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ENTREVISTA Al DOCTOR MONIZ BANDEIRA,
EL BRASIL DESCONOCIDO

"La mayor preocupación de Brasil es evitar que haya una intervención extranjera en Venezuela, lo que podría ocurrir en caso de una guerra civil"

Nuestros lectores semana a semana leen los artículos de Luiz Alberto Moniz Bandeira, doctor y profesor en ciencia política. Cientos de carta llegan a diario a La ONDA digital comentando estas notas, muchas de ellas con juicios polémicos. Esto nos motivó a hacerle una entrevista para acercarnos a su personalidad y a su rica trayectoria académica y política, que coincide con las transformaciones del Brasil contemporáneo. 

En esta entrevista el doctor Moniz recorre el proceso de su vida, incluyendo los años de exilio que vivió en Montevideo, los años de la dictadura brasileña y relata un exhaustivo análisis histórico del ejercito brasileño, los principales hitos de los fenómenos del mundo contemporáneo, desde la óptica de un especialista en las relaciones internacionales.  Con una mirada aguda aborda la acción y el pensamiento de Marx, Lenin, Getulio Vargas, Fidel Castro, Fernando Enrique Cardoso, Lula y George W. Bush, entre otros. 

En el 2002  la unión de escritores brasileños le otorgó el primer premio en la categoría ensayo por el libro “O Feudo - A Casa da Torre de García d’Ávila”. En marzo se lanza su   nuevo libro - Conflictos e integração na América do Sul: Brasil, Argentina, Estados Unidos ( Da Tríplice Alianza ao Mercosul ), cuyo prefacio es del embajador Samuel Pinheiro Guimarães, a quién el presidente Lula nombró secretario-general del Itamaraty, o sea, vice-ministro de Relaciones Exteriores. Lo que sigue es el contenido de ese extenso diálogo. 

- ¿En qué ciudad nació?

- Nací en Salvador, Bahía, ciudad que el primero gobernador-general de Brasil, Thomé de Sousa, fundó en 1549, como proyecto del Estado portugués, para ser la capital de la colonia, lo que fue hasta que se cambió por  Río de Janeiro, en 1776. Uno de los antepasados míos, Diogo Moniz Barreto, noble portugués que acompaño a Thomé de Sousa, fue su primer alcalde. Otro antepasado mío, García d’Ávila, que también viajó con Thomé de Sousa a Bahía, empezando entonces la conquista del Nordeste. Las sucesivas generaciones de la familia alargaron la posesión de tierra y mantuvieron un dominio sobre cerca de 300.000km2, hasta la mitad del siglo XIX, cuando comenzó la decadencia económica de las tradicionales familias aristocráticas  luso-brasileñas, establecidas en Bahía y vinculadas a la producción de azúcar.

- ¿Cuándo surge en usted la vocación por el estudio de la Ciencia Política?

- No sé exactamente cuando surgió mi vocación para el estudio de la Ciencia Política. Viví toda mi infancia bajo el signo de la Segunda Guerra Mundial, de la cual Brasil  participó, enviando soldados a Italia. Recuerdo cuando las tropas británicas, que fueron a combatir en el norte de África, pasaron por Bahía, donde los EEUU también instalaron una base naval. 

Cuando tenía 11 años leía todas las noticias sobre  la guerra civil en el Paraguay. Creo que esos acontecimientos concurrieron para que yo desde niño me interesase por la política internacional y además recibí enorme influencia del ambiente intelectual que se vivía en mi familia. Mi tercer abuelo, el filósofo Antonio Ferrão Moniz de Aragão, que yo no conocí, porque se murió antes de mi nacimiento, fue uno de los introductores del positivismo en Brasil. Su memoria estuvo siempre muy presente en mi familia como un intelectual destacado, lo tomé como ejemplo, que pautó me vocación, y entre los catorce y quince años de edad empecé a leer libros de ciencias sociales. Enorme influencia intelectual también recibí de mi tío Edmundo Ferrão Moniz de Aragão, profundo conocedor de las teorías de Hegel, Marx y otros pensadores. El fue para mí como un segundo padre. Y debido a ese interés por las ciencias sociales y la política, abandoné los cursos que hacia  para seguir la carrera de oficial de la Marina de Guerra y fui a estudiar en la Facultad de Derecho, que comencé en Bahía y concluí en Río de Janeiro. La disciplina que más me interesó fue la Teoría General del Estado, que no es otra cosa que la Ciencia Política. Fui así diplomado como abogado, pero preferí ejercer el magisterio y hice mi doctorado en Ciencia Política, en la Universidad de Sao Paulo, teniendo como área específica de investigación y estudio la política exterior y las relaciones internaciones de Brasil, principalmente con los EE.UU. y los países de la Cuenca del Plata. Mi tesis de doctorado fue sobre el rol de Brasil en la Cuenca del Plata, en la cual yo estudié la formación  de los Estados de Argentina, Uruguay y Paraguay. 

- ¿Aquel Brasil de su niñez era muy distinto al de hoy? 

- Viví hasta los 18/19 años en Salvador, ciudad que entonces tenía solamente 500.000 habitantes y Brasil no estaba todavía completamente  industrializado. El Estado de Bahía menos aún. Todos los aparatos domésticos, radio, heladera etc., eran importados. Hasta la mantequilla llegaba de Holanda. No había propiamente una mentalidad capitalista. Las tradiciones aun se mantenían muy fuertes en Bahía y la cultura de la elite era predominantemente europea. Pero, a partir de los años 50, todo en  Brasil cambió, como resultado del proceso de industrialización y urbanización, acelerado, sobre todo, durante el gobierno del presidente Juscelino Kubitschek (1956-1961). La ciudad de Salvador, en el que yo viví, ya no existe más. El Río de Janeiro y Sao Paulo, que conocí y adonde me radiqué , después de adulto, también han desaparecido. Son actualmente ciudades muy distintas. Todo eso ha resultado de un rápido crecimiento, y de un implacable desarrollo, que ha destruido el pasado y todas las referencias de la memoria. No reconozco Salvador,  Río de Janeiro o Sao Paulo como las ciudades en que viví durante mí infancia e juventud. 

- ¿Qué hecho político o social recuerda como un acontecimiento que lo impactó en esos años de adolescencia?

- El acontecimiento que más me impactó, en los años de adolescencia, fueron el suicidio del presente Getulio Vargas, el 24 de agosto de 1954, y la explosión de las masas populares, que ocurrió espontáneamente en todas las principales ciudades de Brasil, tras la divulgación de su carta-testamento, en la cual denunció como responsables por la crisis política, por la campaña contra su gobierno, a los EEUU y a los grupos económicos y nacionales  internacionales que se oponían al régimen de garantía del trabajo y a la defensa de los intereses nacionales de Brasil. 

Durante varios días las masas atacaron a las empresas americanas y a los periódicos de la oposición, lo que asustó a los adversarios de Vargas, los militares vinculados a la Cruzada Democrática y políticos de la Unión Democrática Nacional, impidiendo que ellos rompiesen la legalidad democrática e instaurasen el “Estado de excepción”, o sea, el régimen autoritario. El acontecimiento fue tan impresionante y dramático que el Partido Comunista, que hasta la víspera del 24 de agosto  atacaba el gobierno de Vargas, tuvo que cambiar de  posición. 

- Luego llegó la dictadura en los años 60 a Brasil, ¿cómo fueron para usted esos años sin libertades?

