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Integración
en la Unión Europea
y el Mercosur
Preguntas
e interrogantes desde la perspectiva del socialismo democrático
por
Eric Hintermann *
Muy
buenos días a todos, muy especialmente a los organizadores
uruguayos de este encuentro, el Partido Socialista, y en lo
referido a la Fundación Jean Jaurès, a su puente suramericano,
la incansable Susana Delbo.
¿Por
qué estamos hablando hoy día de integración en el Mercosur y
en la Unión europea ? Primer nivel de respuesta, porque se
trata de hablar de las relaciones, complementarias o no,
mutualmente positivas
o no del Mercosur con la Unión europea, y de la Unión europea
con el Mercosur. Pero el hecho que sea este acto organizado por
socialistas democráticos de los dos lados del charco, introduce
otra dimensión, un segundo nivel de respuesta a nuestro
interrogante inicial, que impone una reflexión, como
socialistas, no solo relacionada con los intercambios entre los
dos bloques regionales, sino también con la integración como
tal. En el « mundo en que vivimos », como lo definió
muy bien Julio Godio en su último libro (1), la integración es
una característica fundamental con, y tanto como la globalización.
La integración de la misma manera que la globalización tiene
desde un punto de vista socialista, un doble perfil, amenazante
de un lado, esperanzador, del otro. Se trata para el movimiento
socialista de un desafío, uno más, para adaptar sus
principios, sus objetivos al marco contemporáneo de las luchas
políticas y sociales. Lo de hoy no es sino una piedrita para
edificar nuevas estrategias, buscar alianzas, en una dirección
compartida con muchas fuerzas en la Unión Europea, en el
Mercosur, o en muchas otras partes como lo vimos todos hace poco
en Porto Alegre. Por eso, antes de entrar al grano de mi
ponencia, me dirijo a los organizadores para hacerles una
propuesta, la de concluir nuestros debates con una Declaración,
reflejo sintético, no se trata de armar un memorandum, de la
visión compartida de la integración en el Mercosur y en la Unión
Europea que tienen los participantes a este seminario.
A
pesar de los aspectos económicos y comerciales íntimamente
ligados a todos los procesos integradores, como a casi todos los
debates relacionados con el tema, a pesar de las agendas
integradoras de los gobiernos, que excluyen de hecho, puntos de
su orden del día que no sean económicos, a pesar de la
tendencia universal a plantear en términos estrictamente económicos,
el nuevo momento del mundo, la globalización, sea a favor o sea
en contra, la creación de mercados comunes, de zonas de libre
– comercio - en fin de espacios económicamente más o menos
integrados- tiene un carácter
político. El contenido complejo de esos procesos y de
sus contradicciones no debe y no puede impedir, un diagnóstico,
como tampoco la definición de proyectos y objetivos de parte de
los que se reconocen en los principios del socialismo democrático.
Especialmente en Europa y en el cono sur de América, donde se
van construyendo de un lado la Unión Europea y del otro el
Mercado común del sur.
A
este nivel ¿qué se puede decir, para ir
al grano, del relacionamiento entre socialismo e
integración entre países vecinos, como la que existe hoy día
en Europa y en el cono sur de America
?
Las
uniones de países, Mercosur - Unión Europea, mirándolas desde
una perspectiva histórica, crearon espacios concretos de
desarrollo y de paz. La integración ha permitido aumentar la
tasa de crecimiento económico entre países vecinos y por lo
tanto, consolidando las relaciones mutuas, crea un ambiente de
confianza y de paz. Pero la integración no es, como tampoco los
Estados, sino un marco de relaciones, de intercambios, de flujos, que
no tiene por qué definirse como socialista. Hubo, hace años,
debates contradictorios sobre socialismo y construcción
europea. Algunos llegaron a decir, como François Mitterrand,
« Europa será socialista o no será ». Jacques
Delors hace poco, contestando a un periodista, dijo que no
compartía la opinión emitida en su tiempo por « algunos »
socialistas. Efectivamente si los socialistas pueden ayudar a
construir espacios supranacionales compartidos, la construcción
de estos espacios depende de factores y de actores múltiples.
Lo que sí pueden hacer es luchar, como lo hacen en el marco de
sus respectivos Estados, para dar contenidos
socialistas y democratizadores a lo que toda forma se va
armando.
Integración
no es y no puede ser sinónimo de internacionalismo, y mucho
menos de socialismo.
2 .
