido del derecho y de la justicia ». Hubert Védrine, ministro francés de asuntos exteriores, tiene al respeto una teoría y una praxis, fundadas sobre el concepto de Europa potencia que tiene que equilibrar lo que él llama « la hiperpotencia » norteamericana (12). No se puede aquí profundizar los términos de un debate, abierto,  por el momento sin orientación clara. No comparten forzosamente los otros Europeos, socialistas o no, el camino propuesto por los socialistas franceses para recrear un equilibrio internacional a través de la integración, ofreciéndoles tomar un papel más activo, exponiéndoles a todos los riesgos políticos que tienen que enfrentar los que se ponen en primera línea. En su primera visita a Europa, el presidente Bush en su defensa del escudo anti - misiles, factor de tensión internacional pero sobre todo señal de un liderazgo que no quiere competencias, tuvo el apoyo de los gobiernos, español, inglés e italiano. Por otra parte y con razón, el ministro brasileño de relaciones exteriores, en una visita a París, en mayo de este año le dijo lo siguiente a Hubert Védrine. Lo de la Europa potencia, de un mundo que necesita nuevos equilibrios para salvar la paz nos gusta. Pero la posición francesa en los debates de la OMC como en las negociaciones  Unión Europea Mercosur no está en coherencia con la política de equilibrio que por otra parte quiere defender su país.

Esos debates interesan también el Mercosur. Cada uno de sus miembros solo no puede mantener el mínimo de soberanía necesario a la definición de políticas nacionales. El nivel de autonomía cambia con la convergencia de las distintas energías nacionales. Intercambiando más unos con otros, crece el margen de estabilidad. Cooperar da potencialmente una capacidad de desarrollo al sector productivo regional. Refuerza por supuesto su capacidad negociadora en los foros internacionales, especialmente los foros comerciales. Por eso la presión exterior, la de Estados Unidos muy particularmente, se acrecentó a partir de la creación del Mercosur. Pero por otra parte es cierto que la Unión europea no ha dado señales muy claros de acercamiento, sino más bien señales contradictorias. Los miembros del Mercosur tampoco han dados respuestas coherentes a las presiones exteriores. El desequilibrio de un conjunto en donde uno de los miembros, Brasil, a diferencia de la Unión Europea en donde Francia, Italia, Inglaterra, equilibran al más potente Alemania, pesa más que los tres otros, distorciona la definición de políticas. Brasil a veces despierta inquietudes en Argentina como en Chile, eterno candidato a la adhesión. Argentina, como Chile, en nombre de lo que un ministro argentino llegó a llamar una « relación carnal » y un intelectual orgánico del peronismo, « realismo periférico », (13), buscaron en Washington un socio para equilibrar la superpotencia regional brasileña.

Para socialistas, aquí como en Europa, el frente de la mundialización constituye un elemento que tiene que movilizarnos para construir espacios regionales integrados. Tenemos que priorizarlo y entonces actuar para reducir todos los elementos de tensión existentes entre socios del Mercosur, socios de la Unión Europea, y también entre Mercosur y Unión Europea. 

¿Por qué integrarse ?
La respuesta más común para socialistas, y que les caracteriza a ellos únicamente, es la necesidad de construir espacios sociales correspondientes al cambio de escala del marco empresarial y social. Es un tema recurrente en todos los niveles de responsabilidad, sean sindicales, partidarios, o correspondiente a cargos electos. La necesidad de armar respuestas colectivas a desafíos cada vez más continentales y ahora mundiales, se impuso de una forma muy temprana. De ello surgieron formas organizativas originales como la Internacional socialista, la UPSE, hoy PSE en Europa, el Comiteé latino - americano de la IS, la Coordinadora socialista latino -americana o el Foro de San Pablo en América latina. Los intendentes progresistas del Cono sur acaban de reunirse en Bunos Aires, el 11 de mayo para crear una estructura permanente de intercambios relacionados con lo social. Las ideas y  los proyectos continúan. Todos los líderes de partidos europeos expresaron en los últimos meses su visión del tema. Los más impacientes presentaron una moción al congreso de Berlín del Partido de los socialistas europeos en mayo pasado. Pero sin hablar del Mercosur que no tuvo y no tiene por el momento agenda social, uno no puede sino notar que las políticas comunes europeas no tienen a pesar de los esfuerzos, de los discursos y de los proyectos presentados por los partidos socialistas una vertiente social muy articulada.  La última presidencia francesa consiguió a duras penas presentar una agenda social que pretende solo favorecer convergencias en políticas sociales. A pesar, como lo dijo Lionel Jospin en el discurso citado anteriormente que « Europa no podría ser una simple zona de libre - cambio (..) que las condiciones de trabajo de los empleados » deben armonizarse por arriba ». (..)  y que « debe edificarse un auténtico derecho social europeo que fije normas comunes ambiciosas », Europa sigue en esta materia en fase de espera y de luchas inconclusas. Lo que justificó la crítica da la plata - forma de izquierda del último congreso del PSE. « Pensamos », dijeron sus firmantes, « que Europa », -se podría reemplazar la palabra Europa por la de América del sur-, « es la escala pertinente de una alternativa a la globalización liberal y al modelo norte – americano dominante. Pero la Unión Europea  cada día más se va acercando a una zona de libre comercio. Lejos de reforzar los acervos de nuestro modelo social, se convirtió en factor de desregulación liberal. (..) El PSE tendría que convertirse en herramienta de una reorientación de la contrucción europea" »(14). 

Más llamativa es la conclusión porque introduce el elemento clave, determinante para el porvenir de las integraciones y de sus contenidos. « A falta de legitimidad popular el proyecto europeo esta en crisis ». Conclusión que hubiera podido ser más radical. Porque se hubiera podido reformular lo anterior de la manera siguiente, « A falta de legitimidad popular el proyecto nacional está en crisis ». Lo uno completando lo otro, más que sustituyéndolo.