- El régimen autoritario fue implantado en Brasil en medio de muchas contradicciones. Los militares buscaron mantener los aspectos formales de la mecánica democrática-representativa y la represión fue selectiva. El Congreso no fue cerrado, pero, tanto a nivel federal como en los Estados, los parlamentarios que se oponían al golpe perdieron sus mandatos, por actos arbitrarios del gobierno militar, con base en las Actas Institucionales. La prensa no fue censurada. Pero, profesores e intelectuales fueron arrestados.  En aquel entonces, 1964, yo tenía 28 años y, además de actividades académicas, era jefe de la sección política del Diário de Notícias, uno de los periódicos más importantes de Rio de Janeiro. Simultáneamente asesoraba al diputado federal Sérgio Magalhães, del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), presidente del Frente Parlamentario Nacionalista y vice-presidente de la Cámara de Diputados. Como el golpe militar de 1964 tuvo como principal objetivo reprimir no solamente a los comunistas, pero también a los nacionalistas, trabalhistas, socialistas. Yo, como tantos otros brasileños, que defendíamos el gobierno constitucional de João Goulart, tuve que asilarme, lo que hice en la Embajada del Uruguay. En resumen, durante el régimen militar, estuve casi dos años en el exilio, del cual volví a Brasil, secretamente en 1965 y viví en la clandestinidad, durante algún tiempo, en Sao Paulo. Después estuve preso dos años  por la Marina de Guerra: una vez en 1969/70, y otra, en 1963. A un oficial que me  interrogó por aquellos años, le dije, que yo había pretendido ingresar en la Marina a través de la Escuela Naval y terminé por entrar por la puerta del Presidio Naval. 

Solamente después de liberado, en víspera de la Navidad, pude volver a Sao Paulo, al comienzo de 1974. Luego retomé las actividades académicas en Sao Paulo, desarrollando docencia en la Escuela de Sociología y Política. 

- ¿Fue distinta la dictadura brasileña, a la de Pinochet o a la de los militares uruguayos?

- Sin ninguna sombra de duda, el régimen autoritario en Brasil fue muy distinto de la dictadura de Pinochet, en Chile, y de la que existió en la Argentina. El régimen autoritario en Brasil, asentado sobre las Actas Institucionales, coexistió  con las instituciones democráticas, mantenidas formalmente, al contrario de lo que ocurrió en Chile o en la Argentina. Los generales se institucionalizaron en el poder, mediante una elección formal por el Congreso, cuyas actividades fueron solamente suspendidas una o dos veces, y por poco tiempo.  También la violencia no alcanzó los niveles que en Chile, Argentina y Uruguay. Durante los 20 años de régimen militar en Brasil, o sea, de 1964 hasta 1985, cuando José Sarney, el primer civil electo presidente por el Congreso, asumió el gobierno, no hubo mucho más de 400 muertos y desaparecidos, mientras que el número de asesinados y desaparecidos, en Chile, es calculado entre 10.000 a 20.000, así como en la Argentina. En Uruguay, tengo la información de que cerca de 374 integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) fueron muertos en distintas circunstancias, y más 36 desaparecieron. Supe que Luís Martirena - con quien tuve buenas relaciones de amistad, murió en Montevideo, en 1964/65 -asesinado de forma bárbara, delante de la familia. Además se conoce que, entre 1973-85, desaparecieron 164 personas, de ellas, aproximadamente 127 en la Argentina y el resto en el Uruguay, Chile y Paraguay.

 

Son números casi iguales a los registrados en Brasil, pero demuestran la magnitud de la violencia en el Uruguay, cuando se compara su población, de cerca de 3 millones de habitantes, con la de Brasil, de aproximadamente 100 millones en los años 70. 

- Algunos historiadores hablan de una dictadura con rasgos acentuadamente nacionalistas, principalmente  en el plano económico, ¿es correcto? 

- Es correcto. Escribí sobre ese tema en mi libro Brasil-Estados Unidos: a rivalidade emergente, cuya segunda edición revisada y actualizada fue publicada en 1999 como segundo volumen de mi obra Relações Brasil-Estados Unidos no contexto da globalização. Intentaré aquí una explicación sintética y esquemática, pues, para comprender porque la dictadura en Brasil ha tenido rasgos acentuadamente nacionalistas, principalmente en el plano económico, es necesario conocer su historia. El Ejército brasileño  tuvo decisivo rol en toda la lucha por la industrialización del país, debido en gran medida al el hecho de que la mayor parte de su oficialidad provenía de las clases medias, con una fuerte conciencia nacionalista. Desde el inicio del siglo XX ya estaba planteada la necesidad de instalar una siderurgia, para transformar el hierro, del cual Brasil tenía y tiene abundantes reservas, en acero y de esta manera garantizarle mayor independencia económica y la seguridad nacional. Durante los años 30, ese problema se hizo urgente, en virtud del proceso de sustitución de las importaciones. La gran mayoría de los oficiales, tanto del Ejército como en la Marina, era nacionalista. Algunos oficiales del Ejército, como el capitán Luiz Carlos Prestes y el teniente Agildo Barata, han adherido al comunismo. Oficiales de la Marina simpatizan con la doctrina integralista, la versión brasileña del nacionalismo fascista. 

Fueron también las Fuerzas Armadas que en 1937 indujeron al presidente Getulio Vargas a dar un golpe de Estado e imponer una dictadura de carácter nacionalista. 

La gran mayoría de los militares, cuando irrumpió la Segunda Guerra Mundial, simpatizaba con las potencias del Eje, la Italia fascista y la Alemania nazista. Y el gobierno de Vargas solamente se alió a los EE.UU.,  porque el presidente Franklin Roosevelt, debido a la importancia estratégica de Brasil por su confrontación geográfica con África, decidió conceder los recursos para la implantación de la siderurgia, a cambio de la permisión para establecer bases militares a lo largo de su litoral, evitando así un conflicto militar. Después de la guerra, un sector de la oficialidad, que participara con los americanos de la lucha en Italia, se volvió contra Vargas, que fue derribado en 1945. Ha partir de entonces, dos corrientes políticas se formaron en las Fuerzas Armadas, influidas por la guerra fría: una corriente - la Cruzada Democrática - contraria a Vargas y pro-EEUU; y otra, a la izquierda, nacionalista y estatizante, que ha desencadenado la campaña por la nacionalización del petróleo, en fin de los años 40 y principio de los 50. Esas dos corrientes, más politizadas, no representaban, cada una, más que 25 % de las Fuerzas Armadas, cuya mayoría era, sin embargo, nacionalista, legalista y anti-comunista. Esa mayoría fue la que defendió la legalidad, en oposición  a los ministro militares conservadores, que intentaron impedir la asunción de João Goulart a la presidencia, tras la renuncia de Janio Quadros en 1961. Para llevar esa mayoría a apoyar el golpe de Estado, en 1964, la CIA, aliada a la corriente militar que se oponía a Goulart, promovió spoling actions, manipulando las contradicciones sociales e instigando la sublevación de sargentos y marineros. 

En cuanto a esto no hay la menor duda. El Cabo Anselmo, quien comandó la revuelta de los marineros en abril de 1964,  era un agente de la CIA, hecho que   fue posteriormente comprobado. El objetivo de la revuelta fue caracterizar la supuesta amenaza comunista y asustar toda la oficialidad con la ruptura de la disciplina y de la jerarquía en las Fuerzas Armadas.  En tales condiciones se produjo el golpe de Estado, con el respaldo abierto de los EEUU. 

 El mariscal Humberto Castelo Branco, amigo del general (entonces coronel y Attaché Militar americano en Brasil) Vernon Walters desde la guerra en Italia, asumió el gobierno, electo por un Congreso del cual fueron expurgados los representantes trabalhistas y nacionalistas,  y trató de implementar la política económica y la política exterior de Brasil, conforme las directivas de Washington, rompiendo desde luego las relaciones diplomáticas con Cuba. En seguida, fueron expurgados cerca de 4.500 militares, oficiales y sargentos que apoyaron al gobierno de Goulart. Pero, aplastada en las Fuerzas Armadas la corriente que tendía hacia la izquierda, el nacionalismo se manifestó por la derecha, por medio de los oficiales línea dura, que eran radicalmente anti-izquierda, pero no aceptaban una política económica contraria al desarrollo de Brasil y se oponían a la corrupción y a la ostentación de riqueza del capitalismo. 