Lo que quiere decir es que más allá de la necesidad de
profundizar la cooperación entre naciones, mejorar el
funcionamiento de las comunidades de naciones, establecer
relaciones complementarias entre bloques continentales, entre
entonces el Mercosur y la Unión Europea,
El
cómo no puede sustituirse al por qué
El
cómo mejorar la construcción de una casa común con distintos
Estados, el cómo diseñar
estrategias más ambiciosas, globales para fortalecer un mundo más
equilibrado, no tiene por
qué borrar la necesaria reflexión como socialistas y como
demócratas sobre lo que no es, - como el Estado, o las
instituciones de competencias territoriales inferiores,
regiones, departamentos, municipios -, sino un marco de actuación
política.
3.
A veces en muchos de los debates relacionados con integración,
los compromisos toman una coloración teológica. Uno está en
contra para mantener una supuesta pureza ideológica socialista,
que no es a veces sino otra cosa que una forma escondida de
metafísica, y la expresión del rechazo a comprometerse con el
mundo real y los cambios posibles, que suponen el reconocimiento
del adversario, considerando estos compromisos, heterodoxos y
finalmente herejes. Otros están a favor porque, para ellos,
la integración no se puede discutir, como no se podía
en otros tiempos hablar de Dios, en nombre del argumento del
consentimiento universal que probaba su existencia (2).
Pero
para un socialista democrático el por
qué es la única brújula posible. Permite definir, con
sentido racional, respetando los principios éticos, que son los
del socialismo democrático, sin medirlos a supuestas tablas de
une ley más teológica que política, proyectos, objetivos,
marco de actuación y de compromisos, estrategias, alianzas, -
internas como exteriores-.
4. Es la línea
de reflexiones que me gustaría seguir con vosotros hoy día.
Una línea no específica
a la temática que estamos hoy debatiendo. Una línea que
corresponde a una manera de leer el mundo, crítica y autocrítica,
con matices tanto socialistas como democráticas, lo que
quiere decir alejada de referencias intocables, sagradas, o
supuestamente materialistas
pero de hecho religiosas. Una línea anclada en un pensamiento y
una praxis racional, laica
y republicana, como decimos en Francia. Emilio Frugoni,
lo expresó en su tiempo aquí y muy bien cuando en la Cámara
de Diputados de la República Oriental tuvo que defender el 23
de agosto de 1917, durante unos debates polémicos sobre la
separación de la iglesia y del Estado a Jean Jaurès, »no
corresponde invocar a Dios, cuando lo que se debe hacer es
exaltar en los pueblos la conciencia y la voluntad, para que
(..) lleguen a transformarse en dueños absolutos de sus propios
destinos. Debemos (..) suscitar en el pueblo el sentimiento de
su propia responsabilidad colectiva (..) Dejemos a Dios, si
existe, en el centro del universo, pero en el centro del mundo
político y institucional (..) pongamos al pueblo como único
Dios verdadero » (3).
EL
CÓMO va imponiendo su lógica, su dinámica y su calendario
a los integrantes de cualquier institución, sea
intergubernamental o más articulada, como el Mercosur y la Unión
Europea.
En
el caso de la Unión
Europea, los observadores especializados definen su dinámica
y su coherencia como la de una « integración furtiva »
(4), cuya velocidad y cuyos avances vienen de un motor interno
que se impone de hecho a los Estados miembros y a sus
dirigentes. El turno semestral entre países miembros impone al
que preside una movilización excluyente de su diplomacia, para
organizar las dos cumbres que le corresponden. Una para hacer el
balance de lo hecho y de lo que queda por hacer, y la otra para
presentar el resultado de lo hecho. En medio, los ministros
especializados tienen al menos una reunión mensual. La política
europea está entonces predeterminada por esa continuidad,
insertándose cada uno en una carrera de equipo, en donde se
toma cada seis meses un relevo teórico. Se trata en realidad de
la batuta de un director de orquesta. La música ya está
sonando. Cada presidencia intenta añadir una partición nueva a
las anteriores, respetando un programa definido en tiempos casi
olvidados. La Comisión europea, secretaría técnica
permanente, con sus funcionarios, se encarga de que ninguna nota
sea olvidada, y va proponiendo particiones nuevas a una
velocidad cada vez creciente. La Unión hoy día en sí mismo va
fabricando sin impulsión exterior cada vez más integración.