El nuevo progresismo tiene que enfrentarse al desafío de la legitimidad, de la democracia, de la ciudadanía. El nuevo progresismo tiene que reflexionar sobre las dificultades de preservar los acervos de una vida política que perdió mucho de su eficiencia a nivel nacional. El nuevo progresismo tiene que reflexionar sobre la dificultad de articular democracia e integración. Algunos, como el Movimiento de los ciudadanos en Francia, escisión del partido socialista, a partir de la pérdida de pertinencia del nivel nacional, consideran que hay que frenar la dinámica integracionista. Otros, para quedarnos en los debates internos al socialismo francés como Michel Rocard, ya en 1974, o la izquierda actual del partido socialista, piensan al contrario que hay que dar lo antes posible una dimensión mas integrada al combate europeo. Ni unos ni otros definen la buena estrategia, porque quedan encerrados en debates que sacralizan aspectos institucionales, perdiendo el objetivo esencial, la defensa de lo nuestro, de nuestros principios, de un marco democrático y social para el ciudadano. Lo que supone una firmeza absoluto en referencia a los principios y una flexibilidad máxima en cuanto a los caminos que tenemos que seguir. La regulación estatal tiene todavía su pertinencia, cuando no se puede actuar en otro nivel. La búsqueda de aliados, vecinos, en el caso de sistemas integrados, o de otras partes para negociar la emergencia de una regulación financiera, ecológica y social mundial, no es contradictoria con la anterior. La vida democrática nacional  es compatible con la búsqueda de formas democráticas más amplias. 

La complejidad del mundo de hoy exige respuestas a su altura, exige entonces herramientas políticas que permiten elaborar políticas nuevas que no sean de repliego nacional o ideológico, que no sean tampoco de renuncia a lo nuestro para abrir caminos inciertos hacia el socialismo liberal, sino de apertura a lo nuevo como socialistas, en coherencia con lo que dijo Lionel Jospin en 1998 a nuestros compañeros laboristas, « sí a la economía de mercado, pero no a la sociedad de mercado » (15). Nada más. 

* Eric Hintermann , fue participante del seminario Para crecer juntos, realizado del 16 al 17 de agosto en la sede del  Mercosur en Montevideo, organizado por la Fundación Jean Jaurès de Francia y el Partido Socialista de Uruguay. 

NOTAS

(1) Julio Godio, El mundo en que vivimos », Buenos - Aires, Corregidor, 2000

(2) cf Emmanuel Todd, cuando está hablando de una tradición de sueños de un más allá, sean celestes o sociales como ideologías de compensación, en, L’invention de l’Europe, París, Points - Essais, Seuil, 1996. Ver tambien a Katharina von Bülow, « De l’Europe implicite à l’Europe « voulue » « , París, Cosmopolitiques, N°9, février 1989

(3) Obras de Emilio Frugoni, Los nuevos fundamentos, Montevideo, Cámara de representantes, t IV, 1988

(4) Alicia Garcia Herrero, Gabriel Glöckler, « L’Amérique latine face à la mondialisation », Paris, Documentation française, Problèmes d’Amérique latine, N°41, avril - juin 2001

(5) Ricardo Markwald y Joao Bosco Macahado, « Hacia una politica industrial para el Mercosur », in Riordan Roett, Mercosur : integracion regional y mercados mundiales, Buenos Aires, Nuevo hacer - Instituto del servio exterior de la nación, 1999

(6) Roberto Bouzas, « Mercosur ten years after : learning process or déjà vu ? », in Washington, Tulchin ed., 2001, Paths to Regional integration : the case of Mercosur.

(7) in Busqueda, 19 de octubre de 2000, pagina 3 :     « vamos a impulsar negociaciones con quienes más nos compran : Estados Unidos, México y Canadá » (Jorge Batlle a los embajadores europeos).

(8) cf (2) y Cahiers trimestriels Jean Jaurès, Jaurès, l’Amérique latine et la latinité, Paris, N°139, 1996

 (9) in Alfred Grosser, La IVème République et sa politique extérieure, Paris, Armand Colin 3ème ed., 1972. Cf tambien, Jean Jacques Kourliandsky, « Europe, le grand chantier du président », Paris, Cosmopolitiques N°5, décembre 1987 (por lo relacionado con el com promiso europeo de François Mitterrand)

 (10) Luis Oliva Baptista, Le Mercosul, ses institutions et son ordonnancement juridique Paris, Montchrestien, 2001

(11) Fernando Rodrigo, « El círculo virtuoso, democracia, integración y seguridad », in Rut Diamint, La OTAN y los desafios en el Mercosur, Buenos Aires, Nuevo Hacer- Universidad Torcuato di Tella, 2001 y (para el cronograma del desarme mutuo), Jean Jacques Kourliandsky, « Amérique latine », capítulo de, Année stratégique 1993, Paris, IRIS - Dunod, 1994

(12) Hubert Védrine, L’hyperpuissance américaine, Paris, les notes de la Fondation Jean Jaurès, N°6, mai 2001 et Hubert Védrine, dialogue avec Dominique Moïsi, Les cartes de la France à l’heure de la mondialisation, Paris, fayard, 2000

(13) Carlos Escudé, Realismo periferico, Buenos Aires, Planeta, 1992

(14) « Contribution au débat du Congrès des socialistes européens », Paris, La Revue socialiste, N°6, mai 2001

(15) Lionel Jospin, « Allocution à l’occasion de l’inauguration du Foreign Policy center à Londres », el 28 de julio de 1998, Paris, sitio internet del primer ministro, www.premier-ministre.gouv.fr 

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