Se generó una fuerte resistencia en los cuarteles, y el gobierno de Castelo Branco no pudo privatizar la Petrobrás y las compañías de energía eléctrica, tuvo que retroceder en su planteamiento de la interdependencia entre los Estados latino-americanos y a favor de la creación de una fuerza interamericana de paz, además de necesitar hacer masivas inversiones públicas para sacar el país de la recesión económica. En tales circunstancias, los militares de los cuarteles, impusieron el nombre del mariscal Arthur da Costa e Silva para suceder a Castelo Branco. 

 Solamente cuando Brasil volvió a crecer, a partir de 1967/68, los capitales extranjeros empezaron otra vez a afluir en  su economía, sin embargo de que el gobierno del mariscal Costa e Silva retomara las líneas de la política exterior, similares a las del gobierno de João Goulart. En resumen, el primero gobierno militar, del mariscal Castelo Branco, intentó  eliminar las “áreas de fricción” con los EEUU. No lo consiguió. El régimen autoritario, por el modelado para garantizar un clima favorable a los capitales extranjeros, solamente podría subsistir si atendía a las necesidades nacionales de desarrollo del Brasil, y estas a su vez determinaban una política exterior diferente y contradictorias con las directivas de los EEUU. 

- ¿Es Brasil un país más nacionalista en términos político - culturales que sus hermanos latinoamericanos?

- Un diplomático francés, M. Maillefer, que sirvió en Montevideo en 1854, dijo que Brasil era la “Rusia tropical”, que tenía la “ventaja de la organización y la perseverancia en medio de los Estados turbulentos y mal constituido” de América del Sur. De hecho, mientras la conformación definitiva y centralizada de los otros Estados solamente ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX, Brasil en aquel entonces, mitad del siglo XIX, ya poseía un aparato burocrático-militar capaz de imponer, tanto interna cuanto externamente, la voluntad social de sus clases dirigentes, tenía una conciencia nacional.  Fue el Estado-Imperio que construyó la nación. Y ahí está la diferencia entre Brasil y los demás países de América Latina. El Estado brasileño no es simple sucesor del Estado portugués. Es el propio Estado portugués que fue trasladado a otra región geográfica y ajustado a sus condiciones económicas, sociales y políticas. No sufrió discontinuidad en la mudanza. Conservó la contextura institucional, asentada en el dogma de la soberanía, una e indivisible de la Corona, la jerarquía, las leyes civiles, los métodos administrativos, el estilo político, el instrumental bélico y diplomático, con experiencia internacional, y el sentido de su potencia. 

Eso se debe al hecho de que la Corte de Lisboa fue transferida a Río de Janeiro y el rey Dom João VI no solamente acabó el régimen colonial, cuando abrió los puertos en 1808, como alzó Brasil, en 1815, al status de Reino Unido a Portugal, o sea, lo tornó Estado soberano, personalidad jurídica del Derecho Internacional. 

La ruptura con Portugal, en 1822, no fue un acto de subversión, sino un acto para la conservación del status que ya tenía. El príncipe Dom Pedro declaró Brasil independiente de Portugal, no para conquistar, sino para conservar la soberanía del Estado, que su padre, Dom João VI, le confiara, antes de volver a Lisboa, presionado por los liberales, que pretendían restaurar en Brasil el régimen colonial. Brasil, que ya constituía un reino soberano, unido a Portugal, siguió con la monarquía, tras la separación de las dos ramas del Estado portugués, en 1822.  Y la monarquía, manteniendo al Brasil como Estado unitario y centralizado, consolidó la nación, al contrario de lo que pasó en la América española, que se desintegró en varios Estados, en que los caudillos regionales pasaron a predominar. Ese es uno de los factores que determinaron que en Brasil haya una conciencia políticamente más nacionalista. Brasil es la América portuguesa que no se desintegró. 

- Sabemos  que en determinado momento de su  vida usted vivió en Uruguay, ¿cuándo fue  y qué recuerdos le dejó este país?

- Como consecuencia del golpe de Estado en Brasil y de la represión que los militares desencadenaron, me asilé en la Embajada de Uruguay, y llegue a Montevideo, transportado por un avión de le Fuerza Aérea Uruguaya,  en el inicio de junio de 1964. Radicado en  Uruguay hice el enlace entre los líderes brasileños que se asilaron en el Uruguay  y ciertas corrientes políticas que organizaban la resistencia al régimen militar en Brasil.  Volví clandestinamente al Brasil en el curso de 1965 y he dejado muchos amigos en Montevideo, donde colaboré con artículos para el periódico Época, entonces bajo la dirección de Eduardo Galeano, por quien tengo una gran admiración y amistad.  Además de Galeano, me acuerdo de Hugo Cardozo, Manrique Salbarrey, Germán Vidal, Vívian Trías, entre otros amigos que hice en Montevideo, adonde volví algunas veces en 1975/76, para hacer investigación sobre las relaciones internacionales en la Cuenca del Plata. 

- Entre los libros  escritos figura uno sobre la formación de nuestro  Estado nacional, ¿cuándo surge y porqué? 

- Mi tesis de doctorado fue sobre “El rol de Brasil en la Cuenca del Plata”, que más tarde amplié y publiqué como libro, bajo el título O expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na Bacia do Prata: Da colonização à Guerra da Tríplice Alianza, cuya tercera edición fue lanzada en 1998. En esa obra yo trato de estudiar la formación de los Estados en la Argentina, Uruguay y Paraguay, así como en Brasil que, entretanto, pudo ejercer enorme influencia en la región,  por las razón que explique, en las preguntas anteriores, o sea, la de que Brasil ya era una Estado políticamente organizado, con un ejército permanente y un servicio diplomático, que heredó de Portugal, cuando los dos reinos se divorciaron. Pero trato también del Uruguay en otros libros, incluso en el que va a ser lanzado en marzo, bajo el título Da Guerra do Paraguai ao Mercosul: conflitos e integração no continente (Brasil, EUA, Argentina), con prefácio del Embaixador Samuel Pinheiro Guimarães, que ahora es el Secretario-General del Itamaraty. Esa obra es una continuación de la otra - O expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na Bacia do Prata -  y en ella también son enfocados los otros países de América del Sur, particularmente el Uruguay. 

En cuanto a la pregunta de cuando y porque surgió el propósito de escribir sobre la formación del Uruguay, quiero precisar que la mayoría de mis obras mantiene una unidad temática, que consiste en la política exterior y las relaciones internacionales de Brasil. Después de haber escrito y publicado, en 1973, Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois sécalos de historia), yo tenía de profundizar la investigación sobre la Cuenca del Plata, como la otra principal vertiente de la política exterior y de las relaciones internacionales de Brasil y adonde también en el siglo XIX las divergencias con los Estados Unidos se manifestaron, particularmente en la guerra de la Triple Alianza. La formación del Uruguay está, por lo tanto, en el contexto de las relaciones de Brasil con la Cuenca del Plata, que fue y sigue siendo la principal área de sus intereses en la América del Sur, desde los tiempos de la colonización, hasta la actualidad,  por motivos económicos, políticos y estratégicos. E ahí  el proyecto del Mercosur. 

- Sabemos que usted,  junto a personalidades como el ex presidente Cardoso y varios de quienes fueron sus ministros de  gobierno jugaron un rol importante en los acontecimientos que llevaron a la derrota de la dictadura en  su país, ¿puede contarnos en qué consistió el papel de ustedes y  cómo vivieron aquellos acontecimientos?

- Cada uno de nosotros jugó un papel distinto en los primeros años del régimen militar. Yo fui al Uruguay, como ya dije, viví clandestinamente en Sao Paulo. Entre 1969 y 1974, bajo el gobierno del general Emílio Garastazu Medici la represión fue muy dura  y estuve dos años preso (1969/70 y 1973). Fernando Henrique Cardoso fue a Chile y no me acuerdo cuando volvió al Brasil. Pero, a partir de 1974,  él, Francisco Weffort, que fue su Ministro de Cultura, yo y algunos otros profesores, con el apoyo de los estudiantes y del Movimiento Democrático Brasileiro (MDB), el partido de la oposición legal, pasamos a hacer conferencias en las Universidades, criticando el régimen militar y movilizando la opinión pública a favor de la redemocratización. Me acuerdo que el presidente João Goulart, una de las veces en que lo visité en el Uruguay, me dijo: “Los militares dejan que tu hables, hagas conferencias, criticando el gobierno, porque están interesados en saber lo que pensamos y muchos están de acuerdo con nosotros”. 