La CECA de 1951, la CEE de 1957, pasando por el Acta Unico de
1992, y el tratado de Maastricht, hoy de Unión europea, integro
poco a poco más países y más competencias. Cambiar de estilo,
detener el ritmo, para diseñar objetivos distintos a los de los
padres fundadores, es siempre muy difícil, aunque sea en teoría
posible. Reorientar los ejes de actuación es también en teoría
posible. Aunque proponer nuevas jerarquizaciones de prioridades
suponga un esfuerzo mucho mayor del necesario para alimentar la
capacidad creativa de una institución que de toda forma la
tiene pero dentro del marco existente.
El
Mercosur más reciente, tiene ambiciones por el momento
arancelarias, y una estructura mínima, articulada por el Estado
miembro en carga de la secretaria semestral pro tempore y de las cumbres presidenciales. De 1995 hasta
1999, uno no puede sino ver cómo esa mecánica institucional mínima
produjo resultados de una gran eficiencia comercial. Cada
cumbre, siguiendo la lógica inicial, amplió el espacio
arancelario común. Y cada ano los participantes no podía
sino felicitarse con sus socios de un éxito lineal en lo
que se refiere al comercio intraregional.
TABLA (5)
Intercambios
comerciales del Mercosur
Total
Hacia Mercosur
1991-1997
11,1%
26,3%
A
pesar de todo, los espacios integrados aparecen hoy día en
crisis tanto el Mercosur como la
Unión Europea. Están amenazados por sus éxitos, frutos
de una dinámica que está empezando a socavar lo que hizo salir
de la nada. Los éxitos de las políticas comunes europeas están
llegando a un punto límite. La política agrícola es el símbolo
de una voluntad colectiva europea común, en este caso para
llegar a una autosuficiencia alimenticia, como para ofrecer una
respuesta social a una categoría, los agricultores,
desestabilizada como en todas partes por la variación de
precios, y muy reivindicativa.
Efectivamente
de los años sesenta hasta la fecha, el andamiaje de la PAC,
articulada en la organización de distintos mercados de
productos, una política de precios garantizados, ha dado
resultados impresionantes. Los agricultores, franceses,
pero también alemanes y holandeses,
en poco tiempo dieron una autosuficiencia real a la
entonces Comunidad europea. Garantizaron de esa forma su renta,
como grupo productor. Pero la mitad del presupuesto europeo está
dedicado a la agricultura. Los países que tienen pocos
agricultores y que no son agroexportadores piden cada año con más
fuerza una redifinición de la PAC. Y la crisis de la vaca loca
está demostrando que la búsqueda de la productividad se hizo
con riesgos graves para la calidad de los productos y la salud
de los consumidores. La coyuntura internacional pesa sobre los
acervos de la Unión. La ampliación europea se impuso sin
preparación previa, como consecuencia de la implosión del
sistema soviético. Después de tantos discursos solidarios con
los pueblos separados del Este, los Europeos occidentales tenían
que abrir las puertas de su casa común. Huérfanos de un
imperio no deseado que se impuso después de la segunda guerra
mundial, deseosos de arrimarse al sistema hasta este momento
opuesto y enemigo, los antiguos países satélites presentaron
su candidatura a la Unión. El presupuesto actual no permite
hacer frente a esa ampliación, mantener las políticas comunes
agrícolas como de solidaridad regional. Mas la estructura
institucional, ideada para seis países miembros, mantenida a
duras penas para 10, 12 y 15, no tiene capacidad institucional
para funcionar con 29 o 30 miembros.
El
Mercosur a partir del 99 tomó un rumbo no previsto por sus
creadores. Aparece hoy día también como un espacio en crisis.
Instrumento institucionalmente ligero, a diferencia de la Unión
europea, empezó a tambalear con el cambio de coyuntura
internacional. Sin moneda común, ni siquiera cooperación
monetaria, un sálvese quien pueda se impuso a los gobernantes.