- ¿Es por aquellos días que también conoce de cerca  al hoy presidente Lula y a algunos de los dirigentes del  PT?

- Conocí, personalmente, al presidente Lula en 1980, cuando el era dirigente sindical y comandó un paro de los metalúrgicos en Sao Bernardo do Campo, ciudad industrial que está integrada al Gran São Paulo. Yo era profesor en la Universidad Católica y en el Instituto Benett, en Rio de Janeiro, y al mismo tiempo asesor del Prefecto de Osasco, ciudad también integrada al Gran Sao Paulo, adonde vivía de martes a viernes. En ese entonces, como representante del Prefecto de Osasco, yo y otro colega, profesor en la Universidad de Sao Paulo, fuimos a llevar la solidariedad y el apoyo a Lula. Ese paro que él dirigió fue un grande desafío a la dictadura. En aquel entonces, Lula conjuntamente con otros dirigentes sindicales y profesores, como Francisco Weffort, ya estaban  organizando el PT. Por otro lado, Fernando Henrique Cardoso entendía que se debía permanecer en el MDB, que después pasó a ser  PMDB  (Partido do Movimento Democrático Brasileiro), en ese momento yo estaba a colaborando con Leonel Brizola en la articulación del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), que después, por una decisión de la Justicia, no pudo mantener esa sigla y se registró como Partido Democrático Trabalhista (PDT). Todos teníamos el mismo propósito y las discrepancias eran básicamente en cuanto a los caminos partidarios. Eran, generalmente, discrepancias formales.  Pero éramos amigos y nos entendíamos. 

- ¿Está Usted vinculado a algún partido político? ¿Cual su posición ideológica)  ¿Es usted marxista?

- No estoy afiliado a ningún partido político. Tampoco puedo decir que tengo una posición ideológica, pues me considero un libre pensador. La ideología es la conciencia falsa y impide una clara percepción de la realidad, que es permanentemente mutante. He estudiado las obras de Karl Marx, pero nunca pertenecí al Partido Comunista. Siempre he condenado los métodos stalinistas y el régimen vigente en la URSS. Siempre creí, desde joven, que aquel tipo de socialismo totalitario, aunque hubiera durado mas de 70 años, estaba destinado a desplomarse. Lo que se llamó de marxismo-leninismo fue una contrahechura de Stalin y sus epígonos para justificar sus políticas. La verdad es que Marx no elaboró ningún sistema de ideas, axiomático, cerrado, o sea, completo y conclusivo. Por eso dijo que no era marxista. Es necesario considerar que la permanencia de las palabras tiende imprimir estabilidad al concepto, pero la realidad, que el concepto pretende representar y la palabra exprimir, cambia a cada instante, está en movimiento, es un constante devenir,  un continuo flujo en lo cual el ser y el no-ser se integran, de modo que el concepto no puede estabilizarse, en la medida en que debe acompañar y reflejar la realidad. Decirse marxista  no solo es contrario a la dialéctica que Marx adoptó como método de investigación, pues la realidad es mutante, como implica empobrecer su pensamiento, tornarlo estático, dañarlo, y reducirlo a una posición política, de militancia, un catecismo, lo que restringe la comprensión de los acontecimientos históricos. El  método gnoseológico de Hegel, aplicado a las ciencias sociales y a la interpretación de los fenómenos históricos, es lo más importante en la obra de Marx, lo que perdura como contribución de Marx, pues le permitió desvendar las leyes que regían el capitalismo, en una determinada etapa histórica, esto es, la economía de Inglaterra en la primera mitad del siglo XIX. Recordar a Rosa Luxemburg, que demostró el error de Marx en su teoría sobre el desarrollo del capitalismo, cuyo colapso no se efectuó como el había profetizado. 

Esta circunstancia ha impuesto la revisión de muchos de sus pronósticos y fue lo que hizo Eduard Benstein, delante de las transformaciones que a partir del segundo cuarto del siglo XIX se produjeran dentro do sistema capitalista. 

Bernstein constató que en la obra de Marx había un “dualismus”, pues, siendo una investigación científica, ya presentaba  una tesis pronta y un resultado predeterminado. 

Las previsiones de Edward Bernstein y Kart Kautsky, atacados por los comunistas, se mostraron más acertadas que las de Lenin. Lenin adaptó el pensamiento de Marx a las condiciones culturales de Rusia, lo interpretó sus objetivos políticos inmediatos, le dio pragmáticamente una versión y la dogmatizó. El bolchevismo fue un fenómeno ruso, exclusivamente ruso, y hasta hoy las corrientes que se dicen de izquierda no se liberaron de su influencia, de los esquemas establecidos por Lenin, que vivió muchos años en la Europa Occidental, pero nunca verdaderamente la comprendió. A la contribución de Marx y su discípulos al estudio de la economía y de las ciencias sociales, hay que sumar el aporte de muchos otros pensadores, que no se afilian a la misma escuela de pensamiento, entre los cuales Max Weber se destaca.  

- ¿Cuál  es su formación filosófica?

- Mi formación  filosófica fue esencialmente influenciada por Hegel. Considero la dialéctica, que Hegel desarrolló, lo que ha de más avanzado en la gnoseología, el método de conocimiento más rico y más ágil que la inferencia matemática. La dialéctica permite comprender lo que está más allá de la estricta identidad.

También acepto el concepto hegeliano de que el Estado es un organismo vivo, que ha surgido en determinadas condiciones de la evolución histórica. Hegel escribió que el pueblo como Estado es el espirito (Geist) en su sustancial racionalidad e inmediata realidad y de ahí el absoluto poder en la tierra. Entiendo ese espiritu (Geist) como la cultura del pueblo que se encarna en el Estado y que influencia su comportamiento y sus políticas. 

Y porque mi formación filosófica es esencialmente hegeliana, entendiendo que los fenómenos políticos, cuando se manifiestan, resultan de transformaciones cuantitativas y cualitativas de tendencias históricas, razón por la cual deben ser estudiados y comprendidos en su encadenamiento mediato, en su condicionalidad esencial, y en su constante devenir. La ciencia política sin historia no pasa de simples ejercicio impresionista, que no alcanza y no demuestra la condicionalidad esencial del fenómeno, pero solamente su accidentalidad. Para que se pueda ver el futuro es necesario conocer el pasado. Esa identificación del pasado con el presente y el futuro está en la propia mitología germánica. El mito Norse personifica los tres elementos del tiempo/causalidad. Urddhr ou  Wyrd personifica el destino, es la Norn de todo lo que vino del pasado y que modela lo que vendrá a ser; Verdhandi representa el presente, el momento del cambio; y Skuld es la personificación de lo que debe desarrollarse. Esos tres elementos son por veces interpretados como pasado, presente y futuro, pero en la mitología germánica el tiempo no puede ser dividido, puesto que el pasado es aun realidad viva y poderosa, que continuamente modela todo lo que viene del pasado. La lengua alemana, que es conceptual, ha incorporado ese elemento: el verbo auxiliar - werden - significa ser, no un ser formal, pero un ser en movimiento, en mutación. 

- ¿Al desaparecer los países del “socialismo real” cómo se ha modificado la política de los Estados Unidos?

- La existencia de la URSS, con su poder militar, constituía un factor de contención de los EE.UU., que emergieron de la Segunda Guerra Mundial como la única potencia dominante, dentro de la economía capitalista. Ahí está exactamente una cuestión en que Kart Kautsky tenía completa razón, cuando tras la eclosión de la Primera Guerra Mundial, escribió  que se podía aplicar  al imperialismo lo mismo que Karl Marx dijera sobre el capitalismo, o sea, que la concurrencia engendra el monopolio. Así del mismo modo que la furiosa competencia entre las firmas gigantes, los bancos gigantes y multi-millonarios, que destruyeran a los menores, llevaran a los grupos financieros a concebir la idea del cartel, la guerra mundial podría obligar a las potencias imperialistas a formar una unión  y por fin a la concurrencia en la producción de armamentos. Conforme a esta opinión, no era imposible desde el  ponto de vista puramente económico, que el capitalismo entrase en una nueva fase marcada por la transferencia de los métodos de los carteles, para la política internacional. Esa es la fase actual, la fase del ultra-imperialismo, que se ha formado a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, de la cual los EEUU emergieron como la potencia dominante en el sistema capitalista. 

La historia no confirmó la perspectiva de Lenin, que percibía el imperialismo como el capitalismo en descomposición, como se fuera su última fase, en la cual la guerra entre las grandes potencias  resultaría en la revolución socialista mundial. Al contrario, la historia dio razón a Kautsky.

Actualmente, no hay una sola persona que pueda imaginar una guerra entre los EEUU contra Alemania, Gran-Bretaña, Francia o Japón. El G-7, integrado por EEUU., Alemania, Gran-Bretaña, Francia, Japón y Canadá - el al cartel que los países más industrializados han formado y cuya expresión militar es la OTAN. 

- ¿Usted viene estudiando las relaciones internacionales, especialmente las interamericanas hace  más de treinta años, cuáles son los rasgos o tendencias dominantes en este último periodo? 

- La nueva política nuclear de Bush representa el triunfo de un pequeño círculo de teóricos conservadores que desde hace mucho tiempo venían presionando para que los EE.UU. alarguen el papel de las armas nucleares con el objetivo de garantizar su superioridad militar y  que les sirva como instrumento para ejercer influencia política y estratégica. Esos ideólogos neo-conservadores de los institutos de estudios de Washington, los jefes civiles del Pentágono y jóvenes que escriben artículos para el Wall Street Journal defienden abiertamente  una política imperialista, diciendo que los EE.UU. deben ejercer plenamente los poderes imperiales que detienen y imponen la pax americana por la fuerza de sus armas. 

Es eso lo que los EE.UU. están buscando  hacer desde que  George W. Bush ingresó al gobierno. Pero los americanos hacen la política inmediata, del momento, y no piensan en las consecuencias futuras. Los golpes militares en la América Latina fueron estimulados por el Pentágono y por la CIA, con base en la doctrina de civic action, según la cual las Fuerzas Armadas, consideradas la institución más estable y modernizadora en la América Latina, debían participar  del desarrollo económico, social y político, o sea, hacer las reformas antes que las comunistas la hiciesen. Lo que pasó fue que los militares, en Brasil y Perú, se volcaran hacia políticas nacionalistas, contrarias a los intereses americanos. Al Qaeda y Osama Bin Laden, como expresión del fundamentalismo islámico, surgieron y se desarrollaron con los recursos que  EE.UU. les entregaron, para combatir las fuerzas de la Unión Soviética en el Afganistán y promover la subversión en las repúblicas que la integraban en la región del Mar Caspio. Saddam Hussein fue también respaldado por los EE.UU. que le proporcionaron inclusive armas químicas para atacar al Irán. Y George W. Bush va a terminar por enemistar los EE.UU. con todos los pueblos. Si sigue así, en pocos años, ninguna empresa americana, en cualquier parte del mundo, tendrá seguridad.  Su política conducirá y provocará un desorden mundial. Si los EE.UU. pueden denunciar el  Tratado ABM, firmado con la Unión Soviética, rechazar el Acuerdo de Kyoto y “unsign”, o sea, retirar su firma del Tratado sobre Crímenes de Guerra, ¿por que la Corea del Norte no puede abandonar el Tratado de Non-Proliferación de las Armas Nucleares?  Esa es la cuestión. Si los EE.UU., como una gran potencia, dan el ejemplo, los otros países también se sienten con el mismo derecho de no respetar más a los tratados y compromisos internacionales. La consecuencia es su desmoralización, como ahora ocurre con respecto a la guerra contra el Irak. Una encuesta promovida por la revista americana Time, de la semana de 09.01.2003, reveló que 67,4% de sus lectores consideran a los EE.UU. como la principal amenaza a la paz mundial, y 71,9% dicen que el objetivo de la guerra contra Irak es la captura del petróleo. Sin moral, ninguna potencia puede mantener su liderazgo. El poder militar tiene límites y la hegemonía requiere también consentimiento de los pueblos. Los EE.UU., con esa política, van a quedar aislados, como Henry Kissinger, que tiene el sentido de Realpolitik, ha previsto en su última obra. 

- ¿En su opinión Cuba continua siendo un objetivo político y militar a enfrentar y eventualmente  a destruir por parte de EEUU? 

- Cuba no configura más ninguna amenaza para la política americana en la América Latina. Su régimen ya no representa siquiera un modelo para otros pueblos del hemisferio. El hecho de que Fidel Castro hace más de 40 años se mantiene en el poder, sin embargo todos los esfuerzos de los gobiernos americanos para derrocarlo, demuestran los límites políticos del poderío militar de una superpotencia y  a la vez constituye gran victoria para Castro.  Los EEUU no lo perdonan por ello. Fidel Castro es solamente un símbolo de resistencia a su hegemonía, pero no representa un objetivo político, mucho menos militar, que los EEUU tengan que enfrentar. Lo que hay, dentro del gobierno de George W. Bush, es una fracción, representada por el embajador Otto Reich, cubano-americano, que desea derrocar a Fidel Castro lo más pronto posible. El representa la extrema-derecha concentrada en Miami. Pero derrocar a Castro no constituye una prioridad en la agenda del gobierno americano, que está consciente, creo, del enorme problema en que puede derivar para los EEUU, si hay una guerra civil en Cuba. Ese es un peligro real, los exiliados en Miami, tras el fin del régimen de Castro, quieran recuperar sus propiedades que los otros, que las ocupan en Cuba, no van a entregar, pacíficamente, sin resistencia. Cuando venció la revolución, en 1959, había en Cuba alrededor de 6 millones de habitantes y cerca de 300.000, tal vez un poco más, emigraron para los EE.UU., adonde suman hoy cerca de un millón. Cuba, por otro lado, tiene actualmente alrededor de 12 millones de habitantes, el doble que hace 44 años. Y hay una diferencia: cuando la revolución triunfó, Cuba económicamente era mucha más rica que hoy, aunque la riqueza estuviera concentrada en pocas manos. Si hay una guerra civil en Cuba, tras la caída del régimen de Fidel Castro, van a emigrar más de 300.000, pueden llegar a ser 2 o 3 millones de cubanos, en busca de alimentos. Serán el boat people, un gran problema para los países de la región, particularmente para los EE.UU. 

- Usted  también ha vivido en Washington en tiempos de Carter, ¿cuáles son las diferencias de aquel  Estados Unidos y el de hoy?

- Yo viví algunos meses, en Washington, en 1977, y tenía contacto con gente vinculada al presidente Jimmy Carter. El clima era otro. Los EE.UU. habían perdido la guerra en el Vietnam, la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, bajo la presidencia de Frank Church, había revelado la participación de la CIA en el golpe militar en Chile, los actos de terrorismo que practicaba, los asesinatos, y todo eso chocó y despertó la conciencia democrática que tiene el pueblo americano. El presidente Jimmy Carter había comprendido que los EEUU estaban por perder moral y políticamente la Guerra Fría, que no podían justificar más el combate al comunismo, mientras apoyaban las dictaduras militares que  violaban a los derechos humanos, en la América Latina. El consiguió recuperar la imagen de los EE.UU. Hoy la situación es distinta. Hay visibles tendencias fascistoides en el gobierno de George W. Bush. Los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001 han fortalecido a la extrema-derecha del complejo militar- industrial, produciendo el presunto enemigo que les faltaba desde que término la Guerra Fría. El espectro del terrorismo toma el lugar del  comunismo en la definición y reorganización de las relaciones internacionales. Es necesaria al gobierno Bush la existencia real  de un enemigo que amenace de modo creíble la seguridad y el bien-estar del pueblo americano y de sus intereses nacionales en otros países para tornar posible la aprobación legislativa del presupuesto militar y la manutención de lo que el o presidente Dwight Eisenhower habia denunciado como el complejo industrial-militar. Los americanos creen que los EE.UU. constituyen la democracia más perfecta, la sociedad mejor organizada, la economía más próspera,  el más poderoso Estado de todos os tempos, que tiene como misión defender y resguardar  los valores de la civilización occidental y cristiana. Al comenzar  el año, 2002, el diputado republicano  Tom De Lay  dijo que se hallaba en una misión emanada de Dios, para promover "una bíblica concepción del mundo" y que había promovido el juicio político contra Clinton en parte porque ese ex-presidente tenía "una concepción del mundo equivocada". Esa es la gente que cerca Bush. 