Alguno, Brasil, buscó jugar con su moneda para mantener una
competitividad exterior, como interna al bloque. Otro,
Argentina, ligado
por ley a una tasa de cambio fijo, intentó reencontrar márgenes
bajando el coste del trabajo. Más tarde Argentina pero también
Uruguay y Paraguay tomaron medidas arancelarias defensivas,
lesivas para el espacio comercial común. Esas medidas
divergentes fruto de circunstancias contrarias alimentaron críticas
cruzadas mutuas e hicieron madurar rápidamente grietas
escondidas. Dice Roberto Bouzas, investigador de Flacso,
« los miembros del Mercosur no entraron en el proceso
integrador con los mismos intereses (..) pero esas diferencias
(..) no impiden compromisos mutualmente aprovechables »
(6). No impiden tampoco la emergencia de escenarios contrarios en
donde las divergencias iniciales acumulan sus efectos negativos
con medidas que no son especialmente el resultado de un
compromiso positivo para todos. De hecho unos días antes de la
cumbre de Florianópolis, en diciembre pasado, en donde Chile
tenía que anunciar su adhesión formal, desde Santiago se
anunció la apertura de negociaciones comerciales bilaterales
con Estados Unidos. Uruguay, miembro fundador del Mercosur,
siguió más tarde el mismo camino, de acuerdo con el discurso del presidente Jorge
Batlle a los embajadores europeos el 13 de octubre de 2000 (7).
El actual ministro argentino de economía no quiere por lo que
parece garantizar a todo precio la lealtad de su país en relación
al futuro del Mercosur. El secretario general de Itamaraty, el
embajador Seixas Correa, sacó una conclusión en forma de
fotografía instantánea el 20 de junio de 2001, « el
Mercosur vive un problema grave de falta de integración ».
Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil, hizo un
comentario más áspero, unos días más tarde, « no es
posible », dijo, « resolver problemas propios
creando problemas a terceros ».
En
un caso, Europa, como en el otro, Mercosur, hay un sin fin de médicos
predican y recetan formulas, sin duda necesarias para salvar el
acervo común. La cumbre de Asunción como la de Goeteborg,
reflejan esa preocupación. El cómo
impone en la crisis lo que imponía en momentos de éxitos,
es decir, solo un criterio - marco de funcionalidad para la
reflexión y las propuestas. Coherente con esa aproximación de
la integración Pascal Lamy, Comisario europeo, de visita a
Buenos Aires el 11 de julio último, hizo el comentario
siguiente sobre el momento actual, « lo que necesitamos es
mas Mercosur, y no menos Mercosur ». Pero como lo dice el
sabio en este caso, Montaigne, « ciencia sin conciencia no
trae sino ruina del alma ». No se trata de buscar a todo
precio como mantener
una estructura en crisis, sino por
qué.
EL POR QUÉ
Los partidos de la familia socialista tienen que plantear la
problemática integracionista de otra forma. O mejor dicho
insertar un criterio de finalidad acorde con sus
principios para hacer frente a todas la dinámicas comunes, sean
más o menos integracionistas, en una coyuntura política como
económica más o menos positiva. No pueden satisfacerse con
dedicar toda su atención a la integración como tal. Si
nuestros partidos no integran el por
qué, si no dan una finalidad propia a la integración,
corren el riesgo de alejarse de las preocupaciones de la gente,
de su gente, perder la capacidad de dar una forma institucional
a las esperanzas populares y perder por fin elecciones.
Algunos
acontecimientos recientes plantean interrogantes políticos. Los
pueblos se alejan de la vida democrática, o mejor dicho
consideran cada vez más que es un teatro de sombras. La fuerza
tomada por el ausentismo político, en un
sentido electoral y institucional, el auge de actuaciones
violentas, no son sino el testimonio social de una inadecuación
entre las propuestas políticas, los programas de gobierno, y
los problemas del ciudadano común. La globalización, extensión
geográfica del sistema económico de mercado al antiguo mundo
soviético, y aceleración de los intercambios y de los flujos
permitidos por las nuevas tecnologías de comunicación,
desestabiliza la vida política y social de los pueblos. El
marco histórico del debate democrático y de las
contradicciones, el Estado, va perdiendo su pertinencia y
entonces su legitimidad. La respuesta global diseñada, la
creación de bloques regionales, aparece a veces más como un
elemento participando en la desaparición de la soberanía
popular como un elemento de respuesta a la globalización. Los
Daneses consultados sobre la participación de su país a la
moneda europea única votaron en contra. Los Irlandeses se
pronunciaron en contra del último tratado europeo. El desafío
esta ya planteado a los responsables políticos. ¿Por qué esta
desconfianza creciente entre los ciudadanos y sus responsables
electos ? ¿Por qué esta visión negativa de la
globalización y de la integración ? ¿Por qué integrarse
entonces ?
¿Por
qué integrarse ?
Por miedo a la guerra. Para construir la paz. La nota es
evidentemente más fuerte en Europa que en América del sur.