Un diplomático brasileño, Domício da Gama, embajador en Washington,  escribió en 1912 que "los EUA, formados con el concurso de tantos pueblos, se  juzgan diferentes de todos ellos y superiores a ellos" y que  "el duro egoísmo individual se amplió a las proporciones de lo que se podría llamar  egoísmo nacional". Desde el colapso de la URSS y de todo el Bloque Socialista, los americanos empezaron a creer que los otros pueblos tienen envidia de su riqueza y bien-estar, y que por eso quieren destruir el régimen de libre mercado. La extrema-derecha, que capturo el gobierno con la ascensión de George W. Bush a la presidencia, por medio de un golpe judicial, pasó a manipular esa creencia, como si la inviolabilidad de su territorio y su way of life estuviesen amenazados, para lanzar la doctrina de la guerra preventiva, como se fuese en legítima defensa, para atacar otros países y así promover las guerras, que les permitan experimentar en condiciones reales armamentos muy caros y vender los de generación ya superadas a otros Estados. 

Esa política contribuye  a fomentar las tensiones en varias regiones, como el Oriente Medio, y justifica los gastos con defensa ante los tax-payers americanos. 

- ¿Es autor del libro “de Martí a Fidel”? ¿Qué dice allí que ya no se haya dicho sobre Fidel?

- No se trata de un libro sobre Fidel, aunque él sea personaje de los acontecimientos. De Marti a Fidel, como el título lo demarca, es el período en que el processus de la revolución cubana se ha desarrollado, desde la lucha por la independencia hasta constituir la manifestación más radical del nacionalismo latino-americano. En esa obra, cuyo título completo es  De Martí a Fidel - A Revolução Cubana e a América Latina, abordo los diversos momentos del proceso revolucionario en Cuba,  sobre todo a partir de los años 30, cuando en medio de una revuelta popular el Sargento Fulgencio Baptista capturó el poder en la Habana. Estudio el contexto de varias manifestaciones revolucionarias del nacionalismo en la América Latina,  entre otras, la república socialista de 12 días, implantada en Chile por el Comodoro Marmaduke Grove (1931), el Gobierno del General Lázaro Cárdenas, en México (1934-1940), el peronismo en la Argentina (1945-1956), la revolución  boliviana (1952-1964), dirigida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y el régimen reformista en Guatemala (1944-1954), derrocado por la CIA. Y, al insertar la revolución cubana en esa perspectiva continental, tuve como objetivo demostrar como ella, históricamente, se encadenó con aquellas experiencias revolucionarias anteriores. La  implantación de un régimen comunista en Cuba,  conforme al modelo de los países del Este Europeo, fue una contingencia histórica, que ha resultado de una política emprendida, no por URSS, sino por los EEUU, que, sin respetar los principios de la soberanía nacional y autodeterminación de los pueblos, no aceptaron los actos de la revolución, como la reforma agraria, y transformaron contradicciones de intereses nacionales en un problema del conflicto  Este-Oeste. 

Esta obra la escribí investigando no solamente la documentación americana, sino, principalmente la documentación secreta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty) y otros acervos, entre ellos documentación  alema. Así  traté de acompañar la revolución cubana no solamente a partir de la ”view from Washington”, como los americanos normalmente hacen, también lo hice a partir  de la ”view from Brasilia”, demostrar el rol de la América Latina y, en especial, de Brasil y México, cuya oposición frustró la intervención militar en Cuba, bajo el manto de la OEA, como los EUA pretendían hacer, para evitar una represalia de la URSS en Berlín o Turquía. 

- ¿En las actuales definiciones  políticas e ideológicas del gobierno de EEUU, qué es lo determinante, la personalidad del presidente Bush, o existe un lobby de opiniones teóricas sociales que sustentan sus ideas y posturas políticas? ¿Hasta donde Europa puede acompañar las actuales definiciones del presidente Bush?

- Existe un lobby, no solamente de opiniones teóricas y sociales, pero de intereses económicos, por tras del presidente George W. Bush, con el cual su personalidad o falta de personalidad se identifica.

George W. Bush esta vinculado a la empresa de energía CEO, así como Cheney, que es  accionista de la firma Halliburton (petróleo, defensa, construcción) y cuya esposa, Lynn Cheney, es vice-presidente y directora de la firma Lockheed Martin;    Colin Powel es accionista de la General Dynamics; Paul Wolfowitz es  co-presidente de la task force de Nunn-Wolfowitz, Hughes Electronics; Donald H. Rumsfeld es director de Gilead Sciences (biotechnolopgía);  Dov Zakheim, sub-secretario de defensa, es vice-presidente de Systems Planning Corporation (firma de consultoría en el área de defensa); el US Trade Representative,  Robert Zoellick, que negocia el ALCA, es integrante del Consejo Consultivo de la Enron, la firma que ha provocado un escándalo; y Condoleezza Rice, asesora de seguridad de Bush, pertenece a la dirreción de la  Chevron. Estan todos vinculados a muchas otras empresas. Eso no se restringe solo a los nombres que cito. Todos los otros miembros del gobierno Bush son representantes de esas corporaciones vinculados al complejo industrial-militar-petrolífero, cuyas ganancias aumentan con ese clima de guerra, gastos con defensa y conquista de áreas de petróleo, en el Mar Caspio (Afganistán) y en el Golfo Pérsico (Irak).

No sé si Bush tiene ideas, pero sus posturas políticas, arrogantes y prepotentes, revelan un individuo muy primario. Falta junto a él un hombre como Henry Kissinger, que, sin embargo de su responsabilidad en el golpe militar en Chile, manejó mejor la política internacional de EE.UU., estableciendo las relaciones con China, firmando el Tratado Cuadripartite con la URSS y las dos Alemanias, lo que acabó con las tensiones por causa de Berlín, y celebró con la URSS un Tratado anti-balístico (ABM). 

El objetivo principal de los EE.UU. hoy consiste en  la conquista de los recursos naturales y de la fuentes de energía no renovable, bien como en obtener la apertura unilateral de los mercados para sus exportaciones.  Por eso recurre a todos los medios,  tanto militares, como  el Plan Colombia, la ocupación del Afganistán y la guerra contra el Irak, o proyectos económicos, como el Plan Puebla Panamá (PPP) y la propuesta para la formación del ALCA. 

- ¿Las dificultades actuales de autoridad de la ONU, dependen de la hegemonía de EE.UU., o de que el derecho internacional está en crisis, de que el organismo internacional no es el adecuado para este momento que vive el mundo?

- Los EEUU vienen violando y socavando cada vez más las leyes que garantizan la seguridad internacional. Se apartan del dominio de la ley por el dominio del poder. Esa tendencia empezó con el ex-presidente Hill Clinton y se aceleró con la ascensión de Bush al gobierno, lo que amenaza la seguridad no solamente de la comunidad internacional, sino, también, la propia seguridad de los EEUU. 

Bush y su gente no disimulan la pretensión de hacer de los EE.UU. un global cop,  que puede emplear el big stick (grande cachiporra) en escala mundial, ampliando así la doctrina que el presidente Theodore Roosevel formulara para la América Latina. 