Pero la creación del Mercosur como la de la Unión Europea fue
el resultado de una voluntad política. Por supuesto no se trata de negar el carácter
fuertemente comercial y económico de esos dos bloques. Pero no
se puede ignorar tampoco que al principio hubo una visión política
articulada sobre un proyecto económico concreto. Porque
integrarse económicamente, en todas partes, aquí en América
del sur como allá en Europa,
trae en sí como consecuencia política inmediata un
estado de no - conflicto, a veces de paz. Es cierto que eso
siempre cayó bien a los socialistas. Paz y socialismo fueron
siempre y siguen todavía íntimamente ligados El líder histórico
del socialismo francés, Jean Jaurès, murió como martirio de
la paz, intentando hasta el último momento, mantener puentes de
comunicación entre los pueblos franceses y alemanes.
Ustedes
lo saben bien, Jaurès vino a Montevideo en 1911, para dialogar
con el padre del socialismo uruguayo, Emilio Frugoni, y abrir
nuevos espacios entre socialistas de los dos continentes (8). En
esta época, en Uruguay como en Francia, la combinación de la
paz y del socialismo se llamaba internacionalismo. « Poco
internacionalismo nos aleja de la patria », decía Jaurès,
« Mucho internacionalismo nos acerca de ella ». Pero
en este momento, el internacionalismo, a pesar de la fuerza de
la fórmula y de las convicciones,
no pudo impedir la primera guerra mundial, tampoco la
segunda y mucho menos los conflictos coloniales del siglo XX, y
más recientemente los enfrentamientos étnicos de Africa y de
Europa.
Después
de la segunda guerra mundial muchos socialistas en el mundo
decidieron militar activamente para la paz. Fueron
militantes y partidarios de la integración concreta de
sus países en conjuntos amplios, sean intergubernamentales
puros o más complejos al estilo de la Unión Europea. Dentro de
los padres de la Europa comunitaria actual uno puede encontrar a
los responsables de los partidos alemanes, italianos, belgas,
franceses, luxemburgeses y holandeses miembros de la
internacional socialista. Leon Blum presidio el incipiente
Movimiento europeo en 1948. Este mismo año se creó el
Movimiento socialista por los Estados Unidos de Europa, con
presencia de Marceau Pivert procedente del ala izquierdista de
la SFIO, nombre del partido socialista francés de entonces.
Desde su creación en 1954 el Comité para los Estados Unidos de
Europa tuvo el apoyo y la participación de Erich Ollenhauer
presidente del partido social - demócrata alemán y de Walter
Freitag, presidente de la Confederación de los sindicatos
alemanes (9).
El
doctor Alfonsín para tomar un ejemplo más cercano geográficamente
a nuestros debates, principal responsable del partido radical,
miembro de la internacional socialista, fue uno de los
inventores del Mercado común del sur, con la firma de la
Declaración de Iguaçu en 1985 con su par brasileno (10). Los
dos países, Argentina y Brasil, herederos de antagonismos
coloniales, mantenían hasta 1985 un cierto nivel de
desconfianza, materializado en los años 70-80 por una carrera
armamentista y nuclear notable (11).
Pero
si la paz es un valor íntimamente ligado a los compromisos
socialistas, otros partidos, otros militantes, la están también
defendiendo. De hecho en un caso como en el otro, mirando a los
firmantes de los pactos fundadores de Europa y del cono sur, uno
no puede sino notar la presencia de actores no socialistas, con
otros objetivos ideológicos. Uno no puede sino también notar
que a pesar de esa heterogeneidad de origen, los firmantes
crearon instituciones nuevas, contradictorias, pero formadores
de cooperaciones entre vecinos con herencias conflictuales,
participaron a la constitución de nuevos espacios de paz. Los
socialistas deberían solo por esta razón
apoyar la creación de dos espacios integrados. No pueden
limitarse a un objetivo que sea solo institucional, pero tienen
que articular sus políticas concretas,
sus principios con una visión positiva de la integración.
Lo que supone un inmenso esfuerzo para superar las tendencias
nacionales y nacionalistas « naturales » que dejaron
huellas muy fuertes en las mentalidades, sentimiento anti - alemán
en el caso francés, o antagonismos entre argentinos chilenos y
brasilenos.
¿Por
qué integrarse ?