El se declaró dispuesto a intervenir militarmente en Irak, con el  objetivo de cambiar al régimen de Saddam Hussein. Aunque Saddam Hussein sea un dictador sanguinario, Bush no es mejor que el, cuando pretende deflagra una guerra de agresión, que va costar muchas vidas. Su postura constituye una aberrante violación del principio de no-intervención en los asuntos internos de otros países, acordados en el Tratado de Westphalia, de 1648, y contraría el derecho internacional moderno, que autoriza el uso de la fuerza en defensa propia solamente para combatir amenazas reales, no potenciales, pero  no como acción preventiva y anticipada. 

La falta de sensibilidad  de Bush es tan grande que trató de crear una oficina de “diplomacia pública”, de comunicación global, para mejorar la imagen de los EE.UU. en el exterior, pero al mismo tiempo buscó impedir que cualquier norte-americano, acusado de crímenes de guerra o de abusos de los derechos humanos  sea entregue a la Corte Penal Internacional, instituida por la ONU en Haya,  amenazando  cortar la asistencia a los países que se negaren a firmar con los EE.UU. un tratado, concediendo ese status especial, o sea, un odioso privilegio,  para sus ciudadanos. Lo que Bush quiere es impunidad para que los norte-americanos puedan  cometer los crímenes de guerra, genocidio y abusar de los derechos humano. En tales circunstancias, de nada servirá la creación de esa oficina de “diplomacia pública”, puesto que la imagen de los EUA no ha de mejorar. 

Al contrario, la percepción, cada vez más dominante en los países de Europa y en otras partes del mundo es la de que los EUA son un “rogue state”, un país irresponsable, que no respeta las leyes internacionales ni tratados y acuerdos. Esa es la imagen que el presidente George W. Bush está a proyectando, en el exterior,  al mismo tiempo en que su arrogancia y prepotencia aumentan la popularidad de Saddam Hussein y de Osama Bin Laden, junto a las masas musulmanas. 

Ojalá  que Bush, con las nuevas directivas estratégicas, admitiendo el empleo preventivo de armas nucleares contra diversos países, no termine por hacer parecer a Hitler un santo y los hechos del nazismo, una obra humanitaria. 

- ¿Se puede esperar que acontecimientos como el de Colombia o Venezuela deriven  en conflictos bélicos con la intervención directa de EE.UU.?.

-La verdad es que en Colombia, hay una guerra civil, en la cual los EE.UU. ya intervienen, aunque de forma velada y limitada y los resultados son prácticamente nulos. Las hectáreas de cultivos de coca se extendieron y las FARC y el ELN no rechazan un entendimiento. Recientemente, en enero de 2003, 70 asesores militares norte-americanos llegaron a Arauca, y allá se quedarán por tres meses para entrenar 6.500 soldados colombianos para  proteger  el  crucial oleoducto, que atraviesa aquella región, contra ataques de la FARC. Ese desplazamiento del 7th Special Forces Group, con sede en Fort Brag, ha resultado de una decisión de Bush, autorizado por el Congreso a expandir la asistencia militar y combatir a los insurgentes, lo que antes, aparentemente, se limitaba a la guerra contra el narcotráfico. 

Al mismo tiempo, el presidente colombiano, Alvaro Uribe, dijo que el problema con el narcotráfico constituye "una amenaza mayor para el mundo que el problema de Irak" y  pidió a los EE.UU. un masivo despliegue naval y aéreo para Colombia, como hace en el Golfo Pérsico. No creo que los EE.UU., que intentaron hacer algo así durante la Administración Clinton, puedan atender a tal solicitación. Eso evidenciaría el fracaso del Plan Colombia,  a través de lo cual Washington destina millones de dólares para combatir al narcotráfico y a los grupos insurgentes, que considera terroristas. 

Además del mismo modo que ya lo hizo durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Brasil no participaría y no permitiría el uso de su territorio para cualquier operación, por avión o tropas terrestres, en Colombia, país del cual es el mayor vecino. Venezuela, también. E igualmente el Ecuador, ahora bajo el gobierno del coronel Lucio Gutiérrez.  Quedaría solamente el Perú, que tiene una pequeña franja de frontera con la Colombia. 

En cuanto a Venezuela, no creo, que por ahora la crisis evolucione hasta un conflicto bélico, aunque no se pueda descartar totalmente esa posibilidad. A los EE.UU. eso no le interesa, sin embargo de que algunos en Washington quieran la derrocada de Chávez. Una guerra civil en Venezuela complicaría aún más la situación internacional, tanto económica como política, en un momento que Bush quiere a cualquier precio hacer la guerra contra el Irak. De cualquier modo, la mayor preocupación de Brasil es evitar que haya una intervención extranjera  en Venezuela, lo que podría ocurrir en caso de una guerra civil. 

- ¿Para usted cuál es la primera causa de que las economías de América del Sur se mantengan casi en una crisis permanente?

- No se puede hablar de una crisis permanente de las economías de América del Sur. Las economías de Argentina y de Uruguay, hasta los años 40, fueron muy prósperas, a pesar de los problemas que sufrieron con la crisis desencadenada en 1929, con la quiebra de la Bolsa de Nueva York, en la famosa Black Friday (Viernes Negro). Brasil, por su vez, consiguió, después de la Segunda Guerra Mundial, superar la condición de país agro-exportador y se tornó el país más industrializado del hemisferio sur, siendo una de las diez mayores masas económicas del mundo. Argentina y Uruguay siguen como países agro-exportadores. Las causas de la crisis en las economías de Argentina y Uruguay son, por lo tanto, distintas. También la asimetría existente entre esos dos países y    Brasil es enorme. Basta decir que el PIB de Argentina representa menos de la mitad del PIB del Estado de Sao Paulo, donde solamente la región de Ribeirao Preto, uno de sus municipios, tiene un PIB que es igual al PIB de Chile.  La economía brasileña - a pesar de le crisis y de la deuda - es mayor que la economía de todos los otros países sur-americanos juntos. 

Así que es muy difícil hacer generalización y comparaciones, y explicar la causa o las causas primeras de las crisis de las economías de América del Sur, que normalmente son cíclicas y en alguna medida reflejan también la crisis en la economía mundial, como ocurrió en el inicio de los años 30. 

De cualquier modo, la crisis en Brasil es menos grave que en los demás países de América del Sur y puede ser superada en un par de años. Pero el  fuerte y rápido deterioro de la economía norte-americana, como lo demuestra el extraordinario crecimiento  del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos y el déficit del presupuesto, puede producir repercusiones muy negativas sobre su economía. En 2002, el déficit en la cuenta corriente de los EE.UU. alcanzó casi  US$ 500 mil millones. El problema no está tanto en el déficit, que se mantiene relativamente estable. Está  en el modo que está siendo financiado, esto es,  por el resto do mundo, particularmente Europa, Europa y Japón, que transfieren recursos para la economía norte-americana, bajo la forma de inversiones o préstamos. Economistas de varios países  dicen que esa situación es insostenible a largo plazo. Lo declaró también el propio Alan Greenspan, presidente del Federal Reserve Board, (banco central americano). Es lógico que si los otros países, por cualquier razón, cesaren de financiar ese déficit, será inevitable la desvalorización del dólar en relación con otras monedas fuertes. Desde setiembre de 2002, hasta enero de ese año, el dólar ya ha perdido 8,1% para el euro y 4,6% para el yen. Y si los extranjeros, que hacen inversiones en los EE.UU., empiezan a percibir que están perdiendo en el cambio más de lo que podrían obtener en ganancias o con los beneficios de sus otras aplicaciones, muy difícilmente el gobierno americano podrá evitar la desvalorización del dólar, acompañada por la inflación. También el déficit del presupuesto es otro factor que está afectando la confianza en el dólar. 