Para mantener una masa crítica permitiendo seguir existiendo en
el mundo de hoy. Los Estados tradicionales, del tamaño de la
República oriental, pero también las potencias medias como
Francia, no pueden solos enfrentarse a los desafíos de la
globalización. La unión ayer era la garantía de la soberanía
mantenida. Lo es mucho más en el mundo actual, un mundo en
donde se necesita inversiones
que superan las capacidades de la mayoría de los Estados para
mantenerse en la ola de las nuevas tecnologías, un mundo en
donde algunas empresas transnacionales tienen presupuestos
mayores a los de muchos Estados, un mundo, en fin, en donde un
país, Estados Unidos, cumula la mayoría de los factores de
potencia, militar, económico, financiero, tecnológico, creando
así una grieta desequilibradora.
Lionel Jospin, primer ministro francés, lo expreso de esa forma
el 28 de mayo ultimo. »Hay (en Europa) naciones, fuertes,
vivaces, apegadas a su identidad, que son la riqueza de nuestro
continente. Hay también la voluntad de unir, de construir un
conjunto que hará que cada uno sea más fuerte ». Porque
yo quiero « una Europa que asuma plenamente su
responsabilidad en la redifinición del orden mundial »,
(..) una Europa que tenga también la capacidad de »
orientar la mundialización en el sentido del derecho y de la
justicia ». Hubert Védrine, ministro francés de asuntos
exteriores, tiene al respeto una teoría y una praxis, fundadas
sobre el concepto de Europa potencia que tiene que equilibrar lo
que él llama « la hiperpotencia » norteamericana
(12). No se puede aquí profundizar los términos de un debate,
abierto, por el
momento sin orientación clara. No comparten forzosamente los
otros Europeos, socialistas o no, el camino propuesto por los
socialistas franceses para recrear un equilibrio internacional a
través de la integración, ofreciéndoles tomar un papel más
activo, exponiéndoles a todos los riesgos políticos que tienen
que enfrentar los que se ponen en primera línea. En su primera
visita a Europa, el presidente Bush en su defensa del escudo
anti - misiles, factor de tensión internacional pero sobre todo
señal de un liderazgo que no quiere competencias, tuvo el apoyo
de los gobiernos, español, inglés e italiano. Por otra parte y
con razón, el ministro brasileño de relaciones exteriores, en
una visita a París, en mayo de este año le dijo lo siguiente a
Hubert Védrine. Lo de la Europa potencia, de un mundo que
necesita nuevos equilibrios para salvar la paz nos gusta. Pero
la posición francesa en los debates de la OMC como en las
negociaciones Unión
Europea Mercosur no está en coherencia con la política de
equilibrio que por otra parte quiere defender su país.
Esos
debates interesan también el Mercosur. Cada uno de sus miembros
solo no puede mantener el mínimo de soberanía necesario a la
definición de políticas nacionales. El nivel de autonomía
cambia con la convergencia de las distintas energías
nacionales. Intercambiando más unos con otros, crece el margen
de estabilidad. Cooperar da potencialmente una capacidad de
desarrollo al sector productivo regional. Refuerza por supuesto
su capacidad negociadora en los foros internacionales,
especialmente los foros comerciales. Por eso la presión
exterior, la de Estados Unidos muy particularmente, se acrecentó
a partir de la creación del Mercosur. Pero por otra parte es
cierto que la Unión europea no ha dado señales muy claros de
acercamiento, sino más bien señales contradictorias. Los
miembros del Mercosur tampoco han dados respuestas coherentes a
las presiones exteriores. El desequilibrio de un conjunto en
donde uno de los miembros, Brasil, a diferencia de la Unión
Europea en donde Francia, Italia, Inglaterra, equilibran al más
potente Alemania, pesa más que los tres otros, distorciona la
definición de políticas. Brasil a veces despierta inquietudes
en Argentina como en Chile, eterno candidato a la adhesión.
Argentina, como Chile, en nombre de lo que un ministro argentino
llegó a llamar una « relación carnal » y un
intelectual orgánico del peronismo, « realismo periférico »,
(13), buscaron en Washington un socio para equilibrar la
superpotencia regional brasileña.
Para
socialistas, aquí como en Europa, el frente de la mundialización
constituye un elemento que tiene que movilizarnos para construir
espacios regionales integrados. Tenemos que priorizarlo y
entonces actuar para reducir todos los elementos de tensión
existentes entre socios del Mercosur, socios de la Unión
Europea, y también entre Mercosur y Unión Europea.
¿Por
qué integrarse ?