El gobierno del presidente Bill Clinton consiguió, en 2000, enorme superávit fiscal, de US$ 236,5 mil millones, el más grande de la historia. Pero desde que  inauguro su administración, em 2001, Bush ha aumentado los gastos en  defensa, determinando la  devolución de US$ 1,4 trillón en impuestos y, bajo el pretexto de reactivar la economía, impartió otras medidas fiscales, que reducen la receta del gobierno, durante los próximo diez años, en US$ 674 mil millones, de los cuales  cuales US$ 102 mil millones solamente en 2003, lo que debe elevar el déficit del presupuesto, ese año, a un número entre US$ 300 mil millones y US$ 350 mil millones, eso sin contar con los gastos que la guerra contra Saddam Hussein va a provocar y que el presupuesto de EE.UU. no ha previsto. Esos gastos seguramente superarán la importancia de de US$ 100 mil millones, pues solamente la Guerra do Golfo, que no llegó al fin, costó US$ 80 mil millones, en 1991. La pretensión de Bush de promover guerras a cualquier precio, para atender a los intereses de la industria bélica y de las compañías petroleras, aumenta cada vez más, en los países de Europa, la desconfianza en la recuperación de la economía americana. 

La guerra contra el Irak puede, en su principio, reanimar la economía americana, debido a  los gastos públicos, permitiendo el aumento de las ganancias de las corporaciones de las que Bush y los miembros de su gobierno están vinculados. 

Pero será un desastre para la economía mundial y, a medio y a largo plazo, para la economía americana, que Bush está  manejando sin ninguna responsabilidad fiscal, como el FMI exige de todos los otros países. 

- ¿Es el ALCA una alternativa real para el desarrollo de las economías  de los países americanos?

- Sin embargo de su  discurso liberal, Bush  alargó la práctica proteccionista, tal como otro republicano, William Taft, que, después de electo, en 1909, defendiendo un programa liberal, aumentó las tarifas, lo que contribuyó a la Gran Depresión. Los EE.UU. no son un país confiable. Además, Brasil tendrá poco que ganar en términos de aumento de las exportaciones, tanto con la formación del ALCA  como en un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), si todos los aranceles aplicados al comercio fuesen  reducidos a cero. El crecimiento de las ventas de Brasil, según estudios hechos por economistas seria de, un máximo, 5%. En la Argentina desaparecerá el resto de la industria que aun existe. ¿Y los EE.UU. le van a comprar más carne y trigo, comodities que también producen y exportan y para las cuales quieren abrir el mercado brasileño? Seguramente no. Lo mismo se puede decir con respecto a los productos que Uruguay exporta. Pero el problema no está solamente en el comercio de mercancías. Los países de América del Sur, particularmente el Brasil, ya enfrentan fuertes presiones para que abran los mercados de servicios, equipamientos y propiedad intelectual. Pero es necesario defender el espacio  para las políticas de desarrollo social y regional, para el desarrollo de la producción agrícola y, principalmente, industrial y tecnológica. 

- ¿Qué alternativa económica real tienen aquellos países o gobiernos que se oponen al ALCA de llevar adelante políticas exitosas, cuando Europa  también cierra mercados, o aplica proteccionismos excluyentes?

- Creo que los acuerdos de comercio con los EE.UU. deben ser bilaterales. Es muy problemático y casi imposible compatibilizar en un solo tratado los distintos intereses que tienen esos países. Brasil, por ejemplo, posee un parque industrial bastante desarrollado, el mayor del hemisferio sur y eficiente en su media. Debe, en cierta medida, protegerlo contra una política predatoria, de las grandes firmas americanas, que quieren conquistar el mercado brasileño y de otros países de la América del Sur. Al contrario de México, que antes del NAFTA ya destinaba cerca de 90% de sus exportaciones al mercado americano, y de algunos otros países, el comercio exterior de Brasil con los EEUU, gira en torno de los 20%.  El mercado de la Unión Europea es más importante para Brasil, que le destina cerca de 30% de sus exportaciones, y para el Mercosur que el mercado americano. Brasil tiene, por consiguiente, varios intereses que son distintos de los intereses de otros países del continente. 

- ¿ Que alternativa  real de transformación económica tiene el MERCOSUR que Lula propone a sus demás integrantes?

- La alternativa es profundizar el Mercosur, llevando adelante el proyecto de perfeccionar la unión aduanera, que ya existe, y transformarla en un mercado común, promoviendo al mismo tiempo la integración política, tal como en la Unión Europea. 

- ¿Por qué sí al MERCOSUR y ALCA con reservas, para  el nuevo gobierno de Brasil?

- El Mercosur es un proyecto muy distinto de la propuesta del ALCA. No es un proyecto solamente económico y comercial. Es político y estratégico. Busca la formación de un mercado común, en que pueden circular libremente no solo mercancías y capitales, pero también la fuerza de trabajo, con derechos iguales y una moneda única. Como la Unión Europea, definida en el Tratado de Maastrich, el Mercosur debe evolucionar en el sentido de un Estado supranacional, que tendrá mayor bargaining power, o sea, un poder de negociación mayor, delante de otros bloques, que se formen, en virtud de que la economía exige hoy  cada vez más una escala mayor de producción. 

El ALCA, empero, es solamente una área de libre comercio, que permitirá a los EEUU ampliar el acceso a los mercados de América del Sur, a sus fuentes de materias primas y de energía, mientras mantienen sus barreras no arancelarias. Además, con los aranceles eliminados, las empresas americanas no tendrán mas interese en hacer inversiones en los países de América del Sur porque pueden hacer libremente sus exportaciones a partir de los EE.UU.. La América del Sur quedará bajo el dominio completo de los EE.UU., anexada a su espacio económico y sometida al dólar, a los intereses de las grandes corporaciones multinacionales. ¿Y quien garantiza que, después de avanzar y ocupar los mercados de América del Sur el gobierno americano no denunciará el Tratado y impondrá otras barreras, cuando sea conveniente para sus intereses? Hay ahí también una cuestión de credibilidad. 

- En el 2002  la Unión de Escritores le otorgó el primer premio en la categoría ensayo, ¿cuál es la temática de ese ensayo?.

- El tema de ese libro - O Feudo - A Casa da Torre de Garcia d’Ávila: da conquista dos sertões à independencia do Brasil - es la conquista y colonización del Nordeste, por la Casa da Torre, una familia que mantuvo por 300 años, de la mitad del siglo XVI a la mitad del siglo XIX, un dominio sobre una extensión de tierra de cerca de 300.000km2, tres veces mayor que Portugal (90.000 km2), y que tenía su propio ejército. Fue el mayor latifundio de las Américas. Se extendía del Norte de Salvador, Bahía, hasta los límites de los actuales estados de Piauí e Maranhão. Esa familia tuvo importante rol político y militar en la guerra contra los portugueses, que resistieron, después que el príncipe Don Pedro separó Brasil de Portugal, el 7 de septiembre de 1822, y pretendieron mantener su dominio en Salvador, Bahía, de donde solamente fueron expulsados en el 2 de julio de 1823. 

- ¿En qué instancias académicas se puede estudiar  las relaciones internacionales  en su país?

- A parte del Instituto Río Branco, de Itamaraty, que forma los diplomáticos brasileños, hay actualmente cursos de relaciones internacionales en casi todas las principales universidades brasileñas, como la Universidad de Brasilia, que fue la pionera por estar en la capital federal, Universidad de Sao Paulo, Universidad Católica, de Rio de Janeiro, y varias otras. En la Universidad  Federal de Pernambuco fue creado un Núcleo de Estados Americanos, para el estudio e investigación de los EE.UU. Hay en varias universidades, como en la Universidad Federal de Bahía y en la Universidad de Sao Paulo, centros de estudio de África.

Cada vez más crece entre los jóvenes brasileños el interés en las relaciones internacionales. 

- ¿Qué planes como científico político tiene en  su agenda de estudios?

- En el momento estoy a concluir dos estudios, que se complementan: uno, sobre crimen político y terrorismo, en sus aspectos jurídicos y políticos, y el otro sobre los aspectos teóricos e históricos de la globalización y el ultra-imperialismo, el cartel de naciones que el G-7 y la OTAN están a configurar, bajo la hegemonía de los EEUU.

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