La respuesta más común para socialistas, y que les
caracteriza a ellos únicamente, es la necesidad de construir
espacios sociales correspondientes al cambio de escala del marco
empresarial y social. Es un tema recurrente en todos los niveles
de responsabilidad, sean sindicales, partidarios, o
correspondiente a cargos electos. La necesidad de armar
respuestas colectivas a desafíos cada vez más continentales y
ahora mundiales, se impuso de una forma muy temprana. De ello
surgieron formas organizativas originales como la Internacional
socialista, la UPSE, hoy PSE en Europa, el Comiteé latino -
americano de la IS, la Coordinadora socialista latino -americana
o el Foro de San Pablo en América latina. Los intendentes
progresistas del Cono sur acaban de reunirse en Bunos Aires, el
11 de mayo para crear una estructura permanente de intercambios
relacionados con lo social. Las ideas y
los proyectos continúan. Todos los líderes de partidos
europeos expresaron en los últimos meses su visión del tema.
Los más impacientes presentaron una moción al congreso de Berlín
del Partido de los socialistas europeos en mayo pasado. Pero sin
hablar del Mercosur que no tuvo y no tiene por el momento agenda
social, uno no puede sino notar que las políticas comunes
europeas no tienen a pesar de los esfuerzos, de los discursos y
de los proyectos presentados por los partidos socialistas una
vertiente social muy articulada.
La última presidencia francesa consiguió a duras penas
presentar una agenda social que pretende solo favorecer
convergencias en políticas sociales. A pesar, como lo dijo
Lionel Jospin en el discurso citado anteriormente que « Europa
no podría ser una simple zona de libre - cambio (..) que las
condiciones de trabajo de los empleados » deben
armonizarse por arriba ». (..)
y que « debe edificarse un auténtico derecho
social europeo que fije normas comunes ambiciosas »,
Europa sigue en esta materia en fase de espera y de luchas
inconclusas. Lo que justificó la crítica da la plata - forma
de izquierda del último congreso del PSE. « Pensamos »,
dijeron sus firmantes, « que Europa », -se podría
reemplazar la palabra Europa por la de América del sur-,
« es la escala pertinente de una alternativa a la
globalización liberal y al modelo norte – americano
dominante. Pero la Unión Europea cada día más se va acercando a una zona de libre comercio.
Lejos de reforzar los acervos de nuestro modelo social, se
convirtió en factor de desregulación liberal. (..) El PSE
tendría que convertirse en herramienta de una reorientación de
la contrucción europea" »(14).
Más
llamativa es la conclusión porque introduce el elemento clave,
determinante para el porvenir de las integraciones y de sus
contenidos. « A falta de legitimidad popular el proyecto
europeo esta en crisis ». Conclusión que hubiera podido
ser más radical. Porque se hubiera podido reformular lo
anterior de la manera siguiente, « A falta de legitimidad
popular el proyecto nacional está en crisis ». Lo uno
completando lo otro, más que sustituyéndolo.
El
nuevo progresismo tiene que enfrentarse al desafío de la
legitimidad, de la democracia, de la ciudadanía. El nuevo
progresismo tiene que reflexionar sobre las dificultades de
preservar los acervos de una vida política que perdió mucho de
su eficiencia a nivel nacional. El nuevo progresismo tiene que
reflexionar sobre la dificultad de articular democracia e
integración. Algunos, como el Movimiento de los ciudadanos en
Francia, escisión del partido socialista, a partir de la pérdida
de pertinencia del nivel nacional, consideran que hay que frenar
la dinámica integracionista. Otros, para quedarnos en los
debates internos al socialismo francés como Michel Rocard, ya
en 1974, o la izquierda actual del partido socialista, piensan
al contrario que hay que dar lo antes posible una dimensión mas
integrada al combate europeo. Ni unos ni otros definen la buena
estrategia, porque quedan encerrados en debates que sacralizan
aspectos institucionales, perdiendo el objetivo esencial, la
defensa de lo nuestro, de nuestros principios, de un marco
democrático y social para el ciudadano. Lo que supone una
firmeza absoluto en referencia a los principios y una
flexibilidad máxima en cuanto a los caminos que tenemos que
seguir. La regulación estatal tiene todavía su pertinencia,
cuando no se puede actuar en otro nivel. La búsqueda de
aliados, vecinos, en el caso de sistemas integrados, o de otras
partes para negociar la emergencia de una regulación
financiera, ecológica y social mundial, no es contradictoria
con la anterior. La vida democrática nacional
es compatible con la búsqueda de formas democráticas más
amplias.
La
complejidad del mundo de hoy exige respuestas a su altura, exige
entonces herramientas políticas que permiten elaborar políticas
nuevas que no sean de repliego nacional o ideológico, que no
sean tampoco de renuncia a lo nuestro para abrir caminos
inciertos hacia el socialismo liberal, sino de apertura a lo
nuevo como socialistas, en coherencia con lo que dijo Lionel
Jospin en 1998 a nuestros compañeros laboristas, « sí a
la economía de mercado, pero no a la sociedad de mercado »
(15). Nada más.
*
Eric Hintermann , fue participante del seminario Para crecer
juntos, realizado del 16 al 17 de agosto en la sede del
Mercosur en Montevideo, organizado por la Fundación Jean
Jaurès de Francia y el Partido Socialista de Uruguay.
NOTAS
(1)
Julio Godio, El
mundo en que vivimos », Buenos - Aires, Corregidor,
2000
(2)
cf Emmanuel Todd,
cuando está hablando de una tradición de sueños de un más
allá, sean celestes o sociales como ideologías de compensación,
en, L’invention de l’Europe,
París, Points - Essais, Seuil, 1996. Ver tambien a Katharina
von Bülow, « De l’Europe implicite à l’Europe
« voulue » « , París, Cosmopolitiques, N°9,
février 1989
(3)
Obras de Emilio Frugoni,
Los nuevos fundamentos, Montevideo, Cámara de representantes, t IV,
1988
(4)
Alicia Garcia Herrero,
Gabriel Glöckler, « L’Amérique latine face à la
mondialisation », Paris, Documentation française, Problèmes d’Amérique latine,
N°41, avril - juin 2001
(5)
Ricardo Markwald y Joao Bosco Macahado, « Hacia una
politica industrial para el Mercosur », in Riordan Roett, Mercosur :
integracion regional y mercados mundiales, Buenos Aires,
Nuevo hacer - Instituto del servio exterior de la nación, 1999
(6)
Roberto Bouzas, « Mercosur ten years after : learning
process or déjà vu ? », in Washington, Tulchin ed.,
2001, Paths to Regional
integration : the case of Mercosur.
(7)
in Busqueda, 19 de octubre de 2000, pagina 3 : « vamos
a impulsar negociaciones con quienes más nos compran :
Estados Unidos, México y
Canadá » (Jorge Batlle a los embajadores europeos).
(8)
cf (2) y Cahiers trimestriels Jean Jaurès, Jaurès,
l’Amérique latine et la latinité, Paris, N°139,
1996
(9)
in Alfred Grosser, La IVème
République et sa politique extérieure, Paris, Armand Colin
3ème
ed., 1972. Cf tambien, Jean Jacques Kourliandsky, « Europe,
le grand chantier du président »,
Paris, Cosmopolitiques N°5, décembre 1987 (por lo relacionado
con el com promiso
europeo de François Mitterrand)
(10)
Luis Oliva Baptista, Le
Mercosul, ses institutions et son ordonnancement juridique Paris,
Montchrestien, 2001
(11)
Fernando Rodrigo,
« El círculo virtuoso, democracia, integración y
seguridad », in Rut Diamint,
La OTAN y los desafios en el Mercosur, Buenos Aires, Nuevo Hacer-
Universidad Torcuato
di Tella, 2001 y (para el cronograma del desarme mutuo), Jean
Jacques
Kourliandsky,
« Amérique latine », capítulo de, Année
stratégique 1993, Paris, IRIS -
Dunod, 1994
(12)
Hubert Védrine, L’hyperpuissance
américaine, Paris, les notes de la Fondation Jean Jaurès,
N°6, mai 2001 et Hubert Védrine, dialogue avec Dominique Moïsi,
Les cartes de
la France à l’heure de la
mondialisation, Paris,
fayard, 2000
(13)
Carlos Escudé, Realismo
periferico, Buenos Aires, Planeta, 1992
(14)
« Contribution au
débat du Congrès des socialistes européens », Paris, La
Revue socialiste,
N°6, mai 2001
(15)
Lionel
Jospin, « Allocution à l’occasion de l’inauguration
du Foreign Policy center à Londres »,
el 28 de julio de 1998, Paris, sitio internet del primer
ministro, www.premier-ministre.gouv.fr
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